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martes, 12 de abril de 2016

Freiberg, allá vamos (creo) Parte II

Empezamos a andar por la parte vieja y vemos como las calles van bajando. Yo me enojo un poco porque hay demasiados autos en las veredas. Me complican las fotos. El problema no es de los autos, es mío, lo sé. Pero no dejo de sentir que, en medio de edificios que tienen quinientos años, los autos resultan fuera de lugar. Además de ser escasamente fotogénicos.
Quizás les resulte una sorpresa. Pero, como en otras ciudades alemanas, para entrar a la catedral hay que pagar. Si vas en horario de misa es gratarola pero me temo que, en caso de ponernos a sacar fotos, nos hagan un juicio por brujería. Para ir de turista hay que gatillar. Obviamente, como pagamos (yo ¡pago! para sacar fotos) nos hicimos un festín.
La iglesia en si misma es más antigua que la ciudad, y se supone que una parte del pueblo tuvo como origen las casas que se fueron “arrimando” a la catedral. Sin embargo, como esta área no se encontraba en la mejor posición estratégica, el “núcleo” de la ciudad vieja se fue trasladando hacia la parte más alta. Allí es donde se encontraba el centro de la ciudad amurallada, donde actualmente está la plaza de la Rathaus. 
Por si quienes no hablan alemán se lo están preguntando, la Rathaus no es la casa de las ratas (aunque es probable que alguna haya). Se trata de la “Casa del Consejo”, el consejo de la ciudad, o sea, la municipalidad.
En Freiberg se encuentra la Universidad de Tecnología y Minería de Freiberg. Fue fundada en 1735 y es la segunda universidad más antigua del mundo dedicada a la minería y la metalurgia. La Bergakademie -como se la conoce tradicionalmente- sólo conserva en el centro de la ciudad el rectorado, donde los motivos de los martillos cruzados se repiten una y otra vez. El resto del campus está en las afueras.
Siendo que la ciudad se dedicó a la minería desde la edad media parece tener bastante sentido que semejante universidad fuera creada en estos pagos. También tenía un objetivo claro, desarrollar y modernizar la extracción de metales y carbón. Como dato de color (aunque no sé de cual) aquí fueron descubierto dos de los elementos de la tabla periódica (sí, sí, la de química del secundario): el indio y el germanio. Del segundo puedo imaginar el por qué del nombre, del primero, ni idea.
Otro de los atractivos de la ciudad es la fortaleza. Aunque hace rato que no ejerce como tal. La fueron remodelando y recortando hasta ser más un edificio del montón que una fortaleza propiamente dicha. De sus murallas no queda nada y sólo puede verse una parte de la fosa. En su interior alberga un museo que se llama Terra Mineralia. No hace falta hablar latín con fluidez para imaginar que tendrá piedras, rocas y cristales. Y, efectivamente, así es. 

lunes, 11 de abril de 2016

Freiberg, allá vamos (creo) Parte I

Estación de trenes de Plauen (Ejém, nuestro barrio tiene estación de trenes). Frente a la máquina diabólica expendedora de boletos. Sábado nublado, a finales del invierno. 9.07 de la mañana.

¿A qué hora venía el tren?
A las nueve y once.
¿Y qué hora es?
Son las nueve y siete
¿llegamos?
Intentemos

Operar las máquinas expendedoras de tickets y boletos no siempre es fácil. Muchas de ellas son controladas por un geniecillo maligno que sólo busca complicarnos la existencia. El geniecillo suele dar miles de opciones para algo que, en teoría, debería ser simple. Nosotros lo sabemos. Él sabe que lo sabemos. Por suerte, al menos, hay una opción para hacerlo en inglés. Queremos un pase diario para dos personas, hasta Freiberg. Pero la máquina se empecina en preguntarnos a qué hora queremos salir, a qué hora queremos volver. Qué tipo de tren queremos. Si queremos ir y volver en el mismo día o no. Si queremos viajar en primera o en segunda. Si queremos un regreso flexible.

¡Listo! … a ver … #$%&!… maldita máquina
¿qué pasó?
No sé, se canceló la emisión del boleto.
Son nueve y nueve.
Ok. Veamos de nuevo… Otra vez a dónde quiero ir. Otra vez a qué hora. Otra vez… ajá… Parece que funciona
Son nueve y diez
Sólo queda pagar
Ahí viene el tren
Está imprimiendo el boleto. Ponete en la puerta, así no arranca.

Por un momento me siento como en la presentación de MacGyver (al final del video), cuando la puerta se rejas se iba cerrando y el protagonista entra en el último segundo antes de que terminara de cerrarse. Con todo, los dos estamos en el tren. Y nuestros boletos, también. Prometo para la próxima perder menos tiempo en el desayuno.
Nuestro destino es Freiberg. Se trata de una ciudad pequeña en los montes metálicos, podría decirse, el corazón de la minería sajona. Son sólo cuarenta minutos en tren desde Dresden pero en el medio atravesamos bosques, cerros y praderas.

Por cerca de ochocientos años la economía de Freiberg estuvo basada en la minería. Eso hace que uno de los símbolos más presentes en la zona sean los dos martillos cruzados. De hecho, muchos extranjeros se sorprenden al ver tantos martillos en edificios, monumentos y souvenires y los interpretan como un agregado de la época comunista. Pero ¡no! No hay que dejarse engañar. Llevan cientos de años allí.
Sin embargo en los últimos quince años se ha convertido en un centro dedicado a producción de semiconductores y la industria de la tecnología solar, un campo no menor en Alemania, donde muchas casas cuentas con sus paneles. En un rapto de creatividad algún cráneo tuvo la genial idea de apodar a la región the Silicon Saxony. Se ve que es un mal internacional, la “genialidad” de los/as burócratas no conoce fronteras

La estación del tren nos hace pensar en un pueblo abandonado del lejano oeste. Nos bajamos y con más intuición que conocimiento efectivo empezamos a avanzar. Parece que el caso histórico de la ciudad se salvó de los bombardeos de la segunda guerra mundial. 
Cuenta la leyenda que quizás, hasta podría ser declarado patrimonio de la humanidad. Muchos edificios se encuentran en buen estado pero hay otros que, o bien están claramente abandonados o bien necesitan con cierta prisa un poco de -como dicen los alemanes- sanierung, o sea mantenimiento, revoque y pintura.
La ciudad fue fundada en 1186 y en su parte antigua preserva algunos edificios góticos de distintos períodos, otros del renacimiento (por ejemplo la municipalidad) y unos cuantos barrocos aquí y allá. En su gran mayoría, el centro está rodeado por una especie de cinturón de plazas y plazoletas, el lugar donde se encontraba la antigua muralla, aunque una parte de esta aún se conserva.