sábado, 22 de octubre de 2016

Cuarto día de clases

Con tanta cuestión cultural dando vuelta en clase, aprovecho para hacerme el cool y llevo mate. Apenas salgo con mi termo bajo el brazo y el mate en la mano me interceptan dos de los sirios. Ah, mate, buenísimo. Yo quiero un mate ¿dónde comprás la yerba? ¿dulce o amargo? De repente no sólo mis compañeros sirios me preguntan por el tema -y esperan ansiosos un mate- sino también los de otros cursos. Ya sé que en Siria y Líbano se toma mate producto de las idas y vueltas de inmigrantes entre Medio Oriente y Argentina en los últimos cien años, pero el resultado no deja de sorprenderme.

Entre los siriolibaneses -como en otras colectividades de inmigrantes- hubo un proceso menos lineal de inmigración que el que imaginamos. Al igual que con italianos y españoles, muchas veces los migrantes se establecían por un tiempo, juntaban dinero (y contactos) y se quedaban o, en su defecto, regresaban a su país. En general construían redes de contactos aquí y allá de modo tal que ir y volver no implicara comenzar desde cero. Y llegado el caso, iban y volvían por varios años.

Algo de todo eso ocurrió con cerca de la mitad de las personas que llegaron a Argentina entre 1880 y 1930. Llegaban, trabajaban, y se volvían, a veces con algún billete en el bolsillo y otras con cierto sabor a decepción. Con todo, la comunicación entre los que iban, los que volvían, los que llegaban y los salían se intensificaron. Y a la larga, muchos/as de los que se volvieron se llevaron algo del país. En el caso de los siriolibaneses, el mate.

¿Dónde conseguís la yerba? Preguntaban mis compañeros. Acá en Dresden, en el mercado de productos de medio oriente Tausendeundeine Nacht (Las Mil y una noches). ¿Ah sí? ¡pero no es lo mismo que la yerba de Argentina! Sí, es de Argentina lo mismo, aunque la marca esté en árabe, cuando la ves en detalle, das con el “hecho en Argentina”. Ahhhh.

Pero no sólo los sirios estaban ansiosos por recibir un mate, también Justina, nuestra compañera de clase de Polonia. ¿La razón? Fácil (e inimaginable si nadie te lo cuenta)… es fanática de un periodista polaco que ganó bastante fama haciéndose el excéntrico, entre otras cosas, tomando mate al aire en su programa de televisión.  Parece que la técnica le funcionó, porque cuando digo el periodista polaco que toma mate todo el mundo sabe de qué estoy hablando. O, al menos, el mundo polacoparlante. 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Geniales estos relatos. A seguir adelante con el curso, los lectores esperamos saber más de tanta variedad cultural.
Saludos

Nicolás dijo...

Jajaja, lo mejor es que en el blog recién voy por el tercer día, el curso real ya está por terminar. Pero sí, quedan aún algunos relatos más...