sábado, 8 de octubre de 2016

Bruselas

Desde el fin de la segunda Guerra Mundial, Bruselas es uno de los centros políticos más importantes de Europa. De hecho, aquí es dónde, en general, los europeos se agarran de los pelos y se chicanean dirimen algunas de sus diferencias como gente civilizada. ¿Por qué? Porque es la capital de facto de la Unión Europea ya que es la principal sede de oficinas de la unión y también alberga los cuarteles de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Y además es donde vive el Monstruo. El Monstruo de Bruselas es como muchos alemanes llaman al aparato burocrático de la Unión Europea. Hoy Bruselas da cuenta de todo eso. Y de más también.
En el año 659 se menciona por primera vez el pueblo de Brosella para referirse a la aldea que había crecido en torno a una capilla ubicada junto al Sena. A esa capilla el Duque de Lotaringia (sí, Lotaringia) envió en el año 979 las reliquias de Santa Gudula (sí, Santa G-U-D-U-L-A… A esta altura ya ningún nombre me sorprende) y decidió fortificarla.

Por tener un puente sobre el Sena y encontrarse en la ruta entre Brujas, Gante y Colonia, la ciudad creció rápidamente, transformándose en un centro comercial importante. Tanto que hacia el siglo XIII la ciudad fue amurallada y la catedral de San Miguel y Santa Gudula (mamita) ampliada.
Cincuenta años después la ciudad construyó una nueva muralla y -por esas vueltas de la vida- se transformó en la residencia de los Habsburgo en los Países Bajos. Para la ciudad esto supuso una nueva transformación. Se sacudió la poca modorra que le quedaba y acudió a ¡sorpresa! la ampliación del palacio. Lamentablemente nada queda de todo esto. En  1695 Luis XIV -también conocido como el Rey Sol y acuñador de frases tales como el estado soy yo y el día comienza cuando yo me levanto-bombardeó la ciudad en una nueva jugada de su ajedrez interminable con los Habsburgo.
Como resultado del sitio y del bombardeo buena parte de la ciudad vieja quedó destruida. A pesar de lo que muestran nuestras fotos, son más bien pocos los lugares preservados de lo que era la ciudad medieval de Bruselas.
En su momento se decidió evitar la reconstrucción del castillo, aunque si hubo una extensa renovación de los edificios de la plaza principal, que es, para muchos turistas, una de las más lindas de Europa. Las opiniones están bastante divididas porque todo el mundo tiene una favorita y porque, tanto dorado también puede ser un poquitito demasiado.   
De acá en más es casi un copy paste de la historia de buena parte de Bélgica. Se rebelan contra los Habsburgo, se reprimen las revueltas, la toman los franceses, se la devuelven a Austria, se las quita Napoleón, se la dan a Holanda... y, finalmente, en 1830 se imponen los belgas en la revolución. Con una particularidad. La revolución comenzó acá. Así que sin dudarlo, Bruselas se convirtió en la capital de Bélgica cuando el reino nació.
A partir de entonces comenzó una nueva etapa para Bruselas que tuvo como consecuencias, como siempre, la construcción de un nuevo palacio -entre otros edificios gubernamentales- como así también el inicio de su transformación lingüística. 
¿Por qué hubo una transformación en el idioma? Pues porque en el país se hablaban flamenco y francés (además de una minoría que habla alemán) pero inicialmente se pensó que el idioma oficial debía ser, por una cuestión de prestigio internacional, el francés. Bruselas está en la región que habla flamenco, pero pronto comenzó a recibir migrantes, políticos y representantes de otros lugares del país. Digamos que mientras que los francoparlantes eran bastante vagonetas a la hora de aprender flamenco, los otros no tuvieron tanto problema en aprender francés. Y poco a poco la ciudad se fue transformando en un centro donde el francés es la lingua franca.
Así las cosas, la ciudad de Bruselas es hoy es un islote que habla francés en una región donde se habla la lengua de gárgaras que es el flamenco.
Como nota al pie, lamentablemente Bruselas cuenta en la actualidad con una serie de mamotretos aburridísimos producto de la arquitectura administrativa de la inmediata posguerra. Monobloques de una carencia de onda tal que nada tienen que envidiar a los de los países socialistas. Por suerte la ciudad aún conserva bastantes rincones de los otros.

jueves, 6 de octubre de 2016

Manual básico de supervivencia turística

LETRA A

Abono
En buena parte de las ciudades europeas, al menos las del mundo al norte de los Alpes, el sistema de transporte de cada ciudad está integrado. Realmente integrado. Con un abono semanal, mensual o anual se tiene vía libre para usar -dentro del período en cuestión- cualquier medio de transporte de la ciudad la cantidad de veces que se quiera. Los abonos, es cierto, son caros, pero si se tiene certeza de que se utilizará alguno de los medios involucrados (usualmente tren, subte, tranvía y colectivos, a veces también ferry) más de tres veces por día, pues entonces convienen enormemente. Para niños, jubilados, estudiantes y familias suele haber opciones especiales. Lamentablemente muchos abonos son adquiridos a través de procedimientos maquiavélicos en máquinas diabólicas operadas por seres malvados. Puede requerir tiempo y energía descubrir cuál es el mejor abono pero, usualmente, bien vale la pena.

Albergues
Dícese de un establecimiento hotelero dónde se comparte habitación (y baño) con otras personas, normalmente también con acceso a cocina u otras facilidades. Es, básicamente, el origen de los hostels que pululan aquí y allá. Un auténtico albergue debería contar con cocina y acceso a la misma. Suelen ser una de las opciones más baratas de alojamiento. Suelen ser una buena opción para quienes, además de ahorrar, buscan conocer a otra gente. Para fomentar la sociabilidad de sus huéspedes (y ganar algunos euros extra) muchos suelen contar con bares.
Albergues cristianos
Variante de albergue en la que, básicamente, no se jode. Léase, hay horas muy claras en las que no está permitido hacer ruido, no hay bar (o no venden bebidas alcohólicas), no está permitido ingresar bebidas alcohólicas y a determinada hora se cierra la puerta de acceso y ya, quien quedó fuera, fuera quedará hasta el horario de apertura a la mañana siguiente. Pueden estar adornados con bibliotecas llenas de Biblias y libros religiosos y frases cristianas pintadas en las paredes.
Albergues de la juventud / juveniles
En Alemania y Austria son un tipo especial de albergue, en su mayoría funcionan en edificios inmensos de los años setenta u ochenta, con grandes comedores en los que se desayuna excelentemente bien y variado y donde por la tarde se puede cenar por poco dinero. Muchos fueron pensados para fomentar el turismo joven de finales del milenio pasado. A pesar de su nombre, en la actualidad un tercio de sus huéspedes han dejado de formar parte de esa vaga franja etaria que se denomina juventud mientras que otros, claramente, aún no han llegado a la misma.

Alpes
Los Alpes son unas montañas, es cierto. Pero son más. Marcan una frontera endeble entre dos mundos. Al norte de los Alpes y al sur de los Alpes son dos conceptos territoriales que aparecen una y otra vez. Y no sólo en las charlas sino también en museos y guías. Esta es la cúpula de piedra más grande al norte de los Alpes, aquella fue la ciudad más grande al norte de los Alpes, la gente cena más tarde al sur de los Alpes. Más que países pareciera separar esferas culturales.

Ámsterdam
La capital de Holanda suele ser descrita como el paraíso de los canales, las bicicletas, la marihuana legal y la zona roja. No hay que dejarse engañar. Sí, es la capital de Holanda pero ninguna de las autoridades del país reside ni trabaja allí. Y no, NO es el paraíso de las bicicletas, es el infierno de los peatones. Con calles surcadas por bicicletas que andan a la velocidad de la luz por todos lados y tienen prioridad absoluta por sobre cualquier otra cosa. ¿Tenés semáforo verde? No importa, si la bicicleta quiere pasar (y el cruce en cuestión carece de semáforo para bicicletas) cuidate, porque lo más posible es que termines con un manubrio incrustado en la cintura. Ante la duda, mejor mirar para todas las direcciones y cerciorarse que no viene ninguna bicicleta a velocidades siderales de ninguna dirección.

Andamios
¿Viste que este edificio tiene quinientos años? ¿Y aquél ochocientos? Se ve que antes hacían las construcciones un poco mejor. Pero con la buena albañilería solamente no alcanza. Buena parte del patrimonio arquitectónico europeo está sujeto a constantes obras de mantenimiento. Como resultado muchos edificios se ven perfectos y otros se ven detrás de los andamios. Y siempre hay alguno en obra. Si no es el palacio de aquí es la catedral de allá o justo ése lugar que querías visitar. No hay ciudad en la que no se esté haciendo alguna renovación, así que respirá hondo y hacete a la idea de que alguna de las maravillas que querés ver va a estar en plena cirugía.

Aperol
La última gran incorporación a los hábitos alimenticios de buena parte de los/as europeos/as. En primavera o verano, Aperol, una rodaja de naranja (opcional), tónica y/o prosecco y ya. Cuando el calor se siente, en bares y terrazas las copas llenas de hielo y de la mezcla bebible anaranjada se hacen omnipresentes. 

miércoles, 5 de octubre de 2016

Foto de miércoles

Detalle de nuestro hostel, en Gante. A pesar de que parece un cine art decó, el edificio perteneció a la redacción de un periódico socialista, el Voorhuis. Siguiendo la tradición del siglo XIX, el nombre del diario significa "adelante" en flamenco.

lunes, 3 de octubre de 2016

Brujas. Segunda parte

Una postal infaltable de la ciudad la constituye la torre del campanario, que tiene un carillón con más de cuarenta y ocho campanas. Contra todo pronóstico, en Flandes, los edificios de los campanarios -se les llama Belfort- no son ni fueron municipalidades. Eran específicamente campanarios con una función de vigilancia, alerta y, también, tenían como finalidad marcarle el ritmo de vida a los habitantes de la ciudad. Además servían como mercado, lugar de reunión de los gremios y espacio de intercambio.
Subir lleva un rato y sin ser terriblemente caro, no es un regalo. Pero, al final se tiene una vista única de la ciudad que bien vale la pena. 
Otro de los clásicos es la iglesia de Nuestra Señora. Con su torre de más de 122 metros de altura, alberga además la única escultura de Miguel Ángel que salió de Italia en vida del escultor. Obvio que, conscientes de la joyita, te cobran entrada aparte para verla. 
La siempre visible torre de la iglesia de Nuestra Señora

La catedral de San Salvador y la Basílica de la Sangre Santa (o algo así) y la Iglesia del Santo Sepulcro completan parte del panorama eclesiástico de Brujas.
La basílica toma su nombre de la reliquia de la sagrada sangre que trajo Thierry de Alsacia de la segunda cruzada. Como se suponía que contenía restos de la sangre de Jesús, se la veneró y los condes de Flandes le construyeron esta basílica en el siglo XII.

Que cómo llegaron a creerse que podía ser la sangre de Jesús lo que contenía la reliquia... pues eso no lo sé. Pero seguro que alguien hizo un lindo negocio. De hecho, para la época, la industria de las reliquias era una de las más prósperas. Astillas de la cruz, huesos de santos, restos de apóstoles y sudarios al por mayor pululaban entre Europa y Medio Oriente, asegurando unas ganancias nada desdeñables.
Actualmente la reliquia sale de rotation peregrinación una vez al año en un evento en el cual suelen desfilar más de 1600 personas disfrazadas ataviadas a tal efecto.
En la plaza Burg se encuentra otro de los clásicos, la municipalidad, un edificio gótico que se comenzó a construir en 1376 y se terminó tan sólo cuarenta años después.
La municipalidad, más gótica, imposible
Por último, la Corte Provincial, en la plaza del mercado. No hay que dejarse engañar, éste es de fines del siglo XIX. Al menos tuvieron la decencia de construir algo que no desentonara con el resto de la ciudad.

A todo esto imagino que nadie se sorprenderá si les digo que desde el año 2000, el centro de la ciudad fue declarado patrimonio mundial de la humanidad. Pero el redescubrimiento de la ciudad es mucho más antiguo. En realidad, ya desde el siglo XIX hubo un renovado interés turístico por la ciudad, que pronto se transformó en un importante destino dentro de Europa. Parece que el negocio les funciona ya que en la actualidad se calcula que unos dos millones de turistas la visitan por año.

sábado, 1 de octubre de 2016

Brujas. Primera Parte

En flamenco y en holandés se la conoce como Brouges, en francés es Brougge y para nosotros, Brujas. Aunque, claro, nada tienen que ver las brujas con el origen del nombre de la ciudad. Parece casi un milagro. Al parecer están todos de acuerdo. El nombre de la ciudad vendría de brugga, que en holandés antiguo significaba puente. ¿Qué puente? Alguno de los muchos que cruzan los tantísimos canales que recorren la ciudad.
Tantos que, para variar, la ciudad también es conocida como “La Venecia del Norte”. Sí, sí, como Ámsterdam. Y Estocolmo y… la verdad, que poca originalidad.

A ciencia cierta no se sabe exactamente cuándo empezó a existir Brujas. Se asume que el origen de la ciudad amurallada es del siglo IX. Ciudad amurallada es un decir. Pueblo amurallado. Y es que recién en el año 1128 recibió el estatus oficial de ciudad.
Por su posición estratégica, el comerció prosperó ya que tenía buen acceso a las rutas marítimas del Mar del Norte con el Báltico como así también al la ruta en dirección a Francia.
Infaltable, la plaza del mercado
Pronto el comercio se expandió y la ciudad comenzó a ser un punto de intercambio en el que se trocaban los hilados que se producían aquí con lana de Escocia e Inglaterra, cereales de Normandía, vino de la Gascuña francesa, especias de las colonias portuguesas y mil y una chucherías. Pronto el simple trueque resultó anticuado y se empezaron a usar notas de crédito, conocidas hoy en día como papel moneda. Al parecer hubo un boom del capitalismo primitivo y en 1309 la ciudad contaba con una Bolsa de Comercio, una de las más antiguas del mundo. 
Algunos años más tardes los barcos mercantes venecianos se hicieron visitantes asiduos de la ciudad. Fue una auténtica edad dorada de la que, afortunadamente, dan fe muchos de sus edificios.
Para el 1400 se estima que su población rondaba entre los 125.000 y los 200.000. Sin embargo en el 1900 apenas llegaba a los 50.000. ¿Qué había pasado?
El modelo de capitalismo mercantil basado en el comercio de las ciudades libres había entrado en decadencia. La Liga Hanseástica, Venecia y Génova… todas empezaban a menguar mientras que iban surgiendo los primeros estados nacionales. Bueno, eso y que el canal que vinculaba Brujas con el mar del norte había empezado a perder profundidad y comenzaron a aparecer bancos de arena aquí y allá. Y una ciudad portuaria con un puerto que no funciona del todo bien... pues bueno, digamos que no es negocio.
Afortunadamente esta decadencia prolongada le permitió preservar a la ciudad buena parte de sus edificios históricos intactos.