Cambridge. La iglesia de Saint Giles le da la bienvenida a la gente jóven, a la vieja, a los/as soletos/as, a los/zas casados/as, a quienes ya se recibieron y a quienes no, a la gente divorciada, a gays, trans, a familias con o son hijos/as, a la gente feliz, a la triste, creyentes, no creyentes, santos/as, pecadores/as ... y la lista continúa...
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miércoles, 9 de mayo de 2018
miércoles, 3 de enero de 2018
sábado, 25 de noviembre de 2017
Una semanita en Inglaterra: Primavera londinense
Fines
de noviembre de 2017. El otoño avanza indefectiblemente hacia su fin
y al comienzo del invierno. Como si el frío y los árboles ya sin
hojas no fueran recordatorio suficiente del avance del calendario, el
circo de la navidad contribuye a acrecentar la sensación de que en
breve tendremos nieve y temperaturas bajo cero. Muy a pesar de la
decoración navideña, sin embargo, no tendremos renos (no al menos
de los reales). O bueno, por lo pronto no los hemos tenido en los dos
años que llevamos aquí.
Pronto
el atardecer comenzará alrededor de las tres o tres y media de la
tarde y anochecerá cerca de las cuatro. La temperatura bajará
ostensiblemente y la única forma de forzarse a salir de casa durante
la (larga) noche será animándose con algúna taza de Glühwein.
¿Qué mejor momento entonces que éste para compartir las fotos de
la primavera londinense? Sí, ya sé. Londres no es el Mediterráneo
y abril no es un mes especialmente cálido. Pero, al menos, es una
época del año plagada de colores, tulipanes y narcisos. Algo es
algo.
Abajo, en el jardín (no tan) blanco, dedicado a Diana Spencer, también conocida como Lady D.
También los parques y edificios públicos se ven invadidos por tulipanes, narcisos y jacintos de todas formas y color:
Ni el Palacio de Buckingham se salva:
jueves, 23 de noviembre de 2017
Una semanita en Inglaterra: Monumentos de la (gran) guerra
En
general buena parte de las grandes ciudades europeas que se vieron
involucradas de un modo u otro en alguna (o ambas) de las guerras
mundiales cuentan monumentos conmemorativos, tumbas del soldado
desconocido, iglesias memoriales ... o algún tipo de
recordatorio de los horrores de la guerra, los crímenes del
nazismo o -eventualmente- homenajes a quienes resitieron.
No es
sorprendente entonces que en Londres, como capital de uno de los
principales estados involucrados en ambas contiendes, también los
haya. Lo que no esperábamos en que fueran tantos y estuvieran
diseminados por toda la ciudad.
Arriba, monumentos de la Gran Guerra, como los contemporáneos llamaron a la primera guerra mundial. Abajo, el homenaje a los pilotos de la real fuerza aérea.
Abajo, parte del bajo relieve del memorial que recuerda los bombardeos que sufrió la población inglesa durante la segunda guerra mundial:
Por último pero no por eso menos importante, el homenaje a los animales caídos en ambas guerras mundiales.
lunes, 20 de noviembre de 2017
Yapa de Cambridge: El King's College
Oficialmente
se llama King's
College of Our Lady and St. Nicholas,
pero -por motivos de practicidad o falta de tiempo- se lo conoce simplemente como
el King's
College.
O incluso, el
King's.
Fue
fundado por Enrique VI en el año 1441 y su construcción fue bastante errática. El primer rediseño de sus
instalaciones se hizo apenas cinco años después de su fundación,
cuando buena parte de sus edificios aún no habían sido terminados.
Luego, la guerra de las rosas -nombre algo romántico y pintoresco para un evento
que no lo fue- supuso un alto en las obras.
El interior de la capilla fue terminado recién por el omnipresente
Enrique VIII, cien años después de su inicio. Parece que el rey se
hizo un tiempito entre decapitación y divorcio y pasó por Cambridge
para establecer algunos detalles de la capilla, especialmente
colocando su escudo de armas y su símbolo dinástico (la rosa
Tudor) aquí y allá.
Paréntesis.
La denominación de guerra de las rosas fue,
efectivamente, concebida en la época de Enrique VIII, casi cien años
después de que se iniciara el conflicto. La guerra básicamente
enfrentó a dos familias (o dos ramas de la misma familia, según
quiera verse) en su lucha por la sucesión real: los Lancaster y los
York. Sí, ya sé, suena mucho a Game of Thrones,
pero bueno, la historia inglesa es un poco anterior. El símbolo de
los primeros era una rosa blanca. El de los segundos, una rosa roja.
Como los Tudor tenían ancestros/as de ambas casas utilizaron como
símbolo una rosa blanca y roja y se. Cierro el paréntesis.
Con
sus ochenta y ocho metros de largo y sus casi treinta metros de alto,
la capilla es uno de los edificios de estilo gótico mejor
preservados de Inglaterra y todo un símbolo de Hogwarts Cambridge. Se ve desde casi cualquier lugar del casco histórico (cuando la perspectiva lo permite) y su visita bien vale el precio de la entrada al college (que, lamentablemente, no es gratis).
sábado, 18 de noviembre de 2017
Una semanita en Inglaterra: Cambridge
Esto
parece un calco de la historia de todas las ciudades que visitamos... Donde está Cambridge hubo (allálejos y hace tiempo) un asentamiento celta del que no queda mucho registro. Luego vinieron los romanos, fortificaron la zona y la dotaron de
cierta infraestructura. Más tarde el pueblo fue casi abandonado, lo
invadieron los anglosajones y finalmente lo saquearon los vikingos.
Yo creo que es cartón lleno. Mirando la historia de buena parte
de las ciudades de la región tenemos un capri-capri,
alcoyana-alcoyana, ultracomb-ultracomb. Los mismo nombres, procesos
similares.
Siguiendo
esta larga lista de coincidencias, después de coronarse como rey de
Inglaterra, en el año 1068 Guillermo el Conquistador llegó hasta
Cambridge para hacer una de las cosas que mejor hacía. No, no ganar
una batalla decisiva sino, en este caso, hacer posesión efectiva del
territorio, construir un castillo-fortaleza-prisión y dejar un
administrador leal para que cobrase los impuestos reales.
Sesenta
años más tarde Cambridge fue reconocida como ciudad, lo que le
permitía cobrar sus propios impuestos y no tributar a otro señor
más que el rey. Los ciudadanos del lugar -ni lerdos ni perezosos- aprovechron para crear un peaje, un peaje para cruzar en río Cam por
el puente (bridge) del pueblo. Cam-bridge. Sí, como origen etimológico parece un poco aburrido pero hay que reconocer que al
menos no genera discusiones. De la misma época es también la iglesia
redonda, una de las construcciones más antiguas que queda en pie en la ciudad.
En
el 1248 ocurrió un evento significativo para el futuro de la ciudad
y de todos aquellos que hemos estudiado inglés y hemos tenido que
rendir un examen de nivel. Un grupo de estudiantes fundaron
la universidad de Cambridge luego de una disputa con los habitantes
de la ciudad de Oxford. Estos transforma a la Universidad de
Cambridge en la segunda más antigua del país y en la cuarta
universidad-actualmente-en-funcionamiento más antigua de Europa y el mundo.
En
el 1349 la ciudad sufrió los efectos de la peste negra. No hay
registros oficiales del impacto de la peste en Cambridge a nivel
general, pero sí de los profesores y curas. Se estima que en estos
sectores, no precisamente de los más pobres ni hacinados, murió un
tercio del total. Se cree que entre los habitantes más pobres del
pueblo el porcentaje de muertes rondó el 50%.
Cuarenta
años más tarde parece que las cosas seguían sin repuntar para
Cambridge. Por la participación de la ciudad en la Revuelta de los
campesinos, Cambridge perdió algunos derechos, especialmente los
vinculados con el dinero y los impuestos, que fueron a parar a la
Universidad. En contrapestación, la universidad vio el nacimiento
del King’s College, en un claro acto de chupamedismo.
![]() |
| La capilla del King's College |
Habiendo
llegado a este punto es necesario aclarar que, al igual que Oxford,
la Universidad de Cambridge no es una universidad en el sentido
tradicional del término. No tiene una única sede ni un único
campus. Está, por el contrario, conformada por Colleges que son
autónomos unos de los otros, que ofrecen distintas carreras con
estructuras no siempre exactamente iguales.
Colleges, colleges y más colleges. Casi imposible recordar cuál es cual...
El
Kings College es uno de los más representativos ediliciamente
hablando y su capilla, comenzada en el 1446 fue finalmente inaugurada
por uno de los más archiconocidos reyes ingleses, Enrique VIII. (Ta tendrá su entrada. Paciencia)
Por
alguna de esas misteriosas razones de marketing histórico, hay un
evento que pasa casi desapercibido. La revolución inglesa. Es cierto
que los ingleses no son especialmente afectos a recordarla ni mucho
menos a remarcar que fue la primera revolución liberal en la que un
rey terminó quedando sin cabeza, pero fue así. Se enfrentaron los
partidarios del parlamento con los del rey (que seguía el modelo
absolutista) y se armó un lindo tole-tole. Cambridge fue uno de los
baluartes de los parlamentarios y se vio en algún momento sitiada
por las fuerzas realistas, aunque resistió el asedio y las fuerzas
leales al rey fueron rechazadas. Así estuvieron los ingleses.
A la
larga los ingleses estuvieron en cuarenta años de guerra civil,
Protectorado de Cromwell, revolución y demás bondades hasta acordar
que, para gobernar, el parlamento debía aprobar las decisiones del
rey. En este sentido quedó claro el precedente de que el rey que no
lo hiciera podía poner en riesgo la relación entre su cuello y su
cabeza.
A
diferencia de lo que se podría creer, la Universidad resistió
algunos de los avances de la revolución industrial, en especial, el
tren. ¿Por qué? La razón parece un poco traida de las orejas. Los
profesores de la universidad pensaban que la posibilidad de poder
viajar a Londres fácil y rápidamente iba a alterar el clima de
estudio y tranquilidad en el pueblo. También pensaban que los
estudiantes iban a terminar fugándose para pasarla bomba en Londres
y volver al pueblo con sus resacas a cuestas. Claro que no lo dijeron
de este modo pero era más o menos la idea.
De todos modos, llegado un punto no pudieron con el paso de la historia y la
revolución industrial hizo su entrada triunfal (y humeante) en
Cambridge.
Por
ser un pueblo eminentemente universitario, no tener industrias
estratégicas y ser relativamente pequeño, Cambridge salió bastante
bien de la segunda guerra mundial. Ocupados en bombardear Londres, la
aviación alemana hizo la vista gorda con el pueblo, lo cual es una verdadera suerte para nosotros.
miércoles, 15 de noviembre de 2017
Foto de miércoles
Londres. Propiedad privada. Por favor, no permita que su perro ensucie nuestro encantador jardín. Hasta para esto los ingleses tienen su encanto.
lunes, 13 de noviembre de 2017
Una semanita en Londres: Dover
Calais (en Francia) y Dover (en Inglaterra) son las dos ciudades que se encuentran en el punto más estrecho del canal de la Mancha. De hecho, el tunel que conecta ambos países une estas dos ciudades. Las dos se miran y desde ambas -si el clima lo permite- se divisa la costa opuesta.
Así las cosas, Dover fue por siglos la puerta de acceso a Inglaterra. Hoy es más bien alguno de los quichicientos aeropuertos de la ciudad de Londres. Igual la imagen del barco que se abre paso entre aguas y bruma hasta vislumbrar los acantilados, llegar a la orilla opuesta y desembarcar en el puerto de Dover parece ligeramente más romántica que la cola interminable del aeropuerto, los formularios de migración y la señora que te pregunta que por qué vas a Inglaterra, que dónde te vas a hospedar, que cuánto tiempo vas a estar...
Volviendo a Dover, aquí también los romanos estuvieron en su día. De hecho, el castillo de la ciudad cuenta con una capilla construida junto al antiguo faro romano, que se mantiene aún en pie con bastante más dignidad que las columnas del foro de Roma.
A esta altura ya adelanté que hay un castillo en Dover. Y sí, vale la pena visitarlo. La parte más antigua es del siglo XII y fue una de las tantas residencias que los reyes normandos utilizaban cuando salían de rotation con la corte por el reino.
Muy cerca de esta parte de la fortaleza se encuentran la capilla y el antiguo faro romano, con una vista increíble del puerto de Dover, el canal y la costa de Francia.
Por su importancia estratégica el castillo fue posteriormente ampliado y transformado en fortaleza. Siglos más tarde incluso se contruyó un búnker desde donde se enviaban, recibían, interceptaban y decodificaban mensajes durante la segunda guerra mundial.
Cerca del castillo (pero con acceso desde un sector cercano al puerto) se encuentra el parque de los acantilados blancos. No hace falta tener mucha imaginación. La costa inglesa termina en buena parte de forma abrupta en el canal de la Mancha, dejando a la vista acantilados de piedra caliza que se extienden por kilómetros.
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