lunes, 21 de marzo de 2016

La halva de maní

A veces el mejor lugar para aprender algo es allí donde el fenómeno ocurre, ahí donde las cosas pasan, in situ, donde las papas queman. Otras, suele ser a miles de kilómetros. Pero no por la supuesta distancia científica o alguno de esos cuentos epistemológicos sino porque hay preguntas que sólo la necesidad de reemplazar lo que no se tiene puede disparar. O descubrimientos que nos despiertan la curiosidad. Claro que a todo esto hay algo que tengo que aclarar. Los paquetes misteriosos que me llevé del supermercado turco dos entradas más abajo (ver: A la caza del Mantecol) eran, efectivamente, algo muy similar al mantecol. Mi siguiente pregunta fue ¿cómo es posible?

Como suele ocurrir con las preguntas, una vez que se comienza no se puede parar. Una pregunta lleva a otra y así seguimos. Dicho esto... ¿a alguien le suena el nombre halva? (o en su defecto halwa, halvah, halava, helva o halawa) A mí no me resultaba para nada familiar hasta hace unas semanas. Mucho menos me sonaba haber comido tal cosa en mi vida.
 Pasemos a las definiciones. La palabra Halva se usa para referirse a una larga familia de dulces basados en una pasta de semillas. Originalmente, en India, Pakistán y Persia se hacían de sémola y se endulzaban con miel y azúcar. En Medio Oriente, el Mediterráneo Oriental y los Balcanes existe este tipo de halva pero, además, existe  otra variedad hecha a base de sésamo prensado y pasta de tahini (qué también es de sésamo). Esta pasta densa de sésamo y endulzada con miel y azúcar se come como postre, y puede tener (o no) ingredientes extra como cacao, pistachos, almendras, nueces y otras semillas o esencias de vainilla o frutas.
En Rumania, Ucrania, Bielorrusia y localidades aledañas el sésamo fue reemplazado en la producción de halva por semillas más abundantes en la región, como por caso, las de girasol. Sin embargo esa no es la rama que nos interesa a nosotros, así que volvamos al mediterráneo oriental.

En Grecia y en Turquía la halva puede contener además de sésamo, trigo y frutas secas en su interior. A diferencia de otras variedades, en esta zona la  halva posee una textura compacta pero ligeramente arenosa. Con esta tradición a cuestas, alrededor de 1940 una familia de inmigrantes griegos asentados en Córdoba comenzó a preparar como golosina su propia halva. Claro que el tahini y la pasta de sésamo resultaban un poco más caros y un tanto ajenos al paladar sudamericano, así que reemplazaron las infrecuentes semillas de sésamo por uno de los productos que abundan en Córdoba, maní. Y funcionó. Funcionó a las mil maravillas. La familia de inmigrantes griegos le puso su apellido a la empresa, Georgalos, y el producto recibió el nombre de Mantecol. 
Por supuesto, como en Argentina nadie tiene el futuro asegurado, en 2001 Georgalos estaba ligeramente ajustada con ciertas deudas así que tuvo que deshacerse de algunas de las joyas de la abuela, en este caso, la patente del Mantecol. El comprador de la patente fue Cadbury, quien desde entonces lo comercializa (no sin ciertos cambios en la receta). Como parte de la venta, Georgalos no podría producir nada parecido al Mantecol por cerca de ocho años. Esto ya es parte de la historia que conozco. Así es como nació el Nucrem, como la vuelta de Georgalos al mercado de la halva.

Lo lógico hubiese sido tener toda esta información en mente e ir directo al supermercado de productos árabes y de medio oriente para buscar entre las góndolas algo que dijera halva, helva, halawa o lo que fuera. Pero eso lo hace cualquiera. Como ya saben, el cráneo fue al supermercado de productos de medio oriente siguiendo una pista misteriosa. Una vez allí imaginó que tan difícil no podría ser, y se dedicó a buscarlo sin tener ni la más remota idea de cómo sería ni, mucho menos, cuál sería su nombre.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Qué gusto leer esta narración de un viaje a un supermercado y de su posterior relectura histórica! Y además en capítulos continuados, que son, lo mismo, "unitarios". Totalmente disfrutable. Un saludo

Nicolás dijo...

¡Gracias! La verdad es que es divertido escribir acerca de como lo más básico resulta una aventura cuando cambiamos un poco de latitudes. Y como todas esas cosas que creemos que son típicamente "de aquí" o "de allá" están mucho más cruzadas de lo que imaginamos. Al fin de cuentas, cada tanto pareciera que -en realidad- la globalización no inventó nada nuevo.
Saludos

LRS dijo...

El Marrakesh que comíamos en el Sur a qué rama vendría a pertenecer ?

Nicolás dijo...

Jajajaja... la verdad que, a falta de originales, buenas eran las imitaciones. El Marrakesh era (¿es?)una imitación del Mantecol (hecho por Lheritier), así que supongo que será la imitación de la adaptación. Eso lo deja un poquito más lejos de la halva original pero imagino que todavía dentro de la familia.