martes, 10 de mayo de 2016

Finde largo. Parte IV: Todo queda en familia (Bayreuth)

Al final, todo queda en familia. También en la historia. A medida que vamos conociendo más, vemos como todo se va enlazando aquí y allá. Ya van a ver… La primera mención histórica de Bayreuth la hizo un Príncipe-Obispo de Bamberg, en 1194. Pero recién en 1231 se  menciona a Bayreuth como “ciudad”. 

Hasta 1248 perteneció a un condado, luego a otro... hasta que llego a manos de los Hohenzollern de Nürnberg. Los Hohenzollern son los mismos que luego luego fueron reyes de Prusia y káiseres del Imperio Alemán. De mano en mano, pero quedando siempre en familia. Una y otra vez encontramos a las mismas familias repartiéndose la torta y pululando de un lugar a otro… los Habsburgo, los Luxemburgo, los Hohenzollern, los Wettin, los Wiettelsbach… haciéndose la guerra, casándose y heredándose los unos a los otros.
En 1430 comenzó una racha de mala suerte para Bayreuth. En una guerra contra el reino de Bohemia la ciudad fue arrasada. En 1605 la mitad de la ciudad se incendió. En 1620 fue diezmada por una plaga y, en esta carrera de desastres y tragedias, un año después, en 1621, hubo un nuevo incendio que quemó la otra mitad del pueblo.
Afortunadamente después de 1648 la suerte de Bayreuth cambió… ¡para mejor! El margrave (se supone que es más que un conde y menos que un duque) de Ansbach y Bayreuth decidió instalarse en la ciudad y comenzó obras de modernización y saneamiento. Como en estos casos, empezó por donde empiezan los gobernantes, es decir, su palacio.
La ciudad se sacudió el polvo (y el hollín) acumulados por siglos de desgracias y comenzó a crecer. Un palacio, una nueva catedral, la municipalidad, obras de secado de pantanos, una cerámica... 
 
Cuando un nuevo margrave se casó con la hermana de Federico el Grande (para más detalle ver San Souci, o el relax de un gran pequeño) la ciudad entró de lleno en su edad dorada. O al menos sus ricos. De esta época son edificios como el Ermitage, la Ópera del Margrave y el Palacio Nuevo. 
Tal parece que para los estándares de la época el Palacio viejo había quedado un tanto demodé. Y lo nobles, ante todo, se deben a las convenciones sociales. Como en esa época la moda dictaba que el modelo a imitar era Versailles. Bueno, pues hubo que construir una nueva residencia.
Sin embargo, como bien dice la letra de la canción, todo tiene un final, todo termina. A principios del siglo XIX el margraviato estaba en bancarrota. Amablemente el reino de Prusia se hizo cargo de sus deudas (y gobierno) al módico precio de anexarse sus territorios. En principio no era algo tan loco ya que pertenecían a la misma familia y los Hohenzollern de más allá eran herederos de los de más acá. 
Como en tantísimas otras cosas esto duró hasta que apareció otro viejo conocido, Napoleón. Habiendo vencido a Prusia, estableció un gobierno francés de ocupación y luego le entregó las tierras a su aliado más cercano, el ex duque/elector –y ahora rey- de … ¡sorpresa! … Baviera. De un modo u otro, luego de la caída de Napoléon (que se dio un pequeño porrazo), Baviera logró mantener bajo sus dominios a Bayreuth, al igual que a Bamberg y a Nürnberg… Lo que no lograron es que los habitantes de Franconia se sintieran auténticamente bávaros. Escuchando a los guías de los museos uno se da cuenta de cierta clara animadversión falta de amor que existe entre la región y el resto de Baviera.

A finales del siglo XIX llegó de visita el que se convertiría en uno de sus más famosos pobladores: Richard Wagner. Llegó a Bayreuth pensando que la Ópera local podría ser un escenario perfecto para la presentación de sus obras. Sin embargo las orquestas que requerían las operas de Wagner tenían tantos instrumentos que no había modo de que entraran en la fosa destinada a los músicos. Lejos de desesperarse Wagner deslizó medio en chiste, medio en serio que quizás podría establecer su propia sala de festivales para estrenar sus operas. El gobierno de la ciudad debe de haber vislumbrado el negocio y al tiro nomás le otorgó tierras y facilidades para la construcción de tal sala. Hasta el rey de Baviera (Ludwig II, también conocido como el rey loco de los castillos y el primo amante de Sissi) apostó algunas fichas en el asunto. Así nació la Festspiele Haus (la casa del festival) que, para variar, estaba bajo andamios siendo remozada.
Aprovechando tanta buena onda Wagner decidió comprarse él también un terrenito. Allí habría de construir Wahnfried, su propia casa, cuyo jardín da, casualmente, al parque del palacio.

En 1876 la Festspiele Haus fue inaugurada, dando comienzo a uno de los negocios más redondos en la historia de la cultura germana: el festival de Ópera de Bayreuth. Como dato anecdótico, el festival tiene tiempos tan delirantes que incluso para los alemanes es complicado. Las entradas se venden con años de anticipación. Muchos. De hecho algunas listas de espera para comprar entradas llegan a los casi 10 años (¡10 años de anticipación y yo no sé qué vamos a hacer en dos semanas!)

Con Wagner también llego su esposa. Cosima. Cosima Wagner. De soltera, Liszt. Era hija de Franz Liszt, por lo que su padre también tuvo su casita en el pago. De hecho, tanto Liszt como Wagner se encuentran enterrados aquí en Bayreuth.
Luego de la muerte de Richard, su viuda siguió con la quintita del festival. Sin embargo le dio una vuelta de tuerca. Y no para mejor. Cosima era bastante antisemita y se encargaba de vetar la participación de tenores y sopranos de origen judío. Luego también de otros músicos en general. Y estamos hablando de antes de la primera guerra mundial. Hoy, junto a la Festsipiele Haus hay una serie de memoriales que recuerda esta y otras cuestiones. 
Con semejante tradición, no sorprende que en 1923 el Partido Nazi haya organizado un evento en la ciudad. Al mismo asistieron más de cinco mil personas. Además de Adolf Hilter –que era uno de los principales oradores- estuvieron el alcalde de Bayreuth y buena parte de los descendientes de Wagner, de quien Hitler se decía admirador.
Pronto Bayreuth se volvió un hervidero de Nazis, asistiendo Hitler a los festivales de opera en más de una ocasión. Sobra decir que la sinagoga de Bayreuth fue apropiada por el gobierno, los ciudadanos judíos deportados a campos de concentración y sus propiedades confiscadas, apropiadas y saqueadas (no siempre en ese orden). Finalmente, a principios de la década de los 40 se estableció un subcampo de concentración dedicado a la experimentación científica en humanos. Todo eso bajo la mirada directora del nieto de Wagner.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Fotos maravillosas de lugares que no pueden contener más historia. Terribles historias algunas. Amena la lectura. Felicitaciones.
Y saludos.