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jueves, 5 de agosto de 2010

El eterno retorno

No. No tiene nada que ver con la filosofía de Nietzsche. No, tampoco tiene que ver con Splinter, cuya existencia de vez en cuando recordamos. Pero sí tiene que ver con la vuelta de un viejo asunto. Il ritorno della fontana di Trevi.

Ok. Yo entiendo, un invierno tenemos una noche de -22, todo se congela, el caño se revienta, sube la temperatura, sale el agua como si fuera una fuente. Bien. Lo reparo, todo vuelve a la normalidad.

Invierno siguiente, no pasa nada. Al otro invierno vuelve a pasar la misma historia; noche fría, el agua se congela, el hielo ocupa más volumen que el agua, ergo, la masa se expande (güina), la historia se repite. Podría decirse que la historia se repite, la primera como drama (la pérdida de agua ocasionaba una auténtica fuente), la segunda como farsa (sólo sale un pequeño chorro de agua). Bueno, se va la segunda. Reparación momentánea. Funciona. Pasan dos semanas, intenta llegar la primavera, algo pasa, la reparación cede y vuelve a filtrarse el agua. La tercera es la vencida (iluso de mi), saco toda la masilla, vuelvo a reparar todo y, pensando que iba a prevenir futuros problemas, recubro todo el caño con bolsas de supermercado como para hacer una pseudo aislación. Pasó el verano, pasó el otoño. Venía pasando el invierno...

El sábado salgo a tirar la basura orgánica en los canteros, paso junto a la canilla y escucho el ruido del agua que intenta salir por algo que asumí sería una rajadura pero que golpea contra una bolsa de nylon. Me hago el boludo y sigo tirando las cáscaras de banana y papa. Ya llegará la primavera y el día de su reparación.
Fuente. En la casita es una invitada de todos los inviernos.

miércoles, 14 de julio de 2010

Brasiloche

No es difícil reconocerlos/as. A ellas las ubicás por las botas de cuero con infaltables tacos o plataformas. Altos, siempre tacos altos, pienso que incluso para las pantuflas. Con lluvia, con nieve, por Belgrano, por entre los charcos, en el Cerro Otto o donde sea. Siempre con tacos. Tacos y pantalones justos, de jean o de cuero. A veces mini shorts de sarga con medias de lana, pero en general largos. Y gorro de lana o de cuero, y seguramente cartera y guantes al tono, posiblemente algo con algún detalle de piel. Siempre tienen algún detalle en piel. Y maquilladas y con aros. Aros grandes, preferiblemente dorados. Casi siempre maquilladas, con aros y tacos, producidas, muy producidas. Como si necesitaran producirse para salir a pasear por la ciudad más elegante del globo. Como si no se dieran cuenta de que en Bariloche podés ir a trabajar en joggineta y nadie te va a decir nada.
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A veces pienso que lo único que justifica todo este exceso de producción es la brevedad o inexistencia del invierno en Brasil, por lo cual las brasileras de dinero aprovechan su semana en Bariloche para ponerse todo lo que siempre quisieron ponerse, todo aquello que fueron comprando invierno tras invierno y nunca pudieron usar. Como si tuvieran esta única oportunidad para usar todas esas pieles, esos gorros de cuero y piel, esos guantes combinados con las bufandas, todo, todo junto.
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Pero mientras ellas parecen echarse todo el guardarropas encima, ellos están en jean, jogging y remeras o buzos de fútbol. No sé si siempre, pero sí en el 70% de los casos. Y no es que vengan a Bariloche las mujeres con plata por un lado y los fanáticos del fútbol, por el otro. Por el contrario, pareciera que son familia, y no sólo parejas, también hermanos/as, o amigos/as o lo que fuere. Y que invariablemente ellos usan remeras y buzos de equipo de fútbol. Y si no usan equipos de fútbol usan los enteritos para la nieve. No los equipos de pantalón y campera. No. Los enteritos, los de colores flúo, los ochentosos, los que ves por la calle y no entendés como hicieron esas reliquias de los ochenta para sobrevivir todos estos años. Bueno, en Bariloche no son comunes las polillas. Y a veces se nota.

Y finalmente, la combinación, cuando el todo es más que la suma de las partes. La horda, la caja de garotos, los micros de TIP y CVC, los grupos. Cientos, cientos de miles de brasileros/as bajando de los micros, gritándose de esquina a esquina de la Mitre, llegando al cerro, todos/as uniformados/as. Hablando, gritando, bailando, sacándose fotos junto a los más diminutos copos de nieve, saltando sobre un charco de nieve barrosa. Todos/as con el mismo equipete. Todos de azul y un color más (este año ví dos combinaciones, azul y verde y azul y celeste). Todos/as juntos/as de un lado para el otro, llegando al cerro, copando los hoteles, haciendo Brasiloche de Bariloche.
Garotos. Un clásico del invierno barilochense.

miércoles, 1 de julio de 2009

Día de elecciones

A veces me descubro en medio de nuevos hábitos y me asusto. Me asusto al pensar que, aunque no sienta que estoy acá desde hace tanto, ya tuve el tiempo suficiente como para crear nuevos hábitos, producirlos y reproducirlos. Tres años y medio… Siempre pensé que iba a ser un momento clave. Alguna vez leí que a los tres meses se pasa por la primera crisis de adaptación a un lugar. La segunda llega al año, la tercera, a los tres…

De crisis, por ahora ni hablar, pero sigo sin saber si es este el lugar donde quiero pasar el resto de mi vida. Eso sí, aún siento que este es el lugar donde quiero estar ahora. Bueno, no del todo, ahora quiero estar en la playa en una isla en el Egeo, o en Hawai. Calor, en la playa, calor todo el día, entrar en el mar y nadar… Pienso que es lo normal en esta época del año … bermudas y ojotas durante todo el día, sin campera, sin medias térmicas, sin bufanda, sin camiseta, sin guantes; en fin, sin tener más capas que una cebolla que se va pelando para acomodarse a la temperatura del lugar donde se encuentra… Pero, a pesar de eso, este es el lugar donde quiero estar (inmediatamente después de la playa paradisíaca, obvio).

En este caso me encontré a mi mismo en medio de mi nuevo hábito electoral. Antes la costumbre hubiera implicado que debería haberme levantado a las 9.30 o 10 para ir a la radio. Me quedaría en la radio tomando mate con Pedro, Lara, tal vez Chili y es posible que incluso Nati Guarnacci. Luego habría de salir con rumbo a alguna escuela de Bernal o de Don Bosco para hacer un poco de móvil y, alguna que otra vez, un par de encuestas a boca de urna. Con suerte habría de volver a almorzar a casa y salir con mi papá y mi hermano para ir a votar a algún incómodo rincón de Quilmas oeste, por demás a tras mano. De allí a la radio otra vez y desde ahí rápido para llegar antes de las 6 de la tarde a alguna escuela para transmitir el recuento de votos. En general me tocaban las de Ezpeleta o Quilmes oeste, así que hacia allí partía con celular provisto para la ocasión. Miraría por las ventanas de las aulas para obtener algún dato, respondería un par de preguntas de Pedro avisándole que aún no había novedades, hasta que llegaría finalmente el momento en que llamaría desesperado y trataría de pasar la mayor cantidad de mesas posibles, cruzando los dedos para que la batería del teléfono fuera suficiente, respondiendo preguntas de la mesa y contando algún que otro dato anecdótico.

Programa especial, día de elecciones. Clásico de Radio Quilmes para los domingos electorales. Debo reconocer que lo extrañé un poco. Extrañé hacer un móvil, tratar de hacer cuentas, arriesgar resultados, volver a la radio, cenar comiendo pizza para festejar el fin de la transmisión, la presión, las corridas, los llamados, las carcajadas de Pedro al otro lado del teléfono, escuchar el reporte de mis compañeros/as …

Y lo extrañé porque mi nuevo hábito de elecciones es notablemente más aburrido. Salir abrigado de casa, caminar en dirección a la estación de policía, hacer una relativamente rápida cola, presentar mi documento, responder que no voto porque aún no aparezco en el padrón electoral local, firmar la presentación policial y recibir las instrucciones a seguir. Sí, lo sé. No es divertido, no me siento orgulloso de mi nuevo hábito. Mi tarea para el próximo año será, entonces, tratar de modificarlo para la próxima. Después de la próxima elección veremos cómo me fue.

Ah, me olvidaba, en Bariloche ganó el ARI.

viernes, 26 de junio de 2009

Como un nene de 10 años

No sé cuánto pero hace ya bastante que tengo tarjeta electrónica para el colectivo. Por suerte (y claro también, por desgracia) acá sólo hay dos compañías de colectivos. Así que con dos tarjetas ya tenés cubierto el 100% de las líneas de colectivos.

Cuando tenés tarjeta no te dan boleto, así que perdí la oportunidad de seguir acumulando rollitos de boletos en mis bolsillos y mochilas. La verdad es que cuando lo veo de ese modo, pienso que es mejor así. Aunque debo admitir que los boletos tienen su costado romántico. No los boletos de máquina electrónica que salen en papel de fax, blanco y negro, donde ya nadie mira el número que le toca. Me refiero a boletos como corresponde; de colores, verde, azul, amarillo, rosa… y a veces también a rayas diagonales; blanco y azul o blanco y verde.

Cuando había llegado a Bariloche le prestaba bastante atención al tema. Casi, casi que vuelvo a coleccionarlos. Y de hecho creo haber empezado aunque, seguramente, en alguna locura de orden deben haber ido a parar todos a la basura. Me acuerdo que al principio de este furor de (re)encuentro con los boletos miraba siempre, buscando el capicúa. Y siempre estaba ahí… dos números después, cinco números antes, siempre cerca pero nunca capicúa. Claro que en algún momento debe haber terminado la racha, me salió un capicúa, me sentí un nene de diez años otra vez y me olvidé del tema. Bueno, tanto no, porque algún tiempo después escribí un cuentito sobre boletos y viajes en colectivo. Eso desencadenó que volviera a escribir, o más bien, que intentara hacerlo. Y aún, cada tanto, vuelvo a escribir aunque no está muy claro con qué fin.

La cuestión es que hace unos días salí de la escuela poco después de las 5 y algo, fui al súper y mientras regresaba caminando, a la altura de la parada del colectivos que está atrás de club andino, veo que pasa algo rojo y amarillo. Comenzaba a lloviznar. Lo pensé medio segundo y me subí. Busqué rápidamente mi tarjeta pero no la encontré. Me fijé en los bolsillo, nada. Encontré un billete de dos pesos y pagué con eso; el colectivero me alcanzó el vuelto y el boleto. Agarré ambos, los puse en mi bolsillo, levanté las bolsas con mis compras y me fui hasta el fondo del colectivo.

De pronto, me acordé del boleto. Hacía tanto tiempo que no me daban boleto que no me había dado cuenta de fijarme. 17671. Capicúa.

martes, 23 de junio de 2009

Chango más, chango menos ...

Tema principal del diario local por una par de días, recibió horas y horas de atención radial y también fue el eje de discusiones y charlas en (casi) todos lados; ¿Wal-Mart sí o no?

Argumentos hay a favor y en contra y el tema requirió debates públicos, una serie de charlas en contra, bocinazos de opositores a la instalación de la cadena en Bariloche y manifestaciones a favor y en contra. La cuestión, finalmente, será definida a través de un referéndum, más como una forma de insistir luego de la votación adversa en el Concejo Deliberante que por la convicción de los ediles, que inicialmente habían desestimado la posibilidad de definir la el tema vía plebiscito.

En realidad hay un par de cosas interesantes. Wal-Mart no es Wal-Mart. Sí, parezco loco, y a lo mejor lo estoy, pero este no es un síntoma de eso. El Wal-Mart de Bariloche será un “Chango Más”. ¿Habrán pensado que nadie sabría que detrás de eso está Wall Mart? No lo sé. Pero chango más, chango menos, Wal Mart, con desdoble de personalidad quiere instalarse en Bariloche. Y tan pronto como se conoció la noticia comenzó la polémica.

Wal Mart quiere instalar un edificio de un tamaño mayor del que está permitido, lo cual generaría que, de aprobarse su instalación, habría que modificar la ordenanza que regula la instalación de los supermercados. Pero el debate de fondo era más fuerte. Había quienes se referían al modelo de ciudad que Bariloche quiere tener. Wal Mart, Mc Donalds, Hilton dinamitando la cumbre de un cerro para instalar un mega hotel de superficie mayor de la permitida… Ciertamente yo no vine a vivir a Bariloche para encontrarme con eso. Afortunadamente no soy el único.

Pero el debate no se limitaba sólo a eso. “Wal Mart explota a sus trabajadores”, decían algunos, “Wal Mart traerá precios más bajos”, respondían otros. Había quienes sugerían que el super “arruinaría a los comerciantes locales” y quienes entendían que “estimularía la competencia”. Pienso que nadie duda del grado de explotación de la mano de obra que produce las líneas textil y blanca de estas compañías. “Lo mismo pasa con otras compañías y nadie prohibe las cadenas de zapatillas”, retrucaban algunos. De todos modos, ni esta ni otras compañías son reconocidas por su trato cordial a sus empleados, sino más bien por lo contrario.

Para cuando terminé de definir mi posición (sí, tengo una tendencia horrible a tomar posición en cuanto conflicto se me cruza) me di cuenta de algo que me pasa a menudo. Otras personas que tienen la misma opinión tienen intereses muy diferentes de los míos. Pienso que así pasó en este conflicto; en contra de la instalación del super había organizaciones ecologistas, asambleas de vecinos, pero también la cámara de comercio y las grandes compañías locales. A favor estaban quienes propician la transformación de Bariloche en un centro de consumo a lo yanqui, pero también algunos vecinos de los barrios más pobres que lo ven como una posibilidad de tener un supermercado cerca de su casa a precios más baratos.

Quienes están a favor aducen que su instalación aumentará la oferta, habrá más competencia y nos beneficiaremos los consumidores. Ya no entiendo como esta mentira sigue surtiendo tan buen efecto. Claro, en la teoría es muy entendible pero, y las privatizaciones argentinas sirven como ejemplo, la “competencia” no necesariamente genera una baja de precios, y muchos menos en el largo plazo, cuando los gigantes terminen de destruir a los más pequeños. En general se da comienzo así a una etapa de monopolio, o, en el mejor caso, oligopolio, dándole la posibilidad a unos pocos a controlar todo el mercado. Obvio que no me gusta opinar igual que la cámara de comercio y las cadenas de supermercados. Pero tampoco quiero vivir en una ciudad donde todo empiece a pasar por el consumo envasado en el modelo estadounidense. Y pienso que ni quienes vivimos en Bariloche, ni quienes vienen como turistas buscan eso…

Presiones a favor, presiones en contra, hubo un empate en la votación en el concejo deliberante. Igual cantidad de votos a favor, igual en contra. En un clima raro, donde se comentaba que tanto las cadenas existentes como la que esperaba instalarse habían adornado funcionarios, el empate virtual desempolvó una propuesta que algunos opositores al proyecto habían hecho; hacer una consulta popular y que los ciudadanos decidamos. O, más bien, decidan, ya que a pesar de tener desde hace dos años el DNI de la provincia de Río Negro (tramitado desde Bariloche) sigo sin aparecer en los padrones electorales.

sábado, 20 de junio de 2009

A sala llena

Era un miércoles. Había salido del trabajo a la una (No me escapé; estamos con sistema de medio franco semanal. Léase, una tarde libre por semana) así que había llegado poco después a casa. No me había cambiado porque tenía que volver a salir. Me dediqué a terminar algunos trabajos y, cuando se hizo la hora, salí de casa.

Ya era de noche, ahora anochece mucho más temprano -a las 7 ya está oscuro- y mientras bajaba con rumbo al pueblo veía las luces de la ciudad a lo lejos, el dibujo del damero que hacía la iluminación de las calles y más allá la estepa. Mi destino, la Expo universidades.

La expo es una feria donde hay representantes de universidades públicas y privadas, de la región y de otras ciudades. Además de los stands de la universidades hay charlas y paneles. Mi función era, una vez más, estar en el panel de ciencias sociales para responder preguntas sobre Ciencia Política.

Todavía no tengo muy claro porque me invitan. O mejor dicho, tengo bastante claro porque me invitaron a la primera, lo que no sé es porque reinciden. La primera vez que me invitaron creo haber planteado dudas en la vocación de más de uno/a, tirado un par de pálidas y trasladado mis propios planteos sobre la carrera. Estructura de la carrera, debate al interior, tensiones, discusiones entre tradiciones diferentes.

Me volvieron a invitar. Al segundo año me tocó compartir panel con psicología y trabajo social. Pienso que estuvo bueno porque cada uno describrió más someramente lo suyo y dimos más tiempo para preguntas.

En las charlas anteriores siempre había intentado transmitir no sólo un panorama general del plan de estudio de la UBA, sino también un poco las orientaciones existentes y las tensiones y debates que hay al interior de la academia. Además, algunas advertencias. “A diferencia de otras carreras, jamás van a abrir un diario y encontrar un aviso que diga BUSCO Licenciado/a en Ciencia Política” es una de las frases armadas que uso para introducir la cuestión del campo laboral. También advierto acerca de la importancia de las relaciones, el lobby y los vínculos. No para obtener “algo de arriba”, sino más bien para enterarse de las posibilidades. Mi experiencia tiene que ver con eso (bueno, más bien su falta) y la perseverancia. A veces cuento como la volvía loca a la adjunta de Historia Contemporánea para que me aceptaran en la cátedra. Bueno, no es que la volviera loca, es que tenía que insistir e insistir, hacerle recordar, volver al ataque una y otra vez. Ella estaba sobrecargada de trabajo y problemas y yo no ocupaba ningún lugar en el TOP 10 (Pienso que tampoco entraba entre los 50…) de sus preocupaciones.

Esta vez compartía el panel de ciencias sociales con gente de socio(logía), comunicación y antropología. Los años anteriores el panel de ciencias sociales estaba desdoblado en dos. Parece que este año había menos interés. No los/las puedo culpar. Así que precavido por el menor interés me dirigí al aula con Ailín, organizadora de la jornada y representante itinerante de sociología y filosofía ...

Sorpresa. Una sola persona. Esperamos cinco minutos más. Nadie por aquí, nadie por allá. Todavía faltaba media hora para que llegara un grupo de tres o cuatro interesados/as más. Llegó el flaco de comunicación. Los tres nos miramos un segundo. “Bueno, empecemos”, propuso Ailín. “Dale”, respondí. Nos miramos y lo miramos a nuestro único espectador. Los tres nos sonreímos. “Contanos cuál es tu idea”, le propuso mi compañera de panel a nuestro, hasta entonces, único asistente...

martes, 16 de junio de 2009

La primera nevada

Había pasado todo el sábado sin salir de casa. Hacía frío, había neblina, humedad, estaba un poco ventoso. No Había encontrado ninguna excusa que me hiciera abandonar el calor del hogar así que no salí en todo el día. Para el domingo a la tarde ya estaba un poco cansado del encierro. Afuera el viento soplaba y la temperatura no parecía ser muy diferente de lo que había sido el sábado. Busqué abrigo y salí de todos modos. Tendí la ropa, tarea que había ignorado sistemáticamente y que ya no podría ser retrasada y me dispuse a caminar con dirección al cerro. Después de algunos metros busqué en mi bolsillo ese aparato que me relaciona con buena parte del mundo. Les escribí a Juampi y a Sissi para saber si no tenían ganas de ir a la Cruz a tomar unas cervezas.

Mientras esperaba su respuesta seguí caminando. Las manos en los bolsillos, la campera cerrada, la cabeza cubierta con la capucha de mi buzo… Seguí avanzando hasta recibir respuesta. Debía seguir con el rumbo hasta el kilómetro 4. Es un recorrido que conozco casi de memoria. En primavera y verano hago esa ruta cuando salgo a correr. El resto del año la camino con algunas variantes.

Los chicos estaban en su casa, sobre la mesa un rompecabezas que se esmeraba en no ser armado. Frente a él un chica que luchaba con las fichas para que entraran donde se suponía que debían hacerlo. Nos quedamos un rato adentro hasta que salimos…

Cuadras, hosterías y colectivo de por medio llegamos a destino; la cervecería La Cruz, uno de esos lugares que sin ser fastuoso, pretencioso o espectacular tiene el clima ideal para que te sientas cómodo. Bueno, no funciona con toda la gente, afortunadamente, pero si conmigo y, al parecer, también con los chicos.

Nunca habíamos pensado en la posibilidad. Lo dimos por sentado y, al parecer, no acertamos. El lugar estaba cerrado, y un cartel negro escrito con tizas de colores nos explicaba: “Domingo y Lunes CERRADO”. Comenzamos a caminar para volvernos. El frío se hacía sentir, aunque la noche parecía la menos apropiada para una nevada; pocas nubes, algo de viento. Reorganizamos nuestro plan y, previo paso por el supermercado, llegamos a la casa de los chicos. Mientras las cervezas se enfriaban, preparábamos mate y organizábamos la picada. Cruzamos comentarios varios, trabajo, amigos, la nieve que se hacía esperar, y entre mate, queso, papitas, maníes y cerveza se iba haciendo la hora de la cena.

Juampi ya se había bañado cuando nos sentamos a cenar. Y entre nuestras risas y comentarios comenzaron a colarse algunos ruidos del viento agitando las copas de los árboles. Sissi había vuelto al rompecabezas cuando descubrimos que lloviznaba. Era casi la hora de mi colectivo cuando salí. En teoría me encontraba con Matías para hacer algo en el centro después de esperar por unos pocos minutos el colectivo. En la práctica, esperé unos cuantos minutos más, y me dirigí a casa ya que había sido informado que mi compañero de andanzas no se sentía del todo bien.

Luchando con la llovizna y la oscuridad para saber cual era mi parada me bajé en casa más por intuición que por la evidencia visible. Crucé el baldío que nos separa de la ruta y, rápido, me metí en casa. En el dormitorio me reencontré con un panorama que había reprimido en mi memoria; esa mañana había sacado las sábanas de mi cama para lavarlas. No había querido poner las limpias y ahora pagaba el precio de mi fiaca.

Como siempre, encontrar un juego completo de sábanas es una misión que requiere sacar el 80% de las sábanas del placard. No sé por qué. No es estadísticamente posible que sea necesario sacar tantas sábanas para armar un juego; a la que tiene la funda de la almohada le falta la parte de abajo, la que la tiene, no tiene la de la almohada. Me requirió un rato dar con un juego entero. Otro rato más se fue en armar la cama hasta que, finalmente, estuve a punto de meterme en la cama. Justo entonces descubrí que las cortinas estaban altas, así que me acerqué para bajarlas y fue en ese momento cuando, tal como había sido pronosticado pero en contra de lo que señalaba el sentido común, estaba nevando. No eran copos tímidos o agua nieve, sino que claramente eran copos, húmedos, es posible, sí, pero nieve en fin que comenzaba a acumularse en la calle, los autos y los techos. Busqué mi celular. “Miren por la ventana”, escribí. Seleccioné como destinatario el teléfono que usan Sissi y Juampi (y que así figura en mi agenda de direcciones). Sonido de error. Algo no funcionaba, así que volví a intentar el proceso por segunda vez. Error nuevamente. Deduje que no tendría crédito… pero tenía que avisarle a los chicos… ¿y si ellos no miraban por la ventana?. Miré yo por la mía y sentí la certeza; tenía que avisarles. Entonces recordé que hay un servicio en el cual te prestan crédito a descontar de tu próxima carga. Pienso que por primera vez me alegré de que las compañías (que sólo ofrecen prestaciones para complicarles la vida a los usuarios y sacarles más dinero del que usualmente le sacan) ofrecieran este servicio. Seguí la voz de una mujer, bueno, en realidad de una máquina con la voz grabada de una mujer y cumplí el proceso. Les envié el mensaje. 5 Minutos después recibía los mensajes de los chicos que veían los copos, de Matías que también veía nevar desde la ventana de su departamento. Me acomodé entre las frazadas y me dispuse a dormir al calor de mi cama.

sábado, 23 de mayo de 2009

El Octavo día

Después de siete días pensamos que había terminado. Luego de una semana ininterrumpida, para el sábado a la mañana la esperanza había renacido. El cielo estaba un poco nublado y casi ni se escuchaba el viento soplando. Pensamos que iba a terminar. Estábamos equivocados.

A las dos de la tarde del sábado la ilusión había terminado. Por octavo día consecutivo llovía en Bariloche…

Lloviznó un poco y paró. Sin embargo hace un par de horas volvió a escucharse el sonido que nos acompaña desde hace ahora ocho días. Ya estamos acostumbrados. Con que no diluvie y de vez en cuando se hagan algunas pausas nos damos por satisfechos.

Luego de una semana donde se alternaron lloviznas y días fríos pero con un cielo aceptablemente despejado, hace ya dos viernes comenzó a llover. No una lluvia tímida, una llovizna pasajera. Llovió con ganas de llover. Si Drexler tiene razón y cuando llueve el pasto se pone contento, seguramente ese día el pasto desbordaba felicidad. Y claro, nosotros nos habíamos puesto a cubierto.

Al segundo o tercer día de lluvia el bramido del viento empujando la lluvia para golpear contra el techo y las ventanas de la casita empezó a sentirse con más fuerza. Hasta que, eventualmente, el ruido que nos había parecido primero como el ulular de las mancuspias comenzó a ser parte de lo cotidiano. Comenzó a molestar menos y menos hasta que casi no pudimos distinguirlo.

Por eso hoy a la mañana tuve que mirar hacia el cielo gris para comprobar que no llovía. Ya no nos guiamos con el sonido que producen el viento o la lluvia. Los dos se mezclan y no podemos diferenciarlos. Así que miré por la ventana de la escalera y no vi signos de lluvia. Seguí bajando y fui a la cocina. Espié por la ventana… Comprobé que los charcos de agua que cubren buena parte de la calle no daban muestras de que estuviera lloviendo. Me animé a mirar hacia el cielo; algunos retazos mas o menos celeste se entreveían entre las nubes, y a los lejos los se veían algunos cerros con un poco de nieve. Parecía que luego de una semana las nubes habían descargado toda su agua. Parece que estábamos equivocados. Nosotros seguimos a cubierto, el pasto sigue contento.

viernes, 8 de mayo de 2009

Volver al futuro

¿Por qué tenemos la necesidad de contar en orden cronológico? ¿Por qué me resisto a escribir sobre algo anterior al último post? ¿Por qué me cuesta tanto romper con el orden (crono)lógico de los acontecimientos?

Hipótesis me sobran, aunque me costaría demostrarlas. En todo caso tampoco necesito hacerlo. No me senté a escribir pensando en el ordenamiento lógico de los eventos. No. Aquello que me impulsa es más bien la intención de cerrar el capítulo de despedida de Sabrina. Por alguna razón siento que esta es una buena forma de cerrar el ciclo que marcó su llegada. En buena medida porque también coincide con el período de verano que también llega a su fin. Ya lo sé. El verano ya terminó, pero sin embargo podría decirse que durante abril sigue viva la temporada de travesías y caminatas. Y ahora empezamos a transitar el mes de mayo y las hojas comienzan a cubrir veredas y jardines, que la temperatura baja por las mañanas y que pronto comenzaremos con las heladas ya no quedan dudas, otro verano ha terminado…

Pienso que una buena parte de esta temporada ha estado marcada por su presencia. Compartimos Navidad y Año Nuevo, caminatas y salidas y más de tres meses de trabajo. En su despedida (la última) nos regaló fotos con diversos episodios de su estadía, y es increíble ver en ellos cantidad de personas y un sin fin de situaciones que casi había olvidado. Mejor dicho, no es que las hubiera olvidado, es que las había dado por naturales, que había dado por sentado que siempre estaría allí. Con mi hermano, con Pablo y Flor, con Sissi y Juampi, con Dolores, con nuestros “hijos”, con estudiantes, más tarde con Lara y André, con medio Quilmas en el casorio, y por supuesto, con Migu, con Matías y con Angie. Tanta gente hacen que tres meses parezcan pocos.

Tal vez me equivoque, pero pienso que en total tuvo como cinco eventos de despedida, a saber; una cena con la gente de la escuela “La Montaña”, una cena en casa, un trekking al día siguiente, la cena en lo de Mara, la última noche en Antares. También tuvimos un almuerzo en Mamushka el jueves Santo, también fuimos a Patanuk a tomar unas cervezas esa tarde. “Hoy tenemos despedida de Sabrina” se convirtió en una frase habitual en nuestras conversaciones, al menos en las mías. Ella también necesitó del período de duelo. Atrasó su estadía en Bariloche, lo postergó hasta el límite y finalmente ya no pudo seguir prolongando su estadía. “Fueron unos meses increíbles”, nos dijo cuando se despidió por última vez en la terminal de ómnibus. Y así subió al micro que habría de llevarla a Buenos Aires. Se va feliz y triste al mismo tiempo. Feliz por la experiencia, los recuerdos y las memorias, triste porque la aventura llegó a su fin. Pero también feliz por volver a ver a su familia, amigos, su ahijado. Se va enojada con el correo que no funciona, con la indecisión casi constante de los argentinos; se va contenta porque muchas veces esa indecisión va de la mano con la espontaneidad que le da posibilidad de no tener planes y, sin embargo, saber que puede llegar a cualquier hora a cualquier lugar y organizar algo, con la informalidad de no tener que generar planes de etiqueta, con conocer a alguien y quedarse tomando mate y charlando como si fueran íntimos. Se va con ese sabor agridulce que nos dejan las cosas que no nos son indiferentes… Por alguna razón, intuyo que va a volver.
Uno de los últimos días de Sabrina en la escuela... Con parte del equipo docente y los Peques haciendo de fondo.
En la cena de despedida organizada por la escuela en Map Room
Con Matías y conmigo en el deck de Patanuk el jueves santo...

miércoles, 30 de julio de 2008

Se robaron la nieve

A mi vuelta a Bariloche esperaba encontrar frío, algunos turistas que empezaban a llegar y amenaza de nevadas. El regreso, más rápido aún que la ida (Debido a una nueva tregua en el conflicto por las retenciones), no me presentó el panorama esperado. El aeropuerto aún cerrado por las cenizas del volcán Chaitén, los turistas varados en aeroparque, la nieve sólo en las cumbres. El panorama no parecía el más alentador precisamente, pero aún había esperanzas. Mayo estaba terminando, pero aún quedaban por venir junio y julio. Sin embargo algo pasaba… La nevada era atrasada sistemáticamente por todos los pronósticos (meteorológicos y caseros). A pesar de que aún quedaba tiempo suficiente para que fuera una buena temporada, ya empezaban a verse las primeras caras largas, y en las expresiones de la gente y en los diálogos oídos como al pasar se percibía esa sensación de preocupación mezclada con la resignación que implica saber que nada de lo que uno/a haga podrá cambiar la situación.

Las cosas no parecían mejorar (aún no lo parecen), y en la medida en la que el tiempo pasaba y, a la falta de nieve y de aeropuerto, se sumaron los trastornos generados por los piquetes en las rutas.

Poco frío, con llovizna, sin noticias de la nieve, con el aeropuerto cerrado por la ceniza y la mitad de las rutas bloqueadas configuraban un panorama sombrío. Para la mitad de junio la única alegría fue provista por la llegada de los primeros contingentes de estudiantes. Los “Tira bolas”, como se conoce a los egresados en Bariloche – por obvias razones- junto con algunos/as pocos/as brasileros/as aislados se transformaron en los únicos turistas que llegaban a la ciudad, y mientras esto pasaba (y pasa) buena parte de la industria turística ve mermar sus ingresos mientras que sus expectativas se esfuman en el aire. No es que sienta pena por los empresarios hoteleros, aunque la situación si es preocupante para los/as trabajadores que dependen de la temporada de invierno, la gente que trabaja en villa Catedral y el cerro, las personas que trabajan en los restaurantes y hoteles, por no citar más rubros. Por el resto, bueno, son riesgos de depender del clima en una medida similar a la que depende una sociedad rural no tecnificada. Es increíble cómo el clima no sólo regula el estado de ánimo de la gente, y para muchos/as más importante aún, los ritmos de trabajo. Esto también se extiende al estado anímico de la ciudad en su conjunto, a la llegada de turistas, a las proyecciones para el próximo año.

Claramente el año anterior había sido espectacular, hablando en términos turísticos, con un invierno largo y con mucha, muchísima nieve. Por ende las expectativas para éste estaban en un nivel inverosímilmente alto. Y como corresponde, la gente se preparó para eso de la forma más solidaria y comprensiva; subiendo los alquileres, precios de hoteles y cabañas, restaurantes y negocios. Pero algo falló, no se sabe que pasó pero la nieve no llegó. El calentamiento global, el recalentamiento de la región por la actividad volcánica, el famoso “mal invierno” que ocurre cada 10 año, la repercusión del mal invierno europeo del ante año, el año de los tulipanes, las cotorras o vaya uno a saber qué... Hipótesis hay muchas y la gente las comparte, las discute, la combina. Se escucha en los comercios, los colectivos, la calle. A ciencia cierta nadie sabe cuál es la razón pero todos arriesgan la suya.

Mientras la situación se complicaba, salpicada con alguna pequeña nevada que no duraba más de unas horas aparecieron los primeros carteles en los negocios: “Descuentos para residentes”, “Liquidación de temporada”. Duraron lo que dura un suspiro. O mejor dicho, lo que tarda en legar un avión chárter desde Río de Janeiro o San Pablo. Tan pronto como hubo un mínimo de nieve en el cerro llegaron más vuelos desde Brasil. Creo que aún nadie sabe muy bien para qué, ya que las pistas en la que se puede esquiar, según dicen los entendidos, no más bien escasas. Con el cerro funcionando a un tercio o, con suerte, media máquina, la actividad de los turistas se trasladó hacia la ciudad; caminar, comprar chocolates, tomarlos calientes, con tortas o con tostados, los únicos que están aprovechando la situación son los cafés y chocolaterías del centro.

Mientras tanto nosotros seguimos esperando la nieve que no llega, los turistas que deberían acompañarla. Y bueno, parece que será un invierno sin nieve. No será ni el primero ni el último.

jueves, 22 de mayo de 2008

Las pestes no llegaron

Para evitar la (errónea) impresión que alguien parece haber tenido respecto a mi (impecable) estado higiénico me veo obligado a terminar la historia del apocalipsis. Afortunadamente (ya sea porque todos/as seguimos vivos/as y porque de haber comprobado la existencia de los cuatro jinetes debería haberme vuelto religioso) la rotura de un caño había generado que la falta de agua coincidiera con el momento en que notábamos la caída de las cenizas. Infeliz coincidencia que nos hizo inferir (nuevamente, erróneamente) que ambos eventos deberían estar conectados de alguna forma.


Cuando, a primera hora de la mañana siguiente, descubrí que ambos eventos eran independientes llamé a la compañía de agua local, cuyo operador me confirmó la inexistencia de relación directa entre ambos fenómenos. También me informó que para la tarde el problema debería estar solucionado. Y así fue, ya que cuando volvimos a casa, el servicio había vuelto a funcionar con normalidad. No así los servicios aéreos que, al menos, debieron estar suspendidos por una semana más.

En cuanto a los habitantes de la casita, pudimos bañarnos esa misma noche, cosa que hicimos sin perder ni un minuto.

martes, 20 de mayo de 2008

El eternauta

De más está decir que me desperté durante la noche y fui a ver si había alguna novedad en el baño. No encontré ninguna, a excepción de la total falta de agua, incluso en la mochila del inodoro.

Con semejante panorama volví a la cama e intenté dormirme, empresa que siempre suele tener éxito cuando faltan sólo 20 minutos para que suene el despertador. Esta tampoco fue la excepción. En la cocina me esperaba el comité de medidas de seguridad del eternauta. Bufanda, anteojos, gorro de la lana + capucha + venda debajo de la bufanda. No opuse mucha resistencia, se ve que en algún punto me parecía también más o menos lógico tomar alguna precaución. No sé si todas juntas, o todas superpuestas, al estilo “cebolla”, típico en la moda local y, por supuesto, también de las refugieras…

De cualquier modo me dispuse a salir armado con mi equipo y blandiendo la cámara de fotos por si venía alguno de los gigantescos insectos del Eternauta. Pero no, no aparecieron, como tampoco aparecieron los habituales autos. Si había tránsito, obviamente, pero como un sábado; menos autos, algunos colectivos, todos despacio…

Y mientras me acercaba a la escuela veía por debajo de los lentes empañados que algunos negocios habían baldeado sus veredas. Me llamo la atención, pero bien podría ser que no se hubieran dado cuenta de que se había cortado el agua ya que que - posiblemente - tendrían sus tanques llenos.

Mientras me acercaba a la escuela recordé que, un día antes de que cayeran las cenizas, uno de los estudiantes había llegado a la escuela luciendo un barbijo. Con discreción, y tratando de no hacerlo en su cara, nos habíamos ido recluyendo en la sala de profesores para reírnos a costa suya. Imagino que mi atuendo debe haber generado reacciones similares. (Aclaración: cuando termine de perder el mínimo de decoro que preservo habré de cargar la foto para que ustedes también puedan reírse libremente). En efecto, una de las profesoras me pidió disculpas cuando me saludó. Por mi parte no entendí y me explicó que mientras venía, sin reconocerme, le sugirió a su marido: "los gringos son unos exagerados, sino miralo a ése". "Ése", claro está, debería ser yo, o aquel sujeto que con altas dosis de psicosis se había vestido con cuanta prenda tenía a mano...


Aproveché y me reí. Y aprovechando la risa, volví a citar alguna frase apocalíptica, más o menos cómo la recordaba pero no exactamente como era. Nos reímos todos/as en la sala de profesores/as. "¡Que exagerado!" respondió alguien a modo de broma. "Hay cenizas, no se sabe que va a pasar, no hay agua. Es lo más parecido al apocalipsis que nos pasó desde los cortes de luz en el invierno", repuse. Se hizo una breve pausa, todas se miraron entre sí. Después alguien me explicó y yo mismo llamé a la compañía de agua... Sólo unas pocas cuadras no tenían agua a causa de un caño roto a dos cuadras de casa. No había ninguna relación entre la falta de agua y la ceniza. El corte de agua se había producido antes y, coincidencia, él tanque se quedó sin agua justo después de haber notado la caída de las cenizas.

lunes, 19 de mayo de 2008

Y el cielo se cubrió y cuatro jinetes esparcieron cenizas por el mundo

Al principio parecía un exceso de sensacionalismo, una exageración. Después empezamos a comprobar que, efectivamente, existía algo, una bruma que impedía tener una visión nítida. Pero eso fue todo, o al menos eso creíamos. El tiempo pasaba y la gente trataba de convencerse de que sí, de alguna manera la situación empeoraba. “Sí, ayer había olor a ceniza”, llegué a escuchar, y me parecía que se debía más al efecto del autoconvencimiento que a un examen concienzudo de la situación.

“¿Vieron la ceniza?, venía caminando y se me acumuló esto en la campera”, mostraba Angie tan pronto como entrara en la casita. Hacía frío, había un poco de viento, pero no parecía tan terrible. En efecto, tenía algunas cenizas en los hombros y brazos de la campera. Aproveché para comentar que en la escuela esperábamos la llegada de un estudiante pero que su vuelo había sido cancelado. Y allí terminó todo… pero cuando, casi por casualidad, subí al cuarto pasó algo raro. Miré casi sin prestar atención por la ventana y sin embargo tuve que volver a mirar cuando advertí que la calle era más clara, y el pasto menos verde. Miré y no entendí, bajé y no dije nada, corrí las cortinas de otra ventana, volví a ver un panorama similar. Aún sin decir nada me abrigué y salí. Allí estaba… una capa de ceniza cubría el suelo, los autos, las hojas de los árboles y los techos. Todo estaba teñido de gris; no era mucho, era apenas una capa, pero estaba y seguía cayendo. Salimos todos, sacamos fotos…

Entramos comentando el fenómeno. Pensamos que sería una buena idea tener algo de agua, por si acaso. Empezamos a embotellar agua: botellas de vidrio, termos, cantimplora, todo parecía ser útil. Y cuando terminamos la tarea, volvimos a nuestras tareas; lavar los platos de la cena y bañarse.

Pero algo pasó, Olivia avisó que en su baño ya no había agua. Avisé en la cocina, aún había allí, así que pensamos que era el agua corriente lo que se había cortado. Cerramos las canillas, cargamos lo que quedaba de agua. Mientras chequeaban si había agua en otras canillas hice lo único que podía hacer; busqué la Biblia, abrí en el Apocalipsis y comencé a leer los pasajes más apropiados; aquellos en los que el cielo se cubría, y las pestes arrasaban la tierra, y el suelo era tragado hasta las profundidades del infierno…

¿Qué más podía hacer? Teníamos el agua que pudimos juntar antes de que se cortara, la ceniza caía, la mitad de los cubiertos estaban sucios, el tanque iba a quedarse sin agua, la mitad de la población no había alcanzado a bañarse… Buscamos noticias en la radio, pero ninguna de las locales nos informaba acerca de lo que pasaba. Escribí a amigos/as y conocidos/as, sólo una contestó, idéntica situación. Además me contó suspendido las clases en escuelas primarias y secundarias…

Corran por sus vidas, pensé. Seguí buscando si en el Apocalipsis había algún pasaje que mencionara las cenizas, aunque no pude encontrarlo. Afortunadamente si había frases que podían ser citadas con voz grave y tono solemne, así que a eso me dediqué por lo que daba de la noche. Después nos fuimos a dormir, con la esperanza de que las cosas se arreglaran.



viernes, 15 de febrero de 2008

Se supone que tengo que actualizar el blog

Sí, ya lo sé...
De nada sirve que intente decir que había escrito cosas y que, al cargarlas se borraron. Menos útil sería mentir que eso pasó en reiteradas ocasiones. Sólo puedo decir una cosa: alguien me roba el tiempo.

No sé quién, no se cómo, tampoco cuándo... sólo sé que desde el último fin de semana de noviembre entré en un tobogán que, espero, haya terminado y me haya dejado aquí, o ahora, mejor dicho, en el 15 de febrero.

Todo comenzó algún tiempo atrás, en la isla de sol... ah, no perdón... todo comenzó cuando, a finales de noviembre tuvimos un fin de semana de capacitación en la escuela. Para variar, tuvo que ser, hasta ese momento, el mejor fin de semana de la por entonces vigente primavera. A partir de ese momento algo pasó; una cosa llevó a la otra, un fin de semana refugio, la llegada de mi mamá para mi cumple, más refugios y caminatas... y Chili, y Pancho, y Uli ... año nuevo. Más amigos, más visitas; Flor, Luzu, los peixes, los Rossettis, Eri y Nico. Poco a poco comenzaron también a aparecer nuevos estudiantes que llegaron a vivir a casa, mientras el trabajo llegaba a su mayor punto. De hecho, en algún momento llegamos a tener en la escuela 45 estudiantes y superamos los 30 por más de dos o tres semanas.

Es una sensación rarísima, la de la estacionalidad de la ciudad, y es como sentir que, en un momento hay una marea que te lleva. No sólo en la calle, es un ritmo, es algo que se respira; salir temprano, ir a algún bar, hacer algo, salir a caminar o correr, juntarse con amigos.

"Síndrome del falso turista", fue bautizada esta situación por Roque, un compañero del trabajo. Tal cosa consistiría en tratar de ponerle el cuerpo a las vacaciones ajenas, en seguir el ritmo de amigos y familiares turistas, corriendo con la clara desventaja de que uno trabaja.

No me quejo, no nos quejamos. Esta bueno, pero desgasta a pesar de lo bien que uno pueda pasarla, y claro, uno empieza a recortar tiempos de donde sea. Al parecer el blog y los mails fueron los primeros en caer en el recorte. No me robaron el tiempo, ahora lo sé, lo usé en modo diferente; hice y hago otras cosas. Trato de disfrutar de este verano espectacular que nos recompensa después de un invierno aletargante.

Pero estoy, se supone que existo, y aunque no siempre escriba, sigo teniéndolos/as presentes todos los días; y aunque no siempre los vea o les escriba, siempre están...

viernes, 7 de septiembre de 2007

Bariloche y la nieve

Tal vez nunca pueda acostumbrarme al ritmo de vida estacional de la ciudad, quizás nunca pueda adaptarme a la idea de las dos temporadas altas, las medias, la baja… “Que haya nieve para el invierno”, “Necesitamos sol y calor en el verano”, “Nieve sí, en el cerro, pero no en la ciudad”… ¿Cómo entender a los/las barilochenses? Si hay nieve el problema es que hay nieve en la ciudad, si el cerro no tiene nieve, los empresarios, mini empresarios y empleados que dependen de la temporada esperan, ansiosos que comience la nieve. Si llueve molesta porque llueve, y sino todos temen las consecuencias de la falta de lluvia... Y a la primera nevada todos/as respiran aliviados. “Salvamos la temporada… al menos tendremos algunas semanas buenas”. Cómo continúen las nevadas (o no) comienzan los pronósticos: “Este será un buen invierno”, “el próximo invierno será terrible”, “Así comenzó la nevada del ´96”, o “esto al lado del ´87 no es nada”… y así siguen. Al principio de la temporada todos se quejan de lo tarde que comienzan las nevadas, luego piden una tregua, no quieren que se generen problemas, pero quieren que continúe la nieve en el cerro… Pero durante las primeras semanas a todos les fascina la nieve, aunque sean pocos de los habitantes los/las que la quieren en el jardín de su casa.
¿Alaska? ¿Siberia? No, ahicito nomás de la Casita
Si sigue nevando empiezan las quejas, los pedidos de que termine, los contratiempos y la competencia para ver quien está mas aislado/a, quien tiene mas nieve en su jardín, las cañerías mas congeladas. En general nunca es el frío lo que se sufre, sino mas bien sus consecuencias; menos colectivos por la nieve, atascamiento de las calles, cortes de luz, congelamientos de cañerías, calles heladas que se convierten en toboganes. es extraño como una ciudad que parece vivir de la temporada invernal no está del todo preparada por la nieve, ya que las primeras nevadas siempre "sorprenden" a autoridades y habitantes.
También aparecen los apelativos para referirse a cada una de las formas en que cae la nieve: nieve, nevisca, agua nieve, nieve polvo, nieve cartón… y para la forma que adquiere en el suelo; sopa, jabón…

Invierno eterno

Mientras escribo estas líneas me es imposible no pensar en la (poca) nieve allá afuera en comparación con lo que pasara a principios de la semana… Cuando ya pensábamos que era claramente el fin de la nieve en la ciudad (Aunque no de las nevadas, ya que aunque caiga nieve en la ciudad no siempre se acumula) ¡ERROR!. Lunes 3 de septiembre, faltaban 18 días para la primavera, habíamos tenido un sábado soleado y la nieve había retrocedido… Alrededor de las 19 comenzó a nevar, cada vez con mayor intensidad, hasta casi convertirse en una auténtica tormenta… ¡Como si no hubiera nevado en todo el invierno! A las 11 de la noche ya había suficiente nieve acumulada como para tapar la escalera de nuestra casa, y el jardín, cuando comenzaban a reaparecer las plantas que sobrevivieron el invierno. El martes, ni hablar. Las calles, más que blanco, blanco Ala; el jardín, oculto bajo la nieve. Fue el regreso de las botas de goma, y de caminar enterrándose en la nieve, de sacudirse la nieve antes de entrar en cualquier lugar. Y un interrogante volvía a presentarse una y otra vez … ¿vendría algún día la primavera?

Hoy viernes ya casi no queda nieve en el centro de la ciudad y en casa tenemos tan sólo unos pocos manchones... a no ilusionarse, pero sólo faltan 14 días para la primavera... Y ahora que la nieve se va, se vienen las fotos.

martes, 14 de agosto de 2007

Faltan 38 días para la primavera

¿Qué se supone que está pasando? ¿Alguien sabe?

Un día hacen un evento mundial por el calentamiento global y otro una ola polar invade el país. Un año hay un invierno primaveral en Buenos Aires y al siguiente nieva... A 40 días de la primavera Bariloche amanece blanco por una tormenta de nieve que amenza con volver. Así que, aunque no nevara en lo que queda del año, la temporada de esquí terminaría a mediados de octubre. ¿Qué pasó?. Ya no puedo seguir haciendo bromas con el día después de mañana, porque parece que nos acercamos cada vez mas a eso (Ya estoy haciendo una propuesta a la biblioteca para priorizar los libros para ser quemados. Dicen las malas lenguas que Poldy Bird y Corin Tellado encabezan, y Lara habría decidido salvar a Elsa Borneman de las llamas). Yo ya pedí que las obras completas de Sócrates (Menem dixit) sean protegidas.

Tenemos mas o menos 25 cm de nieve en casa cuando ya empezaban a quedar apenas algunos manchones en el jardín. Lo positivo es que, al menos por ahora, sólo algo es seguro, y es que no hay riesgo de incendio. El otro punto positivo es que con el alargue de la temporada quienes viven (y vivimos) del turismo ya tienen (y tenemos) trabajo asegurado...

Escucho que las algunas profesoras comentan que el pronóstico habla de nuevas nevadas hasta el jueves o viernes, y la gente compite para ver quien tiene mas nieve en su casa, cuantas horas sin luz estuvieron y a que hora perdieron el servicio telefónico. Supongo que es el show de la nieve según los/as barilochenses... Voy a quejarme un rato yo también, aunque espero que no sea contagioso.

viernes, 10 de agosto de 2007

Volvió la nieve

¿Cuando fue? ¿el martes?

Sí. Fue el lunes cuando aproveché un recreo para salir a tomar unos mates al patio. Matías se quejaba de lo rápido que había pasado el invierno... aunque para mi no estaba tan claro. Por alguna razón pensé que íbamos a volver a ver el patio de la escuela nevado. Al día siguiente, en cuanto entró a la escuela Matías me miró y se rió. "¿Que te dije?", le pregunté... "Ya lo sé", me dijo, y agregó "está mañana ví por la ventana y pensé automáticamente en vos". Había nevado esa noche, y las calles se habían vuelto a cubrir de una capa blanca. Las calles, los techos, los árboles... todo.

Justo cuando todos/as pensábamos en el fin del invierno, recibimos un pequeño (y gélido) recordatorio de que aún faltaba un poco más. Volvió la nieve, el frío, el hielo en las calles y el peligro de bajar en culipatín desde casa hasta la escuela por Pioneros.

miércoles, 1 de agosto de 2007

La primavera según agosto

Miércoles 1 de agosto. 8.00 am. Suena mi despertador. Pero me resisto a levantarme, me quedo en la cama pretendiendo ignorar que el tiempo pasa. Por la ventana entra un poco de claridad que me confirma que nos acercamos a la primavera y los días vuelven a ser mas largos. El proceso no es del todo evidente pero se insinúa, y al salir de casa despuntan los primeros rayos del sol. El cielo se ve iluminado y por momentos parece el regreso de la primavera. La calle nos devuelve a la realidad, los charcos de agua congelados y convertidos casi en cristal nos recuerdan los 4 o 5 grados bajo cero de estos días. Piso algunos sólo para comprobar que están sólidos, y en parte también por el placer de ver como se rompen las capas de hielo que lo forman, como quedan sus partes como vidrios rotos. La helada se evidencia en el pasto y los arbustos, que parecen descoloridos... sólo en la comparación con el pasto protegido por los árboles vemos cuan brillante es su color verde. Como tantas veces, no es tanto el frío lo que se sufre como sus consecuencias, y en ellas es donde se aprecia más las bajas temperaturas, ya sea como nieve, hielo, cañerías que se congelan, plantas que se "queman", charcos que se cristalizan o tuberías que se obstruyen.

Apuramos el paso, intercambiamos opiniones e impresiones sobre la rara sensación de primavera de agosto que flota. Seguimos, falta poco para llegar a la escuela y comenzar otro día de trabajo.

martes, 17 de julio de 2007

La nieve se va, pero llegan las fotos

Sí, se nota que hoy tengo un poco mas de tiempo, ¿no?. Puedo ocuparme de algunos mails, y cargar cosillas en el blog. En los pasados 15 días tuvimos un grupo de 17 estudiantes de una universidad de Colorado (en Yanquilandia). Durante esos días la escuela osciló entre los 23 y 27 estudiantes y el descanso escaseó.

Tal como lo informara el título de la foto, están desapareciendo los últimos resquicios de nieve de la ciudad, sólo manchas aquí y allá, pero en ésta hora en la que vivimos nuestra pre primavera es cuando decidí cargar algunas de las fotos de la nieve... Es que, cómo el búho de Minerva, yo también vuelo al atardecer.

jueves, 12 de julio de 2007

Nieve, injusticia y apagón

Le pregunté a mi mamá cómo estaba mi abuelo, pero ninguna respuesta apareció en el chat que mantenía con ella, mi papá y mi hermano. La pantalla seguía inmutable cuando repuse al silencio del chat (sic) una nueva pregunta "¿Cómo están Tizi y Emma?". Ninguna respuesta tampoco. ¿Sería una breve desconexión de internet? Falla técnica, atraso en la comunicación, traté de pensar con la tranquilidad que me dan las explicaciones racionales.

Perdón, salí a ver los copos de agua nieve que estaban cayendo", llegó la respuesta mas tarde. De allí en adelante la nieve ocupó un espacio central en las conversaciones y mensajes del día, e incluso el día siguiente... Después de casi un siglo sin nieve en Buenos Aires, después de tantos inviernos en los que fui acusado de loco por esperar que nevara, después de tantas navidades con Lara deseando en la radio que nevara, finalmente el evento se produjo ¡Pero con nosotros acá! Injusticia, un evento que va a quedar para la historia, una nevada en medio del calentamiento global, un único día de un mes excepcionalmente frío, algo para comentar a hijos y nietos... "yo vi cuando nevó por última vez en Buenos Aires" antes de que la ciudad se tropicalizara por completo... yo, nosotros acá. Espero que quienes pudieron disfrutarlo se hayan divertido.

Como la nieve en Buenos Aires y los -10 a -22 grados de temperatura por estos lares trajeron complicaciones extras, éstas se tradujeron en la falta de gas en Buenos Aires y un corto total de energía en Bariloche que se extendió por al menos tres horas. Nosotros no recuperamos la energía eléctrica hasta 6 u 8 horas mas tarde. Para ese entonces ya habíamos dispuesto los lácteos en el recibidor de casa, y allí quedaron hasta que volvimos de la escuela algunas horas mas tarde. Sí, unas horas mas tarde, cómo no había electricidad en la escuela (Que se traduce en no tener luz, ni calefacción ni nada caliente para tomar) volvimos a nuestro hogar, aliviados por un día tranquilo de trabajo. En realidad sólo nos cobijamos en el calor de la casita para escapar de la sobrepoblada escuela cuyos problemas deberíamos encarar el día siguiente. De todos modos el feriado nos vino perfecto.