Mostrando entradas con la etiqueta Austria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Austria. Mostrar todas las entradas

miércoles, 20 de junio de 2018

Fotos de miércoles

Viena. No contentos con limitar el campo visual de los caballos, los cocheros vienenes también se dedican al tuning hípico.  

sábado, 10 de septiembre de 2016

La fortaleza de Salzburgo

Si le hacemos caso a la página de la ciudad de Salzburgo, entonces la fortaleza de HohenSalzburg -léase, el castillo que corona la colina a cuyos pies se encuentra el centro histórico de la ciudad- es una de las mayores fortalezas europeas preservada en su totalidad.
La primera capa de esta cebolla defensiva data del año 1077. Por entonces el arzobispo de turno decidió que no le vendría mal tener un lugar donde guarecerse en caso de que las cosas se pusieran feas. Y su olfato no fallaba. Por la época se disputaba lo que se llamó la querella de las investiduras. ¿Qué lo qué? Básicamente el Emperador Romano Germánico y el Papa peleaban para ver quién nombraba a los obispos que ejercían funciones feudales. Obviamente, cada uno de ellos quería quedarse con este poder y el cargo de arzobispo de Salzburgo era un buen ejemplo de este conflicto. Debía responder al Papa en tanto Obispo pero al Emperador en tanto señor feudal...
De allí en más y comienzos del siglo XVI cada arzobispo (y posteriormente, cada príncipe- obispo) decidió asegurarse el buen sueño agregando muros, torres, armerías y atalayas. Y, claro, alguna que otra mazmorra también.
Hay que reconocer que la previsión no les falló. Hasta las guerras napoleónicas la fortaleza fue considerada inexpugnable y resistió exitosamente, todos lo intentos habidos y por haber de tomarla por la fuerza. 

jueves, 8 de septiembre de 2016

The Hills are alive (with the sound of music)

Siento que desde que fuimos a Viena, la historia de muchas ciudades y regiones se parece. A veces, demasiado. Estaban los celtas, más tarde los conquistan los romanos. Fundan ciudades que crecen y que luego -invasiones bárbaras mediante- ven reducirse hasta ser prácticamente ruinas. Aparecen los germanos y, según el caso, algún otro pueblo que los corre o no. 

Lo mismo aplica a Salzburgo. Celtas, romanos, ciudad que se llama Juvuvavum, germanos y en el siglo VIII llegan San Ruperto dispuesto a cumplir las órdenes del duque de Baviera Teodo que lo manda a fundar un obispado en la región para asegurarse que los -otrora invasores y ahora- locales fuesen convertidos al cristianismo. Parece que San Ruperto pone manos a la obra y decide en Juvuvavum fundar su obispado. Pero el nombre del pueblo le pareció medio aburrido o algo difícil para los germanoparlantes y decidió renombrar la ciudad: Salis Burgium, el castillo de sal. No, no es que estuviera hecho de sal. Es sólo que el río sobre el que se encuentra, el Salzach, se usaba en la época para el comercio de sal, que era llevada en barcas a los largo de su curso. De Salis Burgium a Salzburgo no hay mucho que explicar…
La fortaleza y la ciudad, vistas desde los jardines del Palacio Mirabell
Así las cosas en el año 1077 el arzobispo Gerhard decide que el pueblo –que ya era sede de un arzobispo- se merecía una fortaleza que sirviera para su defensa y que -adicionalmente- le hiciera las veces de residencia. Ese fue el origen de la fortaleza de Hohnsalzburg.
Con el tiempo la fortaleza se fue ampliando. Los Obispos la usaban como residencia, como depósito para almacenar la sal que exportaban –que era el origen de su riqueza- como símbolo de su poder y, claro esta, como madriguera en la que refugiarse cuando las papas quemaban.
Cada ampliación supuso nuevas torres y murallas que fueron a reforzar la capacidad defensiva de la fortaleza como así también su fama, ya que por cientos años se la consideró inexpugnable. Y los asedios que resistió dan cuenta de ello. 

Al igual que en Bamberg, los obispos –y luego arzobispos- de la ciudad se volvieron lo suficientemente poderosos como para transformarse en señores feudales. Así que desde el siglo XIV Salzburgo se volvió independiente de Baviera. Y su obispo, un Príncipe-arzobispo.
En los siglos XVI, XVII y XVIII el comerció de sal marchó viento en popa, por lo que la ciudad prosperó y floreció. De esa época datan buena parte de los edificios barrocos que son hoy uno de sus sellos característicos.
Posiblemente la ciudad esté en el imaginario colectivo de diversas generaciones por diversos motivos. Primero, por ser la ciudad natal de Mozart. Pero también por haber servido de escenario para Sound of Music. ¿No te suena? Entonces quizás si te suene en español. La Novicia Rebelde. Ya sé que existen pero, dentro de ciertos márgenes generacionales amplios, son más bien pocos quienes no la han visto. Si no conociera bien a una de esas rara avis que jamás la vio diría que sólo un extraterrestre podría no haberla visto luego de haber crecido en los ochenta y los noventa.
La casa natal de Mozart
Al igual que en la película, la historia de Salzburgo cuenta con una serie de migraciones forzosas, expulsiones y escapes. Entre ellas se cuenta la de más de veinte mil protestantes expulsados en 1731 por el Príncipe-Arzobispo.
Más tarde entró en acción otro viejo conocido nuestro. Napoleón. Cuando las tropas de Bonaparte se hicieron con Salzburgo el gobierno de la ciudad y la región se secularizó. Es decir, dejó de corresponder al Príncipe-Arzbispo y se traspasó a autoridades civiles. En este caso primero a Austria, que lo perdió nuevamente a manos de los franceses. Así las cosas Napoleón se lo otorgó a su aliado más cercano, el rey de Baviera, que no tuvo problema en conservarlo hasta que, Waterloo y Congreso de Viena mediante, tuvo que repartírselo con Austria. Una parte para mí, otra para vos y Salzburgo quedó del lado austríaco, donde pasó a engrosar la lista de posesiones de los Habsburgo. Para variar.
Volviendo a La Novicia Rebelde, muchos austríacos ignoran completamente la existencia de tal cosa. Al parecer fue un éxito en el mundo angloparlante y en buena parte de latinoamérica, pero en la Europa germanófona la película es prácticamente desconocida. Sin embargo, en el turismo los negocios son los negocios. Y si Sound of Music es lo que quieren los turistas, pues eso es lo que obtienen. Existen toures y visitas en todas sus variantes –en colectivo, en bicicleta, a pie- que recorren los más variados escenarios de la filmación. 

lunes, 15 de agosto de 2016

Yapa vienesa: el sezessionstil

A cada época su arte, a cada arte su libertad. Eso es lo que se lee en letras doradas en el edificio de la Sezession de Viena. ¿De qué época, de qué arte y de qué libertad se supone que hablaban? ¿por qué alguien haría un edificio llamado Sezession? Paciencia.

 

En 1897 ocurrió en Viena un evento que si bien debe haber pasado inadvertido a buena parte de la sociedad local, ha dejado su huella en las calles y el patrimonio artístico de la ciudad. Un grupo de artistas y arquitectos entre los que se contaban Gustav Klimt, Egon Schiele, Oskar Kokoschka y Otto Wagner decidió romper con el arte tradicional establecido y, de paso, con la Asociación de Artistas de Austria. De ahí el nombre del movimiento, Sezessionstil (estilo de la secesión) y del edificio destinado a difundirlo, la Sezession.


Ciertamente Viena no fue la única ciudad en la que ocurrió un evento de estas características. Lo mismo pasó en París, en Múnich, en Berlín y en tantísimas otras ciudades. En cada país o región el proceso tuvo sus propias características pero podría decirse –con buena voluntad- que son manifestaciones de un espíritu de época similar. El Art Nouveau, el Modernismo, el Jugenstil y el Sezessionstil, todos se encuentra más o menos vinculados entre sí.

Inaugurado en 1897, el edificio de la Sezession tenía como objetivo dar a conocer las obras de los miembros del movimiento y, sin quererlo, fijar el canon del modernismo vienés. El edificio diseñado por Joseph María Olbrich -siguiendo las sugerencias de Gustav Klimt- contiene varios de los elementos que habrían de retomarse una y otra vez en el estilo. Hojas, flores, formas curvas de las naturaleza, ornamentos dorados y el uso de figuras femeninas -escandalosamente sensuales para le época- forman el abc del sezessionstil. Y (casi) todos ya están aquí presentes.

Pero Olbrich no fue el único arquitecto que se embarcarcó en el movimiento. De hecho, a pesar de haber diseñado el edificio destinado a difundir las obras de otros miembros del grupo, no fue su representante más famoso. El lugar le corresponde a Otto Wagner, que diseñó una serie de estaciones de subte y numerosos edificios en la ciudad.

Entre las obras de Wagner se destacan dos edificios, uno al lado del otro. Particularmente el segundo, conocido como la casa de las mayólicas, en su época fue considerado escandalosamente simple.

 Ya a caballo entre el sezessionstil y el art decó se se encuentra el edificio de la cámara de comercio, un poco menos divertido –al menos para mí- y un poco más digno de las Batman de Tim Burton.

lunes, 1 de agosto de 2016

Yapa vienesa: la biblioteca imperial

Hoy en día ya no se llama así. Es la biblioteca nacional austriaca y la gran mayoría de sus libros están en otros edificios.

Sin embargo, en 1722, cuando fue inaugurada, era la Biblioteca Imperial y funcionaba en el mismísimo palacio imperial. Mejor dicho, en una de sus tantísimas ampliaciones.

Teóricamente la construcción se encuentra dividida en dos grandes áreas; la pared de la guerra y la pared de la paz, ambas -como corresponde- enfrentadas.

Además, siguiendo el esquema clásico de la megalomanía de reyes y emperadores, en toda la sala es posible encontrar esculturas de representantes (masculinos) de la dinastía vestidos como emperadores romanos y delirios afines.

¿A qué no saben de quién había una muestra especial durante nuestra visita?. No, no de Sissi, pero casi en el poste. ¡De Francisco José! ¡el emperador eterno! De hecho, así se llamaba la muestra en la que se exponían, con motivo de cumplirse los cien años de su muerte, pinturas, acuarelas, daguerrotipos y fotos. Y sí, si con todo lo que vivió pude ver el auge y caída de las mil y un inventos. Incluyendo, naturalmente, su propio imperio.

lunes, 25 de julio de 2016

Yapa vienesa: la Palmenhaus

La Palmenhaus del palacio de Schönbrunn (podés leer más acá) -o la casa de las palmeras para los amigos- es, con sus 111 metros de largo, 28 de ancho y 25 de alto, un atractivo en si mismo.

El edificio actual fue inaugurado en 1882 por el sempiterno emperador Francisco José y está compuesto por cerca de 45.000 azulejos de cristal. Y sí, por si no se habían dado cuenta tengo tenemos debilidad un ligero interés por los invernaderos victorianos.

Éste vino a reemplazar a más de diez construcciones diferentes que los emperadores y emperatrices habían ido construyendo a lo largo de los años.

Acá estuvo alguna vez una camelia igualita a la que tenemos acá en Dresden en Pillnitz (Si no tenés ni idea de qué estoy hablando podés leer Pillnitz y la camelia legendaria acá). Parece que una de las estrellas locales es el olivo centenario, un regalo de España que tiene más de trescientos cincuenta años.

Tampoco pueden faltar las orquídeas, un clásico del mundo germanoparlante. Sin embargo, durante nuestra visita, todas las miradas estaban puestas en las hortensias, que eran el eje de la exposición del momento. 

Sí, mamá, ya sé. ¿Viste cuántos colores? ¿qué cómo hacen para que florezcan así? No lo sé. Diego dice que las drogan con algo. No, no sabemos con qué. Prometo que si me entero te aviso.