Mostrando entradas con la etiqueta Madrid. Mostrar todas las entradas
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miércoles, 31 de enero de 2018
miércoles, 6 de septiembre de 2017
Foto de miércoles ... y olé
Madrid, detalle del monumento a Cervantes. Al verlo pienso inmediatamente en Chili bailando y sus compañeros/as del grupo Pa'alante gritándose unos a otros "Ala niña, qué bonita te has venio...."
lunes, 4 de septiembre de 2017
Hábitos culinarios
Por alguna de
esas razones misteriosas que no puedo explicar, cuando como afuera, por
principio, suelo pedir cosas que no como en casa. Supongo que en el fondo tengo
cierta sensación de para comer algo que como en casa, lo como -precisamente- en
casa. Me sale más barato y sé cómo está
hecho. Claro que, como todo principio, conoce sus excepciones. Empanadas en un
mercado o feria, choris al paso, milanesas extra large en un bodegón (o afín),
arroz salteado en el chino (que jamás me va a salir igual). Bueno, parece que
al final había un montón de excepciones. Y hay una importantísima. Parrillada
rutera en el camino a Chaco o Tucumán.
Como consecuencia de este principio, si hay algo que
suelo (y me animaría a decir, solemos) hacer es tratar de comer cosas típicas
en cada lugar, en la medida de lo posible -claro está- y de nuestro presupuesto
(¡y disponibilidad!). Si estoy en el mercado de Navidad de Dresden, lo más
probable es que pase de largo por los puestos de empanadas y trate de comer
algo con cierto sabor local o, también puede ser, algo exótico que no haya
probado.
Pero, a un año y medio de estar viviendo en Alemania,
tengo que reconocer que cuando vimos en Madrid un cartelito que decía Parrilla
con carne argentina, me brillaron los ojitos. De todos modos nos acercamos al
restaurant con cierta reserva. Los lugares que anuncian carne argentina suele
ser unos negocios carísimos. Y además ¿cómo saber cómo estaría preparada la
carne? La oferta del menú nos convenció. En Madrid son muy comunes las
pomociones de menú diario: entrada, plato principal, postre (o café), pan y
bebida a un precio fijo, normalmente cercano a los 10 euros, que en términos
locales no está mal para una comida semejante.
Tengo que reconocer que valió la pena. De entrada
pedimos chori y morcilla, de plato principal asado y vacío. Y para rematar
¡helado de dulce de leche! Copa de vino tino y todos felices. El restaurant
resultó ser propiedad de un uruguayo que lleva no-sé-cuántos-años viviendo en
Madrid. Contra todo principio, me atrevería a decir, que si al día siguiente
hubiésemos andado por el lugar, habríamos vuelto a comer ahí. Por desgracia -o
suerte- nuestro itinerario nos tenía preparada otra cosa.
sábado, 2 de septiembre de 2017
El Palacio real de Madrid
Con sus más de 135.000 metros cuadrados de superficie, el Palacio Real de Madrid no es sólo uno de los mayores de Europa sino que prácticamente duplica la superficie de otras residencias famosas, como Buckimgham, principal residencia de la familia real británica.
Sin embargo, pesar de ser la residencia oficial de la familia real, nadie vive actualmente allí. Los reyes españoles viven en el Palacio de la Zarzuela pero utilizan el Palacio Real para funciones oficiales y protocolares.
Debido a estas funciones, sólo se pueden sacar fotos en el ingreso, la escalera monumental y poco más. El resto de los ambientes se los vamos a deber...
El palacio se contruyó a mediados del siglo XVIII, para reemplazar el antigua Alcázar de Madrid, que se incendió en 1734. A pesar de que el incendio implicó la pérdida de numerosas pinturas (incluyendo obras de Velázquez, Tiziano y un largo etcétera), por otro lado le otorgó a Felipe V una oportunidad única para deshacerse del viejo alcázar laberíntico.
¿Por qué tanto rechazo? El Alcázar era, como en la mayoría de estos casos, una sucesión de capas de cebollas que había iniciado en el año 800 con la fortaleza áreabe y que se había ido ampliando sin ser jamás en su historia homogeneizado. Cuando Felipe V, el primer Borbón en ser rey de España llegó desde Versalles, observó horrorizado la que iba a ser su principal residencia.
A nadie le sorprendió entonces que se eligiera diseños y motivos franceses para la construcción del nuevo palacio, que tardó más de treinta años en ser finalizado.
jueves, 31 de agosto de 2017
Carteles de Madrid
No ocurre en todos lados, obviamente, pero en muchas capitales y ciudades importantes los carteles con los nombres de calles, parades y/o estaciones se han vuelto un símbolo o firma del lugar. El Underground (subte) de Londres, el Metro de París, las calles de Praga o Cracovia, todos tienen carteles señalizadoresque se han convertido en una institutución urbanay, de paso, en souvenir. Así es, la industria de producción chirimbolos, recuerdos y afines (muchas de las veces, de calidad más bien olvidable) no deja títere sin cabeza.
El caso de Madrid es bastate especial ya que hay un equilibrio bastante logrado, (al menos para mí) entre originalidad, pintoresquismo y tradición. A diferencia de los carteles que se souvenirizan a partir de su reproducción al infinito (todas las calles -o estaciones- tienen carteles similares) en Madrid cada calle es única y especial.
En efecto, utilizando azulejos al mejor estilo subte de Buenos Aires (pienso principalmente en las estaciones viejas de la línea D), han creado motivos diferentes para cada calle. El diseño suele resultar más entretenido en la medida en que el nombre de la calle resulta màs extravagante o críptico:
miércoles, 30 de agosto de 2017
jueves, 24 de agosto de 2017
Madrid (Segunda parte)
El
afán embellecedor llevó a los Borbones al trazado de avenidas más amplias,
calles rectas y a esparcir fuentes y esculturas por aquí y allá. Ya habrá, de hecho, una entrada para las esculturas madrileñas.
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| Como dirían Ana Belén y Víctor Manuel... ahí está, la puerta de Alcalá... Abajo, la sede de la Real Academia Española de Letras. |
En
el siglo siguiente, otro francés, esta vez el hermano de Napoleón
Bonaparte se sumó a la fiebre re urbanizadora y se dedicó a demoler
conventos para construir plazas a lo largo de la ciudad. Por esa razón popularmente se lo recuerda como Pepe Plazuelas. El apodo intenta, además de hacer alusión a su política urbanística, despojar su nombre de la prompa que él hubiera querido. De hecho, al ser coronado como rey de España asumió el nombre de José Napoleón I Bonaparte.
Cuando
en 1860 se derribaron las murallas de la ciudad, los nuevos barrios
siguieron el trazado en damero con avenidas amplias y alguna que otra
diagonal, siguiendo las pautas de las reformas que el Barón
Haussmann estaba llevando adelante en París por la misma época. Y
como buen plan de urbanización estuvo asociado a la especulación
inmobiliaria que le permitió a algunos amigos de la corona española
enriquecerse especialmente.
A diferencia de Barcelona, que estaba viviendo un proceso de ampliación similar, los madrileños ricos rápidamente condenaron el modernismo catalán y se inclinaron por el historicismo y el neoclásico, de líneas más tradicionales e ideas menos heterodoxas.
Eso no significa que en Madrid no haya edificios modernistas pero, ciertamente, son los menos y son bastante menos arriesgados que los de la capital catalana.
Pero
no sólo los Borbones, las guerras napoleónicas o los negocios de
duques y marqueses han dejado sus huellas en Madrid. La guerra civil
española tuvo en Madrid uno de sus principales campos de
enfrentamientos, viéndose la ciudad en más de una oportunidad
sujeta a los bombardeos de las fuerzas aéreas de Alemania e Italia.
Y la reconstrucción posterior se encargó de dejar claro quien había
ganado y quien había perdido. Claro que hoy muchas de estas alusiones han sido suavizadas o retiradas.
miércoles, 23 de agosto de 2017
Foto de miércoles
Madrid. Ahorristas estafados, indignados y víctimas de la especulación financiero-inmobiliaria denuncian a los bancos que no quieren cumplir con la nueva normativa que los ampara. De todos modos, ¿hay algún banco que no esté del lado oscuro?
lunes, 21 de agosto de 2017
Madrid (Primera parte)
Por
curioso que parezca, la primera mención histórica de Madrid nos
llega desde la época árabe. De hecho, la mencionada no es Madrid
sino su antecesora mora, Magerit. Magerit nació como castillo alrededor del año
ochocientos para proteger la frontera norte de la que era en la época
la ciudad importante de la región, Toledo.
¿De
qué (o quién) había que proteger a Toledo? Principalmente, del reino de Castilla (en menor medida, también de León), que estaba en pleno proceso de (comillas, comillas, comillas) "Reconquista". La Reconquista es el nombre que se dio a las campañas militares que
lanzaron los reinos del norte de la península para ocupar los
territorios que habían formado parte del reino visigodo y que los
árabes habían ocupado algunos siglos antes. Puesto que ya no
existía un reino visigodo, aquello más que una reconquista era una
conquista a secas, pero para los reinos de Castilla, Portugal o León
ellos eran los legítimos herederos de los visigodos porque, sobre
todo, eran cristianos.
En
el 932 el rey de León entró finalmente en Magerit aunque la
historia estaba lejos de acabarse ya que pasó de manos de leoneses
de nuevo a las de los árabes y, finalmente, a las de los castellanos
poco después del año 1000. En el interín la ciudad fue incendiada
y su castillo destruido en más de una oportunidad, desdibujando así
una parte del legado musulmán de Madrid que es hoy en día casi inexistente.
Doscientos
cincuenta años después, ya asegurada la región bajo el dominio de
Castilla los reyes empezaron a hacerse visitantes asiduos de la
región y decidieron que fuera uno de las tantas sedes de la corte.
¿Qué llevaba a los reyes de Castilla este pueblito semi olvidado?
Por raro que suene, la caza. Aparentemente había buena caza de
cerdos salvajes y de osos. De ahí a la incorporación del oso al
escudo de la ciudad hay un solo paso. Aunque claro, en más de
quinientos años nadie ha visto un oso en toda Madrid.
A
partir del siglo XIV la Corte comienza a establecerse con más
frecuencia y por mayor tiempo en la ciudad. Más allá de la caza, su ubicación central respecto de Castilla primero y España después
contribuyó a reforzar su posición como sede de la corte.
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| Arriba y abajo a la derecha, la Plaza Mayor de Madrid, uno de los antiguos puntos neurálgicos de la ciudad y en la actualidad, epicentro de turistas y vendedores de souvenires. |
En
1561 Felipe II decidió instalar la corte en Madrid de modo
definitivo. Pronto el pueblo creció más allá de sus murallas y se
hizo necesario llevar adelante nuevas obras. Con todo, cuando los
Borbones llegaron al trono español, no pudieron evitar ver en Madrid
un pueblo oscuro, mal ventilado, lleno de callejones y demás
horrores indignos de un descendiente de Luis XIV, nacido y criado en
Versalles.
Arriba a la izquierda, una parte del Palacio Real de los Borbones, a la derecha, la catedral de la Almudena, principal iglesia de Madrid.
Así
que hicieron lo que los monarcas franceses mejor sabían hacer.
Edificaron un nuevo castillo, el actual Palacio Real (aunque en él
no viven actualmente los reyes).
Arriba, el patio de honor del Palacio Real. Abajo, vista global de la catedral.
Bueno, y ya que estaban, ¿por qué
detenerse ahí? Edificaron otro palacio de descanso en el Prado,
donde actualmente funciona el Museo de Pintura y Escultura.
El Palacio del Prado. Originalmente se encontraba en las afueras de la ciudad, aunque hoy diríamos que es casi pleno centro. En el Museo del Prado se conservan buena parte de las obras del siglo de Oro español. Como nota al pie, es posible entrar gratis todos los dìas durante las últimas dos horas del horario de visita.
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