Gante, Bélgica. Te invito un cafecito... en la iglesia. Uno de los tantos templos católicos que tuvo que ser, a falta de fieles, reconvertido. Son cerca de siete iglesias que corrieron este destino. Una es una cervecería, otra es un boliche y hasta hay una convertida gimnasio.
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miércoles, 22 de marzo de 2017
miércoles, 19 de octubre de 2016
jueves, 13 de octubre de 2016
La ruta del cómic en Bruselas
Cuenta la leyenda, que a finales
del milenio pasado alguien se preguntó qué podría hacerse con algunas de las
paredes que, por falta de mantenimiento, afeaban la ciudad. El mismo dilema
aplicaba a muros de edificios demolidos o a antiguas paredes internas que, por
razones de rediseño urbano, habían quedado expuestas. En 1991 alguien dio con
una respuesta medianamente potable: pintar murales. Pero… ¿qué tipo de murales?
Cómics. La ciudad de Bruselas -y
Bélgica en general- es la cuna de una larga serie de historietas, dentro de las
que destacan Tintín, Los Pitufos y Lucky Luke. Tal es así que en la ciudad se
encuentra el museo del cómic, donde
también hay lugar para otras glorias de la historieta en lengua francesa, como
Ásterix y Obelix.
Entre el Museo del Cómic y los
murales que se encuentran en buena parte de los barrios más antiguos se formó
algo que se dio en llamar la ruta del cómic,
un nombre por demás autoexplicativo.
miércoles, 12 de octubre de 2016
Foto de miércoles
Bruselas. Alguien (o algo) hizo un cucurucho gigante con una revista y tiró algunas piernas dentro. Mmmm... ¿o se supone que es arte?
lunes, 10 de octubre de 2016
Casas modernistas de Bruselas
Art
nouveu, modernismo, Jugendstil, Sezessionstil, Floreale, Liberty o Modern Style son algunos de los nombres con
los que se conoce a una serie de movimientos estéticos y artísticos tendientes
a lo que sus autores definieron como “la renovación del arte”. Aunque suene un
poco pretencioso –y las palabras aludan a estilos no siempre asimilables los
unos con los otros- puede decirse que se trató de una suerte de espíritu de
época; a necesidad de romper con el academicismo reinante y los cánones del
arte establecido.
Sus representantes provienen de
los más diversos campos; pintura, grabados, escultura cristalería, joyería, decoración
y arquitectura. Pero en todos los países tendieron a agruparse y a romper
públicamente con sus respectivas academias de arte. Bélgica no fue la
excepción. No sólo eso. Además en Bruselas las obras de Víctor Horta son
consideradas como pioneras del art nouveau en arquitectura.
Horta diseñó en 1893 la Casa
Tassel, que rápidamente sirvió como inspiración y cánon del art nouveau de
Bruselas y de más allá también. Para su construcción de esta casa –que es
considerada como la primera de estilo modernista- Horta combinó materiales tradicionales
con otros no tan convencionales para la arquitectura urbana de la época; acero,
cristalería industrial y cerámicos de distinto tipo.
El resultado pronto dividió al
público entre críticos y admiradores. Además de asegurarle trabajo a Horta durante
un largo tiempo. En comparación con sus obras posteriores, el exterior de la Casa Tassel resulta un poco conservadora. Sus interiores no lo son en absoluto, pero, lamentablemente,para visitar la Casa Tassel hay que pedir cita con anticipación y no pudimos ir. Adonde sí pudimos ir es a la Casa-Museo de Horta. Lo mejor son, por lejos, los interiores, pero, de nuevo, no está permitido tomar fotos dentro de la casa. En fin... tuvimos que conformarnos con comprar unas postales...
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A estas casas siguieron otras y pronto otros arquitectos
comenzaron a inspirarse en las ideas de Horta. Para la época Bruselas estaba en
plena expansión, por lo que los barrios suburbanos que comenzaban a aparecer
pronto se poblaron con distintos exponentes del art nouveau.
Líneas curvas, asimetrías,
motivos florales y una nueva disposición espacial al interior marcaron buena
parte del estilo en Bruselas.
Ya a comienzos del siglo XX el
art nouveau había comenzado a mutar y a encaminarse a lo que luego sería el art
decó pero sin llegar a ser, aún, tan industrialmente aburrido como el
Kavannagh.
sábado, 8 de octubre de 2016
Bruselas
Desde
el fin de la segunda Guerra Mundial, Bruselas es uno de los centros políticos más importantes de Europa. De hecho, aquí es dónde, en general, los europeos se agarran de los pelos y se chicanean dirimen algunas de sus diferencias como gente civilizada. ¿Por qué? Porque es la capital de facto de la Unión Europea ya que es la principal sede de
oficinas de la unión y también alberga los cuarteles de la Organización del
Tratado del Atlántico Norte. Y además es donde vive el Monstruo. El Monstruo de
Bruselas es como muchos alemanes llaman al aparato burocrático de la Unión
Europea. Hoy Bruselas da cuenta de todo eso. Y de más también.
En
el año 659 se menciona por primera vez el pueblo de Brosella para referirse a la aldea que había crecido en torno a una
capilla ubicada junto al Sena. A esa capilla el Duque de Lotaringia (sí, Lotaringia) envió en el
año 979 las reliquias de Santa Gudula (sí, Santa G-U-D-U-L-A… A esta altura ya
ningún nombre me sorprende) y decidió fortificarla.
Por
tener un puente sobre el Sena y encontrarse en la ruta entre Brujas, Gante y
Colonia, la ciudad creció rápidamente, transformándose en un centro comercial
importante. Tanto que hacia el siglo XIII la ciudad fue amurallada y la
catedral de San Miguel y Santa Gudula (mamita) ampliada.
Cincuenta
años después la ciudad construyó una nueva muralla y -por esas vueltas de la vida- se
transformó en la residencia de los Habsburgo en los Países Bajos. Para la
ciudad esto supuso una nueva transformación. Se sacudió la poca modorra que le
quedaba y acudió a ¡sorpresa! la ampliación del palacio. Lamentablemente nada
queda de todo esto. En 1695 Luis XIV
-también conocido como el Rey Sol y
acuñador de frases tales como el estado
soy yo y el día comienza cuando yo me levanto-bombardeó la ciudad en una nueva jugada de su ajedrez interminable
con los Habsburgo.
Como resultado del sitio y del bombardeo buena parte de la ciudad vieja quedó destruida. A pesar de lo que muestran nuestras fotos, son más bien pocos los lugares preservados de lo que era la ciudad medieval de Bruselas.
En su momento se decidió evitar la reconstrucción del castillo, aunque si hubo una extensa renovación de los edificios de la plaza principal, que es, para muchos turistas, una de las más lindas de Europa. Las opiniones están bastante divididas porque todo el mundo tiene una favorita y porque, tanto dorado también puede ser un poquitito demasiado.
De
acá en más es casi un copy paste de la historia de buena parte de Bélgica. Se
rebelan contra los Habsburgo, se reprimen las revueltas, la toman los
franceses, se la devuelven a Austria, se las quita Napoleón, se la dan a
Holanda... y, finalmente, en 1830 se imponen los
belgas en la revolución. Con una particularidad. La revolución comenzó acá. Así
que sin dudarlo, Bruselas se convirtió en la capital de Bélgica cuando el reino
nació.
A partir de entonces comenzó una nueva etapa para Bruselas que tuvo como consecuencias, como siempre, la construcción de un nuevo palacio -entre otros edificios gubernamentales- como así también el inicio de su transformación lingüística.
¿Por qué hubo una transformación en el idioma? Pues porque en el país se hablaban flamenco y francés (además de una minoría que habla alemán) pero inicialmente se pensó que el idioma oficial debía ser, por una cuestión de prestigio internacional, el francés. Bruselas está en la región que habla flamenco, pero pronto comenzó a recibir migrantes, políticos y representantes de otros lugares del país. Digamos que mientras que los francoparlantes eran bastante vagonetas a la hora de aprender flamenco, los otros no tuvieron tanto problema en aprender francés. Y poco a poco la ciudad se fue transformando en un centro donde el francés es la lingua franca.
Así las cosas, la ciudad de Bruselas es hoy es un islote que habla francés en una región donde se habla la lengua de gárgaras que es el flamenco.
Como nota al pie, lamentablemente Bruselas cuenta en la actualidad con una serie de mamotretos aburridísimos producto de la arquitectura administrativa de la inmediata posguerra. Monobloques de una carencia de onda tal que nada tienen que envidiar a los de los países socialistas. Por suerte la ciudad aún conserva bastantes rincones de los otros.
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