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sábado, 16 de diciembre de 2017

Dos años (¡y dos meses!) Primera parte

Llevamos ya dos años y dos meses en el mundo germánico. Y unos días más también... INCREÍBLE, ¿no? Es raro porque por momentos siento que llegamos hace tan poquito que algunas cuestiones nos resultan aún extrañas. Por no decir, incomprensibles. Por otro lado, también nos sentimos como si estuviéramos en casa... más que habituados a la vida en Dresden (y a sus bondades). Como si lleváramos largos años viviendo aquí. Asentados y arraigados. 

Curiosamente, cada vez que regresamos de algún lugar cuya lengua desconocemos en grado sumo (sea Hungría, Polonia o la República Checa) nos sentimos extrañamente aliaviados de volver a escuchar a la gente hablar en alemán. Al menos son las gárgaras que conocemos. Se trata del mismo idioma alemán que sentimos tan extraño cuando volvimos de España.

En todo este tiempo también ha habido hábitos a los que nos hemos acostumbrado (a algunos de buen grado, a otros más bien forzosamente), cosas que hemos extrañado, misterios que hemos llegado a comprender y otros que siguen siendo tan crípticos como desde el principio... Incluso hemos llegado a crear nuevos hábitos que posteriormente hemos abandonado para crear otra cotidianeidad. Y es que los hábitos, como tantas cosas, siguen modificándose día a día, aún cuando uno piensa que ya están establecidos.

El mate es un buen ejemplo. Apenas llegamos el mate era un evento especial. Reservado para los fines de semana, era la vedette del desayuno. La yerba era un bien demasiado preciado como para tomar mate a diario. La inicial imposibilidad de reemplazo de nuestro stock nos llevaba a limitar su consumo. Sábados y domingos a la mañana, mínimamente un termo de agua sin cambiar la yerba. Dos también.

Pasamos de nuestro hábito argentino de tomar mate todos los días a casi cualquier hora a hacerlo en dósis excepcionales. Básicamente durante las mañanas del sábado o domingo o -llegado el caso- feriados. Eso sí, mantuvimos un mínimo de decoro y jamás nos sentamos a matear en reposeras de la Bristol. Nosotros también tenemos una estética moral. 

El descubrimiento de yerba en los supermercados de productos de medio oriente cambió un poco el panorama; nos permitimos cambiar la yerba con un poco más de frecuencia, pasamos a tomar mate con un poco más de asiduidad (palabra clave:poco) y hasta Diego empezó a matear en la oficina. El cambio final llegó con la compra de yerba-mate por internet, directo (o casi) del importador, un argentino que también te hace envíos de dulce de leche, tapas de empanadas y otras tantas cosas.

Hablando de tapas de empanadas, de más está decir que en Alemania no existen. Sí hay empanadas, que son una exótica comida, principalmente, sudamericana. Se venden en los mercados (casi) como una curiosidad. Los/as alemanes/as, gente afecta a comer sin sentarse y sin parar, están de parabienes con semejante desarrollo culinario. La única contra es que suelen ser ligeramente caras. Especialmente por el trabajo que conllevan porque, la mayoría, tienen masa casera. Hábito este último que hemos tenido que adoptar luego de experimentar (con más derrotas que victorias) con diversas masas de tarta. Al principio no teníamos palo de amasar, por lo que usábamos un termo para la tarea. Lo reconozco. Llegados a este punto, nuestra estética moral mordió banquina.

Hablando de termos, al principio tampoco teníamos uno. Es un sacrilegio, lo sé, pero cebábamos mate con la pava eléctrica. El primero que tuvimos -ése mismo que usábamos cual palo de amasar- nos lo regaló Larita en su primera visita. Luego, hasta nos permitimos comprarnos un segundo termo, para que Diegui pudiera tomar mate en la oficina. Y no solamente compramos un termo extra, sino también un palo de amasar.

Otra de las cosas que siento que pasó décadas atrás es nuestra estadía en el departamento para huéspedes de la universidad. (Podés verlo haciendo click acá), Vivimos dos meses y unos días más allí pero siento que fue hace milenios. En comparación con nuestro el departamento de Plauen, se sentía más bien como una suerte de habitación de hotel con cocina. Para cocinar había, esencialmente, dos hornallas eléctricas y la ya mencionada pava. A lo largo de este período nuestras comidas se limitaron a cosas que pudieran hervirse o saltearse. El horno quedaba descartado, básicamente, por su inexistencia. Tampoco es tan complejo. Uno (y una) tendería a pensar que luego de mudarnos la situación debería haber mejorado. Sí y no.

A largo plazo, mejoró. En el corto, no especialmente. Lo dije mil veces pero puedo hacerlo una más. Los/as alemanes/as alquilan los departamentos (normalmente) pelados. Eso significa: sin mesada ni cocina. Ni hablar de la heladera. Resultado: estuvimos casi un mes sin ninguna de las dos cosas. Finalmente aprovechamos una promoción de IKEA (una de las cosas que seguramente vamos a extrañar) y por un precio inverosímil nos agenciamos cocina (eléctrica, obvio) con horno y tres hornallas, mesada, bacha, heladera y alacenas. Claro que Ikea te vende las cosas desarmadas y te las tenés que armar vos. Entre que nos mudamos y compramos todo, logramos armarlo y hacerlo funcionar pasó poco menos de un mes. Durante ese período (que en esta latitud es invierno) los únicos alimentos calientes que pudimos tener eran los que nos proveían la tostadora y la pava eléctrica.

Lo más complejo de todo fue hacer la instalación de la bacha incluye desagüe) y la canilla. El problema principal es que la canilla provista por Ikea no es compatible con el "hervidor" que tiene la instalación sanitaria de la cocina para el agua caliente. Parece una obviedad pero sin hablar mucho del idioma llegar a esta conclusión fue más bien complejo y nos requirió sucesivas idas al supermercado de la construcción y afines donde finalmente pudimos agenciarnos una canilla con un sistema compatible con el que había acá y una prolongación para el desagüe.

Podría pensarse que luego habríamos de entrar al paraíso de la cocina. Bueno, en parte nos sentimos así pero, por otro lado, debimos empezar a lidiar con otra cuestión: el horno eléctrico. Sí, parece que es lo mismo pero no. El horno eléctrico NO funciona como el de gas. A veces te quema la parte de abajo pero te deja las cosas adentro sin terminar de cocinar. Tarda más tiempo en levantar temperatura pero una vez que ya está caliente funciona más rápido. O, al menos, el nuestro, que es más bien de los más berreta barato del mercado. Conclusión, entender cómo funciona el horno es más cimplejo de lo que parece y aún hoy nos cuesta calcular tiempo y potencia adecuada para que las cosas queden como queremos.

lunes, 18 de septiembre de 2017

El Departamento de Plauen: ¡Nos vendieron!

Luego de unos cuantos meses (tantos como para olvidarnos del asunto) finalmente se vendió el edificio donde vivimos. Nos sorprendió ya que, despuésde tanto tiempo sin visitas ni novedades asumimos que todo iba a seguir igual. ERROR.

Lo vendieron enterito, todo. Todos los departamentos, con contratos de alquiler, inquilinos/as y todo. La nueva dueña le compró a la anerior la totalidad del edificio y la reemplaza en su función de propietaria ausente, ya que ambas viven en otras ciudades. Co,mo conecuencia la que administra todo (y a quien se le deposita el alquiler) es una empresa X dedicada a la gestión inmobiliaria.

Para informarnos acerca del traspaso del poder la venta del inmueble, la empresa admninistradora tuvo la delicadeza de enviarnos una carta. Claro que el objeto principal de la misiva no era informarnos ni tranquilizarnos. La carta, que tiene fecha del 7 de Agosto (y llegó uno o dos días después), decía básicamente lo siguiente:

muy estimado/a habitante del inmueble XX ubicado en la calle XY numero Z, le informamos que desde el mes pasado la Señora Z es la nueva propietaria del inmueble que usted alquila. La Señora Y le ha vendido a la Señora Z la totalidad del edificio, blablabla... Por todo esto le recomendamos que aún (sic) no deposite el alquiler de este mes.

A ver papito, a ver mamita... Me decís que tengo que transferirte el pago del mes antes de que el mes comience. Ergo, te tranferimos el alquiler de cada mes a finales del mes anterior. Ahora que el edificio se vendió (bueno, en agosto ¡pero del 2017!) me avisás el 7 de agosto que no te transfiera la plata de agosto (operación que debo realizar a finales de julio) O sea... ¿tengo cara de tener una máquina del tiempo? ¿cómo querés que haga?

Finalmente Diego se comunicó con la empresa y -amablemente- les señaló que siendo inquilinos ejemplares, queríamos la devolución de la tarasca que les habíamos pagado. Ah, no, no te preocupes, ya estamos arreglando con la Señora Z y parece que nosotros le vemos a seguir administrando el edificio. En fin, se ve que la idea es tratar de sorprendernos cada día con alguna pelotu#&%@ brillante novedad que nos alegre la jornada.

lunes, 28 de agosto de 2017

El departamento de Plauen: ¡déjennos tranquilos!

El sentido común haría imaginar que una vez que ya se ha cerrado trato con la inmobiliaria y te dan las llaves de casa (cuando son las llaves correctas, ejém), ya está… Chau, no habría que lidiar más con la agencia que te la alquiló. Error.

Igual, lo justo es justo y también hay que reconocerlo. Al menos no necesitás lidiar con ellos por la renovación del alquiler. Los alquileres se renuevan (al mismo precio) automáticamente mientras el inquilino siga. ¿De verdad? Sí. Si alquilaste un departamento en el año 2000 y te quedás por cincuenta años, seguirás pagando lo mismo hasta que te vayas. Hasta acá, parece perfecto. Pero… no hay mal que por bien no venga. Y si no te joden con la renegociación de los contratos, bueno te abrochan molestan por alguna otra razón.

Además, para nosotros cada carta es, en si misma, una pequeña movida. Normalmente usan estructuras de tal formalidad que tenemos que leerlas, por simples que sean, unas cuántas veces hasta estar seguros de que entendimos todo. Leerlas, releerlas, buscar palabras en el diccionario y, llegado el caso, preguntarle a algún/a conocido/a si el tema es, efectivamente, el que entendimos.

Más allá de nuestra situación particular, la cuestión suele ser un incordio para todo tipo de inquilinos. Pero… ¿por qué te mandarían cartas referidas con la vivienda si los alquileres no se renegocian? Puffff. Aunque no lo creas, sobran los motivos.

Número uno. Control de medidores. Ya hablé de esto la última vez. Una o dos veces al año se comprueban los medidores de agua caliente de los radiadores que se usan para la calefacción. Uno suele ser el control de los medidores y luego está el control de la empresa que controla al que controla. Ridículo como suena, es así. Y tenés que estar en casa porque tienen que mirar cada radiador.

Número dos. Control de medidores, parte dos. Vienen a medir el consumo de electricidad y agua (fría). En teoría estos medidores están fuera del departamento pero… como siempre puede haber alguna duda y/o problema, te piden que estés en tu casa. En total, entre ambos controles, son tres o cuatro días al año en los que tenés que estar en tu casa de tal a tal otra hora. Y si ese día a esa hora trabajás, tenés que dejarle la llave a alguien. Listo. Sin protestar ni hacer puchero.

Número tres. En general los edificios como el nuestro suelen pertenecer (en su conjunto) a un solo/a propietario/a que puede ser un particular o una empresa. En la ex Alemania oriental suele darse que enormes bloques de edificios pertenecen a una misma empresa. Por muchos años esos edificios fueron propiedad del estado hasta que el gobierno de la ciudad los vendió, a veces individualmente y otras en conjunto. Resultado, a veces hay como doscientos o trescientos metros de edificios y departamentos que pertenecen a una única empresa. Otra veces es una persona o una familia, normalmente de la ex Alemania occidental, que compró el edificio entero por chirolas en la época de la reunificación. Ya sea por una u otra razón, muchos de los dueños/as de los edificios o bien viven en otra ciudad en la otra punta de Alemania o bien son empresas. En ambos casos suelen tercerizar el mantenimiento del edificio. Este tercero/a no es la agencia que te alquiló el departamento sino la que se encarga de la administración. Es la empresa a la que le depositás o transferís el alquiler cada mes.

Para ser Alemania un país en el que todo se planifica con tiempo, es sorprendente como estas empresas pueden cambiar sorpresivamente. Por caso, cuando el 23 de diciembre (¡23 de diciembre!) nos llegó una carta de una empresa XXX anunciando que ellos eran las nueva administradora del departamento y que tendríamos que depositarles el alquiler de enero antes de fin de diciembre en su cuenta. Así como así, sin que la empresa que hasta entonces administraba el edificio nos dijera ni mu. En fin, esto ya lo conté en otro lugar, así que si querés, podés leerlo acá: Regalitos de Navidad.

Número cuatro. Venta del edificio. Un día te llega una carta. De nuevo, media hora de lectura y diccionario. El dueño del edificio designó a (otra) inmobiliaria para que se encargue de la venta (en bloque) de todos los departamentos. O sea, hay una empresa que se encarga de alquilar los departamentos, hay otra que lo administra, podés elegir a la que te provee los servicios, hay una más que es la que mira los medidores y luego una más para chequear que la que controla los medidores hace bien su trabajo. ¿No es suficiente? No. Ahora hay otra que va a encargarse de vender el edificio. ¿Es que no puede dejarnos en paz? Se ve que no.

En teoría, que el dueño del edificio quiera vender los departamentos en bloque no tendría que implicar mayor trastorno. Si fuera que quieren vender solamente tu departamento podría ser un problema. Si la persona que compra tu departamento lo compra como vivienda particular, entonces tenés x cantidad de meses para irte. Pero si es alguien que compra un edificio entero, salvo que se una comuna hippie, lo más probable es que lo quiera por la renta y, entonces, es muy posible que quiera que sigan los inquilinos actuales.

Obviamente, para entender todo esto tuve una sesión de terapia con Susanne, mi tándem de Alemán-español con la que una vez a la semana nos juntamos a hablar en ambos idiomas. En fin, la cuestión es que primero la inmobiliaria encargada de la venta quiere visitar todas las casas y te avisan cuando van a pasa a ver tu departamento, si es que es posible. Si no podés en la fecha, no creas que zafás. Tenés que contactarlos y explicar por qué no podés y coordinar una cita.

Acto seguido vienen las visitas. Comprar un edificio entero no es una inversión como para hacer a la ligera, así que los/as compradores/as potenciales quieren revisar todos los departamentos. De nuevo, se pasa una fecha de cita potencial, se avisa por correo (nueva carta hiperformal que hay que desencriptar) y ponerse en contacto. Si se puede en la fecha en cuestión (normalmente un sábado a media mañana o mediodía), todo bien. Sino hay que ver qué se puede hacer; proponer una fecha alternativa, dejarle la llave a alguien más o algo.

Por supuesto, el día de la visita finalmente no viene un interesado sino unos/as cuántos. Y te revisan la casa de pe a pa. La cocina, el living, el dormitorio, el baño, el cuartito que tenemos en la escalera para guardar cosas. Intercambiás tres palabras y siguen su inspección por otros departamentos.

Esperemos que las dos visitas que ya tuvimos de interesados/as en comprar el edificio hayan sido las primeras y últimas. Algo me dice, sin embargo, que ya sea esta o cualquier otra (e inversomil) razón, alguien seguirá jodiéndonos escribiéndonos cartas crípticas y requiriendo algo de nosotros.

sábado, 26 de agosto de 2017

El departamento de Plauen: impuestos y servicios

Si de impuestos y servicios se trata, al menos en Dresden, hay básicamente tres grandes familias de servicios que hay que pagar. Bueno, cuatro, si contamos el alquiler. Están el alquiler, los gastos compartidos, la corriente/agua y el impuesto a la televisión. Los cuatro son gastos fijos. El alquiler es el más obvio y no necesita ser explicado. Es el que conocés de entrada. Después vienen los gastos compartidos. Son los gastos comunes a todo el edificio. De acá sale la plata para iluminación común, el Hausmeister (que es una especie de portero que viene cada tanto, limpia y repara cosas) y la calefacción. Y se paga directamente a la empresa que administra el edificio (que no es necesariamente la misma que te lo alquiló). Quizás uno de los más extraños sea para nosotros el impuesto de la televisión. No importa si tenés o no tenés tele. Los medios públicos en Alemania se consideran como servicios que cumplen una función social y, de algún modo hay que financiarlos. Así que hay un impuesto mensual destinado a eso que todos los hogares tienen que pagar. Por último pero no por eso menos importante está la corriente. Se trata de la electricidad y el agua. Al igual que los otros es un gasto fijo.

¿Cómo? ¿no hay medidores? Por supuesto que los hay. Y entonces ¿para qué los tenemos si después pagamos un costo fijo? Porque es Alemania y las cosas fáciles también se pueden hacen del modo complicado. En lugar de decirte mes a mes cuánto gastás y cuando tenés que pagar, los departamentos tienen una suerte de número fijo a pagar de agua/electricidad en función de los metros cuadrados, la cantidad de habitaciones y ciertos cálculos maquiavélicos que desconocemos. Luego, al finalizar el año hay un control de medidores. Con esas lecturas de medidor en mano, la empresa decide si lo que pagaste a lo largo del año cubre lo que consumiste, si tenés que pagar un plus extra o si, por el contrario, tienen que devolverte plata. De más está decir que nosotros estamos en este último grupo

Lo cierto es que para ser Alemania la (supuesta) cuna de la eficiencia, el método es bastante precario. Esperar a fin de año para saber si tenés que poner plata extra o si, por el contrario, te cuidaste de más y van a devolverte algunos euros… ¡por favor! ¡nadie puede hacer un control mensual de medidores! Se ve que no y que nadie se sorprende por este tipo de funcionamiento que para nosotros parece tan especial.

Supongo que una de las razones por las que el sistema no podría funcionar con chequeos mensuales de los medidores, por lo menos con los de agua caliente, es que los medidores de los radiadores están dentro de las casas. Es más, no sólo están dentro de las casas sino que cada radiador tiene el suyo propio. Eso implicaría que una vez al mes tendría que venir alguien de la empresa a ver los medidores de cada casa. Sí, ya sé, tampoco es algo que parezca tan complicado.

En general vienen a ver los medidores de los calefactores una vez al año. Luego, también es posible que vengan a una o dos veces más a chequear que los medidores funcionan bien. Parece que como el chequeo de los medidores está tercerizado, también hay controles para saber que la empresa hace bien su trabajo. De nuevo, pagarle a alguien para chequear que el que chequearhace bien su trabajo parece demasiado intrincado. Pero, como dije, esto es Alemania. Y si las empresas tercerizan la comprobación de los medidores, otro tanto ocurre con el control de las empresas tercerizadas.

sábado, 19 de agosto de 2017

El departamento de Plauen: lidiando con la inmobiliaria germana II

Enviamos los papeles de vuelta a la inmobiliaria y dos días más tarde llega el contrato de alquiler. Claro que desde la inmobiliaria nadie nos avisó que nos habían aceptado como inquilinos ni mucho menos. Ni siquiera nos escribieron un mail para decir che, estén atentos que les mandamos el contrato para que firmen y nos devuelvan. Nada. Simplemente nos mandaron el contrato.

El contrato tiene un problema de tipeo, así que hay que arreglarlo. Además, está a nombre de Diego, por lo cual no tenemos claro si yo tengo que firmarlo o no. Así que le pedimos a alguien que llamara a la inmobiliaria y preguntara. En la oficina de la inmobiliaria nadie sabe nada. Dicen que van a averiguar pero que si sólo está a nombre de Diego, que lo firme él y listo. Y si hay un error, que lo arreglemos con liquid paper. Sí, tal cual como lo acabás de leer.  Con corrector y ya. Un contrato de alquiler. Que lo corrijamos, lo firme (Diego) y lo mandemos, que ellos nos van a devolver una copia firmada a la brevedad. Claro que la brevedad se demora y al cuarto día decidimos llamar a la inmobiliaria.

Si a vos también alguna vez te vendieron el cuento de la organización y la eficiencia alemana quizás te sorprenda saber el motivo de la falta de noticias. Finalmente la persona responsable se enteró de nuestra situación y decidió que yo también debía firmar el contrato pero, pequeño detalle, se olvidó de notificarnos. ¿Qué? Sí, al parecer hacía falta que yo también firmara el contrato pero se olvidaron de decirnos. De decirnos o de mandarnos el contrato de vuelta. En cuanto se vuelve evidente la situación se ofrecen para a mandarlo por correo. Dejá, voy yo a la inmobiliaria  y lo firmo ahí. Sorpresa, para variar nos dieron una nueva cita.

Llega el día de la cita, vamos a la inmobiliaria y firmamos el contrato. Ahora hay que esperar a que lo firme el dueño del edificio para que nos envíen la copia firmada y podamos hacer el depósito de la garantía y del primer mes de alquiler. En teoría falta una semana así que no debería haber problema. Pero, sorpresa, los días pasan y el contrato no llega. Faltan tres días para la fecha de entrega de las llaves y ni noticias del contrato. En la inmobiliaria dicen que no saben nada, que ellos ya lo enviaron y que sólo podemos esperar. Dos días. Un día. Ok, hagamos el depósito de todos modos.

Finalmente, para cuando llega el día de la entrega de las llaves, nadie sabe dónde está nuestro contrato. En la inmobiliaria no tienen idea y, para completar el panorama, la persona que debe entregarnos las llaves del departamento descubre que ha traído las llaves incorrectas. Sí. Se confundió. Perdón, no son las llaves. Y hoy ya no tengo tiempo para ir a buscarlas. Mañana… a ver, no, mañana tampoco. Les podamos dar una cita para dentro de dos días. What? ¿Qué? A ver, alguien que me explique. Tenés que traer las llaves. Te equivocás y traés las de otro departamento. Tenés que traer el contrato, pero nadie sabe dónde está y por si fuera poco, encima no podés solucionar la que te mandaste a la brevedad porque para mañana no tenés cita. Por un momento siento que es una joda. ¿No tenés citas disponibles en la agenda? ¿Querés que te ayudemos nosotros a hacer tu trabajo?

Dos días más tarde de la fecha corregida con liquid paper que figura en nuestro contrato hacemos nuestra entrada triunfal en el departamento. En realidad, lejos de ser una entrada triunfal parece el juego de la llave de Feliz Domingo. La persona que en esta ocasión ha mandado la inmobiliaria (que no es la misma que vino antes y se confundió de llave) tiene algunos problemitas para abrir la cerradura. Así y todo logra hacerlo y se dispone a cambiarla. ¿Cambiar la cerradura? Sí. Es como una especie de garantía de privacidad y se supone que, al mismo tiempo, una simplificación para la empresa que administra el edificio ya que, en teoría, todos los departamentos vacíos tendrían la misma cerradura y se abrirían con la misma llave.

Sí, sé lo que estás pensando. Yo también lo pensé. ¿Y entonces? ¿por qué la señora que vino la última vez a “entregarnos el departamento” tenía la llave incorrecta y no pudo entrar? Parece que trajo la que iba a ser nuestra llave futura pero se habría olvidado la que tiene actualmente el departamento. Diría que el sistema no es a prueba de opas pero me parece que es quedarme corto.

Luego se procede con el inventario. Un momento, si el departamento está pelado, ¿para qué tanto inventario? Porque acá nada se pasa por alto. ¿Las paredes están pintadas a nuevo, se anota, hay tres enchufes blancos, se anota, las puertas están pintadas pero se nota que no recientemente y por lo tanto en lugar de ser blanco-Ala son blanco-tiza y tienen manchas de uso? Sí, adivinaste, se anota. Todo.


Después del inventario detalladísimo, lo otro que se anota es el estado de medidores de electricidad y también los de la calefacción, que es con radiadores de agua caliente. Después, con los registros de los medidores hay que ir a una empresa prestadora de servicios (electricidad, agua y agua caliente para calefacción) para pedir que nos den de alta. Cada vecino/a puede elegir qué prestador de electricidad quiere. Cada empresa ofrece promociones y ofertas que son más o menos interesantes en función del consumo histórico del cliente. Claro que nosotros no tenemos tal cosa así que nos terminamos decantando por la más grande, la Drewag. Yo imaginaría que después de tanto lío alguien de la empresa tendría que venir a chequear si los números que declaramos en el estado de los medidores son correctos. Pues no. Basta con volver a firmar un par de formularios para que te den de alta. Al menos eso es fácil.

jueves, 17 de agosto de 2017

El departamento de Plauen: lidiando con la inmobiliaria germana I

Para los primeros tres meses de nuestra estadía alemana tuvimos un departamento en un edificio de la universidad destinado a recibir a visitantes extranjeros que vienen a la Universidad Técnica de Dresden o a cualquiera de los institutos que pululan por el pueblo. Se trata, nos anticiparon, de una estadía de tres meses. Luego tenemos que buscarnos un lugar. En teoría no se puede prolongar ese plazo pero sí acortar.

El instituto donde está Diego ha dispuesto que la bibliotecaria nos ayude en la tarea de buscar un hogar. Sentimos que es una verdadera suerte porque luego de mis primeros intentos de comunicarme en alemán siento que no puedo hacer ninguna operatoria más compleja que pagar (con tarjeta) en el supermercado. El resto, mientras sea saludar, soneír y presentarme, está bien pero más de eso, imposible.

Gracias a Larita descubro un mundo de ofertas a través de un mega portal inmobiliario en el que empresas y particulares cargan sus ofertas. Muchas vienen acompañadas por fotos del lugar y con ellas llega un dato preocupante. Los departamentos se alquilan, por definición, sin cocina ni mesada. Nada. Nada de nada. Ni mesada, ni bacha. Sólo hay paredes peladas. Blancas. Y nada más. No hay cocina (léase, artefacto para cocinar) ni mesada, ni bacha. La mayoría de las veces, ni siquiera una canilla. Incluso en algunos casos se ve que han retirado hasta los cerámicos. Sí, tal cual. No son muchos los casos en los que esto pasa pero tampoco es tan insólito como parece. En fin…

Tratamos de no descorazonarnos. Si es así, es así. Bueno, eso digo ahora que ya estamos instalados con todas las bondades del siglo XX. En ese momento casi me dan ganas de ponerme a llorar. Lamentablemente, con lágrimas o sin ellas, el plazo para abandonar el departamento de la universidad seguía pendiendo sobre nosotros. Tic, tac, tic, tac.

Además de utilizar la susodicha página de Internet, también nos dedicamos a caminar por los barrios en los que nos gustaría vivir buscando carteles de alquiler, notas o algún dato que nos ayudara. En la tarea también nos asistió Nubia, nuestra hada madrina y compañera de grupo de Diego.

Normalmente yo me imaginaría que ya sea por inmobiliaria, ya sea en forma privada, visitar un departamento debería ser algo relativamente simple. Error. Hay que escribir (o llamar). Presentarse. Pedir una cita. Coordinar fecha y esperar. Esperar porque salvo particulares con cierto interés en alquilar el departamento a la brevedad, las citas se suelen planificar con una semana de anticipación. O dos, si es un departamento chico que se alquila por inmobiliaria. Sí, tal cual lo leés. En el país de la eficiencia, alquilar un departamento es de todo menos una tarea rápida y expeditiva. Hay que respirar hondo y cruzar los dedos.

Si tenés suerte y contactás una inmobiliaria en forma telefónica y te atienden (algo que no siempre pasa) podrás pedir una cita para ver el departamento. En promedio, hay que esperar una o dos semanas. Al menos en Dresden. Quizás en otros lugares la realidad sea otra. Si no te sentís lo suficientemente calificado como para llamar por teléfono y preferís mandar un e-mail puede que tengas que esperar dos (que ya es un milagro), tres o cuatro días para obtener una respuesta. Cualquier respuesta. Incluso gracias por contactarnos, ya nos pondremos en contacto con usted.

Entre esta pachorra modalidad de dilatación temporal y los problemas de salud de la persona que nos ayudaba, pasamos dos semanas sin recibir ninguna noticia real. Bueno, noticias sí hubo. Algunas eran del estilo de perdón, pero este departamento sólo está disponible para una persona soltera; lo siento pero buscamos inquilinos que se queden como mínimo cinco años, o cosas por el estilo. Tic, tac, tic, tac.

En general, cuando alquilás un departamento chico estás exento de pagar comisión a la inmobiliaria. La comisión la paga el dueño del lugar. Como resultado, los empleados de inmobiliaria carecen de cierto estímulo para mostrar los departamentos. Y cuando finalmente acceden a hacerlo lo hacen como si de un trámite se tratara. Bueno, listo, ya lo viste. ¿Qué te parece? ¿lo querés sí o no?. Y no pidas ver de nuevo una habitación en la que ya estuviste porque no te van a poner buena cara. Bueno, quizás nuestra experiencia con inmobiliarias germanas no sea excelente pero hasta ahora me animaría a decir que no conozco a nadie que haya tenido una relación esencialmente diferente.

Tic, tac, tic, tac. Mientras las visitas a otros lugares se demoraban indefinidamente y el fin de nuestro segundo mes se acercaba decidimos expresar nuestro firme deseo de alquilar uno de los primeros lugares que habíamos visto. Bien, nos dijeron de la inmobiliaria. En dos días estarán el contrato y los papeles pero antes tenemos unos formularios para ustedes.


En los formularios en cuestión te preguntan de todo. Si tenés mascotas, si tocás instrumentos, si tenés instrumentos, a qué hora los tocas, a qué hora escuchás música, si tenés seguro de accidentes, si esto o aquello. También tenés que contestar si los autorizás a buscarte en una suerte de veráz que existe acá. Siempre podés decir que no, alegar que es una violación a tu privacidad o a lo que fuere. Y la inmobiliaria también puede decirte que, en ese caso, prefiere no tenerte de inquilino. En fin…

jueves, 7 de abril de 2016

Nuestro departamento en Casa Chaucha

Hoy me desperté temprano. No hice ruido ni nada. Me quedé mirando el techo, calladito y en silencio. Cuando el despertador sonara ya habría tiempo para moverse y cansarse. Moverse, cansarse y terminar de preparar nuestro hogar para la gran visita del día: María de Casa Chaucha (Si Casa Chaucha te suena tanto como el nombre del intendente de la ciudad de Bautzen, entonces hacé click aquí. Mi sugerencia es que vayas a la sección de Interiores).

En cuanto sonara el despertador habría que saltar de la cama, pegarle una barridita a todo (de noche la pelusa se reproduce), poner algo rico en el horno (para comer luego y, de paso, perfumar la casa) y terminar de ultimar detalles. Se supone que las fotos no se producen, así que -por las dudas- todo tiene que estar perfectísimo.

Ya me lo puedo imaginar. Hola. Hola. Adelante. Gracias... qué luminoso. Sí, por suerte sí. Y que grande el hall. Sí, es que los alemanes sienten fascinación por estos pasillos inmensos. Me encanta la vista. No nos podemos quejar, la verdad es que sin ser increíble es muy linda. Qué suerte tener en frente el parque de la iglesia.  Sí, a pesar de lo que costó hacerse con la llave, estamos super contentos con el departamento. Después las fotos... y la publicación.

Interiores

Interiores # 172: Blanco, un poco de color y más blanco
Quiénes
Diego (31) y Nico (35). Diego es un futuro Premio Nobel en Química. Nicolás es docente y politólogo (nadie sabe qué significa eso pero queda bien)
Dónde
Plauen, Dresden, Sajonia.
Qué
Departamento viejo aggiornado en un primer piso.
Cuánto
Hace tres meses.
EL DEPARTAMENTO
Historia

Lo alquilaron blanco y vacío. Ni mesada había. La meta era amueblarlo con poco dinero y tener lo básico en el menor tiempo posible.
Éxito
Minimalismo cocolichero. Hacer lo que se puede con pocos muebles sabiendo que luego habrá que deshacerse de ellos.
El trabajo decorativo fue mínimo. Sólo para armonizar un poco los ambientes usaron folletos, publicidades y cosas gratis de Internet.
Objetivos
Ponerle un “poco de onda” a cada ambiente y relacionar cada habitación con las demás.
Crear (y respetar) las paletas de colores para cada espacio.
La idea es que sean los mismos que en la casa en la que viven en Bariloche (paleta de colores a cargo de Nico, Diego obedece)
No funcionó del todo
Aún no dan con algo para lograr que la cama que está en el living pueda transformarse en un sofá.
LA VIDA AHÍ
Mejor tarea
D: Ordenar. Sacarle bolitas al acolchado.
N: Cocinar. Esconder la ropa sin doblarla en el placard semivacío.
Peor tarea
D y N: Lidiar con la pelusa y el polvo. Nadie sabe de dónde salen pero pese a barrer (casi) a diario, se multiplican a un ritmo escalofriante.
N: Guardar la ropa después de usarla.
Sonido actual
Tribalistas / “Cuadros de una exposición” (Mussogorsky)
Aroma
Budín de zanahoria, naranja y canela
Hits culinarios
Pastel de papa con masa casera / Lemon Pie / Ensalada de rúcula, roquefort y pera / cualquier cosa con Zaziki  .
RELACIONES
Animales
Un ratoncito de peluche, regalo de André (entre otras miles de cosas). Aún no terminan de decidir si se llama Splinter o Ratatouile.
Plantas
Dos, una orquídea que tienen en comodato y un potus que les regalaron. Nicolás tiende a sobreregarlas pero ellas resisten.
Vecinos
¿Existen? Casi ni los ven. En general la convivencia es buena salvo con los/as que cierran la puerta de calle pegando portazos.
DE repente escucho el despertador y me despierto. ¿Me despierto? Un momento. ¿No estaba ya despierto esperando a que sonara el despertador? Mmmmm...  Sacudo la cabeza y tardo un rato en entender. Finalmente me doy cuenta de que María de Casa Chaucha no va a venir hoy. Más aún, lo más probable es que no venga nunca. Y nuestro departamento jamás saldrá publicado. No, al menos, por ahora. Menos mal. En el fondo, estoy aliviado... el “sofá” del living aún deja mucho que desear.

lunes, 7 de marzo de 2016

Como en el camping ... pero en casa (Episodio II)

Al momento de la mudanza nuestro mobiliario se reducía a tres colchones, tres sillas, dos lámparas para techo, una para leer y unos pocos utensilios de cocina. Ah, también acarreábamos cuatro chopps, tres tazas, una serie de platos de distintos juegos y catorce vasos. Casi todas estas cosas las habíamos conseguido gratis vía e-bay kleineanzeige*. (Nota al pie, E-bay pequeños anuncios. Allí la gente vende, cambia o regala vasos, tazas, platos, muebles de todo tipo ¡y hasta heladeras y lavarropas! Todo con tal de deshacerse de ellos. Si no se tienen pretensiones es posible hacerse de buena parte de los muebles y la vajilla recolectando cosas gratis).

No teníamos mucho pero lo básico estaba. Claro que había algunos problemas. No sólo las cocinas están vacías cuando se alquila una casa. También todas las habitaciones, excepto el baño. Por vacía me refiero a que no hay nada. N-A-D-A. Ni lamparitas ni un mísero portalámparas. Nada. Como la Nada de la Historia sin fin, pero pintada de blanco. En el caso del baño ni siquiera un portarrollos de papel higiénico.
¿Ya dije que se trata de un edificio antiguo? Muy lindo. Con techo altos. Super altos. Tan altos que Diego subido a una silla no podía llegar al techo, así que no pudimos conectar las lámparas hasta que compramos una mesa. Si a la mesa subíamos una silla y yo me subía a la silla, entonces dábamos con la altura correcta para conectar los portalámparas. Pero hasta no tener la mesa (que trajimos caminando dos kilómetros) no tuvimos más luz que la de una lámpara para leer que llevábamos con nosotros de habitación en habitación.
 
Tampoco tuvimos en dónde cocinar hasta que pudimos instalar la cocina y la mesada, y eso no pasó hasta después de año nuevo. Recién hacia el 20 de diciembre pudimos comprar la mesada, la cocina y la heladera. Eso sí, como todo es Ikea, tuvimos que armarlo acá en casa. Las cosas Ikea en general son fáciles de armar. No tienen mayores misterios. Suelen ser de líneas simples y básicas. Y vienen con instrucciones que normalmente son ultra detalladas, así que más que un desafío intelectual hubo que destinar tiempo de armado.

Sin embargo, antes de conectar cualquier cosa había algo que decidir. Nuestro dilema mayor era dónde iba la bacha. Obviamente no es un tema de agenda. Pero si fue para nosotros el tema. De ese detallecito, aunque pareciera irrelevante, iban a depender numerosas cuestiones. Parece un dilema bastante menor. Y lo es. Pero nunca hay que subestimar a los problemas menores.

Nuestro primer electrodoméstico grande fue un lavarropas. Estaba en la calle. Tenía un cartel que decía “Para llevar. Gratis. Funciona”. Por suerte estaba en la puerta de la peluquería que está acá a dos cuadras. Digo por suerte porque en la vida jamás habíamos cargado un lavarropas tan pesado. Es un misterio qué tiene adentro, pero sabemos que pesa. Debemos haber tardado 40 minutos para hacer las dos cuadras que nos separaban del departamento. Por las dudas, apenas llegamos lo probamos, aunque en ese momento no estábamos del todo seguros de qué haríamos si llegase a estar Kaputt.

En Alemania los lavarropas van o al cuarto de lavado del subsuelo o, en su defecto, al baño. Nuestro edificio no tiene tal cuarto así que debía ir al baño. Sin embargo, no entraba. El lavarropas es grande y el espacio es pequeño. Pero era gratis. ¡Y funcionaba! Así que decidimos llevarlo a la cocina y usar la canilla y desagües destinados al lavavajillas, un electrodoméstico básico para el hogar alemán promedio y sumamente accesorio en nuestra situación.

Con la ubicación del lavarropas se abrió un dilema… qué hacer con los caños del desagüe de la bacha. ¿corríamos la bacha hacia el desagüe? ¿o la poníamos a continuación de lavarropas? Sea como fuere necesitábamos prolongar de algún modo las cañerías, ya sea las del desagüe del lavarropas, ya sea las de la bacha.  
Ese fue el comienzo de una larga serie de idas y vueltas al hipermercado de la construcción que estaba cerca de la escuela donde estudiaba alemán. Compré una manguera, devolví la manguera, compré otra manguera, compré un desagüe plástico, devolví el desagüe. Agregué un dilema. Vimos que, además de la situación con el desagüe, íbamos a necesitar una canilla extra (larga historia). Busqué la canilla en cuestión. No di con la canilla. Tampoco encontré nada que pudiera ayudarnos. En algún momento casi destrozo todo a patadas y martillazos me sentí ligeramente contrariado... y como resultado decidimos dejar el tema mesada  para nuestro regreso.

Para entonces, afortunadamente ya habíamos adquirido el primer electrodoméstico que nos ayudó a hacer la diferencia. Fue la pava eléctrica. Desde que llegó a nuestras vidas pudimos ampliar nuestro menú de sándwich, ensalada y fruta a té, mate, sopa, sándwich, ensalada y fruta. Parece una pavada pero no lo es. Menos en invierno. Menos con temperaturas de bajo cero a diario.

Lo bueno del frío era que tuvimos sistema gratuito de refrigeración para frutas y verduras. Si habremos usado esa tecnología en Bariloche... Se llama dejar las cosas afuera o, en su defecto, entre las dos ventanas. La cocina y el living-comedor no tienen ventanas con doble vidrio. Tienen dos ventanas. Y entre ambas hay una distancia perfecta para conservar yogures, cartones de leche o lo que fuera. Funcionó hasta que llegó la heladera, que fue la única de nuestras adquisiciones del set de cocina de Ikea que pudimos poner en funcionamiento (sin problema) antes de irnos a Suiza.

(También continuará, pero otro día.) 

jueves, 3 de marzo de 2016

Como en el camping ... pero en casa (Episodio I)

Internet es un lugar misterioso donde circulan, entre otras tantísimas cosas, información sin sustento alguno, leyendas urbanas y ránkings… las diez ciudades más lindas, los veinte edificios más altos, las diez verduras que te hacen quemar más grasas, las cinco actrices más odiadas. Lo que sea, si se puede rankear, seguro está en Internet. Como, por ejemplo, las diez (o cinco, o quince) situaciones más estresantes. Nadie sabe en qué se basan estas listas ni si tienen algún tipo de sustento pseudocientífico. Simplemente las tomamos y si bien noconfiamos en ellas al 100% tampoco nos disponemos a chequearlas.

En el caso de las cinco (o diez) situaciones más estresantes, hay bastante variedad pero todas las listas parecen incluir la muerte de un ser querido, el divorcio, el casamiento (casi siempre en ese orden), la pérdida del trabajo y las mudanzas.

No sé si las mudanzas están entre los cinco eventos más estresantes pero ciertamente, estresan... Afortunadamente la nuestra aquí en Alemania no fue especialmente compleja. No al menos desde lo físico. Sí hicimos cuatro o cinco viajes uniendo la casa de huéspedes donde nos encontrábamos con nuestro futuro departamento. También es cierto que coronar la seguidilla de viajes llevando un colchón y un par de sillas nos dejó exhaustos. Pero, en honor a la verdad, también recibimos ayuda motorizada para las cosas más grandes y pesadas.

Creo que para nosotros hubo dos momentos, por así decirlo, intensos. Paradójicamente ninguno fue la mudanza en sí misma. Fueron la previa y el acampe.

La previa incluyó la búsqueda del lugar. Gracias a Lara que me pasó el link del InmobilienScout (un gran buscador que incluye las propiedades de si no todas al menos muchísimas inmobiliarias -y privados- de toda Alemania discriminadas por ciudad, superficie, costo del alquiler, barrio, etcétera) la búsqueda se hizo más fácil. Gracias a Nubia que nos ayudó a concertar entrevistas y hablar con la gente, el proceso se simplificó aún más. Gracias a que el instituto de Diego dispuso que alguien nos ayudara, pudimos generar un sistema  que parecía bastante ágil. Yo buscaba las cosas que parecían potables, Diego se las pasaba a esta persona del Instituto y ella nos concertaba las entrevistas. Nosotros íbamos, mirábamos y listo. Pareciera que el sistema estaba aceitadísimo y que su funcionamiento era idílico. Nunca más cierto que las apariencias engañan.

Lograr que nos contestara una inmobiliaria ameritaba una canonización. Lograr que nos contestaran y que no nos dijeran que la propiedad ya se hallaba alquilada era casi un milagro. Lograr que decidieran mostrarnos el lugar sin tener que esperar una semana a la “cita”, bueno, ya no hay más categorías…

De todos modo, y avanzando siempre al ritmo de la previsibilidad alemana que exige citas con una o dos semanas de anticipación, dimos con un lugar. Un lugar que nos encantó. Sobra decir que es donde vivimos ahora. 
Un edificio viejo de cuatro pisos, con techos altos, luminoso, ventilado, con una vista que sin ser espectacular es muy linda, en un primer piso, cerca del trabajo de Diego, cerca de tren, tranvía y bondi.
En frente está la iglesia de Plauen. Afortunadamente cuenta con un jardín y bastante arboleda. Y si bien tiene un campanario que funciona a diario en horarios desopilantes (como las 9.30 del domingo), en ese momento no lo sabíamos.
Cuando entramos al edificio pensamos que, definitivamente, era el lugar en el que queríamos vivir.
Cuando vimos la vista del living estuvimos a punto de firmar lo que fuera con tal de quedarnos.
El patio interno al que da el dormitorio tampoco estaba tan mal (con las hojas de los árboles amarillas da menos imagen de bosque embrujado).

El problema era la mesada. Mejor dicho, más que la mesada, su inexistencia. Tampoco tenía cocina (cocina de cocinar). Menos que menos bacha. Así es como se alquilan los departamentos y casas en Alemania. Con la cocina pelada. Cada quien después se la manda a hacer como quiere y ya. Obviamente para nosotros no sólo la apariencia de los muebles de la cocina era totalmente irrelevante. También era un incordio tratar de procurárnoslos. Tener que embarcarnos en semejante movida nos generaba cierto rechazo. Pero a medida que el tic-tac del fin de nuestra estadía en la casa de huéspedes se escuchaba cada vez más fuerte y que la dificultad de dar con un lugar que incluyera -al menos- mesada y bacha no diera tregua, decidimos entrar en el baile.

Normalmente, entre que uno firma un contrato de alquiler (si es que tal evento ocurre cerca del comienzo del contrato) y se accede al bien locado suele mediar un período que oscila entre 15 minutos y un día. O dos. O tres, pero no mucho más que eso. Bueno, ciertamente en Alemania, o al menos en Sajonia, las cosas no siempre marchan tan velozmente. Aunque pueda parecer mentira, hacernos con las llaves de la casa resultó una tarea más que compleja. Deberíamos haberlo previsto. Si inclusive firmar el contrato nos costó dos semanas de idas, vueltas, mails y cartas… las llaves tampoco iban a ser fáciles de obtener. De hecho, esta tarea que parecía ser en principio simple y más bien trivial requirió al menos cuatro o cinco llamados telefónicos (menos mal que estaba Nubia), una ida a la inmobiliaria y dos citas, una de las cuales no produjo resultado alguno ya que la gente de la inmobiliaria “se confundió de llave” y ese día “ya tenían agendadas otras citas” así que no podían ir a buscarlas y regresar. Por supuesto, para el día siguiente ya no tenían citas disponibles, así que recién dos días después pudimos hacernos con las llaves. ¿Cómo una agencia dedicada a alquilar departamentos puede confundirse de llave y decirte "Oh, perdón, me confundí, agarré la llave incorrecta, pero bueno, hoy tengo otras cosas que hacer así que no puedo ir a buscar la llave y volver. Y mañana tampoco porque tengo todo el día ocupado"? No sé pero pasó. Nos pasó.

Así que dos días después logramos hacernos con las llaves. Llaves que después nos tuvieron que cambiar porque no funcionaban del todo bien. Pero eso ya es parte de otra historia. Para nosotros el acampe recién estaba por empezar…