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miércoles, 13 de junio de 2018

Fotos de miércoles

Academia del Arte, Florencia, Italia. Al final, Los Locos Adam tampoco inventaron nada. Parece que ya desde el Renacimiento había más de un "tío Cosa". 

lunes, 19 de marzo de 2018

Dos semanitas en Italia: San Gimignano

Si fuimos a San Gimignano fue porque dos personas (que no se conocen) nos recomendaron fuertemente que fuésemos. Una de ellas fue Susanne, mi tándem de alemán. Ella estuvo en Toscana hace algún tiempo y (afortunadamente) nos insistió para que fuéramos. Ciertamente no es el único lugar que visitable de la campiña toscana pero bien vale el esfuerzo. 
Digo esfuerzo aunque no es tan complejo. Hay que ir a Siena y de Siena tomar un colectivo que te lleva a pasear un buen rato hasta llegar. O tomar el tren en Florencia y llegar hasta el (casi) ignoto pueblo de Poggibonsi, donde tenés que tomar el (mismo) dichoso colectivo que te lleva a pasear un poco menos antes de depositarte en las puertas del pueblo. Lo digo literalmente, porque la parada está junto a la puerta que te permite cruzar las murallas del lugar.
Si tenés movilidad propia es otra historia pero siendo nosotros gente de a pie (o en su defecto, transporte público) no nos quedó otra opción que la ruta larga. El dato a tener en cuenta es que los boletos del colectivo en cuestión se compran en los kioscos y afines o, una vez allí, en la secretaría de turismo del pueblo. Fiel a nuestro estilo de empezar temprano y callejear mucho para terminar exhaustos por la noche, visitamos Siena y San Gimignano en un sólo día. Siena definitivamente da para más. Pero... ¿de qué ciudad de Toscana no puede decirse lo mismo?
Volviendo a San Gimignano, su nombre se debe al obispo Giminianus, que en el siglo V intervino para que -en su (arrolladora) marcha a Roma- Attila no destruyera el lugar, que hasta entonces se había llamado Silvia. A pesar de lo que su nombre pueda evocar, Silvia era una suerte de castillo-fortificación con una población bastante reducida. 
Como consecuencia del cambio de nombre, se constuyó en la fortaleza una iglesia dedicada al santo en cuestión y pronto el castillo comenzó a convertirse en una suerte de ciudad amurallada. Con los  siglos  las murallas se ampliaron y algunas de las familias nobles de la zona comenzaron a establecer residencias en San Gimignano. 
Al igual que en Bolonia y en buena parte de Toscana, estas familias comenzaron a construir torres dentro de la ciudad que se usaban ya fuera como depósitos, cajas fuertes, prisiones (privadas), lugares de alojamiento y, en caso de emergencia, fortaleza dentro de la ciudad. 
Y a pesar de que muchas fueron derrumbándose por acción del tiempo, los terremotos y las necesidades urbanas (que tuvieron efectos más destructores en Bolonia, Siena, Lucca y, sobre todo, Florencia, aún sobreviven cerca de una docena.

sábado, 17 de marzo de 2018

Dos semanitas en Italia: La catedral de Lucca

La catedral de Lucca, oficialmente, San Martín de Tours de Lucca no sólo es la principal iglesia de la ciudad sino también sede arzobispal. Más allá de la pompa que rodea su nombre, es un buen ejemplo de la arquitectura toscana, combinando elementos del románico, el gótico italiano y algún que otro detalle renacentista.
La actual iglesia se comenzó a construir en el año 1063 para reemplazar una iglesia construida en el siglo VI. De hecho, en la cripta pueden verse restos de esta primera iglesia como así también del foro romano, ya que tanto la primera iglesia como su sucesora se construyeron sobre las ruinas de la ciudad antigua.
Una década más tarde del inicio de las obras, la iglesia fue consagrada allá por el año 1070 pero eso no significa que la iglesia hubiese sido enteramente terminada. De hecho, el proceso de construcción se extendió por cerca de seiscientos años, incorporándose elementos de distintos estilos arquitectónicos.
Una de las particularidades de la iglesia es su frente, compuesto por columnas diferentes. Según la leyenda este detalle se debe a una nueva muestra de que la viveza criolla no es un inviento rioplatense... Cuentan (Clarín titularía Dicen que...) que durante el proceso de constucción se abrió un concurso para decidir cómo serían las columnas del frente, por lo que invitaron a distintos artistas a presentar sus propuestas y que luego, zás, se quedaron con todas las "muestras", se ahorraron contratar a nadie y completaron la iglesia con lo que recibieron. Real o no, la anécdota no deja de ser divertida.

jueves, 15 de marzo de 2018

Dos semanitas en Italia: Lucca

Lucca es una de esas ciudades que te sorprende no sólo por sus murallas intactas, sus edificios y su entorno es sino también porque, un poco tapada por Florencia, casi que pasa desapercibida en el panorama turístico toscano. Y claro, con Florencia, Siena y Pisa en el vecindario, Lucca queda un poco en las sombras. Eso no significa que no haya turistas en la ciudad ni mucho menos pero, ciertamente, no son las hordas que inundan las calles y los museos de Florencia. Afortunadamente.
De algún modo, visitar Lucca te acerca a una experiencia un poco más ...mmm... auténtica. Al menos sentís que el centro de la ciudad no está montado (únicamente) para los/as turistas. Es un misterio. Por qué esta ciudad está en el circuito turístico y la de al lado medio que se escapa. Pienso en la literatura. Tal o cual cuento quedaron en una antología y desde entonces deben aparecer en todas las colecciones, mientras que otros quedan un poco en las sombras. La industria de los libros y guías de viaje parece no ser diferente. A alguien se le ocurre que en la región LA ciudad que hay que hay que visitar es esta y no aquella y ya, se imprimió la guía, la gente la compra, visita lo que tiene que visitar, recomienda lo que vio y así ad infinitum. Igual quiero aclarar que yo no "descubrí" Lucca. Obviamente la ciudad tiene su propia (y merecida) fama. No tuvimos que inventar nada para incluirla en nuestro intinerario ni visitarla fue una audacia nunca antes vista.
Habiendo dicho esto, mejor arranco. Lucca ha estado donde se encuentra desde antes de que los romanos llegaron a la región. Como buena parte de los lugares que hemos visitado en Toscana, la ciudad fue fundada -se supone- por los estruscos aunque para el año 180 antes de Cristo los romanos ya había hecho su ingreso triunfal en la ciudad, que prosperó y creció. En la cripta de la catedral, de hecho, pueden verse restos romanos ya que -se supone- la iglesia se encuentra (más o menos) sobre el antiguo foro de la ciudad.
Invasiones bárbaras mediante, los germanos y los lombardos se hicieron con el control de la región y la ciudad. Estos últimos fundaron el primer estado toscano de la edad media, que se convirtió en los siglos X y XI en un margraviato cuya capital fue Lucca. Los márgraves fueron soberanos casi independientes, si bien eran súbditos -al menos teóricamente- del emperador romano germánico de turno. Claro que como el emperador tenía que encargarse de un territorio más bien extenso (y de imposible administración para la época), Toscana gozó de las bondades de quedar más bien lejos.
Para el siglo XII murió Matilde de Toscana, cuyo nombre no le dice nada a (casi) nadie más allá de su área de dominio. De hecho, Matilde fue la última gobernante de la Toscana unificada que, luego de su muerte, se dividió en una serie de señoríos, repúblicas y ciudades-estado. Lucca fue una de estas últimas a partir del año 1160. Aunque su historia es más bien compleja ya que la posición geopolítica en la que se encontraba no era de las más tranquilas. Prácticamente encerrada entre Génova, Florencia y Pisa, la ciudad fue sucesivamente ocupada, liberada, conquistada, vendida, recuperada, por sus poderosas vecinas, por el Papa y el emperador romano germánico, pasando de mano en mano, rebelándose cuando podía y bajando la cabeza cuando no le quedaba opción, apareciendo y desapareciendo del mapa político de acuerdo con las circunstanciales necesidades de sus vecinos.
Si por siglos la existencia de la república de Lucca dependió del juego de genoveses, florentinos, pisanos, el papa y el emperador, el siglo XIX incorporó al jugador que faltaba: Napoleón. La ciudad se alió al emperador francés que, sin embargo, terminó ocupándola y entregándosela a su hermana Elisa para que la gobernara como una suerte de principado. Más tarde Lucca pasó a manos de María Luisa, su segunda esposa y luego terminó siendo fagocitada por su tradicional rival, Florencia, que la incorporó al gran ducado de Toscana.

miércoles, 14 de marzo de 2018

Foto de miércoles

Lucca. ¿El nacimiento (intervenido) de Venus? 

lunes, 12 de marzo de 2018

Dos semanitas en Italia: Siena II

La república de Siena tuvo desde esta época dos grandes series de conflictos. O tres. Dentro de la ciudad había una constante tensión entre los sectores más ricos y las clases populares. Por otro lado, la ciudad mantuvo una serie de enfrentamientos con los señores feudales de los alrededores, que en general fueron en mayor o menor medida mantenidos a raya. Finalmente, el crecimiento de Siena la llevó a entrar en conflicto con la otra gran ciudad de la región; Florencia. Florencia y Siena terminaron haciendo lo que hacen las ciudades rivales en situaciones similares. Cada vez que había un conflicto, cada una apoyaba a bandos opuestos. Si una se aliaba con el papa, la otra lo hacía con el emperador. Y viceversa.
Por cerca de quinientos años Siena se vio involucrada en una serie de conflictos bélicos en los que el emperador, el papa, Florencia, la liga de las ciudades lombardas, el rey de Francia, el rey de Nápoles y vaya a saber uno quién más se declaraban la guerra unos a otros cambiando cada tres minutos de aliados y enemigos. En todo este panqueque de alianzas y de enemigos intercambiables la única constante fue que si Florencia estaba en un bando, Siena estaba en el otro.
En el siglo XVI la ciudad sufrió una derrota decisiva que selló su suerte. Siena fue tomada por un ejército de tropas imperiales aliadas con su archirival de siempre. Como por la época el emperador tenía (muchos veces producto de las mismas guerras) una deuda importante con los Médici, decidió saldar parte de la misma entregándoles Siena. Sí, así nomás.
El dominio florentino suposo para Siena el comienzo de otro largo letargo. Como en tantos otros lugares, a esta situación debemos que la ciudad conserve muchos de sus encantos ya que, se dice, aún hoy luce como lo hizo en el siglo XVII.