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jueves, 20 de julio de 2017

Comparaciones odiosas: comiendo como un local

Siempre es una buena idea probar algo típico de los lugares que visitás. Claro que no siempre está claro que es típico-típico y que es más bien una puesta en escena para los/as turistas. Pero bueno, típico o no, a la hora de comer, lo importante es no hacerle asco a (casi) nada.

Munich
La cocina bávara es rica en variedades inabarcables (e infinitas) de Wurst (salchichas, que les dicen). Normalmente acompañadas con chucrut (que en alemán se llama sauerkraut) y/o puré de papas. Admite la variante de ensalada de papas. Como corresponde, con cerveza. Para hacerlo completo, lacerveza debería ser una Erdinger.

París
Normalmente, una comida en tres pasos. Entrada, plato principal y postre. No sólo en restaurantes elegantes sino en cualquier bolichín. De entrada puede ser una sopa de champiñones, ensalada, ancas de rana u omelette. Plato principal, algo de carne con papas. Si tenés suerte quizás haya boef bourginon (una especie de carne de vaca al vino tinto). Puede ser también coq-au-vin, que vendría a ser (con el perdón de los chefs del mundo) un pollo al vino con verduras. De postre pueden ser quesos (sí, de postre), mousse au chocolat, crêpes (¡que no son panqueques!) o créme brulée.

Brujas
El clásico de la ciudad y también uno de los platos más populares de la cocina belga en general, mejillones con papas fritas. Te traen los mejillones en una olla cocinados con un poco de limón y perejil, un plato vacío para dejar los restos y, guarnición obligatoria en el país en que fueron inventadas, papas fritas para acompañar.

Barcelona
Hay variantes. Pueden ser tapas o una comida en tres pasos. Lo que casi nunca faltan son las rabas y la paella en sus múltiples variedades (con o sin mariscos, con azafrán, negra por la tinta del calamar, con conejo o pollo). También puede haber patatas bravas (unas papas tipo al horno picantonas). De postre, yo diría que lo tradicional sería flan o crema catalana. Si sos fanático/a también puede que encuentres arroz con leche. Al menos estamos de acuerdo en un punto; el arroz con leche hace sólo las veces de postre y nunca de plato principal, como puede ocurrir en Alemania.

Berna
Aplica también para otras ciudades de la Suiza alemana. Rösti. No es lo mismo pero… es como si fuera una suerte de tortilla hecha con papa hervida rallada, con o sin queso, opcional de panceta y/o salchicha. También como acompañamiento para salchichas y afines.

sábado, 17 de diciembre de 2016

Día tres. La montaña de Toblerone

De Othmarsingen a Lenzburg
Esta parte del trayecto ya me la sé de memoria. Y no es para menos, en los últimos diez días la debo haber hecho más de cinco veces. De día, de noche, para un lado o el otro.   
De Lenzburg a Aarau
Miro la aplicación mágica que guía mis viajes. No llego ni salgo del andén misterioso. Claro, ahora que conozco el viejo truco del andén que está cruzando la calle, no necesito usarlo. Búuuuu…

De Aarau a Berna
Tengo un ratito en Berna. Aprovecho para hacer una recorrida rápida por la ciudad sin aventurarme a ir más allá de algunos lugares que ya conozco. Por suerte ya no están trabajando en el congreso suizo y puedo hacerme una mejor idea del edificio ahora que no hay andamios por todos lados.
De Berna a Visp
Tomo el tren en Berna que me lleva a Visp. Por alguna razón al pensar en la ciudad pienso en una avispa. Lamentablemente en Visp tengo sólo cinco minutos, así que no puedo saber si hay exceso de panales o qué en la ciudad. Mi nuevo tren es uno de los trenes especiales con ventanales más grandes y aunque no es el Glacier Express, haremos un tramo de la rua panorámica.

El património histórico
Em alemán, inglês, francés e italiano nos informan que estamos acercándonos al trayecto que fue declarado patomonio histórico de UNESCO. Se trata de una serie de túneles y puentes que, para la época fueron toda una serie de proezas de la ingeniería.

Llegada a Zermatt
Zermatt es uno de los centros de esquí más famosos de Suiza. La ciudad me hace acordar un poco al cerro catedral, claro que mucho más grande, con muchísimos más hoteles y con una particularidad. En Zermatt no están permitidos los autos. Sólo se puede llegar en auto hasta el pueblo anterior. Luego hay que seguir en tren o, llegado el caso, a pie. 
 
Frente a esta situación los hoteles de la ciudad disponen de un ejército de carritos de golf que surcan la ciudad a una velocidad que, les puedo asegurar, es bastante mayor de lo que se podría imaginar. Así que mejor está atento.
Las cabañas de madera y los hoteles rebosan de flores. No sé cómo hacen, pero los geranios, las violetas de los Alpes, las rosas, todo está en flor.
Pero no sólo hay flores al por mayor por las calles de Zermatt. También hay turistas. Muchísimos. Casi demasiados.

En mi camino al Matterhorn paso por el barrio al que trasladaron algunas de las cabañas históricas del pueblo. Hay que reconocerlo, son pintorescas. Como resultado me emociono sacando fotos sin olvidar que la montaña del Toblerone aún me espera.
De Zermatt, al Matterhorn
Mi Swiss Pass tiene descuento para el teleférico que va al Matterhorn. Ieiiii… Miro mis zapatillas pseudo Topper y miro la montaña. De nuevo. Las zapatillas y la montaña. Lo pienso un segundo y decido sacar solamente ida. Bajaré caminando. No es el calzado ideal pero es lo que hay.

El ascenso se hace en dos tramos y al finalizar llegamos a una plataforma desde donde es posible seguir subiendo. Quienes quieren pueden llegar a la parte de los glaciares y a las nieves eternas. Para mi sorpresa hay, a pesar de ser verano, esquiadores/as aquí y allá que siguen viaje. Yo, por mi parte, me doy por satisfecho.
Sí, no sé por qué pero hay una nube que parece enganchada a la montaña. Como si el viento quisiera llevársela pero la montaña deseara reternerla.
Luego de dar una vuelta por los miradores decido emprender la bajada. Claro que no hay UNA bajada. Hay montones. A Zermatt vía Furi, a Zermatt vía Lago XX, a Zermatt vía XY. Elijo un camino intermedio, ni el más corto, ni el más largo. Vía Furi, que es un pueblito que está en medio de la montaña, literal y figuradamente.
Mientras voy bajando me cruzo con una pareja. Decido saludar en suizo-alemán. Digo Grüezi mientras nos cruzamos. Bonjour, me responden. Con la siguiente persona con la que me cruzo vuelve a pasar lo mismo, así que al tercero le digo Bonjour, pero claro, me responde Bongiorno. Ok. Al siguiente le digo entonces Bongiorno pero, obviamente, me responde en alemán. Ok. Hallo! le digo a la pareja que me cruzo después. ¡Hola! me responden. Está claro que no le voy a pegar a ningún idioma, así que decido esperar a que me saluden para responder.
Mientras tanto llego a Furi, un pueblo que, como otros de la región, está compuesto por cabañas de madera sobre pilotes y techos de lajas. Larita me contó que normalmente entre el pilote y la cabaña hay una laja para que los ratones no puedan acceder a la casa.
Furi no es el único pueblo que me cruzo en mi bajada a Zermatt. En verano todos ellos parecen vivir casi exclusivamente del turismo. De qué podrán vivir en invierno parece ser todo un misterio. Pero, seguramente, algo habrán de hacer.
De Zermatt a Lenzburg

Por primera vez regreso hasta Lenzburgo por la misma ruta que me trajo. Exactamente la misma ruta. Podría decirse que es un evento único. A fuerza de haber pasado mil veces en los últimos tres días las estaciones de tren de Berna, Lucerna o Zürich me resultan extrañamente familiares. Pero hoy no vuelvo a Othmarsingen. No al menos, todavía. En Lenzburg me encuentro con los Kellenberger-Saubidet para ver el festival de artistas callejeros. Así que voy subiendo la cuesta, que arriba Lenzburg se visitió de fiesta…

martes, 1 de marzo de 2016

Capital suiza, allá vamos (Parte II)

Como dice el refrán… en Roma hay que hacer como los romanos. Y en la capital de Suiza, hay que hacer como los suizos. Incluso a la hora de almorzar. Y si de almorzar se trata, no caben dudas, la opción es rösti. ¿ros qué? Rösti. No es lo mismo pero -a riesgo de atraer la ira de hordas de helvéticos- podría decirse que es como si fuera una especie de pseudo tortilla hecha a partir de papa rallada. El rösti es ultra típico de la cocina suizo alemana (no así de las otras partes del país). Tal es así que la frontera que separa las regiones germanoparlantes de las francófonas recibe el nombre de Röstigraben (röstigrebe), que literalmente significa, la fosa del rösti.
Particularmente poco apropiada para la carta resultó ser la foto de una columna rematada con una estatua en la cual un hombre/ogro se come -literalmente- a un niño. A la salida del restaurante descubrimos que la escultura en cuestión se encuentra exactamente enfrente del restaurante.
Igual, a pesar de estar en frente al restaurante, para ser la imagen de contratapa de la carta sigue siendo poco feliz.
No muy lejos de allí se encuentra la Berner Münster -o sea, la catedral de Berna-. Gracias a los cien metros que mide su torre es la iglesia más alta de Suiza. Se comenzó a construir en 1421 para reemplazar a una pequeña capilla que en un principio se había encontrado fuera de las murallas. Pero además tenía otra función; mostrar el poder de la ciudad, que en trescientos años había dejado de ser un pueblito olvidado allá lejos y hace tiempo para convertirse en una de las principales ciudades de la región.
Según nuestra guía oficial muchas de las imágenes de la iglesia fueron arrancadas y tiradas al río durante un brote de potestantismo. Cabe recordar que Suiza, al igual que Alemania, es uno de los países que quedó literal y figurativamente atravesados por la Reforma. Ciudades y regiones que se convirtieron masivamente a alguna de las iglesias protestantes mientras en el valle de al lado seguían siendo católicos/as o ciudades donde el números de los luteranos (o calvinistas, o lo que fuere)  no era tan distinto del de católicos. También hubo muchas regiones que adhiriendo a la reforma luego regresaron (voluntaria o forzadamente) a las polleras del papa.
En el caso del Münster, el eje de las protestas y objeto de odio habría sido el conjunto que representa “el juicio final”, en el portal principal de acceso. Sin embargo, una vez pasado el arranque de pasión reformista, volvieron a reconstruirlas. Algunas de las estatuas originales -o sus restos- fueron rescatadas y pueden ser vistas en un museo.
Desde la plaza de la catedral se puede ver el río serpenteando allá abajo y algunos jardines de casas que, en pleno centro, gozan de los beneficios de estar en pleno barranco.
Un poco más lejos de la parte más antigua de la ciudad-pero sin alejarse tantísimo- se encuentra el barrio con los edificios de gobierno. Nuevamente encontramos algunos de ellos en obras de restauración (siempre hay algo en restauración) y por tal motivo, algunas partes tapiadas y con alambres de púas. Para evitar tener que vérnoslas con los James Bond helvéticos decidimos mantener una distancia saludable del vallado.
Palacio Federal de Suiza, léase, el Parlamento.

domingo, 28 de febrero de 2016

Capital suiza, allá vamos... (Parte I)

Berna es la capital de la Confederación Helvética, más conocida para el resto de los mortales como Suiza. Por si se lo estaban preguntando, Berna también es la capital del cantón que lleva su mismo nombre (Un cantón es como una mini-provincia. A veces pueden ser ciudades, valles o regiones con múltiples pueblos). 
El centro de la ciudad se encuentra en una especie de cerro elevado rodeado en buena parte (tres cuartos de la ciudad vieja) por un río, lo que la hizo desde muy temprano, fácilmente defendible. El río en sí mismo resultaba ser una muralla efectiva. Por su parte, la diferencia de altura les permitía a los defensores detectar y atacar a los invasores con rapidez y facilidad. 
Desde 1848 es ciudad federal y es sede de los poderes ejecutivo y legislativo suizo (lo más parecido a un tribunal superior se encuentra en la ciudad de Lausanne, conocida por ser la sede del Comité Olímpico Internacional). El poder ejecutivo suizo es algo interesante. Suiza no tiene un presidente. Tiene siete ministros… ministros federales… mmm… superministros. Cada uno de estos superministros (no se imaginen a Cavallo porque lo único que ése debe conocer de Suiza son el foro de Davos y la bóveda de más de un banco) tiene a cargo un área. Economía, Educación, Defensa, Salud, Medio Ambiente, lo que sea. Pero además se van turnando en la presidencia del Consejo Federal, de modo que cada uno haga las veces de presidente durante un año. Hacer las veces de presidente se refiere a la función protocolar ya que ninguno de ellos podría cambiar a los otros. Obviamente es un sistema complejo porque los ministerios se deciden en función de los resultados electorales; tres para tal partido, dos para este partido, dos para este otro y uno para aquél, pero además la composición del consejo de ministros debe representar geográfica y lingüísticamente al país. Y después, claro, está …a convivir.
Por lo pronto parece que no tienen mucho problema en convivir en la capital. Cuenta la leyenda que Berna es una de las 10 ciudades del mundo con mejor calidad de vida. Como podrán imaginarse en la ciudad no sólo viven los superministros y los diputados del parlamento suizo. Pero saber cuál es su población no es tarea fácil ya que si bien la ciudad en sí misma tiene alrededor de 120.000 habitantes, a su vez es el centro de un entramado de localidades, pueblos y pueblitos que eleva el número total notablemente.
 Además de los berneses, en Berna también viven los osos. No sólo son el símbolo de la ciudad (un oso negro parado y sacando la lengua -los osos heráldicos siempre sacan la lengua- sobre una bandera roja y amarilla). También forman parte de ella. O al menos, de la fosa de los osos, una zona de la ciudad cercana al puente de acceso que desde hace casi seiscientos años alberga a una serie de osos, osas y oseznos. 
De nuevo, por ser invierno (nota mental cuatro mil quinientos treinta y cinco…) estaban  (casi) todos hibernando. Acá hay uno pidiendo plata. Por suerte se ve que le había ido bien ese día porque estaba bastante amigable.

Hay toda una larga controversia acerca de cuándo y por qué los osos devinieron animal heráldico de la ciudad, si fue desde el origen o no y pululan leyendas, teorías e hipótesis lingüísticas que intentan clarificar el tema. Ninguna lo hace de forma del todo convincente, así que dejemos el tema un poco de lado. Baste decir que el oso es el símbolo y animal heráldico de la ciudad y lo más probable es que la haya dado nombre y todo.
Por suerte para nosotros, el tránsito era casi inexistente, salvo por los ocasionales tranvías. 
La verdad es que la ciudad es muy linda y no sorprende que haya sido declarada patrimonio de la humanidad. Si lo que les sorprende es la decoración navideña de las calles es sólo porque las fotos son del año pasado. Y para que conste en actas, todos los pinitos y ramas de abeto son, tal como parecen, naturales. Al parecer los suizos expresan la misma pasión que los alemanes por la decoración navideña aunque usen menos lucecitas y chirimbolos. Y, por lo menos, a buena parte de los/as berneses/as la tala de abetos les ocasiona los mismos dilemas que a los sajones, es decir, ninguno.
Dos clásicos suizos. La fuente con columna y una torre con reloj. El reloj tiene nombre y todo. Se llama Zytglogge y es una reliquia medieval. Por momentos parecía complejo de entender y ciertamente no es lo primero que atinaría a mirar si quiero saber la hora, aunque no por eso deja de tener su encanto.