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jueves, 19 de abril de 2018

Dos semanitas en Italia: Pompeya (la previa)

Entrada al complejo de Pompeya. Me pongo en la cola para comprar las entradas y comprueblo luego de media milésima de segundo que la familia que se encuentra delante mío es, sin lugar a la menor duda, argentina. No puedo decir qué es porque no es sólo la apariencia. Tampoco la ropa. Obviamente el acento delata, pero es algo que lo precede. No sé, es una suerte de actitud física que viene antes de la apertura de la boca. No soy infalible pero, al menos en esta ocasión, su acento no hace más que confirmar la sospecha que tenía al verlos mientras me iba acercando.

Casi que podrían ser una familia de publicidad. Papá, mamá, hijo mayor, hija menor. Falta el perro y bien podrían protagonizar una publicidad de créditos hipotecarios.
El cajero los atiende en un español impecable. Quizás sea un sorpresa, pero pareciera que los/as italianos/as que hablan epañol lo hacen mucho mejor que los/as que hablan inglés. Claro que, a pesar de su dominio evidente del idioma, el cajero no deja de sentirse sorprendido cuando el padre de nuestra familia argentina le pregunta dónde se encuentra el Luna Park. "¿El qué? El Luna Park. Me dijeron que no puedo ir a Pompeya sin ver el Luna Park. El pobre cajero piensa y luego de unos segundos le dice que el Luna Park se encuentra fuera del complejo, a unos 20 metros en dirección a la estación de trenes. El tipo se muestra un poco contrariado. Abro paréntesis, en Italia Luna Park es el nombre que reciben los parques de diversiones. El de Buenos Aires recibió su nombre, precisamente, porque ahí mismo había funcionado antes de su construcción, un parque de diversiones de unos italianos que, a la usanza de su país, lo llamaron así y el nombre quedó. (Es impresionante lo que se puede aprender en una clase de literatura). Cierro parántesis. Mientras tanto la conversación continúa. Pero si me dijeron que el Luna Park es una de las mayores atracciones de las ruinas. Que no, que el Luna Park está fuera del complejo. Pero que sí...
Atento a la conversación y al reloj (porque parami sorpresa, la cosa se iba estirando más allá de lo esperable) le pregunto al padre de la familia si lo que quería ver era el prostíbulo de la antigua Pompeya (el "Lupanar"). El señor dice que sí, que era eso y le digo al cajero que, es el LUPANAR lo que el señor quiere encontrar en el mapa y no el LUNA PARK. El cajero respira aliviado y me agradece la intervención. Seguramente hubieran llegado a la misma conclusión sin mi participación pero... mejor así que con cinco minutos más de vueltas, preguntas y repreguntas.
A todo esto la familia me agredece y me explican que en su (mi) país existe un lugar que se llama Luna Park que es como un teatro y que por eso les quedó la palabra dando vueltas. Se ve que mi acento no les ha parecido lo suficientemente argento como para delatar que ya sé todo eso. En fin. Compro las entradas y me voy hacia la entrada, donde Diego está esperando ávido de saber qué es lo que nos ha detenido tanto tiempo.

lunes, 16 de abril de 2018

Dos semanitas en Italia: Nápoles para todos

Ya lo dije mil veces. Así que una más no le va a hacer nada a nadie... En general, en éste, el mundo que está "al norte de los Alpes", el mundo del sur, del mediterráneo es una suerte de sucesión de lugares comunes que incluye islas paradisíacas, cielos azules, inviernos que aquí calificarían de primaveras agradables, buena comida, relax, tranquilidad, descanso, playa, ruinas, gente amistosa... todo muy lindo. Muy deseable y, a primera vista, simplemente, perfecto.

Claro que, dependiendo de a quién le preguntes también puede que signifique ruido, gente que grita, personajes que oscilan entre el pintoresquismo y lo bizarro, siestas que de tan interminables impiden cualquier tipo de puntualidad, espontaneidad que puede devenir en irritante postergación o en demora sistemática, veranos tan calurosos que se vuelven sofocantes... 

Con todo, la versión idílica se impone con comodidad a esta última. Podría decirse que la diluye bastante sin llegar a eliminarla.

Entre todas las cosas negativas del (esterotípico) mundo del sur se encuentra, cuándo no, la delicuencia. No estoy diciendo ni que sea inseguro ni más ni menos inseguro. En principio sólo digo lo que ocurre en el imaginario colectivo.

En el caso de Italia, más al sur pensás irte, más te advierten que te cuides. Pungas, carteristas, cuentos del tío (o de la tía), de todo. Por supuesto, a alguno/a puede que le venga bien una tirada de oreja a la hora de prestar atención. Sobre todo a quienes andan con cámaras de miles de euros al cuello, papando moscas, con la mochila a medio cerrar y la billetera que se les escapa del bolsillo.

Por eso cuando empezás a buscar información, a chequear blogs, páginas, sitios y guías, casi todos te advierten y te sugieren que trates de andar con más cuidado del que tendrías en una latitud un poco más al norte. En los incontables foros de internet suelen discutir las versiones encontradas. Es re peligroso. No, a mí no me pasó nada. En tal lugar me robaron. En tal otro me olvidé la billetera y cuando volví estaba ahí. En este otro me dieron el vuelto mal, más acá esto, más allá aquéllo.

Roma y, especialmente, Nápoles son dos de los lugares más mencionados a este respecto. En Roma si no querés que cuanto vendedor ambulante existe en la galaxia se te acerque para intentar encajarte algo, tenés que mantener decisión firme, paso seguro, gesto de "no gracias" y acostumbrarte cuando cruzás ciertos lugares a musitar una letanía de no, grazie, prego, no, grazie, grazie, no...

En Nápoles es verdad que la industria de los cazadores de turistas está, afortunadamente, bastante menos desarrollada. No puedo decir si la ciudad es, efectivamente, más o menos segura. Sólo que nosotros estuvimos alerta como lo estaríamos en Argentina, que no nos ocurrió nada y que tampoco vimos nada que pareciera especialmente peligroso.

Claro que, como dije, estuvimos alerta, especialmente en los lugares en lo que te recomiendan que no bajes la guardia. Uno de ellos es -no soreprenderá a nadie- la estación de trenes de la ciudad. Es divertido porque a este respecto hay mil leyendas e historias que circulan por el ciber mundillo de los foros y blogs de viaje. El más común, el del cajero malvado. Si le hacemos caso a los blogs, el cajero malvado es una suerte de estafador serial. Un tipo que trabaja en la caja de la planta baja de la estación que te vende boletos incorrectos (cobrándotelos al precio correcto) o que te estafa algunos centavos (o euros, según la versión) del vuelto. Es divertido porque en diversas páginas das con él. O con sus sucesores. De ser real, se trataría de un hombre, de entre cuarenta y sesenta, ni gordo ni flaco, pelado, morocho. O sea, un tercio de la población masculina italiana. 

Obviamente, cuando fuimos a la estación de Nápoles para tomar nuestro tren a Pompeya pudimos comprobar la existencia de alguien con todas esas características. De más está decir que, ante la duda, hicimos la cola para la caja en la que atendía una cajera joven. Las brujas, se sabe, no existen, pero por las dudas...

Luego de haber evitado al cajero malvado, nos felicitamos por haber tomado el tren a Pompeya en la estación terminal de Nápoles y no desde la estación más cercana a nuestro departamento. ¿La razón? Simple. A pesar de partir súper temprano, el tren Circumvesuviano que nos habrá de llevar está, al momento de dejar la ciudad, casi que explota. 

Voy por partes. Para ir a Pompeya hay mil opciones. Si vas por tu cuenta (como nosotros) y no con una excursión, no es tan obvio cuál es el tren que te tenés que tomar. Primero porque  Pompeya no son sólo ruinas. También hay una ciudad moderna. Entonces, está la parada de la ciudad (moderna) Pompeya y la de las ruinas. Y alguna otra parada más dando vuelta. Nosotros nos tomamos el tren a Sorrento y nos bajamos en Pompeii Villa dei Misteri. Sí, ya sé, no suena de muy buen augurio tener que bajarse en una estación que se llama "Villa de los Misterios" y no simplemente "Pompeii" pero... así son las cosas. 

Esta ruta del tren Circumvesuviano pasa por una infinidad de playas en su camino a Sorrento por lo que no sólo los turistas llenan el tren hasta el punto del ensardinamiento sino que los/as italianos/as se cuentan al por mayor, especialmente los/as jóvenes, que quieren disfrutar de la arena y el sol.

Al abandonar la ciudad anuncian por los parlantes que el nuestro es un tren express a Salerno. Y lo repiten. Éste es un tren express a Salerno. Bueno, al menos eso es lo que creo haber entendido. Mi italiano no es tan infalible (aunque me doy cuenta de que puedo defenderme bastante bien, lamentablemente, mejor en Toscana que en Campania). Miro nuestros boletos, le pregunto a Diego, vemos la lista de paradas y empezamos a revisar papeles. No quiero imaginarme la odisea de tener que ir a Sorrento para, acto seguido, tener que volver a Pompeya. 

Unos napolitanos que viajaban con su perro se dan cuenta de nuestro movimiento de papeles y nos preguntan si nos pueden ayudar. Les explico lo que entendí y me tranquilizan. Ellos creen que para en Pompeya. ¿Pero no es express? Sí. ¿Entonces? Igual para. Para tranquilizarme le preguntan a otra señora y mientras tanto el tren llega a otra estación donde, de todos modos, para. Al final logro comprender que está el tren lechero que para en todas las intermedias; el express, que para en algunas y luego el super-mega-archi express, que va a Sorrento sin parar. Afortunadamente estamos en el correcto. 

Seguimos charlando chapuceando en español, italiano, napolitano y vaya-a-saber-uno qué más con los italianos, la señora y su hija, con referencias obligadas a Maradonna y Messi, Nápoles, el perro y la playa. Llegamos. Pompeya nos espera.

jueves, 27 de julio de 2017

Alejandro Magno, el primer romano

Noviembre de 2015. Hostel de Berlín. Después de hacer el check-in vamos a la que nuestra habitación. Cuando entramos conocemos al que será uno de nuestros compañeros de cuarto; un italiano que habla hasta por los codos valiéndose del italiano mezclado con palabras en español, inglés, alemán y andá-a-saber qué más.

Se presenta e indaga cuánto puede acerca de nosotros, no sin dejar de interrumpirnos cada medio minuto. Explica, mientras se levante de la cama, que él es de Roma y que está en Berlín de vacaciones. Ma Berlín non é Italia. No, claro que no. Non a storia qui. Non a edifici romani, non a millenni y millenni di storia. Y, no. E questi tedeschi sono freddi. Sí, los alemanes son fríos. Y la pizza… questa non é vera pizza. La pizza en Italia é una altra cosa. Here, i turcci fazen pizza, indios, turcos, chinos. Ma non é pizza. I tedeschi non ho idea de cosa é una vera pizza. Comprende lo que digo? Capisce? Sí, sí. La pizza de Italia é una cosa spectaculare ma questo, questo non é vera pizza.

Parece que el muchacho hacía tiempo estaba esperando poder hacer terapia con alguien. Nos cuenta que en la habitación también hay una rusa. Ma questa rusa é fredda… Fredda. Por algún delirante motivo toma las preguntas de Diego sobre la rusa como un auténtico interés y aprovecha para ponerle cara picarona y prometerle que le va a hacer gancho con la rusa. Igual no quiere que Diego se haga falsas ilusiones con ella. Questa no rusa non é come noi. É fredda…

La rusa, los alemanes, Italia, Roma, el tano habla de todo a una velocidad imbatible y aunque no llegábamos a entenderle todo, lográbamos hacernos una idea bastante aproximada de que no eran sus mejores vacaciones. I tedeschi son freddi comme questa rusa. Non mi capiscen. No comme voi. No claro, ¿cómo iban a entenderle a este italiano que habla italiano con una o dos palabras en español o alemán aquí y allá? Es cierto que el tano es simpático, pero tampoco se pueden hacer milagros a base de simpatía. Para entender alemán es, casi por definición, necesario hablar algo del idioma.

Debo reconocer que el hecho de que cada vez que mencionaba a la rusa le guiñara un ojo a Diego y le dijera que él se la iba a presentar, que le dijera Dieco, Dieco… con cara de pícaro, fue uno de los mejores momentos de la conversación. Sin embargo, por lo visto, lo mejor estaba aún por venir. Mientras se terminaba de vestir (ya que los veinte minutos anteriores había estado en calzones dando vueltas por todo el cuarto) volvió a arremeter contra Berlín. Los edificios sin historia. La pizza mal hecha. La frialdad de los alemanes. Questo non é comme Italia. Italia é la storia viva. I romani, la chiesa, i renacimiento, Julio César, Augusto, Alessandro Magno, la pizza, la pasta, la storia…

¿¿Alejandro Magno?? ¿En Roma? Ninguno atinó a nada. Roma tiene bastante historia como para tener que robarse personajes históricos de otros lugares. ¿O nos habremos perdido de algo y Alejandro Magno fue el primer romano de la historia?

lunes, 13 de marzo de 2017

Las visas, la burocracia y la discrecionalidad. Segunda parte

Debido a la naturaleza de nuestra situación en Alemania, nuestras visas son anuales y un mes antes de terminar el año de validez nos envían una cita para volver a renovarlas.  Así es como se supone que funciona para el segundo año. Bueno, el segundo, el tercero, el cuarto, el que fuera. En general, muchas de las visas de estadía prolongada se renuevan por períodos de un año. Pero bueno, nosotros tenemos todos los papeles y no hay nada de qué preocuparse.

Vamos al Dresden Welcome Center y descubrimos que no nos va a atender la misma persona que lo hizo la última vez. Es un poco una sorpresa porque había imaginado que habría una asignación de casos y que a cada solicitante le correspondería siempre el/la mismos/a empleado/a. Parece que no.

Bueno, empezamos. Formularios. Acá. Papeleta XX. Acá. Papeleta XY. Acá. Herr Strangis, tenemos acá un problema. Abro los ojos y pongo cara de circunstancia. ¿Qué pasa? Necesito los documentos de su seguro médico... usted tiene que tener seguro médico durante el período en el que va a estar acá. Pero acá están los papeles del seguro médico. Sí, pero son sólo por seis meses. Sí, porque renovamos el contrato cada seis meses. Pero yo necesito que el contrato diga que usted va a tener seguro médico por el lapso de un año. Pero la última vez que renové mi visa la situación era la misma (contrato de seguro médico por seis meses) y no hubo problemas. A ver… (revisa papeles y le pregunta a su compañera de oficina) Frau Mongemüller, ¿hubo algún cambio en los requisitos de seguro médico? Noooo ¿y qué necesita la persona que pide una visa? Seguro médico. ¿Por seis meses o por todo período de la visa? Por todo el período de la visa. (A ver, estoy a tu merced, yo sé que estás disfrutando este momento. Parece que tenés un poquito de poder de decisión y discrecionalidad. Ahorrame el teatro y decime que VOS querés que te de el papelito, pero no hagamos el juego de la farsa porque no va)… Mientras pienso eso, pongo cara de cordero degollado. Pero no se preocupe Herr Strangis. Renueve su contrato con su seguro médico y listo, después me manda la extensión del contrato por e-mail.

Herr Franco, acá tenemos un problema similar con usted también. Es que yo no tengo contrato de seguro médico. Donde trabajo me hacen tener este seguro. Sí, pero necesito saber que va a tenerlo durante el período de su estadía. Claro, por eso tengo esta carta donde dice que tengo contrato por un año con el Instituto donde estoy y que mientras tenga contrato tendré este seguro. Sí, entiendo, pero yo necesito el contrato de su seguro médico. Entiendo, pero le estoy diciendo que no tengo un contrato con mi seguro médico sino que tengo un contrato con mi empleador y mi empleador dice que mientras ese contrato tenga validez tendré este seguro médico. Pero no es lo mismo. Entiendo, pero ni el instituto donde estoy ni en el seguro pudieron darme otra cosa. Pero yo necesito su contrato con su seguro médico. Disculpe, pero ni cuando nos dieron las visas en Buenos Aires ni cuando las renovamos acá el año pasado hubo un problema con este tema. ¿Ah no? No. A ver, un segundo… (mira a su compañera de oficina. No, por favor, el teatrito de nuevo no) …

Frau Mongemüller, disculpe, ¿hubo algún cambio en los requisitos del contrato del seguro médico para la tramitación de visas? Nooo… ¿y entonces? La persona tiene que tener seguro médico por el lapso de un año. (Ahora es oficial. No te banco ni un poquito. Y como actriz sos pésima)

Perdón, pero no entiendo… La última vez no hubo ningún problema. No se preocupe Herr Franco, me lo manda por mail. Pero el problema es que el papel que usted me pide no existe. Tengo un contrato de beca por un año. Y mientras tenga la beca tengo el seguro médico xx, no entiendo. El año pasado no hubo problema y presentamos estos mismos documentos. (Mejor dicho, sí entiendo. Estás gozando a lo loco este momento de placer en el cual hay dos tipos que dependen -casi- enteramente de tu buena voluntad. Tenés una cuota de discrecionalidad en tu trabajo y si Foucault estuviera acá te diría que estás disfrutando con cada minuto en que ejercés ese poder. Sí, lo sabés. Te encanta estar atrás de tu escritorio nuevo con dos pantallas planas de computadora y hacerle sentir al que tenés enfrente que la que está a cargo sos vos. Es tan de cajón que estás disfrutando con esta situación que tendría que recomendarte ir a un analista. ¿Y sabés qué es lo peor? Que los tres sabemos que no lo voy a hacer y que voy a seguirte el jueguito porque quiero la visa y una vez que me la den espero no tener que verte nunca más).

Bueno, vamos a informar al Instituto para que consigan algún documento y después se lo enviamos. Sí, sí, perfecto. A este mail, por favor. Perfecto. Cuando estén todos los documentos después tienen que venir a retirar las visas el día XX entre las XY y las XZ. Perfecto, muchas gracias. 

Dos días y dos mails más tarde llegó la carta del Dresden Welcome Center. Herr Franco y Herr Strangis: sus visas han sido aprobadas, pueden pasar a retirarlas el día tal… De más está decir que la papeleta que la señora quería jamás existió (y lo más probable es que jamás exista). La duda que nos queda es si realmente ella esperaba que alguien se la enviara o si siempre tuvo claro que jamás iba a recibirla e hizo toda la jugarreta únicamente para exprimirle el jugo al poder que le da su posición al otro lado de un escritorio.  

sábado, 11 de marzo de 2017

Las visas, la burocracia y la discrecionalidad. Primera parte

Tramitar una visa para una estadía prolongada en Alemania no es un procedimiento especialmente tortuoso pero tampoco es de lo más simple del mundo. Y por raro que parezca, el margen para la discrecionalidad es bastante más grande de lo esperable.

Pongamos por caso, nosotros. El proceso comienza solicitando por internet turno en la embajada alemana. Sí, hay que ir a Buenos Aires. Creo que hay algún que otro consulado donde se puede tramitar pero ninguno nos queda especialmente cerca. Bueno, es lo normal cuando se vive en la loma del C#$%&! allá lejos y hace tiempo. Se supone que para cuando te dan el turno ya buscaste cuál es el tipo de visa para el que vas a aplicar. En la página web están todos los tipos de visa. Estudio, posgrado, trabajo, búsqueda de trabajo, casamiento, reunión familiar, visa especial para entrenadores de polo (obvio, hay una visa especial para polistas y entrenadores de caballos de polo). Igual, a veces, hay zonas grises. La explicación acerca de qué es una visa de reunión te dice que es una visa para un/a ciudadano/a no alemán/a casado/a con un/a alemán/a. ¿Dónde entro yo? Lo justo es justo, escribís o llamás y enseguida te responden.

Finalmente llega el día y vas con todos los papeles. Si está claro cómo viene la historia, el procedimiento es un trámite sencillo y rápido. Presentás los papeles, los chequean, los sellan y ya. Uno o dos días después tenés tu visa. Si tu caso se sale un poco de parámetros, posiblemente la historia sea otra. Por suerte no fue nuestra situación y pudimos tener nuestra visa en veinticuatro horas. Claro que no es una visa permanente-real. Es provisoria. Te dura tres meses y apenás llegás a Alemania te recomiendan iniciar el trámite definitivo.

En Dresden el trámite definitivo, al menos para nuestro caso, se encara en una oficina que tiene el poco germánico nombre de Dresden Welcome Center. Vas o llamás y ¡sorpresa! te dan una cita. Cuando pedimos la nuestra, obtuvimos cita, días más, días menos, un mes después. Y una cantidad de formularios para rellenar.

Los formularios son formularios en todos lados. Complicados, tortuosos, llenos de instrucciones crípticas y categorías que no te dicen nada. Si son así en Argentina, en Alemania ni te cuento. Algunos vienen en inglés y alemán, otros sólo en alemán. Algunos son bastante intuitivos y otros tienen una redacción que más parece una pregunta tramposa de un examen filtro, tipo si usted no tiene antecedentes penales en su país, entonces no firme aquí.

Nosotros nos las vimos una tarde con los papeles y luego decidimos pedir ayuda. Especialmente porque las categorías de las visas y las opciones de los formularios para obtenerlas no siempre se condicen. Por ejemplo, hay una visa para quienes realizan un posdoctorado en un instituto de investigación, ahora bien, cuando hay que marcar y hacer crucecitas, el formulario pregunta: ¿Cuál es la razón de su estadía? A) trabajo, b) familia, c) estudio de idioma, d) carrera de grado o e) carrera de posgrado (maestría o doctorado). O sea, ninguna de las anteriores. En la oficina del instituto donde está Diego nos dicen sin dudarlo: trabajo no es, porque nosotros no te pagamos un salario sino una beca, pero un posgrado tampoco es. Ok, ¿entonces? Déjenlo en blanco y pregunten en la oficina cuando lleven los papeles. Perfecto.

Cuando el día llegó, fuimos con todos los papeles requeridos… más todos los papeles que podíamos imaginar que alguien nos pudiera pedir. Hasta debemos haber llevado los libros que estábamos leyendo, por las dudas de que nos preguntasen. La persona con la que teníamos cita (la cita es con hora y una persona específica) resultó ser super amable y simpática. De entrada nos preguntó si preferíamos hablar en alemán o inglés. Inglés (suspiro de alivio). Como era de esperarse, nos pidió los documentos que específicamente nos habían pedido y nada más. Nos dijo que no iba a haber problema y nos dio fecha para retirar nuestras visas definitivas (de duración anual) un mes y medio después. Sí, no es muy eficiente que digamos. Un mes o un mes y medio para imprimirte una visa, plastificarte la tarjeta (con la dirección incorrecta) y entregártela pero bueno, así son las cosas, al menos en Dresden. Cuenta la leyenda que en Frankfurt el trámite se hace en el día y la credencial se te entrega una hora más tarde, pero no sé, puede que sean leyendas urbanas que circulan en el mundillo de los inmigrantes. 

sábado, 21 de enero de 2017

Ni el tiro del final

Última clase de mi curso de alemán. Hacía una semana que veníamos hablando acerca de qué íbamos a hacer. Finalmente optamos por no innovar y repetir el esquema típico para estas situaciones. Cada quien iba a llevar algo para comer y/o beber. En lo posible, algo típico de su país. Y si no, bueno, algo para comer y ya.

Obviamente terminó pasando lo que ocurre en este tipo de situaciones. Todos llevamos una cantidad delirante de comida como para que todos/as y cada uno/a pudiera almorzar quince veces.

Y para que nadie se sintiera discriminado/a hubo que hacer un esfuerzo para probar de todo: humus y baba ganoush que llevó uno de los chicos de Siria, arroz-con-lentejas-fideos-y-humus-todo-junto que llevó el egipcio, papas con huevos y una salsa picantona que llevó nuestra compañera de Perú, garrapiñadas de maní, almendra y semillas de girasol, sushi, frutas, quesos y hasta un mondongo al estilo chino. Claro que cuando le preguntaron a la cocinar qué era eso, lo único que atinó a decir fue “Rinderbauch” (estómago de vaca). ¿Kinderbauch? (estómago de niño) le preguntó su interlocutor con una cara de ligera sorpresa.  Rinderbauch, repitió, tratando de reforzar la R inicial. Creo que debe ser lo más picante que he comido acá en Alemania, al punto de haber tenido que dejar mi plato a un costado e ido a buscar urgentemente agua. Seguramente alguno/a se sentirá feliz de que finalmente me hayan dado de mi propia medicina. Puedo asegurar que jamás en la vida cociné algo tan picante como eso. Ni por asomo.

Siguiendo nuestra jornada aproveché que había llevado la compu para poner algo de música de Argentina y Latinoamérica y mostrar algunas fotos de Argentina mientras explicaba cómo funciona el misterioso mundo del mate.

En eso llega Ella. No, no Ella Fitzgerald. Ella, la portuguesa. La ex señora de la cartera fucsia. Como siempre, entró sin saludar, fue al lugar dónde habitualmente se sienta, abrió su cuaderno e hizo lo que haría un día normal. Miró al pizarrón, frunció el ceño, copió y buscó palabras en el diccionario. Claro que el vocabulario que había en la pizarra eran las palabras referidas al mate que yo había utilizado.

Cuando terminé se hizo un silencio. La portuguesa miró en todas direcciones esperando que algo o alguien explicara qué estaba pasando. ¿No clase hoy? Le preguntó finalmente a nuestra profesora. (Suspiros y sonrisas). Como hoy era nuestro último día de clases DECIDIMOS hacer algo diferente, con cosas típicas de cada país. Hace diez días que venimos hablando de estoAh, no clases entonces. (Suspiro, nuestra profesora pone cara de hacer yoga y luego sonríe) No, supongo que no de la forma tradicional. La portuguesa se tomó cinco segundos para procesar la información y mirar a su alrededor. Luego agregó: ah, ok. Bueno, entonces me voy. Trabajo. Estudiar...

Y así salió la portuguesa, entre las mismas miradas atónitas que la recibieron cuando entró sin saludar ni decir nada al principio del curso. Para no ser menos, claro está, también se fue sin despedirse.  

lunes, 9 de enero de 2017

Regalitos de Navidad

Juro que es verdad. También me atrevo a afirmar que la práctica de tomarse vacaciones de Navidad y Año Nuevo es algo bastante extendido en Alemania y que, ni por asomo, la hemos inventado nosotros. 

Día veintitrés de diciembre por la mañana. Es la víspera de Nochebuena. En si mismo no es un dato sumamente relevante salvo por el hecho de que, como en Argentina, entre Navidad y Año Nuevo todo en Alemania entra en una serie de letargo o parate (casi) total. Como de costumbre nos levantamos temprano. Desayunamos y me dispongo a abrir el mail para ver si hay algún correo de último momento y, acto seguido, comprobar que nuestro vuelo a Hamburgo no fue demorado. Primera sorpresa. La noche anterior a última hora nuestro vuelo fue cancelado. Sí. CANCELADO. ¿Por qué? Ah, no sé. Pero fue cancelado. Ya no existe.

Como resultado tuvimos que luchar con la página web de la compañía (que se supone es una empresa del grupo Lufthansa y no Aerolíneas Pepito Müller) para ver qué opción nos daban. Sí, reconozco que a veces uno asume que, por el sólo hecho de ser alemanas o escandinavas las empresas deberían ser eficientes. No hay que confiarse. Las empresas son empresas acá y en la China. Y si te pueden abrochar pueden maximizar su ganancia a partir de ciertas prácticas no del todo amables, lo van a hacer. 

Finalmente dimos con las opciones para las personas en nuestra situación. Vuelo con escala. Así que nuestro viaje de 45 minutos se transformó en dos vuelos y una escala de dos horas con una duración total de cuatro horas. No es terrible pero no es lo que habíamos pagado. En fin...

Por si fuera poco, cuando estamos saliendo de casa para ir al aeropuerto descubrimos una carta en el buzón. El día anterior al mediodía (o sea, el veintidós de diciembre) no estaba ahí, así que debe ser bastante reciente. El remitente es una inmobiliaria que  nos es por entero desconocida. Agarramos la carta, la ponemos en la mochila y seguimos viaje al aeropuerto.

Seis horas después llegamos a Hamburgo. Media hora después, a las once y cuarto de la noche, estamos entrando en el que sería nuestro alojamiento. Sobra decir que ninguno de los dos está en estado de lidiar con una carta en alemán. Al día siguiente descubrimos que el sobre de la inmobiliaria misteriosa contiene una notificación. Una nueva inmobiliaria se ha hecho cargo de la administración de nuestro edificio. Y no sólo eso. También nos informan que el mes de enero deberíamos realizarle el depósito del alquiler a la nueva compañía. ¿Cómo puede ser? ¿cómo es que la inmobiliaria anterior nunca nos notificó?¿cómo es que recién el veintitrés de diciembre te avisan de semejante cambio?

¿Es que las inmobiliarias alemanas son un caos? ¿o estamos frente a la versión germana del cuento del tío? Mmmm... Junto coraje y llamo a la inmobiliaria. Hola, me llamo tal y tal y vivo en XX... Perdón, no lo escucho... (Gritando) ¿ahora me escucha? ... No, ahora tampoco lo escucho. Hey, un momento, si no me escucha, como es que sabe lo que le estoy preguntando. Mmmm ¿o será que el día veinticuatro nadie quiere escuchar?

Si no es por las buenas, es por las malas. Después de dos intentos más nos decidimos a escribir un correo electrónico. Al día siguiente tenemos una respuesta. ¿Cómo? ¿no les llegó nuestra carta? Nuestra inmobiliaria le cede a la inmobiliaria XY la administración de su edificio. Sin embargo en su mail usted no menciona a la inmobiliaria XY sino a XZ. Déjenos averiguar si estas dos empresas están asociadas.

Está bien, averiguá y decime. Claro que el día después es veinticinco de diciembre y el siguiente es veintiséis. En Alemania los dos son feriados y la respuesta no llega hasta el veintisiete. Sí, la inmobiliaria XY y XZ están asociadas, pueden hacer el depósito.

Al regresar a Dresden vemos nuestro buzón. Hay una carta de la vieja inmobiliaria. Señores fulanito y menganito, nuestra compañía les informa que a partir del 2017 la inmobiliaria XY se hará cargo de la administración de su edificio, pronto recibirán una notifiación de esta empresa con ... blablabla... ¿Cuándo enviaron la carta? El sellado de la estampilla no miente. El veintitrés de diciembre. Feliz Navidad. Jojojo. 

sábado, 17 de diciembre de 2016

Día tres. La montaña de Toblerone

De Othmarsingen a Lenzburg
Esta parte del trayecto ya me la sé de memoria. Y no es para menos, en los últimos diez días la debo haber hecho más de cinco veces. De día, de noche, para un lado o el otro.   
De Lenzburg a Aarau
Miro la aplicación mágica que guía mis viajes. No llego ni salgo del andén misterioso. Claro, ahora que conozco el viejo truco del andén que está cruzando la calle, no necesito usarlo. Búuuuu…

De Aarau a Berna
Tengo un ratito en Berna. Aprovecho para hacer una recorrida rápida por la ciudad sin aventurarme a ir más allá de algunos lugares que ya conozco. Por suerte ya no están trabajando en el congreso suizo y puedo hacerme una mejor idea del edificio ahora que no hay andamios por todos lados.
De Berna a Visp
Tomo el tren en Berna que me lleva a Visp. Por alguna razón al pensar en la ciudad pienso en una avispa. Lamentablemente en Visp tengo sólo cinco minutos, así que no puedo saber si hay exceso de panales o qué en la ciudad. Mi nuevo tren es uno de los trenes especiales con ventanales más grandes y aunque no es el Glacier Express, haremos un tramo de la rua panorámica.

El património histórico
Em alemán, inglês, francés e italiano nos informan que estamos acercándonos al trayecto que fue declarado patomonio histórico de UNESCO. Se trata de una serie de túneles y puentes que, para la época fueron toda una serie de proezas de la ingeniería.

Llegada a Zermatt
Zermatt es uno de los centros de esquí más famosos de Suiza. La ciudad me hace acordar un poco al cerro catedral, claro que mucho más grande, con muchísimos más hoteles y con una particularidad. En Zermatt no están permitidos los autos. Sólo se puede llegar en auto hasta el pueblo anterior. Luego hay que seguir en tren o, llegado el caso, a pie. 
 
Frente a esta situación los hoteles de la ciudad disponen de un ejército de carritos de golf que surcan la ciudad a una velocidad que, les puedo asegurar, es bastante mayor de lo que se podría imaginar. Así que mejor está atento.
Las cabañas de madera y los hoteles rebosan de flores. No sé cómo hacen, pero los geranios, las violetas de los Alpes, las rosas, todo está en flor.
Pero no sólo hay flores al por mayor por las calles de Zermatt. También hay turistas. Muchísimos. Casi demasiados.

En mi camino al Matterhorn paso por el barrio al que trasladaron algunas de las cabañas históricas del pueblo. Hay que reconocerlo, son pintorescas. Como resultado me emociono sacando fotos sin olvidar que la montaña del Toblerone aún me espera.
De Zermatt, al Matterhorn
Mi Swiss Pass tiene descuento para el teleférico que va al Matterhorn. Ieiiii… Miro mis zapatillas pseudo Topper y miro la montaña. De nuevo. Las zapatillas y la montaña. Lo pienso un segundo y decido sacar solamente ida. Bajaré caminando. No es el calzado ideal pero es lo que hay.

El ascenso se hace en dos tramos y al finalizar llegamos a una plataforma desde donde es posible seguir subiendo. Quienes quieren pueden llegar a la parte de los glaciares y a las nieves eternas. Para mi sorpresa hay, a pesar de ser verano, esquiadores/as aquí y allá que siguen viaje. Yo, por mi parte, me doy por satisfecho.
Sí, no sé por qué pero hay una nube que parece enganchada a la montaña. Como si el viento quisiera llevársela pero la montaña deseara reternerla.
Luego de dar una vuelta por los miradores decido emprender la bajada. Claro que no hay UNA bajada. Hay montones. A Zermatt vía Furi, a Zermatt vía Lago XX, a Zermatt vía XY. Elijo un camino intermedio, ni el más corto, ni el más largo. Vía Furi, que es un pueblito que está en medio de la montaña, literal y figuradamente.
Mientras voy bajando me cruzo con una pareja. Decido saludar en suizo-alemán. Digo Grüezi mientras nos cruzamos. Bonjour, me responden. Con la siguiente persona con la que me cruzo vuelve a pasar lo mismo, así que al tercero le digo Bonjour, pero claro, me responde Bongiorno. Ok. Al siguiente le digo entonces Bongiorno pero, obviamente, me responde en alemán. Ok. Hallo! le digo a la pareja que me cruzo después. ¡Hola! me responden. Está claro que no le voy a pegar a ningún idioma, así que decido esperar a que me saluden para responder.
Mientras tanto llego a Furi, un pueblo que, como otros de la región, está compuesto por cabañas de madera sobre pilotes y techos de lajas. Larita me contó que normalmente entre el pilote y la cabaña hay una laja para que los ratones no puedan acceder a la casa.
Furi no es el único pueblo que me cruzo en mi bajada a Zermatt. En verano todos ellos parecen vivir casi exclusivamente del turismo. De qué podrán vivir en invierno parece ser todo un misterio. Pero, seguramente, algo habrán de hacer.
De Zermatt a Lenzburg

Por primera vez regreso hasta Lenzburgo por la misma ruta que me trajo. Exactamente la misma ruta. Podría decirse que es un evento único. A fuerza de haber pasado mil veces en los últimos tres días las estaciones de tren de Berna, Lucerna o Zürich me resultan extrañamente familiares. Pero hoy no vuelvo a Othmarsingen. No al menos, todavía. En Lenzburg me encuentro con los Kellenberger-Saubidet para ver el festival de artistas callejeros. Así que voy subiendo la cuesta, que arriba Lenzburg se visitió de fiesta…

jueves, 15 de diciembre de 2016

Día dos. Sankt Moritz y la suiza romanche

Desayuno rápido con Lara y Lena. ¿Otra vez se va Karucha? Ayer no estuvo en todo el día. ¡Perdón! Sí, otra vez…

De Zürich a Landquart
Hoy me toca ir a Graubunden. En español se lo traduce como el cantón de los Grisones. Claro que nada tiene que ver el nombre con los grisones, que -si alguien se pregunta- son una especie de hurones que viven en zonas tropicales y semitropicales de Sudamérica, Argentina incluida.
De Lanquart a Samedan
El tren nos interna en el cantón de Graubünden. Se trata del más grande de los cantones suizos, el menos poblado y el único que tiene tres idiomas oficiales: alemán, italiano y romanche. Y la verdad, se nota. En el tren el italiano se escucha cada vez más. Y asumo que el romanche también. Y cuando comenzamos el tramo del viaje declarado patrimonio histórico por la UNESCO, un desfile de lenguas lo explican de los más diversos modos.
Samedan 
En mi mapa pareciera que Samedan no está tan lejos de Sankt Moritz. Afuera se despejó y la mejora climática invita a bajarse y mover un poco los pies. Sin pensármelo mucho desciendo y me las veo cara a cara con Samedan.
Hay que reconocer que el pueblo tiene su encanto, aunque poco se parece a las casas de madera que vi en todo el tramo que va de Zürich a Landquart. Tampoco tiene se parece a la riviera suiza. Claro. Ahora estoy en la Suiza profunda.

Siguiendo una serie de carteles llego a algo que parece el origen de unas cuantas sendas y un par de aerosillas. Adí-marí-de-dó-pingüé… Espero que el camino sea por acá. Junto coraje y empiezo a andar la senda en la dirección en la que espero se encuentre Celerina / Schlarigna , el próximo pueblo en dirección a Sankt Moritz.

Luego de andar un rato junto al camino aparece un cartel... Parece que está en tres idiomas pero las palabras clave se me escapan. El que más me ayuda es el alemán, así que estoy al horno. Explica algo que no se puede hacer. Ese algo involucra caminar. Mmm ¿qué dirá exactamente? ¿sigo? Fiel al famoso principio que alguna vez esbocé a la hora de cruzar el río Manso (“Ma sí, yo me mando”) y la evidencia de que el camino continúa decido hacer caso omiso al misterioso letrero. (Nota mental, tengo que salir con diccionario)
De Celerina a Sankt Moritz
Comienzo a llegar a un pueblo. Los carteles indican Celerina y Sankt Moritz. Voy en la dirección correcta. Mientras respiro aliviado busco algún lugar para comprarme algo para comer y entre tanto doy con la oficina de informes. Veo en el mapa que no estoy lejos de Madulain, el pueblo de Claudina. Pero ahora ella vive en Zürich y pienso que de nada sirve y a visitarlo si ella no está.
 
La señora de la oficina de turismo me ayuda a buscar una senda que me lleve a Sankt Moritz y me recomienda el camino del lago. Le hago caso y me pongo en marcha. A los pocos metros me vuelvo a cruzar con un cartel misterioso. Afortunadamente éste viene con dibujos ilustrativos y explicaciones en más idiomas. 
En el camino me cruzo con varias personas que saludan indistintamente en suizo-alemán o italiano.

Y sí, entre tantos árboles y montañas me siento un poco de vuelta en Bariloche. No en vano Sankt Moritz (también conocido como San Morítz) y Bariloche son ciudades hermanas. Claro que nosotros no tenemos abetos ni tantos pinos y acá no hay cipreses de la cordillera, lengas o alerces. Y ni hablar de arrayanes. 
Finalmente empiezo a entender por qué se llama el camino del lago cuando luego de una loma aparece el gran lago y más allá la ciudad.
La senda se transforma en calle y los turistas de pronto se multiplican exponencialmente. Asumo que he llegado a destino y me dedico a visitar un poco del pueblo.

De Sankt Moritz a Chur
Después de patear un rato en Sankt Moritz vuelvo a subirme a un tren. Ahora en dirección al noreste. Regreso por la misma ruta que vine, por un tramo que coincide con el Glacier Express, uno de los recorridos de trenes que se supone está entre los más lindos del mundo. Digo se supone no porque no esté satisfecho con el paisaje ni con el tramo recorrido sino simplemente porque me resulta un misterio esto de establecer un ranking acerca de los viajes en tren más lindos del mundo. ¿Quién lo decide? ¿con qué criterio?

En Chur me bajo y aprovecho para visitar la ciudad, que es la capital de Graubünden. Además de ser una capital cantonal Chur es conocida por ser la ciudad más antigua de Suiza. Si le hacemos caso a la evidencia arqueológica, en este lugar ha habido un pueblo desde el año 3500 antes de Cristo. Así las cosas, cuando en el año 15 antes de Cristo los romanos conquistaron la región, el pueblo de Chur ya estaba ahí desde hacía rato.
En el siglo III se convirtió en la capital de provincia y en el siglo IV se transformó en el primer obispado al norte de los Alpes. Bueno, lo de “al norte” es relativo. No sé si Chur está al norte de los Alpes o más bien en medio de
Entre la larga lista de asedios y conquistas que ostenta (imaginarán que no todo son flores para un lugar con cinco mil años de historia) la ciudad fue ocupada por los romanos, por los ostrogodos, los francos, los magiares, los sarracenos y, para no ser menos, también por los austríacos y las tropas de Napoleón.
De Chur a Zürich

Todo muy lindo, pero yo necesito regresar a casa, así que vuelvo a la estación y tomo el tren que me devuelve a Zürich y llego -después de un nuevo tren- a Othmarsingen, dispuesto a partir la cama al medio.