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miércoles, 20 de junio de 2018

Fotos de miércoles

Viena. No contentos con limitar el campo visual de los caballos, los cocheros vienenes también se dedican al tuning hípico.  

lunes, 15 de agosto de 2016

Yapa vienesa: el sezessionstil

A cada época su arte, a cada arte su libertad. Eso es lo que se lee en letras doradas en el edificio de la Sezession de Viena. ¿De qué época, de qué arte y de qué libertad se supone que hablaban? ¿por qué alguien haría un edificio llamado Sezession? Paciencia.

 

En 1897 ocurrió en Viena un evento que si bien debe haber pasado inadvertido a buena parte de la sociedad local, ha dejado su huella en las calles y el patrimonio artístico de la ciudad. Un grupo de artistas y arquitectos entre los que se contaban Gustav Klimt, Egon Schiele, Oskar Kokoschka y Otto Wagner decidió romper con el arte tradicional establecido y, de paso, con la Asociación de Artistas de Austria. De ahí el nombre del movimiento, Sezessionstil (estilo de la secesión) y del edificio destinado a difundirlo, la Sezession.


Ciertamente Viena no fue la única ciudad en la que ocurrió un evento de estas características. Lo mismo pasó en París, en Múnich, en Berlín y en tantísimas otras ciudades. En cada país o región el proceso tuvo sus propias características pero podría decirse –con buena voluntad- que son manifestaciones de un espíritu de época similar. El Art Nouveau, el Modernismo, el Jugenstil y el Sezessionstil, todos se encuentra más o menos vinculados entre sí.

Inaugurado en 1897, el edificio de la Sezession tenía como objetivo dar a conocer las obras de los miembros del movimiento y, sin quererlo, fijar el canon del modernismo vienés. El edificio diseñado por Joseph María Olbrich -siguiendo las sugerencias de Gustav Klimt- contiene varios de los elementos que habrían de retomarse una y otra vez en el estilo. Hojas, flores, formas curvas de las naturaleza, ornamentos dorados y el uso de figuras femeninas -escandalosamente sensuales para le época- forman el abc del sezessionstil. Y (casi) todos ya están aquí presentes.

Pero Olbrich no fue el único arquitecto que se embarcarcó en el movimiento. De hecho, a pesar de haber diseñado el edificio destinado a difundir las obras de otros miembros del grupo, no fue su representante más famoso. El lugar le corresponde a Otto Wagner, que diseñó una serie de estaciones de subte y numerosos edificios en la ciudad.

Entre las obras de Wagner se destacan dos edificios, uno al lado del otro. Particularmente el segundo, conocido como la casa de las mayólicas, en su época fue considerado escandalosamente simple.

 Ya a caballo entre el sezessionstil y el art decó se se encuentra el edificio de la cámara de comercio, un poco menos divertido –al menos para mí- y un poco más digno de las Batman de Tim Burton.

lunes, 1 de agosto de 2016

Yapa vienesa: la biblioteca imperial

Hoy en día ya no se llama así. Es la biblioteca nacional austriaca y la gran mayoría de sus libros están en otros edificios.

Sin embargo, en 1722, cuando fue inaugurada, era la Biblioteca Imperial y funcionaba en el mismísimo palacio imperial. Mejor dicho, en una de sus tantísimas ampliaciones.

Teóricamente la construcción se encuentra dividida en dos grandes áreas; la pared de la guerra y la pared de la paz, ambas -como corresponde- enfrentadas.

Además, siguiendo el esquema clásico de la megalomanía de reyes y emperadores, en toda la sala es posible encontrar esculturas de representantes (masculinos) de la dinastía vestidos como emperadores romanos y delirios afines.

¿A qué no saben de quién había una muestra especial durante nuestra visita?. No, no de Sissi, pero casi en el poste. ¡De Francisco José! ¡el emperador eterno! De hecho, así se llamaba la muestra en la que se exponían, con motivo de cumplirse los cien años de su muerte, pinturas, acuarelas, daguerrotipos y fotos. Y sí, si con todo lo que vivió pude ver el auge y caída de las mil y un inventos. Incluyendo, naturalmente, su propio imperio.

miércoles, 27 de julio de 2016

Foto de miércoles

Viena. Sala egipcia del Museo de Historia del Arte. Momias de gatos ofrecidas a la diosa Bastet. Por lo visto en la tierra de los faraones había gente pa' todo. 

lunes, 25 de julio de 2016

Yapa vienesa: la Palmenhaus

La Palmenhaus del palacio de Schönbrunn (podés leer más acá) -o la casa de las palmeras para los amigos- es, con sus 111 metros de largo, 28 de ancho y 25 de alto, un atractivo en si mismo.

El edificio actual fue inaugurado en 1882 por el sempiterno emperador Francisco José y está compuesto por cerca de 45.000 azulejos de cristal. Y sí, por si no se habían dado cuenta tengo tenemos debilidad un ligero interés por los invernaderos victorianos.

Éste vino a reemplazar a más de diez construcciones diferentes que los emperadores y emperatrices habían ido construyendo a lo largo de los años.

Acá estuvo alguna vez una camelia igualita a la que tenemos acá en Dresden en Pillnitz (Si no tenés ni idea de qué estoy hablando podés leer Pillnitz y la camelia legendaria acá). Parece que una de las estrellas locales es el olivo centenario, un regalo de España que tiene más de trescientos cincuenta años.

Tampoco pueden faltar las orquídeas, un clásico del mundo germanoparlante. Sin embargo, durante nuestra visita, todas las miradas estaban puestas en las hortensias, que eran el eje de la exposición del momento. 

Sí, mamá, ya sé. ¿Viste cuántos colores? ¿qué cómo hacen para que florezcan así? No lo sé. Diego dice que las drogan con algo. No, no sabemos con qué. Prometo que si me entero te aviso.

miércoles, 6 de julio de 2016

Foto de miércoles

Viena. Publicidad de Festival Metalero.  Rock n' Sissi. Por alguna razón no me la imagino a la emperatriz sacudiendo las mechas y haciendo pogo mientras toca Iron Maiden.

martes, 5 de julio de 2016

Yapa vienesa: el palacio de Schönbrunn

Así como los reyes franceses tenían Versalles, los prusianos y alemanes se refugiaban en Potsdam y la familia real sajona hacía lo propio en Pillnitz, los Habsburgo establecieron su residencia veraniega en Schönbrunn.


En su momento estaba situada en las afueras de Viena, donde comenzaban los bosques donde los emperadores tenían su coto de caza. Su nombre deriva de Schönnes Brünnl, que significa “hermosa fuente”. ¿Fuente de qué? De agua natural. Cuenta la leyenda que cuando descubrieron que en el parque había un manantial de agua pura empezaron a cargar sus botellitas con ella y exigieron que no se les sirviera otra que no viniera de aquí. Tal es así que desde mediados del siglo XVII ordenaron que todos los días se trasladaran al palacio litros y litros de agua para su consumo diario. Y no sólo eso. Muchos miembros de la familia real incluso llevaban -mejor dicho, hacían que otros les llevaran- bidones con agua de la dichosa fuente cuando viajaban.


Cuando los turcos sitiaron Viena, el pequeño palacio de Schönbrunn fue destruido. Sin embargo los Habsburgo aprovecharon la situación como sólo ellos podían hacerlo. Cuando desapareció la amenaza de un nuevo ataque otomano, mandaron a construir una residencia más grande. Y sí. Una familia imperial NECESITA una residencia de verano acorde a su posición.

Como corresponde a estas situaciones, cada emperador trató de meter la cuchara cuanto pudo en el diseño del palacio y sus jardines. Sin embargo parece que María Theresa fue la que le dio el toque final. Lo amplió hasta llegar a las 1000 habitaciones, destinadas a alojar a sátrapas y sabandijas la familia imperial, la corte y sus invitados.

Seguramente pasar todo el verano en este palacio viendo las mismas caras de mantenidos y conspiradores día y noche debe haber sido un bodrio terrible resultado un poco cansador a sus majestades. Como ser emperador –o emperatriz- tiene sus ventajas, María Theresa mandó a construir un teatro en el palacio. ( Y no, no da tener que salir de casa en plena tormenta de verano). No sólo eso. El teatro tenía un programa que, en sus funciones más pedorronas más emotivas incluía obras de teatro en las que participaba la familia imperial pero alguna vez también incluyó un concurso de ópera entre Mozart y Salieri.

Mientras que María Theresa se dedicaba a gobernar, roscar y dividir Polonia con los prusianos y los rusos, parece que su marido se concentraba en el estudio de las ciencias naturales. Como ser emperador y tener un hobby son dos actividades fácilmente combinables, Francisco Esteban dispuso que se construyera un Zoológico y un Jardín Botánico en el parque de Schönbrunn.

Luego de la muerte de María Theresa y Francisco Esteban, los Habsburgo -gente amante de los nombres compuestos si los hay- se cansaron de Schönbrunn y dejaron de usarlo regularmente. De hecho, el palacio casi no fue utilizado por varias décadas hasta que Napoleón Bonaparte se hospedó en él en una de sus tantas visitas bélicas.

Recién en la época de Francisco Carlos y, fundamentalmente, de Francisco José, Schönbrunn volvió a ser utilizado como residencia de verano. Por si están perdidos entre tantos Panchos, les cuento que Francisco José fue emperador entre 1848 y 1916 (motivo por el que se lo conoce como el emperador eterno) y estuvo casado con la emperatriz Isabel, también conocida como Sissi.

Hablando de Sissi, cuenta la leyenda que en vida, lejos de la imagen hollywoodense, la emperatriz no era especialmente popular. Ni entre los nobles (que la acusaban de escapar de la corte siempre que podía y de no respetar el protocolo) ni entre los plebeyos (que la veían como una viajera caprichosa que hacía sufrir al emperador y se gastaba una millonada en ir de Grecia a Italia y de Francia a Inglaterra).

Volviendo a Francisco José, gracias a su largo reinado, se dio el gusto de ser coronado emperador austríaco a los 18 años, reprimir dos revueltas en Hungría y otras tantas en Bohemia, derribar las murallas de Viena, transformar el imperio austríaco en el austro-húngaro, ser coronado rey de Bohemia, de Hungría y emperador austro-húngaro, construir la red de tranvías de Viena, ganar la guerra de los ducados junto a Prusia, perder la guerra austroprusiana frente a Prusia, ver como Prusia fundaba el Imperio Alemán, aliarse al imperio alemán y, por si fuera poco aún haber tenido tiempo para contratar a Thomas Alva Edison (sí, el inventor de la lamparita) para dirigir la instalación de electricidad en Schönbrunn. Ah, me olvidaba. También estuvo allí cuando asesinaron a su sobrino y heredero, Francisco Fernando y él mismo declaró la guerra a Serbia que dio inicio a la Primera Guerra Mundial.

miércoles, 29 de junio de 2016

martes, 28 de junio de 2016

Viena. Capítulo 3

Para 1910 Viena supera los dos millones de habitantes, y se transforma en la tercera ciudad más poblada de Europa, por detrás de París y Londres. En aquel entonces era la capital del imperio austrohúngaro. Seguramente habrá quien recuerde que el imperio en cuestión solía ser descrito como un mosaico cultural. Ciertamente es una expresión llena de pintoresquismo para algo que definitivamente era un cocoliche sin pies ni cabeza carecía de lógica y unidad. 

 

Para 1916, justo antes de su estrepitoso colapso el imperio abarcaba la actual Austria, Hungría, las repúblicas Checas y Eslovaca (con los alemanes de los Sudetes incluidos), la Galitzia polaca, parte de Transilvania –con o sin Drácula pero llena de rumanos y alemanes-, la Bucovina ucraniana, Croacia, Bosnia Herzegovina (con población serbia incluida) Eslovenia y, por si fuera poco, el Trentino y el Alto Adige, actualmente en, como imaginarán, Italia.

Wikipedia dice que fue su época de mayor esplendor, con sus carruajes tirados a caballos, los suntuosos valses vieneses y los cafés repletos por la creme local. Todos charlando, tomando chocolate o café, comiendo torta Sacher o alguna otra joya de la confitería vienesa. 

Todos riendo despreocupadamente. A mí me genera más bien la imagen de suntuosa fiesta en la que la banda sigue tocando mientras el Titanic se va a pique comienza a lidiar con su hundimiento con la notable falta de éxito que ya conocemos. Es cierto que de la época también son Freud y numerosos pensadores políticos pero no alcanzo a ocultar el iceberg detrás del diván de don Sigmund.

Por la misma época Viena también se transformó en un importante centro de lo que por estas latitudes llamaron Sezession. Se trata de un estilo artístico y de arquitectura que puede (no sin diferencias) enmarcarse en un movimiento más global que ha tenido diversos nombres aquí y allá… modernismo, art Nouveau o jugendstil entre otros. 

La ciudad aún conserva muchos de estos edificios, entre ellos, el pabellón de la Sezession, que fue utilizado para dar a conocer las obras de los miembros del movimiento. Paciencia, ya habrá una entrada con este tema.


Para después de la primera guerra la ciudad se encontró en una situación totalmente nueva y atípica. Por primera vez desde 1279 no había ningún Habsburgo al mando y el país había sido subdividido en el Tratado de Versalles, con lo que la otrora capital imperial se transformaba en la capital de un pequeño país de la Europa central. Más allá del plano psicológico esto tuvo un impacto real en la ciudad. Además de perder su posición como gran capital, por primera vez vio disminuir (y de manera notable) su población. De hecho, jamás volvió a alcanzar la población que tenía antes de la primera guerra mundial.