sábado, 10 de junio de 2017

Año nuevo danés: Copenhague II

Siguiendo con la historia de claroscuros de la capital danesa, el siglo XVIII no comenzó del todo bien para la ciudad. Perdió un tercio de su población gracias a la peste y sufrió dos incendios que destruyeron una parte significativa del pueblo. Claro que el rey, ni lerdo ni perezoso comenzó pronto la reconstrucción de la ciudad empezando por ¡sorpresa! las residencias reales: Christianborg y Amalienborg.
El complejo de palacios de Amalienborg es desde el siglo XVIII la residencia de invierno de la familia real. Antes vivían en Christianborg, hasta que, para variar, un incendio los obligó a buscar refugio en otro de sus palacios urbanos.
Muy cerquita de Amalienborg se encuentra la iglesia de mármol, llamada así por su recubrimiento interior. Para variar, la iglesia estaba semi cubierta por andamios ya que parece que están aprovechando las obras de ampliación del subte para hacerle algún mantenimiento.
Volviendo a la cuestión palaciega, donde se encuentra el actual palacio de Christianborg hubo un castillo desde finales del siglo X. Claro que de eso no queda nada. Para variar, entre los incendios y las remodelaciones, la actual sede del parlamento danés y oficina del primer ministro guarda poco parecido con sus predecesores.
Palacio de Christianborg. Se suponía que íbamos a tomar el té con la reina de Dinamarca pero parece que finalmente se le complicó y nos canceló.
El siglo XIX fue otro que Copenhague comenzó con el pie izquierdo. En las guerras napoleónicas los daneses se aliaron con Francia, principalmente porque Suecia, su enemigo tradicional, estaba del otro lado. Como resultado de esta alianza, los ingleses bombardearon la ciudad en al menos dos ocasiones y la flota danesa fue reducida a prácticamente nada.
Pero -industrialización mediante- la ciudad terminó el siglo XIX y comenzó el XX creciendo más velozmente que nunca antes en su historia. 
Como en otras ciudades europeas, se trató de un período de gran construcción, tendido de vías de trenes y grandes obras urbanísticas y de infraestructura. También de esta época son la municipalidad y la Gliptoteca nacional.
 Arriba, la municipalidad. Abajo a la derecha, la Gliptoteca Nacional (una colección de esculturas, que le dicen). A la izquierda, la iglesia de Christianstadt
El Siglo XXI también ha hecho sus aportes en Copenhague. Como en Hamburgo y otras ciudades portuarias –entre las que Buenos Aires no es la excepción- el siglo comenzó con la recuperación de los antiguos depósitos portuarios (ejém, Puerto Madero, ejém) y su reconversión en oficinas y viviendas. 
Y claro, después, cuando estas zonas semi olvidadas cobran envión (especialmente si se puede hacer algún buen negocio) poco a poco aparecen otros proyectos, como por caso, la Ópera Nueva de Copenhague.
La nueva ópera danesa

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Qué lindo se ve todo! Con excepción de La Ópera que no llega a convencerme. Seguramente es más linda de lo que la veo, pero me recuerda a la Municipalidad de Córdoba...
Saludos

Nicolás dijo...

Jajajaja... A mí tampoco me convence. Me da la sensación de una gran caja de zapatos con un alero gigante. Pero... el resto de Copenhague, definitivamente, vale la pena.