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jueves, 19 de enero de 2017

Zürich, la revancha

Hace ya tantísimo tiempo (¡un año ya!) tuvimos nuestro primer encuentro con Zürich, la capital bancaria de Suiza y mayor ciudad del país (Para más información podés leer Zürich). Claro que aquello ocurrió en un invierno neblinoso y frío muy diferente al clima de mi visita veraniega.
Hay que reconocerlo, con solcito, calor, ¡más horas de luz! y buen clima, la ciudad da una imagen bastante diferente. ¡Para mejor! Ni hablar de las bondades provistas por la falta de neblina.
Y entre las bondades de salir a patear bien temprano por la ciudad hay que destacar que con menos gente por las calles, las fotos siempre salen mejor. Mmmm... ¿me estaré volviendo fóbico?

miércoles, 18 de enero de 2017

Fotos de miércoles

Las afueras de Zürich, uno de los lugares más inesperados para encontrarse una falsa pagoda donde funcionan un restaurante chino y un centro de masajes orientales.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Foto de miércoles

Zürich. Diciembre de 2015. Rosas flotando en una fuente.

sábado, 23 de julio de 2016

Dadadadada

Este es el Cabaret Voltaire, dijo Lara. Se ve que adivinó en nuestra falta de reacción que ignorábamos qué significaría tal cosa. Para nuestro alivio inmediatamente explicó: el lugar en el que nació el movimiento dadaísta. Dicho sea de paso, el dadaísmo es de los pocos movimientos culturales y artísticos que tiene fecha y lugar de nacimiento: el Cabaret Voltaire de Zürich. El año, 1916.
No sólo tiene lugar y fecha de nacimiento sino una paternidad oficial, ya que cuenta con fundador reconocido: Hugo Ball. Al parecer, el señor Ball solía reunirse aquí con una serie de artistas que se encontraban en calidad de -más o menos- refugiados, escapados, exiliados en Zürich mientras fuera de las fronteras suizas tenía lugar la primera guerra mundial. Así que poco a poco a las tertulias se fueron sumando franceses, rumanos, españoles, alemanes, rusos, italianos y vaya a saber uno qué más.
Si hay algo que caracteriza al dadaísmo -además de la repetición de la sílaba da- es su antipositivismo, es decir –grosso modo- su reacción frente a la idea del progreso infinito a partir de la observación del método científico aplicado a todas las áreas de la vida. Ciertamente que las naciones más científicamente avanzadas de la época estuvieran ahí afuera, cavando trincheras y matándose entre ellas, no los hacía parecer del todo equivocados.

En su rebelión contra la fe ciega en el “avance” de la humanidad a parir del progreso científico, el dadaísmo rechazó las convenciones literarias y especialmente las artísticas. Los cultores del movimiento aprovecharon para ignorar rotundamente los cánones establecidos y burlarse del arte burgués (y sus defensores). O sea, podría decirse que fueron una suerte de provocadores modelo de entreguerras.
Hoy funciona como café, pseudo minimuseo y, naturalmente, lugar de venta de souvenirs kitsch. Seguramente eso no era lo que tenían en mente sus fundadores, pero hay que reconocer que buena parte de los souvenires son bastante dadá. Quisimos imaginar que buena parte de los afiches y cuadros que cubren las paredes son tesoros de los primeros años del dadaísmo aunque suponemos que los rastis (también conocidos como “mis ladrillos”) con los que han reparado las grietas de las paredes son bastante más contemporáneos.

jueves, 17 de marzo de 2016

El Grossmünster de Zürich

Gross (groß) en alemán significa grande o gran. Münster es una de las quichicientas palabras que existen para referirse a una catedral (Kathedrale parece ser usada más con las católicas, Dom cuando tiene una cúpula, Haupkirche cuando… y así la lista continúa).

En teoría el edificio principal fue construido entre 1100 y 1220 con, como suele suceder, sucesivos (y no siempre del todo felices) agregados. En el caso del Grossmünster, la iglesia experimentó un proceso similar al de otros templos que se convirtieron a ciertas ramas del potestantismo; en determinado momento del siglo XVI las esculturas y pinturas de santos/as y afines fueron retiradas por cuestiones de dogma. No sé si se emocionaron tanto como en Berna para llegar al punto de arrojarlas al río... pero ya no están. 
Según la leyenda -siempre hay una leyenda- el Grossmünster fue fundado por el mismísimo emperador Carlomagno en -exactamente- el lugar en donde se encontraban las tumbas de San Félix y Santa Régula (mamita, con ese nombre, cómo no ser santa), que son los patrones de la ciudad.

En la cripta de la iglesia (no se puede sacar fotos adentro, perdón) efectivamente hay una estatua románica de Carlomagno. No sabemos si la estatua zafó la ira protestante por ser conmemorativa -y no era por tanto objeto de adoración- o si era tan rudimentaria medieval que no tenían idea de quién se trataba. Por decirlo de un modo amable, entre que el arte del siglo XI no es especialmente realista y que la estatua está un tanto baqueteada, no resulta fácil identificar al susodicho. Con todo, al menos una parte de la leyenda parece ser cierta ya que en excavaciones recientes pudieron comprobar que debajo de la iglesia hay restos de un antiguo cementerio romano. La parte de si realmente fue fundada por Carlomagno, bueno, por ahora sigue quedando sin aclarar.
Para la rama germanoparlante de los protestantes suizos (y bueno, cada zona tenía su reformador) la iglesia tiene un valor especial ya que desde su púlpito el señor Zwingli (para los/as amantes de las traducciones, Zuinglio) encabezó la reforma religiosa Suiza. Entre las cosas a las que se les acabó el cuarto de hora en la iglesia estaban la cuaresma, el celibato pero también la música de órgano (SIC) y las imágenes. Como resultado el órgano y las imágenes de santos/as y afines tuvieron que ir a parar a algún otro lugar, mientras que los suizos pudieron comer carne antes de Pascua sin mayor problema y los religiosos, casarse.
Por si a alguien le quita el sueño, le paso el dato… las torres son posteriores a la nave principal del edificio, que es más bien de estilo románico. Tenían dos agujas de madera que se quemaron en 1780 y fueron reconstruidas en algo que podríamos llamar como una extraña mélange entre románico y barroco, dos estilos arquitectónicos que, por lo general, no coincidieron temporalmente ni un poquito.
Lamentablemente, por dentro las torres se ven bastante menos encantadoras que por fuera ya que abundan caños y cables, por no mencionar los tramos en los que dos personas a duras penas pueden cruzarse. Definitivamente subir no es una tarea recomendable para quienes experimenten inclinaciones a la claustrofobia. Aunque desde arriba la vista bien vale pena. Es decir, bien vale la pena siempre que no se haya subido durante un día de neblina.

jueves, 10 de marzo de 2016

Zürich

Zürich (alemán), Zurich (francés), Zurigo (italiano) o Turitg (romanche) -para presentarla en los cuatro idiomas oficiales del país- es la ciudad más grande de Suiza. Además es su corazón financiero  (vaya contradicción de términos) y su principal centro cultural. Quizás quede mejor decirlo al revés, es su corazón cultural y el principal centro financiero.
En el escudo de Zürich no hay osos, águilas ni ningún otro animal. Un cuadrado (o rectángulo) cortado en diagonal. Una parte es azul/celeste y la otra, blanca.
El día en que visitamos Zürich fue particularmente neblinoso, lo cuál nos impidió disfrutar de las panorámicas del lago con los Alpes de fondo pero generó cierto encanto que no puede recibir -por razones geográficas obvias- el apelativo de londinense.
Los primeros asentamientos en la ciudad se remontan hasta el año 15 antes de cristo, con la fundación de la aduana romana de Turicum (vieron que el nombre romanche no era tan caprichoso como parecía) aunque tuvo que esperar hasta el siglo X para recibir el estatus de ciudad.
Tempranamente Zürich adoptó la Reforma Protestante, abandonando el catolicismo y transformándose en un refugio para luteranos, anabaptistas, hugonotes y otras iglesias que surgieron a partir de 1519. De esto ya hablaré otro día, quizás cuando sea grande, quizás antes. 
El centro de la reforma en la ciudad fue la Grossmünster (También conocida como la catedral). A pesar de la neblina, los cráneos decidieron subir los quichicientos escalones de sus torres para disfrutar (¿?) de la panorámica. Igual valió la pena.
 
Un poco como Berna, el casco histórico de la ciudad cuenta con edificios medievales bastante preservados y, a medida que te alejás, van apareciendo construcciones con estilos menos antiguos. Como si fueras pelando las capas de una cebolla.  Al igual que la capital, también suele encontrarse entre las 10 ciudades con mejor calidad de vida del mundo.
En lo que no se parece a  Berna es en la ubicación geográfica. Aunque no lo parezca en las fotos, la ciudad está ubicada en la costa de un lago y se encuentra cruzada por un río. Obviamente el lago parecía ser el epicentro de la niebla, así que no tenemos ninguna foto decente. Habrá que volver para verlo.
Según los datos oficiales Zürich cuenta con una población de 404.783 habitantes, pero si incluimos los suburbios el número se eleva a un millón doscientos mil habitantes. De esta población casi el 30% son inmigrantes. El grupo mayoritario de inmigrantes son los alemanes, que llegan atraídos por los altos sueldos de Suiza con la idea de “hacerse la Helvecia” y beneficiarse de la diferencia ahorrada cuando vuelvan a su país. La diferencia en el costo de vida entre Suiza y Alemania hace que la posibilidad de ahorrar algo de dinero en Suiza y llevárselo de vuelta a Alemania sea más que atractiva. Dicho sea de paso, hay mucha gente que cruza la frontera a Alemania para hacer compras y volverse con el auto cargado a Suiza. Por eso comenzó también a haber ciertos controles fronterizos y reglamentaciones (por ejemplo, la cantidad de carne que se puede entrar al país). Yo no quiero decir nada pero al parecer habría -al menos- dos argentinas que también participarían de este tipo de operaciones.
A la tarde, un rato antes de volver, la niebla comenzó a disiparse un poco. (Palabra clave: poco). Al parecer se trata de un fenómeno típico de finales del otoño e invierno. (Nota mental ochenta y cinco mil trescientos treinta y tres: aprovechar el invierno para ir al Mediterráneo)
 
¡Finalmente! Sin la neblina descubrimos que, efectivamente, las torres de la catedral tenían cúpulas. Bueno, no lo descubrimos, tan sólo logramos verlas.
Como dato de color, entre las personas que vivieron en la ciudad se encuentran Einstein, Lenin, Wagner (Ejém, también vivió en Dresden), James Joyce, etcétera, etcétera… Por si alguien se lo pregunta, entre sus actuales habitantes se destacan Tina Turner (no lo digo yo, lo dice Wikipedia) y el tenista Roger Federer, que es -después de Heidi- el mayor ídolo nacional de Suiza (seguido de cerca por Dj Bobo).