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sábado, 23 de diciembre de 2017

Yapa de Budapest: el parlamento húngaro

Si hay un edificio de Budapest que rápidamente atrae las miradas, ése es el parlamento húngaro. Afortunadamente para la ciudad (¡y nosotros!) el gobierno local ha preservado la voluntad del arquitecto del parlamento: que el edificio sea uno de los dos más altos de Budapest. El otro es la basílica de San Esteban.
Pero lo llamativo no sólo son los noventa y seis metros de altura que alcanza  con su cúpula sino también los doscientos sesenta y ocho metros de largo, que en su momento lo transformaron en el parlamento más grande del mundo. Bueno, hoy ha quedado relegado a la tercera posición, pero igualmente sigue siendo motivo de orgullo para los habitantes de la ciudad.
Siguiendo la moda historicista, el arquitecto que ganó el concurso lo diseñó en estilo neogótico y se permitió desviarse un poco del cánon para hacer la cúpula. ¿Concurso? ¿De cuando es el edificio? Se comenzó a construir en 1885, así que no es tan antiguo como podría pensarse y -sin estar del todo terminado- fue inaugurado en 1896 para conmemorar los mil años de la fundación del reino de Hungría. 
Ya que estoy con los números y los años, ya dije altura máxima del edificio es de 96 metros, no por casualidad sino para hacerla coincidir con las últimas dos cifras del año de fundación del reino (que vendría a ser el 896).
Como en la época de su construcción el parlamento debía albergar una cámara de diputados y otra de senadores, cuenta con dos alas idénticas a cada lado de la cúpula. Sin embargo, cuando una reforma constitucional eliminó una de las dos cámaras, una de las alas quedó (afortunadamente para nosotros) destinada a las visitas turísticas. 
Dicho sea de paso, Internet mediante, es posible reservar día y horario del tour (¡en castellano!), algo más que aconsejable para no tener que fumarse la amansadera de la cola evitar demoras o, peor, tener que volverse sin haber entrado.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Foto de miércoles

"Desde Stettin, en el Báltico, a Trieste, en el Adriático, ha caído sobre el continente (Europa) un telón de acero", dijo Churchill alguna vez. En Budapest el telón tiene su propio monumento conmemorativo. 

lunes, 30 de enero de 2017

Yapa de Budpest: el castillo Vajdahunyad

En 1896 el reino de Hungría cumplió mil años. Más allá de cantar el cumpleaños feliz, en todo el país se llevaron a cabo una serie de obras tendientes a conmemorar semejante aniversario. En otras tantísimas cosas, en el parque de la ciudad de Budapest se llevó adelante la construcción del castillo Vajdahunyad, una suerte de copia del castillo transilvano de Hunyad que combina elementos góticos, románicos y renacentistas. 
Si se están preguntando si Transilvania no está en Rumania y si de ahí no viene Drácula, pues sí, la respuesta es afirmativa a ambas preguntas. Pero... (cuando no) el que Transilvania se encuentre en la actual Rumania no significa que no haya formado parte de la Hungría histórica.
De hecho, la corona de San Esteban, como se llama a los territorios del reino de Hungría, incluyó por mil años esta región. Así las cosas, Transilvania se integró a Rumania recién con el final de la primera guerra mundial.
Volviendo a Budapest, frente al castillo Vajdahunyad también se recreó una capilla románica. Se ve que les había sobrado un espacio y bueno, apareció una candidata para ocuparlo.
Muy cerquita también se construyó el edificio del que en su día fue el ministerio de agricultura. Actualmente funciona -muy a pesar de su apariencia- como museo húngaro de los campesinos.  

lunes, 29 de agosto de 2016

Baños termales en Budapest

Leyendo sobre Budapest descubrí –para mi asombro- que la ciudad tenía un rico pasado en baños termales. Desde la época romana se había disfrutado allí de las bondades de baños calientes, fríos y ricos en minerales. ¿Y quién se puede resistir a algo así? Manos a la obra y dedos a las teclas dimos con una gran cantidad de baños y piletas.

Luego de no mucha búsqueda terminamos eligiendo los baños de Széchenyi como uno de nuestras visitas obligadas. Terminamos suena a algo muy colectivo. Yo creo que más bien sugerí intensamente que fuésemos a los baños termales en cuestión y ya. Y debo decir que bien valió la pena.

Los baños de Széchenyi están en el barrio de Pest, en medio de un parque donde hay museos, castillos y hasta un jardín zoológico.
Por fuera, el edificio de 1913 da cuenta de que en su día los baños fueron ligeramente más exclusivos que en la actualidad. Dentro alberga cerca de ocho piletas y baños de distintos tamaños donde se puede disfrutar de aguas termales a distintas temperaturas.
También hay saunas de varios tipos y sabores (con vapor, sin vapor, con menta, minerales, más o menos calor). Nada mejor que jugar un poco con los contrastes de temperaturas para sacarle máximo provecho a la experiencia.
Como además el clima era bastante agradable, también pudimos disfrutar de las piletas exteriores, que son un poco posteriores, de 1927. Obviamente no las íbamos a discriminar por eso. Aunque, también hay que decirlo, olían más a cloro que a menta, eucalipto y minerales.

sábado, 27 de agosto de 2016

Budapest. Segunda Parte

En 1686 los Habsburgo lograron capturar Buda y en el lapso de diez años se hicieron con el control de buena parte de las anteriores tierras de la corona de San Esteban.

Para 1718 no quedaba ni medio metro cuadrado de Hungría bajo dominio otomano, pero eso no quiere decir que los húngaros pudiesen festejar a lo grande. Por el contrario, ahora tenían a los Habsburgo en casa.
Parece que al principio la relación con los austriacos no fue tan compleja o nadie decidió activar ningún conflicto pero a medida que el siglo XIX avanzaba las cosas empezaron a cambiar. Para 1848, año de revoluciones nacionales y liberales en (casi) toda Europa, los húngaros pusieron al Imperio austríaco en situación de jaque. De hecho los Habsburgo pudieron controlar la situación sólo porque los zares rusos acordaron enviar un ejército para ayudarlos. No sólo con los húngaros. También hubo que reprimir a italianos, checos, eslovacos y hasta a los liberales austriacos. La crisis marcó el fin de una época y el comienzo del reinado de Francisco José, que habría de prologarse hasta 1916.
Como una de sus primeras medidas, el flamante emperador se encargó él mismo de reprimir a cuánto húngaro rebelde pululara por Buda, Óbuda, Pest y cualquier otra ciudad. De hecho fue recién en 1867 -al parecer, emperatriz Sissi mediante- cuando se produjo la “reconciliación” y el Imperio austríaco se transformó en el austrohúngaro, otorgándoles a los húngaros cierto margen de acción en política interna.
Puente de las cadenas. Fue primer puente permanente en cruzar el Danubio. 
La gran Sinagoga
En este nuevo escenario Buda, como capital del reino de Hungría, se transformó en una suerte de segunda capital del país. En 1873 se fusionó a las tres ciudades luego de haber construido el primer puente permanente que permitió cruzar el Danubio. Hacia la misma época la población de hablantes de húngaro sobrepasó a la de germanoparlantes por primera vez en varios cientos de años.

Budapest entró en una especie de edad dorada de la que datan el parlamento húngaro, el tercero más grande del mundo y la basílica.
El Parlamento húngaro. Ya tendrá su propia entrada.
La Basílica de San Esteban. Al igual que el parlamento tiene una altura de 96 metros
De final del siglo XIX y principios del XX son varios edificios de Sesezzionstil –también conocido como modernismo- que es posible encontrar a los largo y ancho de la ciudad.
Con el fin de la primera guerra mundial sobrevino para Hungría la independencia, la declaración de la república y la partición. El imperio austrohúngaro colapsó y los países vencedores decidieron darle el parte de defunción. Una partecita para Italia (que se sintió estafada), una parte se transformó en Austria, otra en Hungría, otra en Checoslovaquia, algo fue a parar a Rumania… se decidió que Croacia y Eslovenia fueron unidas a Serbia (y creado así el reino de los serbios, croatas y eslovenos -luego Yugoslavia- y hasta hubo una parte para Polonia.
Con esta será la segunda vez que lo diga. En todos estos casos la población era mucho más heterogénea de lo que los nacionalistas no quieren hacer creer. Y mucho más mezclada de lo que les gustaría. De cerca de quince millones de húngaros, más de tres millones quedaron fuera de las fronteras del país. Porque, claro, los húngaros pensaban que el país iba a tener las fronteras históricas. Pero no. Ahora aquí y allá vivían otros pueblos, etnias y naciones. Y –por si fuera poco- dentro de la recién creada Hungría quedaron alemanes, polacos, eslovenos, eslovacos, rumanos y un largo y variado abanico de melánges de los más diversos tipos.
Museo de artes aplicadas, léase, decoración.

jueves, 25 de agosto de 2016

Budapest. Primera parte

Budapest nació oficialmente el 17 de noviembre de 1873 cuando se fusionaron legalmente las ciudades de Buda, Óbuda y Pest. ¿Qué por qué se llama Budapest y no Óbudapest o Pestóbuda? Pues tanto no sé. Al parecer Buda y Pest eran las dos ciudades más grandes y alguien habrá pensado que el pequeño pueblo de Óbuda no se merecía entrar en el nombre de la ciudad. ¿Qué por qué Óbuda se llama así estando al lado de Buda? Pues eso sí. Significa algo así como antigua Buda. ¿Qué si entonces Ó significa “vieja o antigua”? Nuevamente, ni idea.

Dejando los nombres de lado, la historia de Budapest va mucho más atrás en el tiempo. Comienza allá lejos con Aquincum, una ciudad romana fundada sobre un área colonizada inicialmente por los celtas. Por lo visto el imaginario popular que ubica a los celtas en Irlanda, Escocia y Francia resulta bastante acotado, histórica y geográficamente. De Islandia a Polonia, de España a Hungría y Eslovaquia, en todos lados parecen haber estado los celtas. Y en gran parte, desplazados, corridos, conquistados o asimilados. No por los borg, obviamente sino por los romanos y más tarde por germanos, eslavos y otras tribus que en su momento pulularon por aquí.

En fin, la ciudad romana de Anquincum fue un centro militar con una función defensiva importante; asegurar que los bárbaros (¡horror!) no cruzaran el Danubio y se internaran en el territorio romano. Más o menos como la Vindabona desde la que surgió la Viena moderna. Como ciudad romana, la ciudad contó con dos anfiteatros, mercado, foro y villas con calefacción central, además de baños públicos. De hecho, este no fue un tema menor. Los baños públicos romanos aprovecharon las aguas termales de la región y esa fue una de las razones por las que se eligió el lugar para fundar la ciudad.

Anquincum –ciudad que estaba más o menos ubicada en donde ahora está el barrio de Óbuda- propseró y para el año 100 ya era la capital de la Baja Panonia, nombre con el que se conocía a la región. Pero como dijo Fabiana Cantilo en su día, nada es para siempre.

Para el siglo IX el panorama ya pintaba un poco diferente. Con el imperio romano de occidente ya extinto aparecieron nuevos actores en la región. Después de los germanos aparecieron los magiares, algo así como la semilla de la que surgirían los húngaros. Ya sé que un nacionalista me acogotaría por decir semejante cosa. Para muchos no caben dudas de que los húngaros modernos son los descendientes directísimos de los mismísimos magiares aggiornados. No digo que no tengan nada que ver pero, de un magiar del siglo IX a un húngaro del XXI hay un salto tan grande como de Asterix a Francois Hollande.

Esquivando la discusión sobre la pretención nacionalista, digamos que los magiares establecieron su principal campamento más o menos cerca de las ruinas saqueadas de Anquincum. Digo campamento porque poco de aquello podría ser hoy catalogado como ciudad. Si aquello ya era poco, después de la invasión tártara del siglo XIII, quedó menos aún. Pero como de todas las experiencias siempre se puede aprender algo, los magiares se dieron cuenta de que, si querían asegurarse el dominio de la región, tenían que establecer una serie de bastiones que fueran fácilmente defendibles. Así que el centro de poder se mudó unos pasitos nada más, donde –aprovechando la colina de Buda- se construyó el castillo y nació la ciudad amurallada. Para 1361 Buda fue, oficialmente, designada capital del reino de Hungría.
Ciudadela de Buda
La iglesia de San Matías, el bastión de los pescadores y parte de la ciudad de Buda son algunos de los testigos de aquella época, aunque hayan sido sucesivamente remozados.
Bastión de los pescadores
Iglesia de San Matías
El otro que fue innumerables veces aggiornado fue el castillo, cuyas murallas y torres recuerdan un poco más su función menos protocolar y contrastan con el resto del conjunto, que fue sucesivamente modernizado.
Por algún tiempo el reino prosperó y en 1395 se fundó la Universidad de Óbuda. Menos de cien años después se imprimió en Buda el primer libro en húngaro y para el año 1500 la capital alcanzó los 5.000 habitantes. Sí, ya sé, es menos que Dina Huapi. Pero para la Hungría de la época fue todo un hito.
Subiendo a la ciudadela de Buda. Al otro lado del Danubio, el parlamento húngaro.
En 1526 entraron en acción unos viejos conocidos de la región, los turcos otomanos. Primero saquearon la ciudad, luego volvieron a sitiarla y en el año 1541 la tomaron. La tomaron y la ocuparon por más de 140 años, así que –mal que les pese a los nacionalistas húngaros- algún legado dejaron a su paso. Entre ellos una larga serie de baños termales, algunos de los cuales funcionan aún hoy (Baños Rudas y Király)
Buda, vista desde Pest.
Pero no todos los territorios de la Corona de San Esteban (como se conocía a las tierras que formaban parte del reino de Hungría) fueron conquistadas por los otomanos. El norte y el oeste del país (que en esa época se encontraba unido al reino de Bohemia) se salvaron de la ocupación. Lo mismo ocurrió con Transilvania, dónde se replegaron varios nobles húngaros.  Desde allí se impulsó la unión con Austria, que pronto comenzó a fagocitar cuanto territorio pudieran quitarle a los turcos. Eso, claro está, después de haber logrado resistir los tres sitios a los que Viena estuvo sometida.