Gante, Bélgica. Te invito un cafecito... en la iglesia. Uno de los tantos templos católicos que tuvo que ser, a falta de fieles, reconvertido. Son cerca de siete iglesias que corrieron este destino. Una es una cervecería, otra es un boliche y hasta hay una convertida gimnasio.
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miércoles, 22 de marzo de 2017
miércoles, 5 de octubre de 2016
Foto de miércoles
Detalle de nuestro hostel, en Gante. A pesar de que parece un cine art decó, el edificio perteneció a la redacción de un periódico socialista, el Voorhuis. Siguiendo la tradición del siglo XIX, el nombre del diario significa "adelante" en flamenco.
jueves, 29 de septiembre de 2016
Gante. Segunda Parte
Por cuestiones de uniones matrimoniales, guerras y herencia dinástica, el condado de Flandes -donde se encuentra no sólo Gante sino también Brujas- cayó en manos de los duques de Borgoña. Desde el siglo XIV los duques estaban en guerra contra los reyes de Francia y, para variar, necesitaban alguna fuente de financiamiento para sus aventuras militares. Como buenos nobles hicieron lo que cualquier gobernante sin imaginación hace en estos casos, aumentar los impuestos. Gante se rebeló. Y, por desgracia, la revuelta fracasó cuando las tropas de la ciudad fueron derrotadas por el duque Felipe el bueno, que por lo visto, de bueno sólo tenía el apodo.
Más tarde, cuando María de Borgoña, última duquesa de Borgoña se caso con Maximiliano de Habsburgo, bueno, ya imaginarán. El desembarco en los Habsburgo en la región no fue del todo apreciado en Flandes que, con Gante y Brujas a la cabeza, volvieron a rebelarse. Para variar, con la misma falta de éxito que en su intento anterior.
Otra que hizo su desembarco en la región fue Juana de Castilla, que llegó para casarse con Felipe el hermoso, hijo de Maximiliano de Habsburgo y María de Borgoña y, por tanto, Duque heredero de Borgoña y amo y señor de los Países Bajos. Juana, quien pasaría a la historia como la loca producto de los celos que le generaban las infidelidades de su marido, antes de eso dio a luz a su primer hijo en Gante, Carlos. Perdón, en esta entrada parece que voy a estar más maestro ciruela que nunca… Carlos luego sería Carlos I de España y Carlos V, emperador del Saco Imperio. El primer monarca europeo que dijo –no sin razón- que en sus dominios jamás se ponía el sol.
Que el emperador hubiera nacido en Gante no le reportó mayor ventaja a la ciudad. Es cierto que muchos de los consejeros de Carlos habían nacido aquí. Pero más allá del enriquecimiento personal de sus allegados en España o Austria, nada positivo ocurrió para la ciudad.
Por el contrario, Gante se vio involucrada en nuevas revueltas y a lo largo de la guerra de sucesión austríaca fue pasando de mano en mano, de España a Austria, de Austria a Francia y vuelta a los Habsburgo.
Como en tantos otros lugares que hemos visitado las cosas cambiaron con irrupción de la revolución francesa y, fundamentalmente, la llegada de Napoleón. Flandes y Brabante pasaron a formar parte del Imperio francés, Gante, Brujas y Bruselas incluidas. Ya parece un calco de otras situaciones. Llegan los Habsburgo, cuando aparece en escena Napoleón las cosas cambian de dueño, con la derrota de Napoleón pasan a manos de los Habsburgo o de algún invento ad hoc del Congreso de Viena. Efectivamente esta no es la excepción. En el congreso de Viena, sin ningún representante de Flandes presente, se decide que los condados de Flandes, Walonia y Brabante pasen a engrosar las posesiones del recién creado Reino de los Países Bajos. Y así fue que lo que ahora es Bélgica terminó en Holanda.
No por mucho, porque en 1830, en plena oleada de revoluciones liberales en Europa, Flandes, Walonia y Brabante se rebelaron. Francia intervino apoyándolos y antes de que alguien pudiera decir esta ciudad es mía, Inglaterra decidió intervenir y crear Bélgica. Como corresponde a la diplomacia británica, cuando no está claro de quien es algo, mejor inventar un estado y listo. Al menos así los condados rebeldes no irían a parar a Francia.
Para entonces Gante estaba sacudiéndose la modorra y experimentando desde comienzos del siglo XIX una nueva fase de industrialización. Fábricas, puentes, canales y vías de ferrocarril. Y hasta la creación del primer sindicato belga.
miércoles, 28 de septiembre de 2016
lunes, 26 de septiembre de 2016
Gante. Primera Parte
Cuando sacamos los pasajes nos pareció que una semana en Bélgica y Holanda era una buena cantidad de tiempo. Al menos a mí me pareció que si bien hubiese sido lindo tener unos días más, con una mano en el corazón, tampoco estaba estaba mal. Ámsterdam y Brujas eran las visitas obligadas, Bruselas opcional y el resto habría que verlo. A los tres veinte minutos de haber empezado a ver qué íbamos a hacer por allí, nuestra semanita empezó a parecer un tiempo bastante miserable amarrete y luego de un día ya había que empezar a deshacerse de destinos y posibilidades. Claro que no siempre es fácil. ¿De qué nos deshacemos? ¿De Amberes? ¿de Gante? ¿Gouda?
Luego de mucho googlear, mirar, revisar, recalcular (y unos cuántos verbos más) quedó claro que Gante (o Ghent, para los locales) se quedaba en la lista. Y menos mal. Sólo hubo un detalle del que nos enteramos cuando llegamos a nuestro hostel. ¿Vienen por el festival? ¿Mmmm? El festival que tiene lugar esta semana. Ehhhh, no... Bueno, no se lo pueden perder. Hay bandas, desfile, música, puestos de comida, de todo. Digamos que puede pasar y que ya sabíamos que algún evento iba a haber pero no nos imaginamos la magnitud. Por suerte, nos las arreglamos para que buena parte de las fotos esquivaran las masas de belgas -y afines- que le daban sin descanso a la cerveza, el waffle y la papa frita.
Pero bueno, basta ya de preámbulo y arranquemos con Gante, que para eso está esta entrada... Allá
lejos y hace tiempo en el año 650, San Amando de Maastricht (¿alguien lo conoce
de algún lado?), fundó dos abadías en una aldea perdida en Flandes, las abadías
de San Pedro y de San Bavón. En los alrededores de las abadías pronto empezaron
a establecerse casas y comercios y el
pueblo empezó a tomar forma.
En
los años 851 y 879 la ciudad fue atacada por vikingos, ¡sí, vikingos! y más
tarde cayó en la órbita de los Condes de Flandes. ¿De dónde? De Flandes, la región belga de habla flamenca. Los condes hicieron lo suyo, empezando por lo que más gusta a los nobles, construir un castillo. Afortunadamente para Gante (y nosotros) se trata de uno de los castillos medievales ubicados en el centro de una ciudad mejor conservados.
Sin embargo a partir del
siglo XI la cosa se puso más interesante. Gante se convirtió en una especie de
ciudad-estado y para el siglo XIII era la segundad ciudad más grande al norte de los Alpes, después de París.
No sé que tienen los europeos con esto de “al norte” o “al sur “de los Alpes
pero es una referencia que aparece una y otra vez.
Por
sorprendente que sea, Gante era más grande que Londres, Moscú, Colonia o
cualquiera de las ciudades alemanas de la época. De esta época datan la torre
del campanario, la catedral de San Bavón y la iglesia de San Nicolás. Hoy sus
torres todavía forman el paisaje característico de la parte de la ciudad.
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| La catedral de Gante. El árbol esconde los andamios que cubrían la mitad de la torre. |
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| La iglesia de San Matías |
Los
alrededores pantanosos de la ciudad pronto se poblaron de ovejas y los
habitantes de Gante se dedicaron a la producción de lana al punto de que sus
tejidos ganaron renombre en Flandes y toda Europa.
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Pronto
la lana producida en la región dejó de ser suficiente para la demanda de los
hilanderos y tejedores (¡y tejedoras!) del lugar. El comercio se intensificó y
comenzó a llegar materia prima desde Inglaterra y Escocia. Me siento como si
estuviera, una vez más, en la cátedra de Historia Contemporánea de la facultad.
(¿Pero dónde está Dolores?) Volviendo al tema, por esa época, en Inglaterra
tenía lugar el proceso de cercamientos,
a través del cual los nobles se iban apropiando de las tierras comunales,
aquellas en la que Robin Hood se había escondido, para enriquecerse vendiendo
lana. La ganadería de exportación reemplazaba a la agricultura de subsistencia
y se comenzaban a amasar las primeras fortunas producto de exportarle lana a
Flandes.
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| Los canales, una parte importante del comercio en la ciudad. Abundan aunque no tanto como las bicicletas |
Dejando
la clase de historia inglesa un poco de lado, en Gante esto impulsó un temprano
y reducido proceso de industrialización que, por lo acotado que fue no llegó a
tener la influencia que más tarde tendría en Inglaterra.
sábado, 24 de septiembre de 2016
Países Bajos, allá vamos
Vuelo
sin escalas. Dresden – Amsterdam. Al fin… un destino al que podemos llegar en
avión, barato, fácil, rápido y cómodo. Una hora cuarenta y cinco de vuelo y ya,
nos encontraremos de buenas a primeras en la tierra de las bicicletas, los
canales, los molinos y los tulipanes. Claro que ninguna de estas cosas las
inventaron aquí, pero bueno, esa es otra historia.
Además
de Amsterdam, nuestra hoja de ruta nos lleva a Gante, Brujas y Bruselas, al
otro lado de la frontera pero muy cerquita de la Venecia del Norte, como se
conoce –entre otros apelativos- a la capital holandesa. Claro que si de Venecias se trata, en el norte Amsterdam no es la única. Por lo
menos hay otras tres ciudades que reciben el mismo apelativo. Hamburgo en
Alemania, Estocolmo en Suecia y Brujas en Bélgica. Y hasta San Petersburgo y
Copehague también han sido así llamadas alguna vez. Muchachos (y muchachas) ya
es hora de buscar otra referencia, porque esta resulta un poco quemada.
Como
nota al pie, Ámsterdam tiene más canales y puentes que Venecia. Pero Venecia es
Venecia y no creo que jamás llegue a ser la Amsterdam del Mediterráneo.
Si
los molinos de viento, los zuecos, los tulipanes, las bicicletas y los
edificios de ladrillo rojo son uno de los principales sellos de Holanda, el
país vecino no se queda atrás. Ambos países están unidos cultural y
lingüísticamente por siglos de tradiciones y unas gárgaras que hasta a los
almanes les resultan en exceso guturales. ¿De qué hablo? ¿En Bélgica no se
habla francés? Sí, se habla francés. Pero sólo en el sudoeste y en Bruselas. En
Flandes, la parte noreste del país se habla flamenco. A no confundirse con los
pajarracos rosados ni con el baile del sur de España. El flamenco es un idioma
germanoide muy vinculado al neerlandés (el nombre oficial de lo que nosotros
llamaríamos holandés) al punto que los hablantes de uno y tro idioma pueden
comprenderse sin problema.
Gante,
Brujas, Amberes y las grandes ciudades de Bélgica se encuentran en esta región.
Bruselas también, pero tiene un estatus bilingüe producto de ser la capital y
de que, por siglos, el francés fue considerado como la lengua culta e idioma administrativo, relegando al gutural
flamenco a un segundo plano.
Pero
Bélgica no es sólo una tierra de gárgaras. No, no. También es el país de la
papa frita (al menos eso es lo que dicen ellos), los waffles y una larga
tradición chocolatera, cervecera y de cómics. Al menos los de otras épocas.
Entre las glorias del cómic belga se encuentra Tintín, Lucky Luke y los
Pitufos. Por esta razón Bruselas alberga el Museo del Cómic y posee una ruta de
murales que le recuerdan a locales y turistas que aquí se toma en serio a los dibujitos.
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