Mostrando entradas con la etiqueta Vivir en Alemania. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vivir en Alemania. Mostrar todas las entradas

sábado, 5 de mayo de 2018

El décimo séptimo estado alemán

Los estados federales que componen Alemania son -en teoría- dieciseis. Algunos fueron primero ducados y luego reinos (Baviera, Sajonia), otros fueron electorados, margraviatos (o alguna otra entelquia administrativa nobiliaria, como Brandenburgo, Hesse o Turingia)... También están los que surgieron de la fusión de ducados con tradiciones similares (Baden-Württenberg), los que fueron ciudades hanseáticas cuasi independientes por siglos (Bremen, Hamburgo) y los que son, simplemente, un agregado de entidades más o menos relacionadas entre sí (Baja Sajonia, Renania del Norte-Westfalia). También hay otra ciudad que es su propio estado, aunque históricamente haya pertenecido a Brandenburgo primero y luego a Prusia: Berlín.

Por lo visto hay estados con las más diversas tradiciones y pasados. Y además de los dieciseis estados alemanes está el estado “honorario”, el que los alemanes llaman el décimo séptimo, Mallorca...

Que ningún español (ni española) se ofenda, pero al parecer Alemania reclama la anexión de las islas baleares, sino en los papeles, al menos en el terreno humorístico. Y es que alemanes y alemanas sienten una verdadera devoción por Mallorca. En honor a la verdad hay que decir que no son de los únicos. Hay quien dice, incluso, que la pertenencia de Mallorca estaría disputada con Inglaterra y que la isla se divide entre la zona que le correspondería al Reino Unido y la que, a fuerza de turistas e inversión, debería ser gobernada por la Merkel.

Alguna vez hablé sobre la fascinación que ejerce el mundo del sur en el imaginario germánico. Italia, España, eventualmente Grecia... Pero de entre todos los rincones habidos y por haber, Mallorca pareciera ser el que encabeza la lista de preferencias.

¿Pero por qué? Misterio de la humanidad. Bueno, no tanto. Sol, playa, buen clima, veranos cálidos, inviernos suaves, cielo azul, arenas blancas... Algunos sumarían los all-inclusive a la lista de atracciones. Es un punto discutido. Están quiénes aman este tipo de turismo (playa+pileta del hotel+consumo cuasipermanente de sustancias, la mayoría alcohólicas) y quienes le escapan y aclaran que cuando viajan a la isla NO se alojan en este tipo de establecimientos.

Tampoco hay que olvidar el factor culinario. Las tapas, el jamón serrano, la paella, las rabas y otras especialidades son bien conocidas por estas latitudes. Y si bien la cocina alemana suele caracterizarse por una (sobre) abundancia del cerdo, los wurst, el chucrut y la papa, parece que el cambio (¡y la variedad!) son más que bienvenidos.

Como Mallorca es grande pareciera que hay lugar para (casi) todos/as... Los destinos para quienes quieren combinar playa con trekking, los/as que prefieren bares, boliches y fiestas, las familias que buscan playas más tranquilas, los/as más alternativos/as, los/as hipsters... y por supuesto, para quienes se internan en el all inclusive y que prácticamente carecen de cualquier contacto con la España real, la que está fuera del hotel.

La cuestión es que sin importar la estación (aunque claro, el verano siempre supone un verdadero éxodo hacia la isla) Mallorca ejerce una atracción sin igual sobre el mundo germánico y en pleno verano su aeropuerto es el que recibe la mayor cantidad de vuelos (¡en el mundo!) procedentes de Alemania. ¿Presentará la Mutti ("la Mami", que es como le dicen a la Merkel por aquí) el pedido oficial de incorporación de Mallorca a la República Federal de Alemania? Por ahora no parece. Por lo pronto, Unión Europea mediante, tampoco parece ser necesario. Ya veremos cómo se las arrgelan en Inglaterra para sostener su pretención pos Brexit...

jueves, 3 de mayo de 2018

Federalismo a la alemana


Alemania, oficialmente la República Federal Alemana, es como se deriva de su nombre, una república federal. Eso quiere decir, entre tantas otras cosas, que no hay rey y que tiene estados federales que la componen. Como en tantos otros sistemas federales eso significa que cada región delega ciertos poderes en un estado central pero, al mismo tiempo, se reserva otras potestades. En el caso alemán, entre estas potestades se encuentran los sistemas educativos, judiciales, el control de la policía y algunas cosas más, como la asignación de feriados (cuyo número es diferente en cada lugar).

Podría decirse que se trata de un sistema bastante más federal que el argentino (lo cual en si mismo no parece ser mucho logro) que además se ve reforzado por la cuestión histórica. ¿Qué lo qué? Que como Alemania se unificó tardíamente (“recién” en 1871) hasta ese momento coexistieron una gran variedad de estados (más o menos independientes) dentro del actual territorio alemán que eran, en gran medida, autónomos los unos de los otros. En este esquema había reinos como Prusia, Baviera o Sajonia, principados, ducados, margraviatos, ciudades libres, ciudades hanseáticas... en fin, un gran cocoliche mosaico de entidades estatales, cada una con su propia historia, tradición y administración. Como resultado el estado moderno no se contruyó en torno a una ciudad desde la que se ejerció la centralización de todo. De hecho, a diferencia de París o Londres, Berlín no es la urbe monstruosa que todo lo concentra, a dónde HAY que ir si querés obtener algo y ni hablar -afortunadamente- del contrapunto con Buenos Aires. Sí, es cierto que es la capital, la ciudad más importante, la más grande y la sede del parlamento, de la oficina del canciller y de la presidencia. Tiene museos importantes, sí, muchísimos teatros y todo lo demás. Pero no todo lo que pasa por Alemania pasa, necesariamente, por Berlín.

De hecho, y a pesar de ser la ciudad más grande, no es ni por asomo el centro industrial más importante del país. Tampoco es su coracón tecnológico o científico. Pero no sólo eso. Hamburgo es el principal puerto, Munich es una suerte de capital regional y cuenta con arquitectura, tradición y museos como para rivalizar con Berlín. Fránkfurt no sólo es el mayor centro financiero del país (y la unión europea), sino que también es sede del principal aeropuerto. Por su parte, Colonia es sede principal de la Deutsche Welle, la cadena de televisión pública y es centro de la industria televisiva, Leipzig es sede de una de las cortes federales y de la biblioteca nacional y así la lista sigue... Así las cosas nadie se sorprenderá de que las mayores universidades no estén en Berlín. Tampoco las más antiguas o las más prestigiosas, que se encuentran salpicadas a los largo y ancho del país.

Casi que te puede sorprender. En este esquema casi cada ciudad que alguna vez fuera capital de un ducado (ni hablarde de las de los reinos) tiene su propia filarmónica, su conservatorio y su teatro de ópera. Aunque haya sido la capital de un margraviato más bien pequeño (y olvidado) a la sombra de algún otro estado. Y cada región tiene su diario. Casi cada ciudad diría, pero cada región tiene uno o dos diarios con presencia nacional. Entonces, cuando en la radio leen los titulares, el panorama que te hacés es muy distinto al de la lectura de cuatro diarios de la capital porque, lo más probable es que sean de cuatro ciudades distintas y, quién te dice, es muy posible que ninguno sea de Berlín. Y eso que aún ni me metí con el tema de la concentración de medios...

El punto está claro. Hay sistemas federales y sistemas federales. No necesariamente la descentralización tenga que ser un valor en sí mismo. Pero, definitivamente, la idea no deja de tener sus atractivos.

sábado, 27 de enero de 2018

Cinco situaciones complejas en la vida de un extranjero en Alemania

Empiezo diciendo una obviedad. Si no hablás alemán, cualquier situación puede ser potencialmente compleja en Alemania. Obvio que como turista no necesitás hablar el idioma para recorrer el país ni hacer compras, visitar museos ni viajar. Pero... siempre ayuda y nunca viene mal.

Habiendo aclarado este punto, tengo que decir otra obviedad previa. Imaginate que empezaste a estudiar un poco de alemán para no llegar y no saber decir ni mú. Está muy bien pero, definitivamente, lo más probable es que no sea suficiente para mucho más que alguna que otra cortesía y ya. No quiero sonar desesperanzador pero para vivir en Alemania HAY que hablar alemán. Y no me refiero a chapucear cositas. Me refiero a hablar, escuchar, escribir, foguearse en el día a día, que es complejo y -normalmente- menos modulado y pausado que tu profesor(a). Hay gente que piensa que estamos en el siglo XXI y el inglés es la lengua franca y todo el mundo lo habla y blablabla. No digo que no sea cierto. Pero en mi experiencia, no hablar el idioma del lugar te coloca en una suerte de ghetto incómodo y dependiente de la fortuna y la buena voluntad ajena.

Bien, ahora creo que ya terminé con las advertencias previas y puedo meterme de lleno en el tema del día de la fecha: cinco situaciones complejas en la vida de un hablante de alemán no nativo que (casi) todo el mundo debe afrontar.

Número uno: La entrevista de trabajo.
Conseguiste una entrevista de trabajo y, salvo que vayas a trabajar en una escuela internacional o en un instituto de investigación, lo más probable es que la entrevista tengas que hacerla en alemán. No me quejo. Suena bastante lógico. En fin, la entrevista empieza y vos ya estás con los nervios al máximo. Mientras te presentás y respondés las preguntas de rigor del caso, va todo bien. Después empiezan poco a poco a complicarse las cosas. Luego de la tercera o cuarta vez en que le pedís a tu entrevistador/a que hable más despacio o que le decís que no le entendés te das por vencido/a y dejás de hacerlo. No podés estar toda la entrevista diciendo “¿qué?”, “perdón”, “¿cómo dijo?”. Así que empezás a confiar en tu intuición y a asentir a lo que te dicen. Si entendés más o menos la mitad de las cosas te das por realizado/a y ponés cara de “claro, es exactamente lo que yo pienso”.

Número dos: La salida con amigos.
Hablás un alemán decentemente aceptable. O eso creés. Ya podés mantener conversaciones con alemanes/as y hasta te sentís realizado/a después de discutir sobre algún tema complejo. Entonces llega el trauma. Salís con conocidos y esa charla que tuviste uno a uno en el living de tu casa con música suave de fondo es ahora imposible. Hay cuatro personas hablando al mismo tiempo, la música está a todo volumen, los de la mesa de atrás estallan cada dos minutos en carcajadas, el de la mesa de al lado hace un ruido terrible para cortar su comida y cada vez que alguien pasa por al lado tuyo te desconcentrás y perdés una palabra. Así empezás a sufrir de baches en los que no podés entender de qué están hablando hasta que ¡milagro! ¡Volviste a entender de qué va a la conversación! Ah, pero qué mala suerte. Para cuando lograste pensar cómo decir lo que querías, el tema ya cambió y tenés que guardarte la opinión en el bolsillo.

Número tres: La peluquería.
Antes de ir a cortarte el pelo lo pensás y deducís que no puede ser complejo. Ya sabés cómo se dicen “corto” y “largo”. No sé, ¿qué más se puede necesitar para ir a la peluquería? Quizás teñir, o algo así. Tampoco es difícil. Bueno, cuando llegás descubrís que hay un mundo de usos, costumbres y palabras que te es totalmente ajeno. Hay una palabra para un corte con tijera y otra para un corte a máquina. Hay más palabras para cada casi cualquier cosa. Ah, y posiblemente tu peluquero/a hable alguna suerte de variedad dialectal con palabras diferentes a las que vos conocés. Lo bueno es que si hablás hochdeutsch (alto alemán, la lengua “formal” por decirle de algún modo) te va a entender. Lo malo es que vos no vas a tener ni idea de qué te está hablando.

Número cuatro: La contabilidad.
Hasta ahora no he dado con ningún alemán (o alemana) que diga que las declaraciones de impuestos son fáciles. Si no lo sabías ¡sorpresa! … salvo que seas becario/a, tenés que hacer una declaración de impuestos. Quizás hasta zafes de pagar impuestos, pero declarar, tenés que declarar igual. Si los/as nativos no entienden el formulario y tienen que completarlo diccionario-en-mano, bueno... ¿qué nos queda al resto? Si creías que teniendo un(a) contador(a) ibas a zafar, pues tampoco. Ellos/as tampoco tienen idea de todo, entonces se sientan con vos y empiezan a rellenar las cosas y a consultarte o pedirte documentos y números misteriosos que vos ni nisiquiera sabés qué existen. Ni hablar de imaginar una traducción para esos números misteriosos y mucho menos saber en qué se diferencian “la clave impositiva” del “número único de la administración de impuestos”.

Número cinco: El hospital.
Una cosa es ir al médico. Te estudiás las palabras que necesitás y ya. No pasarán de ser unos cuántos síntomas. Buscás “tos”, “sudar” o “escalofrío” en el diccionario y listo. Otra cosa es el hospital-hospital. Hay todo un mundo de expresiones y palabras que jamás imaginaste. ¿Cómo se dice “ir de cuerpo?”, ¿cómo explico si una picazón es ligera o no?, ¿me dijeron que tengo que venir en ayunas?, ¿soy yo o me acaban de decir que tengo que traer una muestra de orina?... ¿o tengo que hacer pipí acá? Ni hablar de inyecciones, alergias, vacunas ni mucho menos de autorizaciones para estudios. ¿De qué me están hablando? ¿qué es lo que tengo que hacer? ¿dónde? ¿cuándo?

domingo, 24 de diciembre de 2017

¡Nos fuimos!

Alguna vez (léase, el año pasado) tuvimos el genial plan de viajar en nuestras vacaciones de Navidad al “sur”. El sur es una suerte término por demás vago con el que -en general- alemanes y alemanas se refieren al sur de Europa, más especialmente a España/Portugal/Italia y, eventualmente, Grecia. Muchas veces, la mención de la palabreja suele estar acompañada con un cierto suspiro y cara de quien recuerda momentos felices. Especialmente cuando se habla del clima, la comida y el estilo de vida. Por alguna razón el suspiro puede transformarse en una suerte de bufido cuando se refieren a la puntualidad, el tránsito o la política macroeconómica de los países aludidos.

Volviendo a nuestro maravilloso plan, dimos así comienzo a nuestro proyecto, felices por haber tenido tan buena idea. Claro está que no fue una idea innovadora ni -mucho menos- original. Para hacer corto el cuento digamos que terminamos yéndonos al norte de Alemania y a Dinamarca porque cuando en agosto comenzamos a buscar vuelos a precios baratos decentes, terminamos descartando el plan diez minutos después de haber consultado con los buscadores de las aerolíneas que operan desde Dresden.

En general, con los tiempos germánicos, planificar en agosto tus vacaciones de diciembre es un grave error. Para cuando llega agosto no sólo buena parte de la población germana ya sabe qué hará esa Navidad sino que es probable encontrar a más de una persona que ya tendrá definidos TODOS sus planes para el año siguiente. Sobra decir que nosotros no estamos en dicho grupo.

Así las cosas, y como para rafirmar por enésima vez que el ser humano es el único animal que tropieza dos (o más) veces con la misma piedra, este año volvimos a repetir el procedimiento. En realidad, no. En honor a la verdad tengo que reconocer que este año nos superamos y organizamos nuestras vacaciones de Navidad en noviembre. Sí, ya sé... no aprendemos más. Con todo, buscadores y abanico de opciones mediante, terminamos encontrando vuelos baratos a Madrid. Para celebrar el milagro y asegurarnos de que no se trataba de un ciber-espejismo, no dudamos ni un segundo en adquirir los pasajes en cuestión. De hecho, en este mismísimo momento (una de las tantas bondades de las opciones de programar el blog) estamos volando con rumbo a España, para embarcarnos en un nuevo viaje que nos llevará a Andalucía y Portugal. Europa del sur, allá vamos... ya veremos si nos reciben con unas cañas y unas tapas.

lunes, 18 de diciembre de 2017

Dos años (¡y dos meses!) Segunda parte.

Ya sé, ya sé. La oración que estoy por escribir se contradice con la que le va a suceder (y no un poco ni ligeramente sino absolutamente). Hemos tenido la suerte de conocer muchos alemanes/as super simpáticos/as amables y que poco (o nada) tienen que ver con el estereotipo de la frialidad germánica. Habiendo dicho eso... (sí, se viene el pero) al día de hoy hay una serie de actitudes y hábitos (por demás extendidos) que me siguen molestando. No es que todo el mundo actúe del mismo modo ni mucho menos. Eso ya lo sabemos, pero igual sigue habiendo gente (en grandes cantidades) que parece no detectar ningún tipo de problema en repetir (sistemáticamente) este tipo de conducta. Acá van algunas de las actitudes que -después de dos años- me siguen pareciendo tan desagradables extraterrestres como al principio:

LA COLA

Por incomprensible que sea, hacer una cola sigue siendo un misterio. No sé por qué. Lo entiendo podría entender en la parada del tranvía o el bondi. Ambos tienen múltiples puertas y se puede subir por cualquiera, está bien. Vamos a imaginar que el hábito de hacer esto haya impedido la realización de colas en casos en los que hay sólo una puerta (por ejemplo, en un micro de larga distancia). No parece tan complejo pero bueno... Ahora bien, para querer colarte a la hora de pagar en un negocio no hay excusa. No sé por qué pero parece que en Alemania estar parado/a más de 30 cm de distancia de la persona que está pagando no es considerado "estar la cola". No una, ni dos ni cinco veces hemos tenido este problema. 

No sólo eso. En más de una ocasión hemos visto como personas que asumimos estaban pagando juntas (ya que estaban paradas una al lado de la otra junto a la caja) resultaron ser absolutos desconocidos. O sea, hay una persona pagando, no es necesario que te pares al lado suyo como si fuesen íntimos si no se conocen. Ya ví que estabas antes que yo... Sin embargo, mejor no dar nada por sentado. Especialmente cuando luego de estar cinco minutos parado esperando aparece alguien de la nada y se para entre la persona que está pagando y vos, que estás detrás pero sin necesariamente tocarle los talones con las puntas de tus zapatos.

Resulta aún peor cuando le decís a la persona que vos también estás esperando o que es tu turno. Están quiénes te piden disculpas pero también los/as que te miran con cara de indignación y te sugieren que entonces "hagas una fila". ¿Qué te parece que estoy haciendo? ¿Analizando el diseño del mostrador? ¿Tratando de establecer un vínculo telepático con el/la cajero/a? ¡No! ¡Estoy esperando para pagar! El hecho de no tocar la nuca de la persona que está adelante con mi nariz no significa que no esté detrás. Se llama "respetar el espacio de los demás", un concepto que uno creería que en Alemania debería estar más que claro. 

Para que no parezca que soy un neurótico que imagina cosas que nadie ve, me voy a permitir señalar que en la boletería de la ópera no sólo hay una línea blanca detrás de la que hay que esperar a ser atendido cuando otra persona está en la caja sino que, por si fuera poco, hay un cartel explicativo que dice "Discreción. Espere detrás de la línea blanca". No es de sorprender entonces que sea el único lugar donde he visto una fila ordenada.

LOS ASIENTOS

Tren, tranvía, subte, colectivo. Aplica a todos los medios de transporte por igual. La gente se sube y la primera actitud suele ser la del conquistador colonial: tomar posesión de la mayor extensión territorial posible. Para llevar a cabo la tarea, toda prenda o accesorio es utilizado. ¿Viaja solo? No importa, se sienta en un lugar con cuatro asientos (dos y dos, enfrentados), sienta la bolsa en el lugar de al lado, estira las pieras y apoya la campera en el de enfrente. A ver, sos uno/a. ¿Necesitás toooooodo ese espacio? 

Entiendo que, en general, mientras existan chances, toda la gente tratará de evitar sentarse junto a otra persona. Ponele que puedo entender que no quieras sentarte delante o en frente de un(a) desconocido/a. Pero a veces llegan a niveles ridículos, quedándose parados/as cuando hay lugares disponibles, sólo como para no tener que viajar al lado de otra persona. Muchas veces he visto como llevan esta premisa a niveles ridículos.

Volviendo a los/as colonizadores/as territoriales... se podría imaginar que en la medida en que el medio de transporte en cuestión comienza a llenarse, éstos/as  tenderían a tomar algunos de sus bártulos y liberar espacio. Nop. No importa que te quedes mirándolos/as fijamente, camines hacia el asiento, te quedes de pie mirando el lugar o amagues con sentarte. Hasta que no hagas la pregunta de rigor ("¿perdón, está todavía libre este asiento?") nadie va a a atinar a hacer nada. O sea... colectivo lleno, gente parada en todos lados y te estoy mirando a vos y a tu bolsa del super que viaja sentada cual si fuera tu hermana, ¿qué voy a querer? ¿preguntarte dónde hacés las compras? ¡No! ¡quiero sentarme! Pues bien, hay que verbalizarlo, sino lo más probable es que nadie se dé por aludido/a.

Ahora bien. Si hay tanta resistencia a sentarse al lado de un desconocido/a quizás se podría pensar que todo el mundo tratará de evitar amontonarse frente a las puertas y tenderá a distribuirse en el vehículo. Error. La gente entra, sube, mira un poco a su alrededor y no son pocos/as los/as que prefieren apiñarse y viajar cual sardinas antes de (¡horror!) sentarse junto a un desconocido. A ver, ¿rozar el hombro de otra persona mientras viajas sentado/a es terrible pero... compartir medio metro cuadrado con otras seis personas te parece mejor? ¿en serio? 

NO DORMIMOS JUNTOS

No es que quiera entablar conversaciones casuales con desconocidos/as todo el tiempo. Bueno, en general, digamos que no es algo que busque sistemáticamente pero ... en determinadas situaciones parecería que cuotas mínimas de cordialidad y sociabilidad son necesarias. Si te cruzás con alguien en el ascensor decís algo. "Buen día", "Hola", o "Gracias" si una persona te espera con la puerta del ascensor abierta. Algo. Ni que hablar de cuando te cruzás a alguien en el edificio en el que vivís. Hola, chau, buenas tardes... lo que fuera. Bueno, no lo des por sentado. No es que nadie lo haga. Pero, en general, el porcentaje de quienes no lo hacen es sorprendente. Incluso existen personas a las que les decís "buen día" en el ascensor y ni siquiera te responden. A ver, no quiero hacerme tu mejor amigo ni que me des charla. Es sólo que comparto este cubículo mínimo con vos y pienso que un saludo (con un mínimo de cordialidad) no es una mala idea. Se ve que estoy un poco equivocado. Si hubiese pasado una o dos veces creería que la persona no escuchó, pero no, ha sido en forma sistemática... me cruzo con alguien en el ascensor, saludo y nada... ¡ni siquiera una sonrisa!

BUENAS BUENAS

Otra que implica un mínimo de cortesía. Te cruzás con un(a) colega y/ compañero/ade trabajo y saludás. O si vas a comprar algo a un negocio. Me gustaría pensar que, en general, mucha gente suele saludar con una sonrisa. Si voy a decirle "buen día" a alguien, pensaría que lo mejor es hacerlo sonriendo. Sí, ya sé, todos conocemos a alguien que cuando te saluda lo hace con cara de haber terminado de tomarse un litro de limón o de estar evitando un estornudo desde hace media hora. Al fin y al cabo, no sonreir al saludar no es insulto ni mucho menos. Pero... en general (salvo cuando alguien está en medio de una crisis), una sonrisa no se le niega a nadie. Bueno, Se ve que depende de la latitud. De nuevo, no es que todo el mundo salude con cara de bragueta pero... parece sorprendente que la práctica de sonreír al saludar esté tan poco extendida y que, por el contrario, las caras largas suelan ser un clásico matinal. 

ESTA CRISIS

Depende del contexto y del lugar ... y muchas veces los/as alemanes/as suelen pensárselo dos veces antes de lanzar este tipo de comentarios frente a un extranjero. Pero -de tanto en tanto- alguien baja la guardia y zás... se queja de alguna (nueva) consecuencia de "esta crisis". Podría preguntar "¿qué crisis?" pero no lo hago. En general porque sé que respecto de su propia época dorada, muchos/as sienten que la Alamania de hoy está en crisis. Las ayudas estatales se recortan cada vez más, el sistema de salud es enteramente pago y sí, en comparación con la sociedad opulenta de los ochenta, hoy hay más desocupación, subempleo y marginalidad. Hay regiones de la ex Alemania oriental donde el desempleo pasa del 11 o 12%, zonas (rurales) que son abandonadas y predios que alguna vez fueron industriales y hoy son un juntadero de escombros. Lo entiendo. Pero bueno, al mismo tiempo no puedo evitar pensar que una "crisis" es otra cosa. 

Tengo que reconocerlo, en clase de español los alemanes tratan de cuidarse, especialmente cuando tienen profesores/as españoles/as y latinoamericanos/as que tienen una experiencia un poco distinta acerca de qué es una crisis.

sábado, 16 de diciembre de 2017

Dos años (¡y dos meses!) Primera parte

Llevamos ya dos años y dos meses en el mundo germánico. Y unos días más también... INCREÍBLE, ¿no? Es raro porque por momentos siento que llegamos hace tan poquito que algunas cuestiones nos resultan aún extrañas. Por no decir, incomprensibles. Por otro lado, también nos sentimos como si estuviéramos en casa... más que habituados a la vida en Dresden (y a sus bondades). Como si lleváramos largos años viviendo aquí. Asentados y arraigados. 

Curiosamente, cada vez que regresamos de algún lugar cuya lengua desconocemos en grado sumo (sea Hungría, Polonia o la República Checa) nos sentimos extrañamente aliaviados de volver a escuchar a la gente hablar en alemán. Al menos son las gárgaras que conocemos. Se trata del mismo idioma alemán que sentimos tan extraño cuando volvimos de España.

En todo este tiempo también ha habido hábitos a los que nos hemos acostumbrado (a algunos de buen grado, a otros más bien forzosamente), cosas que hemos extrañado, misterios que hemos llegado a comprender y otros que siguen siendo tan crípticos como desde el principio... Incluso hemos llegado a crear nuevos hábitos que posteriormente hemos abandonado para crear otra cotidianeidad. Y es que los hábitos, como tantas cosas, siguen modificándose día a día, aún cuando uno piensa que ya están establecidos.

El mate es un buen ejemplo. Apenas llegamos el mate era un evento especial. Reservado para los fines de semana, era la vedette del desayuno. La yerba era un bien demasiado preciado como para tomar mate a diario. La inicial imposibilidad de reemplazo de nuestro stock nos llevaba a limitar su consumo. Sábados y domingos a la mañana, mínimamente un termo de agua sin cambiar la yerba. Dos también.

Pasamos de nuestro hábito argentino de tomar mate todos los días a casi cualquier hora a hacerlo en dósis excepcionales. Básicamente durante las mañanas del sábado o domingo o -llegado el caso- feriados. Eso sí, mantuvimos un mínimo de decoro y jamás nos sentamos a matear en reposeras de la Bristol. Nosotros también tenemos una estética moral. 

El descubrimiento de yerba en los supermercados de productos de medio oriente cambió un poco el panorama; nos permitimos cambiar la yerba con un poco más de frecuencia, pasamos a tomar mate con un poco más de asiduidad (palabra clave:poco) y hasta Diego empezó a matear en la oficina. El cambio final llegó con la compra de yerba-mate por internet, directo (o casi) del importador, un argentino que también te hace envíos de dulce de leche, tapas de empanadas y otras tantas cosas.

Hablando de tapas de empanadas, de más está decir que en Alemania no existen. Sí hay empanadas, que son una exótica comida, principalmente, sudamericana. Se venden en los mercados (casi) como una curiosidad. Los/as alemanes/as, gente afecta a comer sin sentarse y sin parar, están de parabienes con semejante desarrollo culinario. La única contra es que suelen ser ligeramente caras. Especialmente por el trabajo que conllevan porque, la mayoría, tienen masa casera. Hábito este último que hemos tenido que adoptar luego de experimentar (con más derrotas que victorias) con diversas masas de tarta. Al principio no teníamos palo de amasar, por lo que usábamos un termo para la tarea. Lo reconozco. Llegados a este punto, nuestra estética moral mordió banquina.

Hablando de termos, al principio tampoco teníamos uno. Es un sacrilegio, lo sé, pero cebábamos mate con la pava eléctrica. El primero que tuvimos -ése mismo que usábamos cual palo de amasar- nos lo regaló Larita en su primera visita. Luego, hasta nos permitimos comprarnos un segundo termo, para que Diegui pudiera tomar mate en la oficina. Y no solamente compramos un termo extra, sino también un palo de amasar.

Otra de las cosas que siento que pasó décadas atrás es nuestra estadía en el departamento para huéspedes de la universidad. (Podés verlo haciendo click acá), Vivimos dos meses y unos días más allí pero siento que fue hace milenios. En comparación con nuestro el departamento de Plauen, se sentía más bien como una suerte de habitación de hotel con cocina. Para cocinar había, esencialmente, dos hornallas eléctricas y la ya mencionada pava. A lo largo de este período nuestras comidas se limitaron a cosas que pudieran hervirse o saltearse. El horno quedaba descartado, básicamente, por su inexistencia. Tampoco es tan complejo. Uno (y una) tendería a pensar que luego de mudarnos la situación debería haber mejorado. Sí y no.

A largo plazo, mejoró. En el corto, no especialmente. Lo dije mil veces pero puedo hacerlo una más. Los/as alemanes/as alquilan los departamentos (normalmente) pelados. Eso significa: sin mesada ni cocina. Ni hablar de la heladera. Resultado: estuvimos casi un mes sin ninguna de las dos cosas. Finalmente aprovechamos una promoción de IKEA (una de las cosas que seguramente vamos a extrañar) y por un precio inverosímil nos agenciamos cocina (eléctrica, obvio) con horno y tres hornallas, mesada, bacha, heladera y alacenas. Claro que Ikea te vende las cosas desarmadas y te las tenés que armar vos. Entre que nos mudamos y compramos todo, logramos armarlo y hacerlo funcionar pasó poco menos de un mes. Durante ese período (que en esta latitud es invierno) los únicos alimentos calientes que pudimos tener eran los que nos proveían la tostadora y la pava eléctrica.

Lo más complejo de todo fue hacer la instalación de la bacha incluye desagüe) y la canilla. El problema principal es que la canilla provista por Ikea no es compatible con el "hervidor" que tiene la instalación sanitaria de la cocina para el agua caliente. Parece una obviedad pero sin hablar mucho del idioma llegar a esta conclusión fue más bien complejo y nos requirió sucesivas idas al supermercado de la construcción y afines donde finalmente pudimos agenciarnos una canilla con un sistema compatible con el que había acá y una prolongación para el desagüe.

Podría pensarse que luego habríamos de entrar al paraíso de la cocina. Bueno, en parte nos sentimos así pero, por otro lado, debimos empezar a lidiar con otra cuestión: el horno eléctrico. Sí, parece que es lo mismo pero no. El horno eléctrico NO funciona como el de gas. A veces te quema la parte de abajo pero te deja las cosas adentro sin terminar de cocinar. Tarda más tiempo en levantar temperatura pero una vez que ya está caliente funciona más rápido. O, al menos, el nuestro, que es más bien de los más berreta barato del mercado. Conclusión, entender cómo funciona el horno es más cimplejo de lo que parece y aún hoy nos cuesta calcular tiempo y potencia adecuada para que las cosas queden como queremos.

jueves, 30 de noviembre de 2017

Noviembre y diciembre pero a principios de junio

Es cierto que en el mundo del revés en el que ahora vivimos, el verano (de Alemania) es el invierno (de Argentina) y viceversa. Es una obviedad que lo diga pero nunca está de más. Incluso alguna vez tuve que explicárselo a alguien que se sorprendió por tamaña novedad.

Así las cosas, ciertos hábitos o costumbres adquieren (un poco más de) sentido. Ahora que Pascuas cae en Primavera es posible entender un poco el tema de los huevos (ya sean pintados o de chocolate). Muchas aves (especialmente -pero no sólo- las migratorias) se reproducen en primavera para que sus crías nazcan entre finales de primavera y principios de verano. Así para cuando llegue el otoño ya habrán aprendido a volar o serán lo suficientemente autónomas como para arreglárselas solitas. Claro que de allí a comer huevos de chocolate hay una distancia que no puedo explicar. Y si no puedo explicar eso, ni hablar del hecho de que los reparta un conejo. Dicho sea de paso, en alemán (y -por ende- en los países que lo hablan) no es un conejo sino una liebre.

La otra cofiesta con costumbres que adquieren sentido es la Navidad. Y no me refiero únicamente a la nieve de la decoración, las botas y las medias de lana. También a la comida. El otoño (que termina pocos días antes) es una estación de recolección de frutos secos, por lo que comer nueces en Navidad parece bastante apropiado. Y por supuesto, con temparaturas que rondan el cero, la ingesta de calorías al por mayor propia de la parafernalia alimenticia de Navidad y Año Nuevo tiene muchísimo más sentido.

Pero, con todo, es difícil ir en contra de años de hábitos que nos (me) han enseñado a asociar determinados eventos con ciertas variables climáticas. ¿De qué estás hablando Willis? Por ejemplo, es típico del hemisferio sur asociar Navidad - fin de año – vacaciones – calorcito... ¿Quien no recuerda que los primeros calores del verano también indicaban que el año escolar estaba por terminar? O que la llegada de diciembre suele/solía ser una época de estudio más intensivo (o de trabajo de corrección)... que hay una sensación de cierre del año en el aire y que pronto se acerca el descanso (a veces de forma demasiado lenta) que nos permitirá enfrentar el año siguiente...

Bueno, eso no existe por estas latitudes. La gente llega al fin del año (cronológico) como nosotros a las vacaciones de invierno. Léase, sin la lengua afuera, la cabeza quemada, una pila de cosas por terminar ni ilusiones de ir a la playa... Con la (gran) diferencia de que en general, poseedores de sus cinco semanas de vacaciones, muchos alemanes/as se reservan alguna para el invierno.

Estas asociaciones entre clima y calendario también se extienden a cuestiones personales. Por ejemplo, los cumpleaños. No sé si el resto de las personas asocian su cumpleaños con una época del año determinada. Para mí siempre ha sido el verano. Con notables excepciones, en general para mi cumpleaños hace calor. Incluso en Bariloche. Comer afuera, hacer algo a la parrilla, estar al aire libre (tanto en Quilmes como en Bariloche). Es una fecha que normalmente transcurre con calorcito. Y diciembre suele ser un mes para disfrutar fuera de casa. Pero, hemisferio norte mediante, acá ocurre precisamente lo opuesto. Diciembre no se siente como el diciembre del hemisferio sur. Emponchado y rodeado de bufandas y gorros de lana, mi cumpleaños no se siente como mi cumpleaños. Se ve que para volver a sentir que diciembre es -efectivamente- diciembre hay que estar en el hemisferio que corresponde

lunes, 27 de noviembre de 2017

Encuentre las siete diferencias: la prepaga

Número uno. La oficina.
¿Cansado/a de ir a la oficina de la prepaga para pagar, reclamar, autorizar órdenes y que te den los bonos? En Alemania podés contratar la prepaga sin siquiera ir a la oficina. Ni una sola vez. De hecho, muchas ni siquiera tienen más que un par de oficinas. El resto funciona todo por internet. Contratás por internet, pagás por transferencia, consultás por mail. No hay colas ni trámites en el mostrador.

Número dos. El contrato.
Cuando contratás una prepaga lo hacés con todas las normas establecidas, es decir, necesitás un contrato. Eso incluye fecha de inicio y de fin. Sí, tenés una fecha en la que el contrato termina y tenés que renovarlo (o no).

Número tres. La cartilla.
Esencialmente la cartilla médica tal y como la conocemos no existe. Vas al médico que se te ocurra y luego te hacen el reintegro. No necesitás ir a la otra punta de la ciudad para atenderte ni ver cuál de las opciones que te dan te convence más. Simplemente vas a donde quieras (y te acepten, algo que tampoco es fácil), esperás a que te atiendan y listo.

Número cuatro. La factura del médico.
La factura del médico llega a tu casa. Eso quiere decir que un día vas al médico/a, te atiende y te volvés a casa. Así nomás, sin pagar ni nada. O no -al menos- inmediatamente. Aproximadamente una semana después te llega la factura del médico. La factura es super detallada; tanto cuesta la atención, tanto cuesta la extracción de sangre que te hicieron, tanto otro el llamado que te hizo el médico para comentarte los resultados de algún análisis, tanto te sale que el doctor/a haya enviado tus muestras al laboratorio y terminás pagando hasta el envío de la factura a tu casa.

Número cinco. El reintegro.
Una vez que tenés la factura del médico/a tenés que pagarla. Normalmente se hace por transferencia bancaria. De hecho, hasta ahora es la única forma que nos han ofrecido. A continuación tenés que escanear la factura y mandársela a tu prepaga. Les tenés que mandar también los datos de tu cuenta bancaria, porque el reintegro lo van a hacer por ese medio. Lo más probable es que -apenas lo mandes- te contesten con un mail bastante espartano que dice:
Sí, ya recibimos su pedido. Lo estamos procesando. No nos moleste por un par de días porque el procedimiento requiere tiempo. Ya le vamos a informar los resultados del pedido de reintegro. Chau.
Unos días más tarde te informan que efectivamente (o no) la suma te será reintegrada pero que eso NO significa que en el futuro vayan a reintegrarte todo lo que pidas y mucho menos que dicho reintegro genere algún tipo de derecho. En fin...

Número seis. Los remedios.
Vas a la farmacia y pagás. Para las prepagas no hay descuentos ni nada. Vas y taca-taca. Después volvés a tu casa con la factura y repetís el mismo procedimiento que con las facturas del médico. Te vuelven a responder lo mismo y si todo va bien a los 10 días te terminan transfiriendo la plata de los remedios.

Número siete. Obligatoriedad.
No hay medicina gratuita en Alemania. Eso significa que el hospital público también se paga. Por esa razón quien no tiene obra social (por el trabajo) tiene una prepaga. Los costos médicos son lo suficientemente elevados como para convencerte de tener una. Y si sos extranjero/a, no tenés opción. Cuando tramitás la visa te exigen que muestres que tendrás una prepaga que te va a cubrir por TODO el período que pidas. O sea, si querés una visa por un año, tenés que tener un contrato con una prepaga por todo el período en cuestión. 

lunes, 16 de octubre de 2017

Planificación germánica

Ya lo dije alguna vez. Bueno, está bien, muchas veces. A los/as alemanes/as les gusta planificar. Con tiempo. Mucho tiempo. A esta altura ya no sé si les gusta o no pero, básicamente, parece que a la gran mayoría no le queda más alternativa que hacerlo. Aunque más no sea para poder seguirle el ritmo al resto.

Cuando empecé a trabajar en más de dos escuelas y a tener horarios variables que se acuerdan de una clase a la otra me vi obligado a incorporar una agenda a mi vida. Al principio era una simple libretita en la que iba anotando las cosas. A medida que la situación se complejizaba y los horarios se hacían más variables -Diego mediante- no me quedó más opción que comenzar a llevar una agenda. Una agenda de verdad.

Como me he dado cuenta de que -además de andar con un Nokia de la década pasada- siento una aversión moderada a la tecnologías emanadas de la telefonía celular, mi agenda es de papel. Demodé, lo sé. A esta altura sorprendería más que anduviera con algún gadget mágico que me organizara la vida, que me indicara qué bondi me conviene tomar para ir a qué lugar y me diera instrucciones con voz de española sexy. Tome el autobús 62. Baje en la estación X. Camine dos cuadrea, doble a la derecha. Camine 20 metros. Toque timbre. Espere. Entre y dé su clase de español hasta las 17.30

La cuestión es que de papel y todo, llena de papelitos por todos lados, la agenda hizo su entrada triunfal en mi cotidianeidad. Y con ella, las obligaciones. Porque si se tiene agenda es para completarla. 

Durante marzo y abril la usé con ganas. Para cuando llegaron mayo y junio la agenda ya pedía perdón. No es que hubiera tanto para ser planificado en junio. Pero, a la vera de las vacaciones de verano, ya comienza la planificación de la segunda mitad del año. Bueno, la planificación debería de haber comenzado antes. Lo que llega en esos meses es la comunicación. ¿De qué estás hablando Willis? De que, básicamente, mis estudiantes ya saben cuando tomarán sus vacaciones de verano, de primavera y de Navidad y que, con esa información en mano podemos sentarnos a ver cuándo tomarán clases de español. Nada de lo vamos viendo cada semana. Especialmente cuando es un grupo. Y así empezamos.

Al promediar junio, luego de terminar alguna clase, nos sentamos todos/as con nuestras agendas (sean de papel o electrónicas) y empezamos... ¿está bien si después del verano retomamos las clases el día X de septiembre? No, mejor la semana siguiente. Ok. ¿Tomamos vacaciones en octubre? Sí, yo no estoy la primera semana. Yo no estoy la segunda. Yo tampoco. Ok, las dos primeras semanas de octubre son de vacaciones. ¿Alguien hace algo en noviembre? Sí, yo, pero es una semana, así que sigan ustedes sin mí. Listo. ¿Diciembre? Terminemos el 22. No, mejor el 17. Sí, el 17. Ok, el 17. 

Así, un buen día de mayo me doy cuenta de que hasta fin de año ya tengo dos grupos planificados. Bueno, ellos/as tienen planificado. Yo sólo tengo planificada el área laboral. Ellos/as ya tienen coordinadas sus vacaciones, los feriados, los findes largos y las visitas navideñas. Bueno, no todos/as pero sí unos cuántos/as. 

Salgo de la clase y me pongo a caminar pienso en lo loco que es organizar en junio el cronograma de clases hasta diciembre. O sea, en mi realidad, en junio siempre me tocó ver de qué me disfrazaba para llegar vivo (y en lo posible comiendo a diario) a julio. O qué cosas íbamos a poder hacer en la pitufi en los próximos dos meses.  

Claro que esto es Alemania y acá las variables son otras. Entonces caigo en la cuenta. Los carteles de eventos que se publicitan en la vía pública anuncian festivales y conciertos que ocurrirán en noviembre, diciembre y enero. Y no hablo de recitales multitudinarios ni de estrellas rutilantes que pasan por el país una vez cada cinco años. En absoluto. 

Ahora que miro la fecha pienso: en breve ya vamos a empezar a planificar las clases del año que viene.

lunes, 18 de septiembre de 2017

El Departamento de Plauen: ¡Nos vendieron!

Luego de unos cuantos meses (tantos como para olvidarnos del asunto) finalmente se vendió el edificio donde vivimos. Nos sorprendió ya que, despuésde tanto tiempo sin visitas ni novedades asumimos que todo iba a seguir igual. ERROR.

Lo vendieron enterito, todo. Todos los departamentos, con contratos de alquiler, inquilinos/as y todo. La nueva dueña le compró a la anerior la totalidad del edificio y la reemplaza en su función de propietaria ausente, ya que ambas viven en otras ciudades. Co,mo conecuencia la que administra todo (y a quien se le deposita el alquiler) es una empresa X dedicada a la gestión inmobiliaria.

Para informarnos acerca del traspaso del poder la venta del inmueble, la empresa admninistradora tuvo la delicadeza de enviarnos una carta. Claro que el objeto principal de la misiva no era informarnos ni tranquilizarnos. La carta, que tiene fecha del 7 de Agosto (y llegó uno o dos días después), decía básicamente lo siguiente:

muy estimado/a habitante del inmueble XX ubicado en la calle XY numero Z, le informamos que desde el mes pasado la Señora Z es la nueva propietaria del inmueble que usted alquila. La Señora Y le ha vendido a la Señora Z la totalidad del edificio, blablabla... Por todo esto le recomendamos que aún (sic) no deposite el alquiler de este mes.

A ver papito, a ver mamita... Me decís que tengo que transferirte el pago del mes antes de que el mes comience. Ergo, te tranferimos el alquiler de cada mes a finales del mes anterior. Ahora que el edificio se vendió (bueno, en agosto ¡pero del 2017!) me avisás el 7 de agosto que no te transfiera la plata de agosto (operación que debo realizar a finales de julio) O sea... ¿tengo cara de tener una máquina del tiempo? ¿cómo querés que haga?

Finalmente Diego se comunicó con la empresa y -amablemente- les señaló que siendo inquilinos ejemplares, queríamos la devolución de la tarasca que les habíamos pagado. Ah, no, no te preocupes, ya estamos arreglando con la Señora Z y parece que nosotros le vemos a seguir administrando el edificio. En fin, se ve que la idea es tratar de sorprendernos cada día con alguna pelotu#&%@ brillante novedad que nos alegre la jornada.

sábado, 16 de septiembre de 2017

Comparaciones odiosas: comer barato

Comer barato siempre es un tema. Especialmente si andás de turista con un presupuesto acotado. Mal que me pese, una opción presente en casi toda Europa para comer barato son los restaurantes de comida chatarra. Sí, no es lo mejor y no somos fans. De todos modos, que no cunda el pánico, que siempre hay otras opciones.

Budapest
Si hay algo que es fácil en Budapest es comer barato. Incluso un buen restaurante es más barato que una opción normalita en Alemania en Alemania e infinitamente más que en Francia. No hay truco. El menor costo de vida de Hungría hace que comer fuera sea más barato. Eso sí, si te parece que el 15% de propina que se estila en Hungría es demasiado, siempre podés tratar de comer algo al paso recurriendo al Lángos, una especie de torta frita que viene con una salsa de yogurt con ajo y queso encima. Eventualmente puede incluir tomates, panceta, perejil y/o salame dependiendo de cuánto más estés dispuesto/a a pagar.

Madrid
No es imposible encontrar en Madrid restaurantes con menú diario, o sea, comida en tres pasos (entrada, plato principal y postre) por 10 euros. Normalmente incluyen bebida y pan (que normalmente se publicita como un extra). No es super-super barato pero se come bien y normalmente hay tres o cuatro opciones para cada plato. Pero si buscás algo barato-barato, entonces tenés que comer el plato típico de Madrid, el bocadillo de calamar o, lo que es lo mismo, el sándwich de raba. Sí, ya sé. Parece medio raro hacer un sándwich con rabas entre dos panes pero, c’est la vie. Como barato es imbatible, más si lo comés de parado en la barra de algún lugar de comidas al paso.

París
Si hay algo que no es fácil en París es comer barato. Pero, se sabe, el hecho de que algo no sea fácil no significa que sea imposible. En la capital francesa el truco también está en buscar un restaurant con menú touristique. No hay siempre en cada barrio pero si te acercás a algún lugar turístico es posible que des con alguno. Parece que el paraíso de este tipo de restaurantes es el Barrio Latino.  Para asegurarte de que te salga baratito siempre podés tomar el menú (en tres pasos también) con garrafe d’ eau (botella de agua -de la canilla-) y te ahorrás la bebida.

Berlín
Döner, dürüm o, llegado el caso, currywurst mit pommes. La capital alemana es conocida por ser la cuna del currywurst mit pommes (una salchicha alemana con salsa de Ketchup y curry acompañada con papas fritas) y el döner kebap, una especie de fusión entre la comida turca y el (pésimo) hábito germano de comer al paso. Es como si fuera un sándwich de carne de cordero (cortada en escamas), lechuga, tomate, repollo y demases. De todos modos, hay que reconocerlo, como opciones son baratas. Normalmente al paso o, llegado el caso, en unos minirestaurancitos que son autoservicio. Vas al mostrador, pedís, esperás la comida y después luchás por encontrar un lugar donde comer. Como son lugares sin mozo/a también te ahorrás la propina. Igual, yo, si puedo, prefiero el dürüm, que es más o menos como un döner pero en lugar de venir en formato sándwich viene como una especie de arrollado hecho de una suerte de panqueque salado.

Copenhague
¿Comer barato? Jajajaja ¿En Copenhague? ¡Seguí participando! Hay restaurantes de pizza y pasta que no te cuestan una millonada pero barato, lo que se dice comer barato, parece ser –al menos para nosotros- una verdadera quimera en la capital de Dinamarca.

jueves, 7 de septiembre de 2017

La primavera, sus fragancias y sus olores

Mayo/Junio de 2017. Finalmente un día volvió la primavera.

Al igual que el año pasado, abril comenzó -climáticamente hablando- de un modo bastante auspicioso. Algunos días de sol y, sin llegar al punto del calor, sí una temperatura agradable digna de la más apacible de las primaveras. Claro que duró lo que tenía que durar. A mediados de abril habíamos vuelto a nuestra realidad previa: lluvía, viento, frío. La ilusión se había desvanecido.

Sin embargo los mediados de mayo nos trajeros nuevas ilusiones y para finales de mes habíamos pasado de la primavera al verano, así, sin más pausas que el transcurso de una semana.

Semejante cambió se sintió también en plazas y jardines: magnolias, rododendros y azaleas se sumaban a los últimos tulipanes y narcisos y a las primeras rosas. 

Lamentablemente, a pesar de tan auspicioso comienzo pronto quedó claro que no todo iba a oler a rosas. Con el aumento de la temperatura otras fragancias comenzaron a hacerse presentes. Los días de calor en aumento comenzaron a estar acompañados por la percepción de sudores y transpiraciones. Y no es que sea tan jodido complicado... es que mucha gente por estas latitudes (nativos y extranjeros) tiene hábitos de limpieza un tanto deficientes. Léase: no es el sudor de un día. Es el sudor de día tras día, condensado en la misma ropa que, llegado el caso, alguien puede llegar a utilizar tres días seguidos sin considerar la necesidad de bañarse.

Como en todo, hay excepciones, pero no son pocos los casos de personas que seguramente se bañan y vuelven a utilizar la misma ropa. El resultado puede ser tan intenso que constituye una suerte de aura (más bien una nube tóxica) que rodea a la persona en cuestión y que la acompaña a todos lados. Para colmo la nube puede permanecer en los lugares visitados, como baños y oficinas, aún después de ser abandonados.
 

Otra delas fragancias que personalmente sufro es la entre la situación anterior combinada con el uso abuso de medio litro de colonia para intentar ocultarlo. El resultado final es, lamentablemente, la coexistencia de ambas fragancias. 

lunes, 28 de agosto de 2017

El departamento de Plauen: ¡déjennos tranquilos!

El sentido común haría imaginar que una vez que ya se ha cerrado trato con la inmobiliaria y te dan las llaves de casa (cuando son las llaves correctas, ejém), ya está… Chau, no habría que lidiar más con la agencia que te la alquiló. Error.

Igual, lo justo es justo y también hay que reconocerlo. Al menos no necesitás lidiar con ellos por la renovación del alquiler. Los alquileres se renuevan (al mismo precio) automáticamente mientras el inquilino siga. ¿De verdad? Sí. Si alquilaste un departamento en el año 2000 y te quedás por cincuenta años, seguirás pagando lo mismo hasta que te vayas. Hasta acá, parece perfecto. Pero… no hay mal que por bien no venga. Y si no te joden con la renegociación de los contratos, bueno te abrochan molestan por alguna otra razón.

Además, para nosotros cada carta es, en si misma, una pequeña movida. Normalmente usan estructuras de tal formalidad que tenemos que leerlas, por simples que sean, unas cuántas veces hasta estar seguros de que entendimos todo. Leerlas, releerlas, buscar palabras en el diccionario y, llegado el caso, preguntarle a algún/a conocido/a si el tema es, efectivamente, el que entendimos.

Más allá de nuestra situación particular, la cuestión suele ser un incordio para todo tipo de inquilinos. Pero… ¿por qué te mandarían cartas referidas con la vivienda si los alquileres no se renegocian? Puffff. Aunque no lo creas, sobran los motivos.

Número uno. Control de medidores. Ya hablé de esto la última vez. Una o dos veces al año se comprueban los medidores de agua caliente de los radiadores que se usan para la calefacción. Uno suele ser el control de los medidores y luego está el control de la empresa que controla al que controla. Ridículo como suena, es así. Y tenés que estar en casa porque tienen que mirar cada radiador.

Número dos. Control de medidores, parte dos. Vienen a medir el consumo de electricidad y agua (fría). En teoría estos medidores están fuera del departamento pero… como siempre puede haber alguna duda y/o problema, te piden que estés en tu casa. En total, entre ambos controles, son tres o cuatro días al año en los que tenés que estar en tu casa de tal a tal otra hora. Y si ese día a esa hora trabajás, tenés que dejarle la llave a alguien. Listo. Sin protestar ni hacer puchero.

Número tres. En general los edificios como el nuestro suelen pertenecer (en su conjunto) a un solo/a propietario/a que puede ser un particular o una empresa. En la ex Alemania oriental suele darse que enormes bloques de edificios pertenecen a una misma empresa. Por muchos años esos edificios fueron propiedad del estado hasta que el gobierno de la ciudad los vendió, a veces individualmente y otras en conjunto. Resultado, a veces hay como doscientos o trescientos metros de edificios y departamentos que pertenecen a una única empresa. Otra veces es una persona o una familia, normalmente de la ex Alemania occidental, que compró el edificio entero por chirolas en la época de la reunificación. Ya sea por una u otra razón, muchos de los dueños/as de los edificios o bien viven en otra ciudad en la otra punta de Alemania o bien son empresas. En ambos casos suelen tercerizar el mantenimiento del edificio. Este tercero/a no es la agencia que te alquiló el departamento sino la que se encarga de la administración. Es la empresa a la que le depositás o transferís el alquiler cada mes.

Para ser Alemania un país en el que todo se planifica con tiempo, es sorprendente como estas empresas pueden cambiar sorpresivamente. Por caso, cuando el 23 de diciembre (¡23 de diciembre!) nos llegó una carta de una empresa XXX anunciando que ellos eran las nueva administradora del departamento y que tendríamos que depositarles el alquiler de enero antes de fin de diciembre en su cuenta. Así como así, sin que la empresa que hasta entonces administraba el edificio nos dijera ni mu. En fin, esto ya lo conté en otro lugar, así que si querés, podés leerlo acá: Regalitos de Navidad.

Número cuatro. Venta del edificio. Un día te llega una carta. De nuevo, media hora de lectura y diccionario. El dueño del edificio designó a (otra) inmobiliaria para que se encargue de la venta (en bloque) de todos los departamentos. O sea, hay una empresa que se encarga de alquilar los departamentos, hay otra que lo administra, podés elegir a la que te provee los servicios, hay una más que es la que mira los medidores y luego una más para chequear que la que controla los medidores hace bien su trabajo. ¿No es suficiente? No. Ahora hay otra que va a encargarse de vender el edificio. ¿Es que no puede dejarnos en paz? Se ve que no.

En teoría, que el dueño del edificio quiera vender los departamentos en bloque no tendría que implicar mayor trastorno. Si fuera que quieren vender solamente tu departamento podría ser un problema. Si la persona que compra tu departamento lo compra como vivienda particular, entonces tenés x cantidad de meses para irte. Pero si es alguien que compra un edificio entero, salvo que se una comuna hippie, lo más probable es que lo quiera por la renta y, entonces, es muy posible que quiera que sigan los inquilinos actuales.

Obviamente, para entender todo esto tuve una sesión de terapia con Susanne, mi tándem de Alemán-español con la que una vez a la semana nos juntamos a hablar en ambos idiomas. En fin, la cuestión es que primero la inmobiliaria encargada de la venta quiere visitar todas las casas y te avisan cuando van a pasa a ver tu departamento, si es que es posible. Si no podés en la fecha, no creas que zafás. Tenés que contactarlos y explicar por qué no podés y coordinar una cita.

Acto seguido vienen las visitas. Comprar un edificio entero no es una inversión como para hacer a la ligera, así que los/as compradores/as potenciales quieren revisar todos los departamentos. De nuevo, se pasa una fecha de cita potencial, se avisa por correo (nueva carta hiperformal que hay que desencriptar) y ponerse en contacto. Si se puede en la fecha en cuestión (normalmente un sábado a media mañana o mediodía), todo bien. Sino hay que ver qué se puede hacer; proponer una fecha alternativa, dejarle la llave a alguien más o algo.

Por supuesto, el día de la visita finalmente no viene un interesado sino unos/as cuántos. Y te revisan la casa de pe a pa. La cocina, el living, el dormitorio, el baño, el cuartito que tenemos en la escalera para guardar cosas. Intercambiás tres palabras y siguen su inspección por otros departamentos.

Esperemos que las dos visitas que ya tuvimos de interesados/as en comprar el edificio hayan sido las primeras y últimas. Algo me dice, sin embargo, que ya sea esta o cualquier otra (e inversomil) razón, alguien seguirá jodiéndonos escribiéndonos cartas crípticas y requiriendo algo de nosotros.

sábado, 26 de agosto de 2017

El departamento de Plauen: impuestos y servicios

Si de impuestos y servicios se trata, al menos en Dresden, hay básicamente tres grandes familias de servicios que hay que pagar. Bueno, cuatro, si contamos el alquiler. Están el alquiler, los gastos compartidos, la corriente/agua y el impuesto a la televisión. Los cuatro son gastos fijos. El alquiler es el más obvio y no necesita ser explicado. Es el que conocés de entrada. Después vienen los gastos compartidos. Son los gastos comunes a todo el edificio. De acá sale la plata para iluminación común, el Hausmeister (que es una especie de portero que viene cada tanto, limpia y repara cosas) y la calefacción. Y se paga directamente a la empresa que administra el edificio (que no es necesariamente la misma que te lo alquiló). Quizás uno de los más extraños sea para nosotros el impuesto de la televisión. No importa si tenés o no tenés tele. Los medios públicos en Alemania se consideran como servicios que cumplen una función social y, de algún modo hay que financiarlos. Así que hay un impuesto mensual destinado a eso que todos los hogares tienen que pagar. Por último pero no por eso menos importante está la corriente. Se trata de la electricidad y el agua. Al igual que los otros es un gasto fijo.

¿Cómo? ¿no hay medidores? Por supuesto que los hay. Y entonces ¿para qué los tenemos si después pagamos un costo fijo? Porque es Alemania y las cosas fáciles también se pueden hacen del modo complicado. En lugar de decirte mes a mes cuánto gastás y cuando tenés que pagar, los departamentos tienen una suerte de número fijo a pagar de agua/electricidad en función de los metros cuadrados, la cantidad de habitaciones y ciertos cálculos maquiavélicos que desconocemos. Luego, al finalizar el año hay un control de medidores. Con esas lecturas de medidor en mano, la empresa decide si lo que pagaste a lo largo del año cubre lo que consumiste, si tenés que pagar un plus extra o si, por el contrario, tienen que devolverte plata. De más está decir que nosotros estamos en este último grupo

Lo cierto es que para ser Alemania la (supuesta) cuna de la eficiencia, el método es bastante precario. Esperar a fin de año para saber si tenés que poner plata extra o si, por el contrario, te cuidaste de más y van a devolverte algunos euros… ¡por favor! ¡nadie puede hacer un control mensual de medidores! Se ve que no y que nadie se sorprende por este tipo de funcionamiento que para nosotros parece tan especial.

Supongo que una de las razones por las que el sistema no podría funcionar con chequeos mensuales de los medidores, por lo menos con los de agua caliente, es que los medidores de los radiadores están dentro de las casas. Es más, no sólo están dentro de las casas sino que cada radiador tiene el suyo propio. Eso implicaría que una vez al mes tendría que venir alguien de la empresa a ver los medidores de cada casa. Sí, ya sé, tampoco es algo que parezca tan complicado.

En general vienen a ver los medidores de los calefactores una vez al año. Luego, también es posible que vengan a una o dos veces más a chequear que los medidores funcionan bien. Parece que como el chequeo de los medidores está tercerizado, también hay controles para saber que la empresa hace bien su trabajo. De nuevo, pagarle a alguien para chequear que el que chequearhace bien su trabajo parece demasiado intrincado. Pero, como dije, esto es Alemania. Y si las empresas tercerizan la comprobación de los medidores, otro tanto ocurre con el control de las empresas tercerizadas.