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miércoles, 16 de agosto de 2017
jueves, 10 de agosto de 2017
El barrio del Albaicín
Bajando desde la Alhambra por el
paseo de los tristes se bordea una parte del Albaicín, el antiguo barrio
musulmán de la ciudad, auténtico laberinto urbanístico y ramillete de
callejones, escaleras y pasillos que llevan a los portales de los patios. El
Albaicín, salpicado de iglesias y conventos que fueron mezquitas y que incluso
conservan algunas de sus torres.
El barrio que desde la Alhambra
parece blanco pero que en sus calles comerciales ofrece colores y perfumes como
si se tratase de un auténtico bazar. Donde nunca se sabe si doblando la esquina
te vas a encontrar con un portal árabe del 1300, un pedazo de muralla, un
aljibe tapiado o una capilla diminuta.
miércoles, 9 de agosto de 2017
lunes, 7 de agosto de 2017
Coreana al agua
Granada, jardines de la Alhambra. Nuestra guía avanza por
la zona parquizada que lleva al Generalife (algo así como el palacio de verano
del complejo) mientras nos cuenta que en su época todos estos jardines eran, en
realidad, cultivos de hortalizas y árboles frutales. De pronto se escucha el
ruido inconfundible de algo (o alguien) que (se) cae al agua. ¡Alguien se cayó a una de las fuentes!,
dice una de las mujeres. ¿Se cayó a las
fuentes? Entonces seguro que es una japonesa. O una coreana, dice inmutable
nuestra guía mientras dirige la mirada hacia la zona señalada.
Sin dejar de hablar un minuto mientras trataba de ver
hacia la muchedumbre que ahora rodeaba la fuente agregó, estos coreanos, por favor. Todo el día empujando para sacar fotos,
metiéndose delante de los demás con sus cámaras. Claro, van mirando la cámara y
ni ven dónde pisan. Y las payasadas que hacen en las fotos. Después les pasan
estas cosas. Se caen, se mojan…
Pero
pobrecita, es una nena -interpuso alguien- con el frío, ahora mojada. ¿Es una nena?, preguntó nuestra guía, pobre. Ahí la están ayudando. Ahora
alguien tendrá que darle algo de ropa seca y ya verán si se vuelven al hotel o
siguen. En verano puede ser casi una bendición caerse al agua, pero ahora…
brbrbrbr… La guía hizo una pausa, pensó unos segundo y volvió a decir: seguro que los padres ni se dieron cuenta,
sacando fotos, enfrascados en sus cámaras y claro, la nena se les va y ellos ni
enterados. Estos coreanos… dijo, luego suspiró y asegurándose de que había
suficiente gente ayudando a la accidentada nos hizo seguir viaje.
Debo reconocer que en el momento la situación me causó
bastante gracia. No por la caída y la nena empapada sino porque automáticamente
la víctima del evento había recibido nacionalidad y se había abierto una
terapia grupal acerca de los coreanos, los orientales, las fotos y los
empujones. Y todo eso antes de siquiera identificar la zona de la caída. Claro
que el diablo sabe por diablo pero más sabe por viejo. No sé si la nena era
coreana, pero si no lo era, le pegaba en el poste.
sábado, 5 de agosto de 2017
Granada hispánica
En 1499 la corte del reino de España se instaló unos días
en Granada. Entonces descubrieron que, ¡horror! la población local no se había
convertido masivamente al cristianismo sino que seguía profesando el Islam. Así
las cosas fray Francisco Jiménez de Cisneros, confesor de la reina y arzobispo
de Toledo decidió meter su cuchara en la ciudad. Se confiscaron los bienes de
los musulmanes, se realizaron conversiones forzosas, se invitó a la inquisición
a instalarse en la ciudad y hacer de las suyas. Finalmente se comenzó a
destruir algunas de las mezquitas y a transformar otras en iglesias católicas.
Como
era de esperarse, la población se rebeló. Y como se imaginarán, la rebelión dio
pie a que los Reyes católicos declararan nulos los términos de la rendición de
Granada. Se acabó lo que se daba. Expulsaron a los musulmanes y a los judíos,
se creó un guetto para los que no podían ser expulsados y el resto, a
convertirse al cristianismo y a fumarse a la inquisición.
Con
todo, una parte de la ciudad conservó su herencia árabe y morisca. Sino ya en
la religión, al menos en la arquitectura. No sólo en la Alhambra, que es como
conocemos en la actualidad el complejo fortificado de los palacios de la
dinastía nazarí. También se evidencia en el Albaicín, el antiguo barrio
musulmán situado a sus pies.
Por
suerte para nosotros, en el fondo los cristianos tuvieron que aceptar que se
trataba de un patrimonio que debía ser conservado. Tanto Juana de Castilla
(conocida como Juana la Loca, hija de los reyes católicos) como su hijo, el
futuro emperador Carlos V, no dejaron de admirar el lujoso complejo y se
comprometieron en su mantenimiento.
Claro
que con una mano conservo y con la otra hago lo que quiero. Y el urbanismo, es
como tantos otros campos, un espacio donde el nuevo poder buscó que le quedara
clarito a la población quién dirige la batuta.
Así
por ejemplo se levantó la Capilla Real, donde están los cuerpos de los reyes
católicos (¡si, en medio de la que era una ciudad musulmana!) y se construyó la
catedral.
Hoy la catedral aparece un poco encajonada entre los edificios que la rodea. Y, vista de frente, no parece de los edificios más interesantes de la ciudad. Por suerte los costados muestran un perfil más interesante, al igual que el interior, que cuenta con una de las primeras bóvedas renacentistas de España.
La catedral, hoy un poco escondida. Al lado está la capilla funeraria de los reyes católicos.
Tampoco
la Alhambra se salvó del todo. Carlos V se construyó un palacio que digamos
desentona un poco con el estilo del resto de la zona. Pasa que cuando Carlitos
se casó, fue de luna de miel a Andalucía y entre tantos lugares que visitó, se
instaló en la Alhambra con su esposa. Pero, ¡horror! ¿cómo iba una católica a
vivir entre tanta arquitectura árabe? Luego de un mes, ella se fue y se quedó
su flamante marido solito en el palacio. Se ve que mucho apuro por volver junto
a su esposa no tendría, porque él aprovechó y se quedó cinco meses más. Y por
las dudas que algún día quisiera volver, pensó que lo mejor sería tener un
palacio de estilo occidental para que no su esposa no volviera a horrorizarse.
Hoy
se lo conoce como el palacio de Carlos V aunque él no tuvo oportunidad de verlo
ya que nunca más volvió a poner un pie en Granada.
Lo
que vemos hoy del centro de Granada es lo que quedó de las reformas que los
reyes de España impulsaron en la ciudad sumado al patrimonio que se decidió
conservar. Una extraña coexistencia del pasado musulmán y la (re)conquista
católica consolidada por cerca de quinientos años de presencia española.
jueves, 3 de agosto de 2017
Granada y la Alhambra
Si alguien se acuerda, en 1492
ocurrieron, además de la llegada de Colón a América otros dos sucesos
importantes. Uno fue que los reyes católicos terminaron el proceso de
“reconquista” (para mi gusto le sobra un re al nombre) conquistando el último
de los reinos moros y expulsando a los árabes de la península ibérica. No del
todo ajeno al proceso, el otro evento está más relacionado con la conquista de
lo que parece: la creación de la Real Academia Española de Letras. Digo que
está relacionado porque de algún modo había que establecer las normas del
idioma del naciente reino de España, que había surgido del matrimonio de los
propios reyes católicos, Isabel –que era reina de Castilla y León- y Fernando,
que era rey de Aragón.
En fin, la cuestión es que en 1492
los reyes se hicieron con el reino de Granada, cuya capital era ¡sorpresa!
¡Granada! Sin embargo la historia de Granada se remonta atrás en el tiempo.
Mucho. Realmente mucho.
Allá lejos y hace tiempo, en los
siglos IV y III antes de Cristo hubo una ciudad en dónde hoy está Granada. Se
llamaba Iliberri y estaba vinculada, al igual que buena parte del sur de
España, a Cartago. Claro que cuando los romanos derrotaron a los cartagineses y
ocuparon ciudades y colonias, Iliberri pasó de manos. Con los romanos no sólo
llegaron los Cayos, los Julios y los Augustus sino también el latín. Iliberri
pasó a llamarse Ilíberis. Un siglo más tarde, cuando la ciudad fue reconocida
como municipio recibió el nombre de Municipium Florentinum
Iliberitanum.
La ciudad vio el apogeo del imperio romano, su
descomposición y hasta experimentó sus propias invasiones bárbaras cuando los
vándalos se hicieron con el control de España y luego fueron desplazados hacia
Cartago.
Después vinieron los árabes. Y se quedaron. Al menos por cerca
de seiscientos años, cuando fueron invitados a retirarse. Entre tanta invasión
y correr de los siglos, el Municipium Florentinum
Iliberitanum fue abandonado y sólo sobrevivió la fortaleza romana debido a su
función militar y su posición estratégica. Los árabes preservaron la
fortificación pero no el nombre, y la fortaleza fue rebautizada como Hisn
Garnata.
Por cerca de trescientos años
la ciudad importante de la región fue Madinat Ilbira. Pero en el año 1013 la
nueva dinastía reinante decidió trasladar su capital. Y no a cualquier lado.
No. A un lugar estratégico, elevado, que pudiera ser defendible. ¿Alguien
conoce alguno por la región? Ejém, Hisn Garnata, ejém. ¡Es cierto! ¡Para qué
tomarse el trabajo si ya había una fortificación en la zona! Así fue que Zawi
ben Ziri fundó la Madinat (castellanizado, Medina, que significa ciudad)
Garnata en 1013, alrededor del castillo romano –que de romano ya poco tenía- y,
acto seguido, abandonó la Medina Elvira.
La ciudad se transformó en la capital del reino y, por
falta de ideas o lo que fuera, el reino recibió el nombre de Granada. La
fortaleza volvió a aggionarse y el rey Alhamar la transformó en palacio. Para
ver como el nombre evolucionó de Alhamar a Alhambra no hay que ser un experto
en lingüística.
Columnas, paredes y pasillos del Patio de los Leones. Abajo a la derecha, la fuente que le da nombre.
La Alhambra se convirtió en el núcleo del poder de la Medinat
Granata, con sus palacios, su mezquita y un perfil que no llama a confusiones.
Era, claramente, una ciudad árabe y musulmana con dos barrios no musulmanes,
uno de gitanos y el otro de judíos.
A finales de 1491 ya parece que la cosa viene bastante
clara. Los reyes de la recién fundada España vienen avanzando mientras que el
rey de Granada en clara retirada. Por si fuera poco, el reino se encuentra en
medio de una guerra civil, por lo que en noviembre la ciudad negocia su
rendición. Los granadinos reconocerían a los reyes de España y, a cambio,
podrían conservar la propiedad de la tierra, además de seguir ejerciendo la
religión musulmana. No sólo eso sino que en caso de conflicto entre dos
musulmanes se reconocería la ley islámica como fuente de derecho. O sea,
sabiendo lo que se vino después, digamos que la habían sacado muy barata.
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