miércoles, 12 de abril de 2017

Foto de miércoles

Magdeburgo. Tirale una ondita a los balcones, le dijeron al(a) arquitecto/a... Y eso hizo.

lunes, 10 de abril de 2017

Finde largo en las Sajonias: La calle de la brujita de los colores

¿La calle de la brujita de los colores? Sí, tal cual. No me digan que no conocen o no se acuerdan del juego porque no es posible. Claro que esta calle de Magdeburg, la capital del estado de Sajonia-Anhalt, no se llama oficialmente así. Se trata de la bunte Otto-Richter-Straße, algo así como "la calle colorida Otto Richter". 
Es intento por retomar una tradición local surgida en la década del veinte del siglo pasado, cuando un arquitecto pensó en darle color a los barrios grises donde vivían los obreros  de la ciudad. 
Claro que entre el plan original de repintar las fachadas de varias calles y el proyecto actual en el que sólo hay trescientos metros de una calles intervenidos hay alguna diferencia de magnitud. Pero seguramente compensa con los colores, probablemente un poco más intensos que los que estaban disponibles a principios del siglo pasado.

sábado, 8 de abril de 2017

Finde largo en las Sajonias: Magdeburgo

A pesar de la modorra que rodea a Magdeburgo, así como la ven, la ciudad es capital de un estado federal, el de Sajonia Anhalt. Y no sólo eso. Se supone que fue fundada por el mismísimo Carlomagno en el año 805.
Magdeburgo y el Elba, el mismo río que atraviesa Dresden. Abajo, la catedral.
En el año 919 el Rey de los francos orientales (que vendrían a ser los proto-alemanes) Enrique el Pajarero la fortificó y desde allí dirigió la conquista de la actual Sajonia, por aquel entonces en manos de sorabos y otros pueblos eslavos.
Más tarde la ciudad –que por entonces era más bien un pueblo- fue obsequiada (sí, la ciudad entera, obsequiada) a la esposa de Otto I, hijo de Enrique y fundador del estado germano medieval. Tanto Otto como su esposa se encuentran enterrados hoy en la catedral de la ciudad.
Arriba, el interior de la catedral. Abajo, la tumba de Edith, la emperatriz que recibió la ciudad como regalo de bodas.
Claro que por aquel entonces no era la catedral ni lo sería oficialmente hasta el año 968, cuando fue creado el arzobispado de Magdeburgo.
Para el siglo XIII la ciudad había alcanzado una población de cerca de 20.000 habitantes y era considerada como una de las ciudades más importantes del imperio Romano Germánico. Claro que casi nadie sabe que durante centurias fue la ciudad más habitada de la actual Alemania.
No sólo eso, sino que formó parte de la liga Hanseástica, con cuyas ciudades comerció a través del Elba (y a través del Elba a Hamburgo y el Mar del Norte). Hoy parece inverosímil imaginarse a esta ciudad como un emporio portuario estando tan lejos del mar, pero en su época el Elba era un río más que activo y la inexistencia de puentes permitía su navegación.
A finales del siglo XV los magdeburgueses lograron elegir su propio gobierno, que hasta entonces había dependido del arzobispo. Más o menos por la misma época, el joven Martín Lutero completó en la ciudad la escuela primaria. No sería la primera ni la última vez en que Lutero pasaría más de una temporada en Magdeburgo. En 1524, ya bastante más grandecito, llegó para asegurar la adhesión de la ciudad a la reforma protestante.
Entre otros datos de color, la ciudad tuvo (y aún conserva) la escultura ecuestre más antigua al norte de los Alpes. Sí, es más rebuscado todavía que el puente de Erfurt pero bueno, así son los ránkings.
Podríamos decir que fue el principio del fin de su edad dorada. A lo largo de las guerras de religión que cruzaron la región de un lado al otro la ciudad fue sucesivamente asediada, bombardeada, anexionada, liberada, quemada, vuelta a asediar, nuevamente ocupada y saqueada. Para cuando terminó la guerra de los treinta años, de los más de treinta mil habitantes que había llegado a tener Magdeburgo quedaban sólo cuatro mil.
 Arriba, el parlamento de Sajonia-Anhalt.
Además de más del 70% de su población, Magdeburgo perdió su independencia, ya que fue incorporada a Prusia con un régimen un tanto especial pero que no dejaba dudas acerca de quién llevaba la batuta.
La corte de Justicia y los Tribunales del estado.

Además de más del 70% de su población, Magdeburgo perdió su independencia, ya que fue incorporada a Prusia con un régimen un tanto especial pero que no dejaba dudas acerca de quién llevaba la batuta.
De todo esto guarda en cada esquina la ciudad algún recuerdo. Una iglesia (demasiadas) románica por acá, algo gótico por allá, un edificio barroco más acá y bueno, la historia no se iba a detener así por que sí. Edificios de la época socialista, shoppings al por mayor construidos sobre las explanadas en las que se desfilaba en otra época y hasta un monumento nacional al bonete una obra tan misteriosa como llamativa, la torre del milenio. Por lo visto, también nuestra época va dejando su huella.

jueves, 6 de abril de 2017

Finde largo en las Sajonias: Wittenberg

Wittenberg es una ciudad una tanto especial. No sólo por su historia sino también por su nombre. De hecho, la ciudad no se llama Wittenberg a secas sino, Luthestadt Wittenberg, lo cual significa algo así como “Ciudad de Lutero: Wittenberg”. Y sí, Lutero vivió aquí. No sólo aquí, claro está, pero entre otras ciudades por las que anduvo, estuvo en Wittenberg.

En sus orígenes el pueblo fue fundado por colonos flamencos que hacia el 1100 se instalaron en la región provenientes de la actual Bélgica. ¿Qué los traía? La zona había sido reconquistada por los germanos, que volvían a controlarla luego de algunos siglos de presencia eslava. Como resultado de la conquista, los eslavos que no habían muerto ni habían sido capturados, habían retrocedido en dirección al este, lo cual permitía la colonización con población procedente de otros rincones del imperio. 
Para 1293 Wittenberg se convirtió en ciudad y gracias a encontrarse a orillas del Elba poco a poco fue transformándose en una plaza comercial relativamente importante. (Palabra clave: relativamente).
Arriba, la plaza principal del pueblo. Abajo, detalle de la municipalidad con la estatua de Lutero
Entre finales del siglo XV y el siglo XVI la ciudad se transformó en uno de los lugares de asiento de los duques de Sajonia-Wittenberg, una escisión del ducado de Sajonia. ¿Por qué uno de los lugares? Simple. La corte era itinerante. No había una capital propiamente dicha. La corte viajaba con el rey (o con quien fuera), pero eso no significaba que el elector fue yirando como bola sin manija por todo el ducado. Ante todo el duque debe tener cierta dignidad, por lo que los lugares en los que residía temporalmente eran castillos de su propiedad. Para esta época, básicamente tres, Weimar, Torgau y … ¡Wittenberg!
Para variar,  entre 1496 y 1506 el duque se construyó, ¡sorpresa! un nuevo castillo. Y bueno, ya que estaba, de paso una nueva iglesia para el castillo. Podría decirse que fue el comienzo de la edad de oro de Wittenberg.
 La iglesia del castillo
Para la misma época, el duque fundó la Universidad de Wittenberg, que pronto atrajo a algunos pensadores como Martín Lutero y Martín Melanchthon. Claro que estamos hablando del período que va desde 1506 a 1518, o sea, antes de la reforma protestante.
Arriba, la torre de la iglesia del castillo. Abajo, el monumento a Lutero y su playmobil haciendo juego. La imagen del playmobil no es mía sino que es de aquí.
Para esta altura ya es posible que lo sospeches. Si Wittenberg es famosa por algo, es por haber sido la ciudad en la que comenzó la reforma protestante. De hecho fue en la puerta de la iglesia del castillo en donde Lutero clavó sus tésis en contra de la venta de indulgencias y sus críticas a la iglesia católica.
Por si te quedaste dormido/a en la clase de historia, las indulgencias eran una especie de reducciones en las penas por los pecados cometidos que la iglesia vendía a su portador. Con el tiempo, esta reducción de pena (y presumiblemente reducción del tiempo en el purgatorio) se terminaron convirtiendo es una especie de cheque en blanco. Para el siglo XVI ya no importaba qué hubiese hecho la persona -o qué fuera a hacer- el comprador (o compradora) de una indulgencia tenía garantizada su entrada al reino de los cielos. Entre otras cosas, las tesis de Lutero atacaban la práctica de la compra-venta de las indulgencias.

Adicionalmente Lutero pensaba que la iglesia católica no debería poseer bienes materiales, ya sean castillos, latifundios, feudos o demases… Obviamente, semejante sugerencia hizo que muchos duques, condes y príncipes germánicos apreciaran sus doctrinas, ya que todos esos bienes irían a parar a su órbita y control.
Arriba y a la izquiera, el monasterio que se convirtió en vivienda de Lutero. Abajo a la derecha, Catalina von Bora, esposa del Martin. Aún no tiene su propio Playmobil pero ya hay una campaña. 
Entre ellos se encontraba el duque de Sajonia-Wittenberg, Elector de Sajonia y primo de la familia ducal del sur de Sajonia, donde está Dresden.

Aquí en Dresden también se convirtieron rápidamente al luteranismo pero, llegado el momento, los Wettin de Dresden no dudaron en apoyar a los austríacos en su guerra contra los Wettin de Sajonia-Wittenberg, a cambio del módico precio de hacerse con la mitad de sus posesiones.
Peleas familiares aparte, fue en Wittenberg donde Martín Lutero y Melochtothon (que hasta entonces era titular de la cátedra de griego) establecieron buena parte de la doctrina luterana. Razón de sobra para que sus casas sean parte del patrimonio de la ciudad y parte del circuito turístico del protestantismo.