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miércoles, 13 de julio de 2016

Foto de miércoles

Praga. Los carteles callejeros compiten por la atención de peatones y peatonas. No está claro si los deluxe toilets y el de Vino di Vino son los más llamativos. Pero sin duda encabezan la lista de los más ... mmm ... originales.

martes, 12 de julio de 2016

Praga, un poco de historia. Capítulo 3

Con el fin de la primera guerra mundial y el desmembramiento del cocolichero imperio austrohúngaro, Bohemia, Moravia y la Silesia Checa, por un lado, y Eslovaquia, por el otro, formaron Checoslovaquia, siendo Praga elegida capital. Obviamente esto hirió también ciertas susceptibilidades eslovacas, que tendieron a sentirse ligeramente rezagados frente a los checos a la hora de ocupar posiciones -reales o simbólicas- de poder.
Sumando más capas a esta historia de idas, vueltas, empujones e invasiones, entre 1939 y 1945 la ciudad fue ocupada por el ejército alemán. Se suponía que sería la última concesión que Francia e Inglaterra estaban dispuestas a hacerle a Hitler. Obviamente, a los checos no les causó gracia que Italia, Francia, Alemania e Inglaterra decidieran, en una reunión sin representantes checos, que su país pasaría a ser ocupado por los nazis para contentar el apetito de Hitler. Los checos trataron de resistir pero sin ayuda externa ni apoyo de otros países no tardaron en ser ocupados, capital incluida.
Lamentablemente en ese período Praga asistió -como tantas otras ciudades- a la persecución de sus habitantes judíos. También, obviamente, comunistas, socialistas, gitanos, nacionalistas checos, gays y lesbianas y un largo etc.
En 1945 la ciudad fue bombardeada por la fuerza aérea de Estados Unidos que, de acuerdo con una ya larga tradición, la confundió. Al parecer los aviones se desviaron y bombardearon Praga pensando que se trataba de Dresden. Cuando se dieron cuenta del error trataron de subsanarlo bombardeando también aquí.
Por cuestiones de mapa y de reparto de la torta en Europa, Praga y Checoslovaquia quedaron del lado soviético de la cortina de acero. Lamentablemente los eventos llevaron a checos y eslovacos a pensar que podían criticar algo del abc del estalinismo para construir otro modelo de socialismo. Error. Si hay algo por lo que no se conoció particularmente a Stalin ni a sus sucesores fue por su apertura a críticas, sugerencias y modelos alternativos. Llegados a este punto respondieron fieles a su estilo, enviando tanques y tropas a terminar con el experimento de la primavera de Praga. Con ese historial en mente no resulta difícil imaginar por qué en 1989, tras la caída del muro de Berlín, el país abandonó inmediatamente el bloque socialista y, más tarde, el Pacto de Varsovia.
Para 1993 checos y eslovacos decidieron acabar con lo que se daba y firmar el parte de defunción de Checoslovaquia, un invento del Tratado de Versalles de fines de la primera guerra mundial para cuya creación ni unos ni otros habían sido consultados. De la división nacieron la República Checa y Eslovaquia.

domingo, 10 de julio de 2016

Praga, un poco de historia. Capítulo 2

Los Luxemburgo gobernaron desde 1310 hasta 1437, cuando entraron en acción los reyes de Hungría. Bohemia y Hungría se unieron, aunque sólo Bohemia siguió siendo parte del Sacro Imperio y no así Hungría.
En fin… ¿a qué no saben quién fue elegido rey de Hungría y Bohemia en 1526? ¡Sorpresa! Un Habsburgo. Desde entonces –y hasta el fin de la primera guerra mundial- Bohemia y el resto de la actual República Checa formaron parte de Austria, el imperio austríaco o, en su defecto, el austrohúngaro.
Praga quedó limitada a ser la capital provincial en una relación no siempre del todo relajada con Viena. Prueba de eso son las sucesivas  revueltas bohemias que ya sea por cuestiones de religión primero y más nacionalistas después, pusieron en jaque el dominio austríaco en la región. De hecho, la Guerra de los Treinta Años (si a alguien le suena) tuvo su comienzo aquí en Praga. El detonante para tal acontecimiento parece haber sido que un par de enviados austríacos se habrían acercado demasiado a una ventana. Tanto se acercaron que en vista de las malas noticias que trajeron a la ciudad, lamentablemente, cayeron. Como nota al pie, ventana en latín se dice fenestram (en alemán, Fenster). Con este modesto acto no sólo se dio inicio a la guerra de los treinta años sino también a un verbo, defenestrar.
Como la ciudad tiene una larga tradición de accidentes y defenestraciones, en nuestra primera visita hemos decidido mantenernos a cierta distancia de la mayoría de las ventanas, prestando atención a lo peligroso que suele ser en Praga acercarse demasiado a las mismas.
Con su larga tradición de idas y vueltas Praga pronto se transformó en una especie de Babel centroeuropea en donde el checo, el alemán, el yiddisch y hasta el húngaro eran habituales. Buena parte de la población era bilingüe (normalmente checo-alemán) pero ciertamente los había más políglotas también.
Resulta imposible hablar de Praga sin mencionar a uno de sus escritores más famosos. Franz Kafka. Kafka también daba cuenta del carácter cosmopolita de la ciudad. Un escritor de origen judío que escribe en alemán en la capital bohemia de una provincia del imperio austrohúngaro. En general en sus obras suelen repetirse estas situaciones, con personajes que suelen representar a los habitantes checos, alemanes y judíos de Praga. En esta primera ida a Praga no visitamos el museo de Kafka pero seguramente ya tendremos ocasión de regresar a la ciudad y volver a tocar el tema.

viernes, 8 de julio de 2016

Praga, un poco de historia. Capítulo 1

No sé si lo saben pero Praga está muy cerca de Dresden. Nos separan casi doscientos kilómetros y la certeza de que es un destino al que volveremos unas cuantas veces. Esperamos, a la larga, lograr conocer la ciudad más allá del río humano que fluye a lo largo de su circuito turístico. De hecho, esa fue parte de nuestra primera impresión de la capital checa. Una ciudad interesante, con edificios realmente lindos, muchísima historia, demasiados turistas y ni un rinconcito sin explotar. Por eso queremos volver, porque seguramente hay mucho que aún nos queda por ver.
Respecto de la historia de Praga, además de ver, también hay que escoger. Como en Matrix podemos elegir. Nos tomamos la píldora roja y optamos por la visión romántica o tomamos la azul y… bueno… ya veremos que pasa.

Si tomamos la pastillita roja entonces tenemos que imaginarnos a la princesa Libuše en su castillo escuchando una profecía según la cual su esposo y ella habrían de partir con rumbo a un elevado acantilado cerca del Moldava a construir un castillo y fundar una ciudad en cuya gloria se tocarían las estrellas. (Sea lo que sea que tal cosa signifique). En la profecía tal ciudad se llamaba Praga y en un intento de materializarla, habrían fundado la ciudad de la que surgió el reino de Bohemia.

Lamentablemente si tomamos la pastillita azul nos desayunamos con que el nombre de la ciudad no nace de una profecía sino de Prga, que significa “harina tostada”, haciendo alusión a la aridez del suelo en el que se construyó el castillo. Explicación menos romántica, es cierto, pero para el caso, igual de probable.

Dejando de lado las píldoras, al igual que otros lugares de Europa central, la historia de la región es una de tomas, empujones, golpes y robos. Primero estuvieron los celtas. Después vinieron los germanos y empujaron a los celtas. Más tarde aparecieron los eslavos. Se retiraron los germanos. Pero después volvieron. En el medio aparecieron los ávaros (cuidadito dónde ponen el acento), un pueblo de origen más o menos proto-turco (que no existían como tales). Después los ávaros migraron al sur para atacar al imperio bizantino pero cuando fueron derrotados volvieron, pero entonces ya estaban los eslavos y, aquí y allá, asentamientos germanos. En fin, como en todos lados, muchos menos puro de lo que los nacionalistas nos quieren hacer creer y bastante más variado de lo que habría de esperar.

Con el tiempo Praga se convirtió en el lugar donde se asentaron los reyes de Bohemia. Bohemia no es sólo la mayor región de la actual República checa, sino que también fue un reino que formó parte del Sacro Imperio Romano Germánico. Y además de ser famosa con su cristalería, algunos de sus reyes incluso llegaron a ser emperadores romanos germánicos. De hecho la ciudad se encuentra vinculada no sólo al mundo checo sino también al alemán. Pero vamos por orden, porque checo y alemán son conceptos a los que todavía no llegamos…
La ciudad creció en los alrededores del castillo de los reyes de Bohemia. El mismo que obsesionaba a Kafka -y a su alterego- a lo largo de la novela homónima
Castillo que desde hace cientos de año tiene una apariencia bastante distinta a la que debe haber tenido allá lejos y hace tiempo pero que, aún hoy, domina buena parte de la ciudad.
Junto al castillo se encuentran una basílica del período románico, además de la catedral de San Vito, el mayor edificio gótico con el que cuenta la ciudad.
Por varios cientos de años la ciudad se amontonó en esa orilla hasta que en el siglo XIII el rey Otakar II crea el barrio de Malá Strana, del otro lado del Moldova (que, dicho sea de paso, es afluente del Elba). En el siglo XIV ambas ciudades se unieron. 

Para unir la ciudad vieja con la Malá Strana se construyó el Puente de Carlos (Karl para los amigos), que es una especie de postal de la ciudad y se inició una serie de reformas en todo el pueblo.
De Otakar a Karl hay un salto. Y no me refiero a sus alturas… Otakar provenía de la dinastía prĕmyslida, la primera familia real bohemia que –según ellos- se remontaba hasta la princesa Libuše. Karl, por su parte, era de la dinastía siguiente, los Louxembourg, también conocidos como, Luxemburgo. Venían, claro está, del ahora pequeño país que está debajo de Bélgica y Holanda pero en su día fueron una de las principales dinastías germanas. Casándose aquí y allá, heredando esto y lo otro. En aquel momento –y aunque hoy parezca paradójico- el reino de Bohemia fue uno de los principales territorios del Sacro Imperio Romano Germánico. Y en Praga se fundó una de las primeras universidades del sacro imperio.