A
pesar de que hoy en día la ciudad es considerada como uno de los destinos más
románticos de Europa, sus orígenes carecen totalmente del caracter bohemio que en el presente le endilgamos. De hecho, se supone que Venecia nació entre los siglos IV y V,
producto de las invasiones germánicas y de los hunos (con Attila a
la cabeza). Aparentemente, los habitantes de las ciudades romanas de
la región (Padua, Aquilea, Treviso) cansados/as de ser objeto de
disputas y saqueos decidieron establecerse en un lugar en el que las
hordas de jinetes, hunos y/o germanos no pudieran atacarlos. Qué mejor que un ramillete de 118 islas accesibles sólo en barco para
ponerse a salvo… Como ven, al menos en su origen, el grado de
romance es -básicamente- cero.
Como lo demuestra la catedra de San Marcos, la ciudad se encontró durante sus primeros
siglos de vida vinculada a Bizancio y el imperio romano de oriente.
La catedral es hoy en día uno de los edificios de
estilo bizantino más importantes de Italia.
Para
el año 700 los bizantinos estaban retrocediendo y perdiendo sus
posiciones en Italia, que iban cayendo cada vez más en la órbita
germánica o en la del papa. Aprovechando esta situación los
venecianos fueron ganando cada vez mayor autonomía de Constantinopla
y comenzaron a tejer y destejer alianzas un poco a su antojo,
trasnsitando una delgada línea que les permitía coquetear con
papas, emperadores y los invasores de turno.
Para
el siglo VIII ya había algún dinerito extra en Venecia, con lo cual
se amplió la basílica de San Marcos, se construyó el palacio
ducal, el monasterio de San Zacarías y se renovaron las defensas. La
ampliación de la basílica está relacionada con la adquisición de
ciertas reliquias, las de, precisamente, el evangelista San Marcos.
En la simbología cristiana, San Marcos es representado por el león
alado, figura que devino símbolo y emblema de Venecia.


Parece
que tanta movida, inversión y ampliación atrajo la mirada de
Carlomagno. Viendo que había cierto dinero y que la ciudad comenzaba
a establecer una serie de posiciones comerciales, Carlomagno envió a
uno de sus hijos a tomarla. Afortunadamente para los venecianos el
sitio fue mucho más ruinoso para sus enemigos que para ellos. Y es
que lo mismo que aplicaba para Attila y los hunos aplicaba para las
fuerzas de Carlomagno. Para tomar Venecia hacían falta barcos. Y no
pocos precisamente. Luego de ocho meses las tropas imperiales se
retiraron y los venecianos festejaron.
Entre
los siglos IX y XII Venecia ganó más independencia del imperio
bizantino hasta convertirse en una república marinera. Repúblicas
marineras o marítimas es el nombre con el que se conoce al selecto
club de ciudades-estado portuarias que hegemonizaron el comercio del
mediterráneo. El club está compuesto por Venecia, Génova, Pisa y
Amalfi. En el caso de Venecia gobernada por un dux, una suerte de
duque electivo.
Como
dije, Venecia pronto comenzó a ocupar un rol importante en el
comercio mediterráneo, vinculando el imperio bizantino, Medio
oriente y la Europa germánica. Y de paso, estableciendo su propio
sistema de colonias y posesiones a lo largo de la costa de Croacia,
Albania, Grecia y Chipre.