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miércoles, 21 de marzo de 2018
miércoles, 7 de junio de 2017
jueves, 11 de mayo de 2017
Navidad hanseática: Miniwunderland
El modelismo es en Alemania, una
auténtica pasión. Sorpresivamente, hay una cantidad significativa de personas
que se dedica a armar y desarmar pistas de trenes, comprar casitas y arbolitos
diminutos y ver –finalmente- los trencitos dando vueltas para, cada tanto,
introducir algún cambio en la ruta.
Casi como en mis juegos de
infancia, sin embargo, la mayoría del tiempo y esfuerzo parecen emplearse en el
armado de tales cuestiones. Supongo que nos habrá pasado a casi todos/as. Una
hora para preparar el juego y luego de quince minutos ya queremos hacer alguna
otra cosa.
Volviendo al mundo de los trenes,
las vías y las maquetas, hasta los más ignotos pueblos poseen su negocio
dedicado al modalismo. No hablo de ciudades como Dresden donde hay un par, sino
de lugares mucho más pequeños. Increíblemente pequeños para tener un negocio de
este tipo.
Así las cosas no sorprende que
existan lugares como Miniwunderland. Miniwunderland (algo así como la pequeña
tierra maravillosa o, en su defecto, de maravillas) es, aunque usted no lo
crea, uno de los más conocidos atractivos turísticos de Hamburgo.
Repartida en dos plantas de un
edificio al mejor estilo dock de Puerto Madero, Miniwunderland alberga
recreaciones de Hamburgo, Europa y América (del norte) surcadas por trenes que
van de un lado al otro a través de vías, puentes y hasta mini ascensores.
Catorce kilómetros y medio de vías, para ser exactos, que atraviesan una
superficie de mil quinientos metros cuadrados. Por si alguien se está
preguntando, sí, es efectivamente, la mayor pista de trenes del mundo.
La mayoría de estos espacios
cuenta con una serie de botones aquí y allá que activan algún mecanismo de
algo. Un globo aerostático que sube o baja, luces que se encienden, barcos que
entran en movimiento, camiones de bomberos que van a apagar algún incendio, ambulancias que comienzan a tocar bocina, manifestantes
que entonan alguna canción de protesta, lo que sea. Todas estas cosas tienen,
por momentos, niveles insospechados de realismo. Otras veces ofrecen vistas tan
delirantes que te hacen preguntar qué sustancia han estado consumiendo los
artífices de semejante escenario.
Si la hacemos, la hacemos bien, habrá pensado alguien cuando decidió que en
Miniwunderland hubiera día y noche. Las luces de los salones están temporizadas
para reproducir (cada quince minutos) un ciclo nocturno, en el que se encienden
las lucecitas de casa, autos y edificios.
miércoles, 10 de mayo de 2017
lunes, 8 de mayo de 2017
sábado, 6 de mayo de 2017
Navidad hanseática: Hamburgo
Siguiendo
el curso del Elba -el río a cuyas orillas se encuentra Dresden- hacia el norte
se llega a Hamburgo. La ciudad libre y hanseática de Hamburgo, para hablar con
propiedad. Es la segunda o tercera ciudad más grande de Alemania, según se
midan o no los suburbios, el mayor puerto del país y el segundo más importante
de la Unión Europea.
Y
todo esto sin contar con el dato más sorpresivo de todos. Como tantas otras
ciudades del norte de Europa construida sobre canales, Hamburgo es conocida
como la Venecia del norte. Hasta acá ninguna novedad. Gante, Ámsterdam,
Estocolmo y hasta San Petersburgo también comparten el mismo apodo. Pero…
solamente en el puerto de Hamburgo hay más puentes que en Venecia y Ámsterdam
juntas. Eso sí, en el casco histórico de la ciudad, es otro el cantar... y
apenas hay algún que otro canal fuera de los distritos portuarios.
Claro
que no siempre fue un megapuerto ni una ciudad importante. Allá lejos y hace
tiempo, en el año 808 cuando Carlomagno mandó a construir el Hammaburg,
el castillo de Hamma, era un rincón
perdido en las fronteras del imperio Romano Germánico.
Treinta años más tarde la ciudad
se transformó en sede de un obispado y comenzó a dedicarse al comercio. Sin
embargo, a pesar de tener más de mil años de historia, poco de la ciudad actual
da cuenta de eso. Los vikingos saquearon
y destruyeron el pueblo en el año 846, el rey Miezko de Polonia lo ocupó y quemó en
el año 1030, el rey Valdemar II de Dinamarca lo ocupó y saqueó en 1201 y 1214… Por si fuera poco, el gran
incendio de 1284 destruyó más de la mitad de la ciudad y en el año 1350 más del
60% de su población murió en la epidemia de peste negra.
En el año 1241 Hamburgo se alió
con Lubeck, dando origen a la Liga Hanseástica. Fue el primer período de
esplendor de la ciudad.
Arriba, la municipalidad, la plaza y el centro comercial
Claro que no todo fueron rosas. A
pesar de estar rodeada de canales, parece que en la ciudad siempre hubo un
temita con los incendios. El de 1284 no fue ni el primero ni el último. En 1842
hubo otro gran fuego, esta vez duró cuatro días, quemó un cuarto de la ciudad,
incluyendo la antigua municipalidad y dejó sin hogar a más de 20.000 personas.
A la derecha, la corte de justicia. A la izquierda, la escultura de Bismarck que lo representa, paradójica y anacrónicamente, como a una suerte de caballero medieval, muy al estilo del Monumento de la Batalla de las (cinco) Naciones
Entre un y otro gran incendio corrió seguramente bastante agua bajo el puente, especialmente aquí, que se supone que hay tantos. Entre incendios, pestes, guerras y revoluciones la población de Hamburgo creció y disminuyó a lo pavote erráticamente aunque con cierta tendencia positiva.
Curiosamente, salvo por el breve período en que fue anexada por Napoleón, la ciudad mantuvo su calidad de ciudad libre y hanseática, una auténtica entelequia de tipo medieval que se las arregló para sobrevivir. De hecho, después del congreso de Viena la ciudad volvió a ser una ciudad-estado.
Ya en el siglo XIX Hamburgo volvió a
experimentar un nuevo período de crecimiento que la llevó a cuadruplicar su
población y a convertirse en el segundo puerto más activo de Europa. Industrialización mediante, se convirtió en un emporio exportador-importador y sus comerciantes se enriquecieron enormemente gracias al comercio marítimo, la construcción de barcos y el transporte transatlántico que, además de mercancías, comenzaba a llevar migrantes en gran escala de un lado para el otro. Supongo que también a alguna que otra pseudo Kate Winslet germánica.
La ciudad de llenó de edificios de ladrillos al mejor estilo de los docks de Puerto Madero. Más bien digamos que el estilo de los depósitos es -más o menos- el mismo en todos lados.
También proliferaron los edificios de oficinas, que siguieron una estética similar aunque ligeramente diferente que por estos lares se denominó, sorpresivamente, expresionismo.
También proliferaron los edificios de oficinas, que siguieron una estética similar aunque ligeramente diferente que por estos lares se denominó, sorpresivamente, expresionismo.
Al igual que el Puerto Madero de Buenos Aires, cien años después toda esta infraestructura resultaba arcaica. Desde los años sesenta los buques mercantes comenzaron a tener unas dimensiones mucho mayores y comenzaron a reproducirse los dichosos contenedores que hoy se amontonan en los puertos de todo el mundo.
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