jueves, 15 de septiembre de 2016

Los vecinos (el regreso)

Bueno, finalmente, podemos decir que hemos hecho la tarea. Me refiero a la famosa fiesta de bienvenida que, en teoría, los alemanes ofrecen cuando se mudan a un lugar. Por lo visto no todos lo hacen pero algunos sí. De hecho, un día después de cruzarnos en la escalera con tres personas que subían cajas y muebles, apareció una nota en la cartelera del edificio (¡por supuesto que nuestro edificio tiene cartelera!).

Básicamente decía hola, somos fulanito y menganita y ayer hemos terminado de traer nuestras cosas. El sábado celebraremos el fin de nuestra mudanza y seguramente hagamos un poco más de ruido de lo habitual (y posiblemente hasta más tarde ¡perdón!). Quienes quieran participar de una cena bohemia* están invitados.

Información chequeada. Todo parece indicar que no se trata de una leyenda urbana.

*Nota al pie, una cena bohemia no implica artistas hablando de literatura a la luz de las velas con música de fondo y hipsters cenando en el piso sino comida típica de Bohemia, una de las regiones históricas de la actual república Checa.  

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Foto de miércoles

Cracovia. Ni idea de qué dice. Lo que sí, me pregunto si será de algo legal.

lunes, 12 de septiembre de 2016

La capital de Baviera

Como tantas otras ciudades, Munich no tiene un día exacto de fundación. Hay un año que es el que se presupone en que la ciudad nació pero, a ciencia cierta, nada se sabe. Si se supone que fue fundada en esa época es solamente porque es la primera vez que aparece mencionada. No es un argumento infalible pero, a falta de leyenda y carbono 14, es lo que hay…
La municipalidad nueva (nueva hace trescientos años) y las torres de la Frauenkirche
Así las cosas, tomaremos por cierto el año 1158 como el de su fundación. Por suerte el origen de su no esconde ningún misterio. La ciudad surgió junto a un puente que se hizo para cruzar el río Isar muy cerca de donde se encontraba un monasterio de monjes benedictinos. La ciudad surgió allí, junto a los monjes. De hecho, Munichen significaba, precisamente, eso, donde los monjes, en el lugar de los monjes o … bueno, la idea se entiende. De ahí que el escudo de la ciudad sea un monje.

Desde allí parece que la ciudad hizo una rápida carrera que la llevó en menos de cien años a transformarse en la capital del ducado de Baviera. No está nada mal para un poblado que nació a la vera de un monasterio junto al que, de casualidad, hicieron un puente.
Si la suerte de Viena estuvo bastante atada a la de los Habsburgo y la de Dresden a los Wettin, la historia de München -como se llama en alemán- se encuentra vinculada a la de los Wiettelsbach, duques de Baviera desde el año 1180. Convertirse en capital ducal implicó para el pequeño pueblo un salto importante. Y cuando el Duque Ludovico IV (acepta la variable de Luis) de Baviera fue elegido emperador, la ciudad vivió un primer período de esplendor que se extendió gracias a su posición estratégica en la ruta de la sal.
Este período de bonanza se extendió hasta el siglo XV, con la ampliación de la  municipalidad y la construcción de la Frauenkirche, actual catedral de la ciudad y uno de sus símbolos más famosos. Obviamente, había una parte de la iglesia tras los andamios…
La municipalidad vieja
Las torres de la Frauenkirche
Al parecer los Wiettelsbach fueron siempre casi tan católicos como los Habsburgo, así que la ciudad se convirtió en uno de los mayores centros de la contrarreforma, además de ser un nido de iglesias, capillas y basílicas.
Como buenos gobernantes, con el tiempo los duques comenzaron a sentir que su antiguo castillo iba quedando un poco anticuado y que resultaba poco apropiado para una familia que decía ser descendiente del mismísimo Hércules y hasta de Carlomagno.
Uno de los tantísimos patios del palacio
Más allá de las pretensiones heráldicas, lo que sí tenían los Wiettelsbach eran ambiciones políticas. Y nada mejor que una nueva residencia para mostrar su posición, estatus y riqueza. Así nació el palacio urbano de la ciudad.
Con el tiempo cada nuevo gobernante quiso participar de la fiebre constructora, por lo que la residencia fue sucesivamente ampliada y remodelada, llegando a ser uno de los más grandes y extensos de Europa.
Todo un símbolo de la ciudad, la municipalidad con su torre ¡y una invasión de geranios!
En el siglo XVIII los duques de Baviera fueron nombrados, además, Electores. Eso quiere decir que entraron al selecto club (Hay que decirlo, para la época, cada vez menos selecto) de nobles alemanes que elegían al emperador romano germánico. Es cierto que eso elevó el estatus de la ciudad y el prestigio de los Wiettelsbach, pero aparecer en el tablero geopolítico alemán significaba también ser más propenso a sitios, tomas y saqueos. Por esa razón se reforzaron las murallas y las torres que protegían los accesos a la ciudad.
De todos modos parece que no fue suficiente. En 1632 la ciudad fue ocupada por Suecia durante la guerra de los treinta años, y en 1704 y 1742 por los austriacos.

Ya no hará falta que lo recuerde pero, Napoleón mediante, en 1806 Baviera se convirtió en reino, y Munich en su capital. Para Munich significó un nuevo período de crecimiento. En el congreso de Viena a los bávaros les fue relativamente bien y lograron conservar unos cuántos territorios que habían obtenido en el transcurso de las guerras napoleónicas. Como resultado Baviera quedó en un estatus intermedio, algo similar a la posición de Sajonia. No era Prusia o Austria, las grandes potencias del mundio germánico, pero tampoco era un estado ignoto como el ducado de Oldenburgo, la ciudad hanseástica de Rostock o un margraviato casi desconocido (con el perdón de las entelequias mencionadas). 
De este período datan el Palacio de Justicia, el Teatro, la cancillería, al igual que en Viena y en tantas otras ciudades, las anchas avenidas y grandes edificios que reemplazaron a las viejas murallas de la ciudad cuando se decidió derrumbarlas por ser obsoletas.
El palacio de Justicia del estado de Baviera. Abajo a la izquierda la cervecería,
escenario del golpe de estado de 1924. A la derecha, la cancillería de Baviera
De la misma época datan el actual edificio del Parlamento bávaro, además de la columna de la Paz, el Museo Nacional Bávaro y una larga serie de edificios neoclásicos destinados a albergar las más diversas colecciones de arte y antigüedades.
El parlamento bávaro

sábado, 10 de septiembre de 2016

La fortaleza de Salzburgo

Si le hacemos caso a la página de la ciudad de Salzburgo, entonces la fortaleza de HohenSalzburg -léase, el castillo que corona la colina a cuyos pies se encuentra el centro histórico de la ciudad- es una de las mayores fortalezas europeas preservada en su totalidad.
La primera capa de esta cebolla defensiva data del año 1077. Por entonces el arzobispo de turno decidió que no le vendría mal tener un lugar donde guarecerse en caso de que las cosas se pusieran feas. Y su olfato no fallaba. Por la época se disputaba lo que se llamó la querella de las investiduras. ¿Qué lo qué? Básicamente el Emperador Romano Germánico y el Papa peleaban para ver quién nombraba a los obispos que ejercían funciones feudales. Obviamente, cada uno de ellos quería quedarse con este poder y el cargo de arzobispo de Salzburgo era un buen ejemplo de este conflicto. Debía responder al Papa en tanto Obispo pero al Emperador en tanto señor feudal...
De allí en más y comienzos del siglo XVI cada arzobispo (y posteriormente, cada príncipe- obispo) decidió asegurarse el buen sueño agregando muros, torres, armerías y atalayas. Y, claro, alguna que otra mazmorra también.
Hay que reconocer que la previsión no les falló. Hasta las guerras napoleónicas la fortaleza fue considerada inexpugnable y resistió exitosamente, todos lo intentos habidos y por haber de tomarla por la fuerza. 

jueves, 8 de septiembre de 2016

The Hills are alive (with the sound of music)

Siento que desde que fuimos a Viena, la historia de muchas ciudades y regiones se parece. A veces, demasiado. Estaban los celtas, más tarde los conquistan los romanos. Fundan ciudades que crecen y que luego -invasiones bárbaras mediante- ven reducirse hasta ser prácticamente ruinas. Aparecen los germanos y, según el caso, algún otro pueblo que los corre o no. 

Lo mismo aplica a Salzburgo. Celtas, romanos, ciudad que se llama Juvuvavum, germanos y en el siglo VIII llegan San Ruperto dispuesto a cumplir las órdenes del duque de Baviera Teodo que lo manda a fundar un obispado en la región para asegurarse que los -otrora invasores y ahora- locales fuesen convertidos al cristianismo. Parece que San Ruperto pone manos a la obra y decide en Juvuvavum fundar su obispado. Pero el nombre del pueblo le pareció medio aburrido o algo difícil para los germanoparlantes y decidió renombrar la ciudad: Salis Burgium, el castillo de sal. No, no es que estuviera hecho de sal. Es sólo que el río sobre el que se encuentra, el Salzach, se usaba en la época para el comercio de sal, que era llevada en barcas a los largo de su curso. De Salis Burgium a Salzburgo no hay mucho que explicar…
La fortaleza y la ciudad, vistas desde los jardines del Palacio Mirabell
Así las cosas en el año 1077 el arzobispo Gerhard decide que el pueblo –que ya era sede de un arzobispo- se merecía una fortaleza que sirviera para su defensa y que -adicionalmente- le hiciera las veces de residencia. Ese fue el origen de la fortaleza de Hohnsalzburg.
Con el tiempo la fortaleza se fue ampliando. Los Obispos la usaban como residencia, como depósito para almacenar la sal que exportaban –que era el origen de su riqueza- como símbolo de su poder y, claro esta, como madriguera en la que refugiarse cuando las papas quemaban.
Cada ampliación supuso nuevas torres y murallas que fueron a reforzar la capacidad defensiva de la fortaleza como así también su fama, ya que por cientos años se la consideró inexpugnable. Y los asedios que resistió dan cuenta de ello. 

Al igual que en Bamberg, los obispos –y luego arzobispos- de la ciudad se volvieron lo suficientemente poderosos como para transformarse en señores feudales. Así que desde el siglo XIV Salzburgo se volvió independiente de Baviera. Y su obispo, un Príncipe-arzobispo.
En los siglos XVI, XVII y XVIII el comerció de sal marchó viento en popa, por lo que la ciudad prosperó y floreció. De esa época datan buena parte de los edificios barrocos que son hoy uno de sus sellos característicos.
Posiblemente la ciudad esté en el imaginario colectivo de diversas generaciones por diversos motivos. Primero, por ser la ciudad natal de Mozart. Pero también por haber servido de escenario para Sound of Music. ¿No te suena? Entonces quizás si te suene en español. La Novicia Rebelde. Ya sé que existen pero, dentro de ciertos márgenes generacionales amplios, son más bien pocos quienes no la han visto. Si no conociera bien a una de esas rara avis que jamás la vio diría que sólo un extraterrestre podría no haberla visto luego de haber crecido en los ochenta y los noventa.
La casa natal de Mozart
Al igual que en la película, la historia de Salzburgo cuenta con una serie de migraciones forzosas, expulsiones y escapes. Entre ellas se cuenta la de más de veinte mil protestantes expulsados en 1731 por el Príncipe-Arzobispo.
Más tarde entró en acción otro viejo conocido nuestro. Napoleón. Cuando las tropas de Bonaparte se hicieron con Salzburgo el gobierno de la ciudad y la región se secularizó. Es decir, dejó de corresponder al Príncipe-Arzbispo y se traspasó a autoridades civiles. En este caso primero a Austria, que lo perdió nuevamente a manos de los franceses. Así las cosas Napoleón se lo otorgó a su aliado más cercano, el rey de Baviera, que no tuvo problema en conservarlo hasta que, Waterloo y Congreso de Viena mediante, tuvo que repartírselo con Austria. Una parte para mí, otra para vos y Salzburgo quedó del lado austríaco, donde pasó a engrosar la lista de posesiones de los Habsburgo. Para variar.
Volviendo a La Novicia Rebelde, muchos austríacos ignoran completamente la existencia de tal cosa. Al parecer fue un éxito en el mundo angloparlante y en buena parte de latinoamérica, pero en la Europa germanófona la película es prácticamente desconocida. Sin embargo, en el turismo los negocios son los negocios. Y si Sound of Music es lo que quieren los turistas, pues eso es lo que obtienen. Existen toures y visitas en todas sus variantes –en colectivo, en bicicleta, a pie- que recorren los más variados escenarios de la filmación. 

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Fotos de miércoles

Miedo y desesperación. Smok Wawelski, el dragón legendario de Cracovia ataca de nuevo. Claro que esta vez, como atracción turística.