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miércoles, 29 de noviembre de 2017
sábado, 24 de junio de 2017
Año nuevo danés: Malmö
Aquí no hay dragones, reyes
míticos, misioneros martirizados ni historias épicas. En su origen se trató de
un pueblo fundado por los daneses entre los siglos XII y XIII, cuando toda la
región pertenecía al reino de Dinamarca.
Hacia finales del siglo XIII Malmö
se unió a la liga Hanseástica y comenzó un cierto desarrollo comercial gracias
a su ubicación estratégica. Está en el punto sur de Suecia, al otro lado del Canal
de Oresund, el canal que separa Suecia de Dinamarca.
¡Un momento! ¿No era que formaba
parte de Dinamarca? Sí. Formó parte de Dinamarca desde su fundación hasta bien
entrado el siglo XVII, cuando los suecos ocuparon la región.
La iglesia de San Pedro, la más antigua de Suecia y la península escandinava
Bien. Volvamos a Malmö. En 1319 se
comenzó a construir la iglesia de San Pedro. Fue la primera iglesia gótica de
ladrillos de la península escandinava y, por tanto, uno de los modelos que
tomaron muchas de las iglesias posteriores.
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| Foto de rigor, la plaza principal del pueblo |
En el siglo XV se construyó el
castillo de Malmö y la ciudad recibió su escudo heráldico, que incluía por
alguna razón misteriosa un hipogrifo, que pronto se transformó en el símbolo
del pueblo.
A lo largo del siglo XVII Suecia y
Dinamarca lucharon por el control de la región hasta que, tratado de Roskilde
mediante, Dinamarca reconoció en los papeles que Suecia se había salido con la
suya. Malmö pasó de manos por primera (pero no última) vez en su historia. De
hecho los daneses volvieron a ocupar la ciudad al menos dos veces más. En ambas
terminaron siendo expulsados por los suecos, aunque, claro, tanta ida y vuelta
fue dejando su marca en el pueblo.
Durante la revolución industrial
el pueblo salió de su largo letargo y -astillero y fábrica de cigarrillos
mediante- se transformó en uno de los grandes centros industriales del país.
Por buena parte del siglo XX la ciudad creció y se industrializó hasta que la
crisis del petróleo de los años setenta la afectó. El astillero de la ciudad
tuvo que ser rescatado por el estado y echar a buena parte de sus trabajadores.
No fue la única industria que tuvo que ajustarse.
Así las cosas la ciudad tuvo que
ingeniárselas para salir adelante. Apostó por convertirse en un centro de
investigación y a juzgar por lo que se ve hoy en día, mal no le fue.
Hoy Malmö es un centro
tecnológico, científico y cultural importante. Está unida a Copenhague por el
puente de Orelsund, una obra de más de treinta kilómetros que une Suecia y
Dinamarca y posee una gran colección de edificios modernosos y más o menos
vanguardistas, entre los que destaca el Turning Torso, el edificio más alto de
Escandinavia.
Arriba a la derecha, el Turning Torso. Abajo a la izquierda, un teléfono público-reliquia. No es como la cabina de Doctor Who pero tampoco está mal. A la derecha, un mural que da un poco de miedo
No muy lejos del Turning Torso hay un parque y más allá está la playa del lugar. Seún cuenta una inverosímil leyenda local, en verano se llena de gente que va a disfrutar del sol, la arena y el mar. No nos consta. Eso sí, viento y fresco -al menos a fin de año- hay para repartir.
lunes, 19 de junio de 2017
Año nuevo danés: Elsinor y el castillo de Kronborg
Aunque
(casi) nadie lo sepa, tanto la ciudad de Elsinor como el castillo de Kronborg
deben ser dos de los lugares más representados en el teatro. ¿Que por qué?
Elemental, mi querido Watson, porque conforman el escenario en el un tal William Shakespeare decidió ubicar la acción de Hamlet. Claro que no se sabe a
ciencia cierta si Shakespeare estuvo aquí o no ni por qué eligió este castillo.
Pero a esta altura a nadie parece preocuparle mucho el tema. Es el castillo de
Hamlet y ya.
Por
supuesto que la familia real danesa no lo construyó para que Shakespeare
pudiera ambientar Hamlet. Ante todo el castillo tuvo dos finalidades, ser
residencia una real y, sobre todo, tener presencia militar efectiva en el lugar.
Dinamarca
exigía el pago de un peaje a quienes quisieran ingresar (o salir) del mar
Báltico. Siendo que no había para la época muchas opciones, los barcos que iban
(o venían) del mar del Norte al Báltico se enfrentaban a una clara disyuntiva.
O pagaban o trataban de burlar los controles. Parece que como esta segunda
opción fue bastante frecuente, el rey de Dinamarca decidió en 1420 construir
este castillo desde el que se controla toda el área ya que se alcanza a ver la
costa de Suecia (que para aquella época también era de Dinamarca) y los barcos
quedan al alcance de unos cañoncitos que invitaban amablemente al pago del
peaje o, en caso negativo, al ataque y previsible hundimiento, de las naves.
Cien
años después Kronborg fue remodelado en el estilo renacentista del Báltico (acá
hay nombre para todo) y ampliado hasta convertirse en la mayor fortaleza de la
época. Lamentablemente, como todo parece ser relativamente cíclico, otros cien
años después buena parte de la fortaleza ardió en un incendio.
La
fortaleza se reconstruyó rápidamente debido a su función militar pero los
interiores del palacio quedaron para
después. El para después significó
que año tras año aparecía otra cosa en qué gastar el dinero. Para desgracia de
Kronborg ya había otra residencia que se había convertido en la predilecta de
la familia real danesa. Al fin y al cabo, los reyes no necesitaban vivir en
cada una de las fortalezas del reino, menos en una que para el siglo XVIII se
había convertido en la primera línea de defensa frente a Suecia, que acababa de
conquistar Malmö y alrededores, echando a los daneses de la península
escandinava.
Junto a Kronborg se encuentra el pueblo de Elsinor, que parece salido de una de esas latas de galletitas danesas que en la década de los noventa estaban en (casi) todos los supermercados argentinos. Hablando de galletitas danesas y de sus latas, en ningún supermercado danés pudimos dar con nada que se le pareciera. Un misterio más.
sábado, 17 de junio de 2017
Año nuevo danés: Frederiksborg
Hoy
es el museo danés de historia nacional pero por varios cientos de año fue el
mayor palacio de Escandinavia y uno de los principales símbolos de la monarquía
absoluta danesa en la época en la que Dinamarca incluía Noruega, Islandia, Groenlandia y hasta algún que otro puerto en la India. Sí, en la India.
A
comienzos del siglo XV ya había un pequeño palacio aquí mismo que pertenecía a
un señor feudal menor que, como tal, tuvo que aceptar cambiárselo al rey de
Dinamarca por otra propiedad. Para algo sé es rey. Federico II de Dinamarca y
Noruega quería que el antiguo propietario supervisara en persona la ampliación
del castillo antes de entregárselo. Era un negocio redondo. Le cambiaba el
castillo por otro y encima lo hacía supervisar las obras que se le habían
ocurrido.
Y
a caprichoso, caprichoso y medio. Christian, el hijo de Federico y que había
nacido en Frederiksborg amaba tanto el castillo que no sólo decidió que fuera
su principal residencia sino que también, en un gesto de afecto desmedido por
el lugar, lo destruyó e hizo traer arquitectos desde Holanda para que le
construyeran un palacio más grande y más lujoso. Sí, ahí mismo. En 1620 el
(nuevo) palacio fue inaugurado con toda la pompa (y circunstancia) que
ameritaba el suceso.
Por
desgracia para Christian, los suecos ocuparon el palacio casi cuarenta años más
tarde. Después de recuperarlo, volvió a habitarlo pero sus descendientes no lo
usaron sino esporádicamente o para eventos especiales. Hablando de eventos,
hasta 1840 fue el lugar en el que se coronó a reyes y reinas de Dinamarca.
¿Por
qué no se siguió usando? Porque en 1859 un incendio provocó la destrucción de
una parte del palacio, que quedó semi abandonado hasta 1864, cuando fue
reconstruido y transformado en Museo Nacional danés.
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