De algún modo los objetos y (algunos) paisajes se vuelven más interesantes. Las calles llenas de gente que en general trato de evitar, de repente me parecen menos caóticas. Y me dejo llevar por la impunidad de la fotografía digital.
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sábado, 13 de enero de 2018
Ámsterdam en blanco y negro
Las fotos a blanco y negro ejercen sobre mí cierto poder al que no puedo resistirme.
miércoles, 2 de noviembre de 2016
lunes, 31 de octubre de 2016
Puertas y escaleras
Hace
ya tantísimos años Lara y André tuvieron una de las ideas más lindas que he
visto para hacer un almanaque. Fotos de puertas de distintos viajes, de aquí y de allá, adornando cada mes del año. Desde entonces siempre me he propuesto robarles la idea homenajear su creatividad y seguir sus pasos. Claro que, al final, nunca lo hago.
Producto de esta intención no realizada y constantemente aplazada termino acumulando inverosímiles cantidades de fotos de puertas, ventanas, cornisas, escaleras y columnas, ya que siempre cambio la temática del almanaque que nunca concreto.
Con semejante ambición a cuestas no resulta difícil comprender que en Ámsterdam haya caído nuevamente en la trampa fotográfica que los detalles de construcción siempre me deparan. Y, a sabiendas de que lo más probable es que el mentado almanaque de puertas y escaleras de Ámsterdam jamás se concrete, aprovecho para compartir algunas de las posibles candidatas.
sábado, 29 de octubre de 2016
Ámsterdam. Segunda Parte
La gente del país de
allá abajo no tardó en rebelarse. En el siglo XVI, entre impuestos, reforma
protestante, invasiones e inquisición mediante, los holandeses ganaron su
independencia de los Habsburgo españoles y establecieron su capital aquí, en Ámsterdam,
que pronto se hizo famosa por su relativa
tolerancia religiosa y su libertad de prensa en un época marcada por las
persecuciones y la censura.
La
ciudad creció más allá de sus canales y pronto se hicieron necesarios nuevos
canales que cumplieran la doble función defensiva y facilitadora del comercio.
Un
siglo después Ámsterdam entraba de lleno en su edad de oro, cuando su puerto vinculaba los mercados del Bálticos
con India, Indonesia, Sudáfrica y América. Como resultado Ámsterdam se
convirtió en el mayor centro financiero del mundo y el centro de un rico
emporio comercial.
Pronto
los ciudadanos más ricos comenzaron a construir nuevas y más lujosas
residencias. Ámsterdam desarrolló su propio estilo de construcción, el renacentista holandés. No tiene mucho
que ver con lo que imaginamos cuando pensamos en el Renacimiento, es cierto,
pero no deja de tener lo suyo.
Nuevos
canales, más comercio, nuevos productos. Especias, telas y hasta tulipanes, que
generaron la primera burbuja especulativa del naciente mundo de las finanzas.
Mientras
tanto, en Europa algo estaba
ocurriendo. En Inglaterra la revolución industrial comenzaba a generar un nuevo
tipo de capitalismo y el eje del poder estaba cambiando. Las Provincias Unidas,
como se conocía a los Países Bajos en aquella época, estaban en un posición
estratégica, cuando menos, complicada. Ensanguichadas
entre el Saco Imperio y Francia, chocando con Inglaterra y Francia por el
control de América del Norte, La India y Sudáfrica, las Provincias Unidas se
involucraron en una serie de guerras que fueron perjudicando su situación hasta
llegar a la ocupación francesa del país durante las guerras napoleónicas.
La
arquitectura también dio cuenta de esta situación, ya que muchos arquitectos
holandeses comenzaron a fusionar su estilo con el de las modas que venían de
París.
![]() |
| El Rijksmuseum, algo así como el museo nacional de Holanda |
El
siglo XIX marcó una nueva edad dorada marcada por la industrialización de la
ciudad, la construcción de nuevos edificios públicos y privados y la aparición
de los primeros medios públicos de transporte.
![]() |
| La estación de trenes de Ámsterdam |
jueves, 27 de octubre de 2016
Ámsterdam. Primera Parte.
Me
encanta cuando investigar sobre una ciudad resulta tan fácil. Y no sólo por la
cantidad de información, sino también por la sencillez de las explicaciones. Ya
lo dijo Sheldon de Big Bang Theory,
“es elegante porque es simple”. ¿De qué estoy hablando? De Ámsterdam. O, mejor
dicho, de Amstelredamme, la represa del río Amstel. Nada de discusiones
lingüísticas ni de teorías enfrentadas. Es cierto, no hay leyenda encantadora
tampoco, pero no se le puede pedir más
a una ciudad que en el siglo XII
era tan solo una aldea y que en el lapso de trescientos años se convirtió en el
centro de un emporio mercantil.
La
primera mención del pueblo es del 1275, cuando sus habitantes fueron eximidos
de pagarle impuestos por el uso de puentes al Conde de Holanda, algo así como
un pase libre para los peajes, nada
más que sin barreras ni flechas luminosas.
Hacia
el 1300 recibió el estatus de ciudad, y durante todo ese siglo la ciudad se
benefició del comercio producto de su incorporación a la Liga Hanseática, una suerte de asociación de ciudades portuarias
que llegó a monopolizar el comercio en los mares Báltico y del Norte a finales
de la Edad Media.
De
esta época data la Oudekerk, o sea,
la iglesia Vieja, uno de los primeros edificios de ladrillo y piedra de la
ciudad, en la que por entonces se construía, principalmente, con madera.
Testigo
de este período es Het Houten Huys,
una de las más antiguas casa de madera de la ciudad que haya sobrevivido a los
incendios que la arrasaron y a partir de los cuales se prohibió el uso
exclusivo de la madera en las construcciones. A esta prohibición debemos la
imagen de Ámsterdam poblada de casas de ladrillos.
Hablando de casas de ladrillos, si te parece que algunas de estas están torcidas o medio chuecas, efectivamente, así es. Y no sólo producto del tiempo sino también del diseño original. Muchas de las casas de comerciantes en sus frentes tenían roldanas y poleas para subir productos y demases a las plantas altas. Para que los bienes que se subían no se golpearan contra las paredes ni se dañaran, las casas eran construidas en forma inclinada. Así podía subirse (casi) lo que fuera sin riesgo de golpearlo.
Volviendo a la historia, a mediados del siglo XV muchos de los condados de la región fueron reunidos,
conquistados o tomados por los duques de Borgoña, que muy a su pesar, tenían
dos grandes posesiones territoriales sin continuidad. Por un lado tenían el
ducado de Borgoña y por el otro, como decían los duques, les pays de là bas, o sea, los
países de allá abajo (siendo, acá arriba -naturalmente- Borgoña). Con
el tiempo les pays de là bas se
transformaron en los Países Bajos y cuando la hija del último duque de Borgoña
se caso con Maximiliano de Habsburgo, la omnipresente dinastía hizo su entrada
triunfal en la región. No sólo eso. El hijo de ambos, Felipe el hermoso se casó con Juana
la loca (que por entonces parece que estaba más cuerda) y cuando su madre
murió, Juana se convirtió en la reina de Castilla. Matrimonio va, heredero
viene, los Habsburgo terminaron controlando Austria, los Países Bajos,
Castilla, Aragón y las dos Sicilias.
miércoles, 26 de octubre de 2016
Foto de miércoles
Ámsterdam. Alguien dijo alguna vez que cuando un cuadro está torcido es como si estuviera torcido el mundo. ¿Aplica la misma premisa a los edificios?
jueves, 6 de octubre de 2016
Manual básico de supervivencia turística
LETRA A
Abono
En buena parte de las ciudades europeas,
al menos las del mundo al norte de los
Alpes, el sistema de transporte de cada ciudad está integrado. Realmente
integrado. Con un abono semanal, mensual o anual se tiene vía libre para usar -dentro
del período en cuestión- cualquier medio de transporte de la ciudad la cantidad
de veces que se quiera. Los abonos, es cierto, son caros, pero si se tiene
certeza de que se utilizará alguno de los medios involucrados (usualmente tren,
subte, tranvía y colectivos, a veces también ferry) más de tres veces por día,
pues entonces convienen enormemente. Para niños, jubilados, estudiantes y
familias suele haber opciones especiales. Lamentablemente muchos abonos son
adquiridos a través de procedimientos maquiavélicos en máquinas diabólicas
operadas por seres malvados. Puede requerir tiempo y energía descubrir cuál es
el mejor abono pero, usualmente, bien vale la pena.
Albergues
Dícese de un establecimiento hotelero dónde
se comparte habitación (y baño) con otras personas, normalmente también con
acceso a cocina u otras facilidades. Es, básicamente, el origen de los hostels
que pululan aquí y allá. Un auténtico albergue debería contar con cocina y
acceso a la misma. Suelen ser una de las opciones más baratas de alojamiento. Suelen
ser una buena opción para quienes, además de ahorrar, buscan conocer a otra
gente. Para fomentar la sociabilidad de sus huéspedes (y ganar algunos euros
extra) muchos suelen contar con bares.
Albergues cristianos
Variante de albergue en la que,
básicamente, no se jode. Léase, hay
horas muy claras en las que no está permitido hacer ruido, no hay bar (o no
venden bebidas alcohólicas), no está permitido ingresar bebidas alcohólicas y a
determinada hora se cierra la puerta de acceso y ya, quien quedó fuera, fuera
quedará hasta el horario de apertura a la mañana siguiente. Pueden estar
adornados con bibliotecas llenas de Biblias y libros religiosos y frases
cristianas pintadas en las paredes.
Albergues de la juventud / juveniles
En Alemania y Austria son un tipo
especial de albergue, en su mayoría funcionan en edificios inmensos de los años
setenta u ochenta, con grandes comedores en los que se desayuna excelentemente
bien y variado y donde por la tarde se puede cenar por poco dinero. Muchos
fueron pensados para fomentar el turismo
joven de finales del milenio pasado. A pesar de su nombre, en la actualidad
un tercio de sus huéspedes han dejado de formar parte de esa vaga franja etaria
que se denomina juventud mientras que
otros, claramente, aún no han llegado a la misma.
Alpes
Los Alpes son unas montañas, es cierto.
Pero son más. Marcan una frontera endeble entre dos mundos. Al norte de los Alpes y al sur de los Alpes son dos conceptos
territoriales que aparecen una y otra vez. Y no sólo en las charlas sino
también en museos y guías. Esta es la cúpula de piedra más grande al norte de
los Alpes, aquella fue la ciudad más grande al norte de los Alpes, la gente
cena más tarde al sur de los Alpes. Más que países pareciera separar esferas
culturales.Ámsterdam
La capital de Holanda suele ser descrita como el
paraíso de los canales, las bicicletas, la marihuana legal y la zona roja. No
hay que dejarse engañar. Sí, es la capital de Holanda pero ninguna de las
autoridades del país reside ni trabaja allí. Y no, NO es el paraíso de las
bicicletas, es el infierno de los peatones. Con calles surcadas por bicicletas
que andan a la velocidad de la luz por todos lados y tienen prioridad absoluta
por sobre cualquier otra cosa. ¿Tenés semáforo verde? No importa, si la
bicicleta quiere pasar (y el cruce en cuestión carece de semáforo para
bicicletas) cuidate, porque lo más posible es que termines con un manubrio
incrustado en la cintura. Ante la duda, mejor mirar para todas las direcciones
y cerciorarse que no viene ninguna bicicleta a velocidades siderales de ninguna
dirección.
Andamios
¿Viste que este edificio tiene quinientos años? ¿Y
aquél ochocientos? Se ve que antes hacían las construcciones un poco mejor.
Pero con la buena albañilería solamente no alcanza. Buena parte del patrimonio
arquitectónico europeo está sujeto a constantes obras de mantenimiento. Como
resultado muchos edificios se ven perfectos y otros se ven detrás de los
andamios. Y siempre hay alguno en obra. Si no es el palacio de aquí es la
catedral de allá o justo ése lugar que querías visitar. No hay ciudad en la que
no se esté haciendo alguna renovación, así que respirá hondo y hacete a la idea
de que alguna de las maravillas que querés ver va a estar en plena cirugía.
Aperol
La última gran incorporación a los hábitos
alimenticios de buena parte de los/as europeos/as. En primavera o verano,
Aperol, una rodaja de naranja (opcional), tónica y/o prosecco y ya. Cuando el
calor se siente, en bares y terrazas las copas llenas de hielo y de la mezcla
bebible anaranjada se hacen omnipresentes.
Etiquetas:
Ámsterdam,
Diccionario de supervivencia turística
sábado, 24 de septiembre de 2016
Países Bajos, allá vamos
Vuelo
sin escalas. Dresden – Amsterdam. Al fin… un destino al que podemos llegar en
avión, barato, fácil, rápido y cómodo. Una hora cuarenta y cinco de vuelo y ya,
nos encontraremos de buenas a primeras en la tierra de las bicicletas, los
canales, los molinos y los tulipanes. Claro que ninguna de estas cosas las
inventaron aquí, pero bueno, esa es otra historia.
Además
de Amsterdam, nuestra hoja de ruta nos lleva a Gante, Brujas y Bruselas, al
otro lado de la frontera pero muy cerquita de la Venecia del Norte, como se
conoce –entre otros apelativos- a la capital holandesa. Claro que si de Venecias se trata, en el norte Amsterdam no es la única. Por lo
menos hay otras tres ciudades que reciben el mismo apelativo. Hamburgo en
Alemania, Estocolmo en Suecia y Brujas en Bélgica. Y hasta San Petersburgo y
Copehague también han sido así llamadas alguna vez. Muchachos (y muchachas) ya
es hora de buscar otra referencia, porque esta resulta un poco quemada.
Como
nota al pie, Ámsterdam tiene más canales y puentes que Venecia. Pero Venecia es
Venecia y no creo que jamás llegue a ser la Amsterdam del Mediterráneo.
Si
los molinos de viento, los zuecos, los tulipanes, las bicicletas y los
edificios de ladrillo rojo son uno de los principales sellos de Holanda, el
país vecino no se queda atrás. Ambos países están unidos cultural y
lingüísticamente por siglos de tradiciones y unas gárgaras que hasta a los
almanes les resultan en exceso guturales. ¿De qué hablo? ¿En Bélgica no se
habla francés? Sí, se habla francés. Pero sólo en el sudoeste y en Bruselas. En
Flandes, la parte noreste del país se habla flamenco. A no confundirse con los
pajarracos rosados ni con el baile del sur de España. El flamenco es un idioma
germanoide muy vinculado al neerlandés (el nombre oficial de lo que nosotros
llamaríamos holandés) al punto que los hablantes de uno y tro idioma pueden
comprenderse sin problema.
Gante,
Brujas, Amberes y las grandes ciudades de Bélgica se encuentran en esta región.
Bruselas también, pero tiene un estatus bilingüe producto de ser la capital y
de que, por siglos, el francés fue considerado como la lengua culta e idioma administrativo, relegando al gutural
flamenco a un segundo plano.
Pero
Bélgica no es sólo una tierra de gárgaras. No, no. También es el país de la
papa frita (al menos eso es lo que dicen ellos), los waffles y una larga
tradición chocolatera, cervecera y de cómics. Al menos los de otras épocas.
Entre las glorias del cómic belga se encuentra Tintín, Lucky Luke y los
Pitufos. Por esta razón Bruselas alberga el Museo del Cómic y posee una ruta de
murales que le recuerdan a locales y turistas que aquí se toma en serio a los dibujitos.
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